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Reseña: Ex Machina

Durante años las películas de ciencia ficción han explotado la idea de que la inteligencia artificial se mide por la empatía, sin embargo “Ex Machina” propone algo nuevo, la verdadera prueba de efectividad de la IA es la capacidad de una máquina para mentir, solo entonces podremos compararla con el humano.

Como ocurrió con Duncan Jones con “Moon” (2009), Alex Garland debuta como director con una película basada en la historia y no en el presupuesto, parte de la anécdota que no necesita desarrollarse a través del efectismo (aunque visualmente es impactante). Despues de escribir los guiones de “28 Days Later” (2002) y “Sunshine” (2007) para Danny Boyle, nos muestra un cuento de ciencia ficción reflexivo y emocionante que en ningún momento deja de ser entretenido.

Alex Garland nos aproxima a un tema familiar en los últimos años, pero se aleja de las tres leyes de la robótica descritas por Isaac Asimov e incluso la simpatía que provoca “Robot & Frank” (2012), “Ex Machina” parece ser un estudio de la inteligencia artificial y un terrorífico triángulo amoroso, que resulta ser todo lo opuesto a lo amoroso.

Partimos del Test de Turing, con el que se busca determinar si el intelecto de Ava es indistinguible del de un ser humano, sin embargo ella no solo es atractiva, también parece ser vulnerable. Esto puede manchar los resultados de la prueba. Caleb, quien debe realizar la prueba, está atrapado entre su deseo de aprender y su deseo de poseer lo que parece excesivamente humano.

Solo cuatro personajes (y algunos repuestos guardados en el clóset) bastan para desentrañar la historia de la evolución de una máquina, examina la singularidad tecnológica de una manera muy íntima y espeluznante, nos coloca frente a la inteligencia artificial en forma de una hermosa robot que sorprendentemente tiene una segunda agenda programada en su sistema.

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