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Un, dos, tres por la movida española…

Para papá (QEPD) por ese concierto de Danza Invisible

Los golpes de carácter que Francisco Franco asestó a la sociedad española con su mano ultraderecha y facha se encontraron con un vendaje por demás encantador en una avalancha pop que da sus primeros pasos con Raphael y estalla, casi una década antes de la muerte del dictador, con la aparición de Miguel Ríos.

Como en una crónica de película negra, la contracultura en España taladraba túneles en el subsuelo para repartirse en forma de fanzines y, lentamente, fue invadiendo los canales controlados por la censura del gobierno. ¿Nos suena conocido?

Afortunadamente el tono trovador, utópico e idealista de personajes como Joaquín Sabina y el artista multitask filipino Luis Eduardo Aute cedió un espacio importante a agrupaciones festivas, divertidas e irreverentes que pringaron aquel movimiento primigenio con un balde multicolor que dio forma a la movida madrileña condonada por los antiguos y heredada al pop elemental que la manejó con maestría.

Fue tal la potencia y la sobrada calidad de aquellas bandas ochenteras de estridencia controlada que hallaron un nicho bárbaro en algunos oídos educados de México, gracias a las ventajas de la promoción de las disqueras que los firmaron a pasto, y que hacia este país fueron exportadas bajo el marbete de Rock en tu Idioma aprovechando precisamente dicha prerrogativa. Una ocurrencia mercantil que fue un oasis para quienes estábamos hartos del sonido falsamente urbano de Alejandro Lora y El Tri.

No obstante, los análisis poco acertados de los cronistas más rudos de la época ubicaban la llegada de bandas como Alaska y Dinarama, Hombres G, Paraíso Perdido, Olé Olé, Radio Futura, Nacha Pop, Orquesta Mondragón y hasta del cantante Miguel Bosé, por mencionar pocos, dentro del mismo paquete de música por encargo suscrito por Luis de Llano. Tristemente, el sello Rock en tu Idioma sigue siendo víctima del escarnio de quienes encontraban aquella música demasiado blanda pero también muy complicada porque, dentro de todo y disculpándolos por la fuerza, o por lástima, sus oídos no estaban educados y ellos mismos le temían a la brillantina y el maquillaje Max Factor.

Sí, esos mismos cronistas que posteriormente se rindieron ante las trompetas de Caifanes sin detenerse a pensar que el impacto que la movida tuvo en México y sus músicos derivaba en ello, porque, hablando de mimetizar la idiosincrasia con el pop, no había mucha diferencia entre lo que hizo Caifanes y lo que ya habían hecho, por ejemplo, El Último de la Fila y Radio Futura. ¿Por qué? Porque la música es arte, pero también un negocio, y era importante comenzar a dotarla de categoría.

Bandas como Neón, Pedro y las Tortugas y Bon y los Enemigos del Silencio facturaban un pop elemental aderezado con el estilo ibérico que acomodó su columna vertebral durante esa movida madrileña que permeó hasta convertirse en la movida española.

Pero no todo se reducía al pop elemental de grandes grupos como Nacha Pop y Los Secretos sino también a la llegada de bandas de culto como Aviador Dro, la cual es mencionada como una gran influencia para la aparición del movimiento electrónico de Tijuana. En el libro ‘Variación de Voltaje’ (Claustro de Sor Juana/Deleátur, 2013), Ramón Amezcua “Bostich” refiere el sonido de Aviador Dro, combo madrileño de electro, como un aporte determinante y relata cómo un monstruo como Gustavo Cerati estaba fascinado con el sonido tijuanense generado por el cigoto de Aviador Dro, una banda de territorio español, justamente el país de habla hispana en el que Soda Stereo jamás pudo replicar el cruzado a la mandíbula que impactó a América Latina.

Uno de los principales canales de difusión para este estilo musical que seseaba fue el programa de radio RockOlé, transmitido en WFM y conducido por Giselle y Billy Trainor, en el que lo mismo escuchabas a Las Ruedas (de tendencia izquierdista), Miguel Bosé, Mecano, Los Burros, los hermanos Cano, Orquesta Mondragón, Diego y Ramoncín. Una emisión con tal influencia que permitió que, en aquellas épocas, Danza Invisible y Nacha Pop coparan hasta la última fila de la Plaza de Toros México el 20 de febrero de 1988 en un concierto de antología cuando en México no había cultura para conciertos.

Cuando terminaba la secundaria en el barrio de Coyoacán, mi amigo Raúl y yo atacábamos un bar subrepticio con piso de tierra ubicado en un callejón de la zona, que tenía la decencia de permitirte poner música, y colocábamos en la pletina cassettes con música derivada de la movida española, ésa que al principio llamaban “fresa” y que, posteriormente, era muy solicitada a ese dueto de DJs adolescentes al que bautizaron como “Los Elegantes” por ir de saco, corbata, bermudas y botas de minero. Esa música extraña, también, garantizaba el acceso a las niñas. 😉

El impacto que tuvo la movida española en México no debe verse como un fenómeno menor para determinar no sólo el sonido de algunas bandas nacionales sino también el gusto educado de quienes aprecian la calidad en los primeros acordes y el que grupos españoles herederos del estilo como Columpio Asesino o Los Planetas encuentren una aceptación extrema de parte de quienes exigen calidad y no sólo guitarrazos sin sentido.

Así es que ¡gracias Bosé, Auserón, Gurruchaga, Raphael, Massiel, Ramoncín, Vega, Olvido, Fernández Abel, Urrutia y etcétera…!

Todos están muertos. De la movida española a las rancheras, del día de muertos a la aceptación.

Si disfrutan de la movida española, no deben perderse ‘Todos están muertos’, película de Beatriz Sanchís en la que Elena Anaya le da vida a Lupe, una ex integrante de un grupo de gran fama en los años 80.

Del imaginario mexicano sobre el día de muertos a un tributo a la movida española, ‘Todos están muertos’ es una conmovedora historia de familia, música y los que se han ido sin despedirse, también de la identidad, lo que pasa con los vivos que lidian día a día con su ser interno y las problemáticas del contexto. Si lo que llevan leído parece una maraña sin explicación, agreguen que también habla de las relaciones entre madre e hijo(s), de la adolescencia y la identidad sexual.

 

Otro objetivo de la película era tratar los temas duros de forma tierna, por lo que la música ayuda a esos exorcismos. La banda sonora acompaña durante toda la película de manera justificada, a ratos escondida en ambientes (como en un disco que escucha la protagonista para aprender inglés), recuerdos que vuelven de ultratumba o siendo el mensaje exacto para los sentimientos que no pueden decirse de frente.

 

La composición de las canciones estuvieron a cargo de Juan Manuel del Saso, Juan Pastor y Aaron Rux, quienes juntos tienen el grupo Akrobats. Ellos hicieron 3 canciones inéditas para ‘Todos están muertos’. La banda ficticia en la película se llama Groenlandia, la directora comenta que es un tributo a Los Zombies, representantes de la movida madrileña, pero también a muchas otras bandas que hicieron catarsis de cambios sociales.

 

 

Se citan canciones mexicanas, rancheras. Aún en momentos de dolor, una canción alivia el alma y en varias escenas es la música que comulga las situaciones.

Lupe se la ha pasado deprimida en su casa, sin estar al pendiente de su hijo adolescente. Su madre (Angélica Aragón en una actuación natural que la caracteriza) se encarga del orden familiar hasta donde le es posible. En ese ambiente embriagado de nostalgias y abandonos, la madre decide traer del más allá a quien al parecer debe resolver conflictos que continúan a 10 años de su muerte.

 

Si creen que les he echado a perder la película, déjenme decirles que ese es solo el principio de un film que muestra el amor a la música desde muchas perspectivas.

 

Superando los paralelos España-México o la religiosidad, esta película tiene una visón de la muerte muy autobiográfica por parte de la directora, quien perdió a un amigo cercano cuando era muy joven. La misma directora comenta, que la edad es un factor grande para aceptar y superar las pérdidas.

Sanchís comenta que el tema de ‘Todos están muertos’ es la aceptación. Quien uno es, de donde viene y agrega que además es un tributo a la cultura mexicana. Tanto es así, que nos ha dado un regalo cultural ya que por primera trabajan juntas en una película Angélica Aragón y Patricia Reyes Spíndola (cuentan las actrices, que sus vidas se han cruzado mucho profesionalmente y tienen coincidencias de vida como haber nacido el mismo día y el mismo año).

La historia fue escrita para Elena Anaya. La actriz se siente orgullosa de este trabajo y manda una disculpa a Almodovar (quien escribió el personaje que interpreto en ‘La piel que habito’ pensando en ella), para decir que este es el personaje que más le ha gustado interpretar, al que más cariño le ha tenido.

 

Cuando se estaba haciendo la película, la actriz estaba perdiendo a sus padres. Para la preparación del personaje, se preparaba así misma para la realidad que enfrentaba y ver la película terminada le dio cierto alivio.

 

Elena Anaya, comenta que lo aprendido: “es mejor ser valiente y salir del encierro” , ser constructivo y entender la vida de otra manera.

 

Es Angélica Aragón quien da una buena descripción del total que verá el espectador: es una película devastadora… pero alegre. Tienen humor, tiene ternura y todos los personajes logran su desarrollo, ninguno se pierde y se logra entender las razones de cada uno.

 

Es la primer película de esta directora y las decisiones que tomó en algunos casos fueron ayudadas por las actrices, como una escena donde pensó que la complejidad de creencias (Día de muertos) no funcionaría, por lo que eliminó esa parte. Spíndola, como ya había estudiado sus líneas y se las había aprendido de memoria, convenció de que se quedara.

 

Así describió Aragón a Sanchís: “Un capitán de barco que tiene muy seguro a dónde quiere llegar”.

 

Su meta era que se vieran muy cómodas Elena Anaya y Aragón, que fuera creíble que sus días en pijama y logra eso. Se siente la intimidad de esa familia, la soledad de ver la tristeza de otro miembro y la fortaleza para superar conflictos.

 

“Todos están muertos” se estrenará el 16 de octubre y se presentará en con 10 copias en el Distrito Federal y después en algunas otras ciudades del país. Estará en Cinemex, Cinepolis y en la Cineteca Nacional.

Para que se animen más a ir averla, les dejamos una canción de Groenlandia.

 

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