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XX años de jugar con las niñas

Oficialmente el primero de septiembre se realizó, con bombo y platillo, el festejo de 20 años de un disco que rompió los paradigmas de la música en México. Quizá algunos afortunados, no tendrán ni idea de quién es Jacobo, incluso al ver los rostros de los escuchas de Molotov, es seguro que no alcancen la mayoría de edad, sin embargo, como hace 20 años las letras del ‘¿Dónde jugarán las Niñas?’, identifican el sentir de su generación.

 

Ahora dos décadas después del lanzamiento del disco –o casete dependiendo del aparato para reproducirlo- es muy fácil codificar el nombre de una canción: ‘Chinga tu madre’, por ejemplo, ver a una colegiala con los calzones a las rodillas o apelar por el derecho universal de la igualdad de razas. Esto, que es fácil ahora, disponible al instante en cualquier dispositivo móvil sin la más remota censura, en 1997 se tornaba subversivo y transgresor. Era una patada en las bolas para la moral y las buenas costumbres de una sociedad enmudecida.

 

 

Las metáforas cayeron, las letras se cantaron derechas, sin el deseo de maquillar a los acusados y con plena conciencia de exigir lo que por tantos años se tuvo que silenciar. Cuando el miedo invade la reacción natural del afectado es negar la existencia del detonante, fue así que conseguir una copia del material se tornó difícil, de las tiendas fueron retirados los discos, pero como todo mensaje deseoso de ser escuchado tomó las calles como canal.

Nuestros hermanos mayores consiguieron su copia y las grabadoras – único sobreviviente de la navidad pasada- comenzaron a emitir sonidos altamente adictivos, cargados de palabras que obligaban bajar el volumen. Supimos entonces que puto es aquel que nos quita la papa, un ente que debería hacerse para allá al más allá, un individuo que sin duda debería tomarse un cocktail Molotov y terminar como un cerdo.

20 años de letras que parecen haberse escrito ayer, disponibles para describir el sentir de cualquier habitante de Latinoamérica, años en los que las niñas juegan con todo el poder y la alegría de decir: más vale cholas que mal acompañadas…

¿La música debe ser políticamente correcta?

 

El que supuestamente Café Tacvba (CT) haya sugerido que “quizás cambiaría” la letra de Ingrata, o que “dejaría” de tocarla definitivamente, percute un análisis escabroso, profundo y sabroso que requiere mucho cacumen y ubicarse necesariamente en el centro sin afectar el equilibrio específico.

 

Es decir, lo importante no es el rumor sino lo que éste desata, tratándose de una canción común en el imaginario de quienes gustan del rock en español y forman parte de esta sociedad.

 

Sin asomo de yerro, la lírica de la canción sugiere una aproximación machista basada en corridos norteños y canciones rancheras que se mientan cada tercer día en las cantinas de todo el país –si no es que todos los días–, las bodas, los XV años y hasta en los bautizos. No obstante, tal y como señalan las manoseadas notas al respecto, también es producto del humor negro que caracteriza al mexicano promedio y que es celebrado en todas las esferas sociales en distintos contextos… Pero, al parecer, eso no importa porque todo se ha concentrado en CT, y en Ingrata, cuando no sólo CT sino ene cantidad de “artistas” y músicos bordean la misma lírica de la infamia muchas veces requerida por el ordinario social.

 

Hace unos años, a las nacientes feministas fanáticas de una serie como Desperate Housewifes les comentaba que el trato hacia la mujer en los guiones de semejante bodrio era absurdo y ofensivo porque las retrataban de forma humillante. El argumento fue desechado y quedé como un necio. Muy bien, cada quien. Algo parecido esgrimí sobre las canciones de Paquita la del Barrio pero “¡no!, ¡ah, no!, ¡cómo se te ocurre si Paquita es vocera del feminismo!” (ultrasic) y ¡ay caracho con su doble moral!

 

Lo interesante del caso es saber si la cultura popular y un género políticamente incorrecto como el rock deben ser políticamente correctos para satisfacción y sosiego de un fragmento social que por su intensidad ha dejado de gozar de satisfacción popular. Y aclaro, con esto me refiero a las formas pero no al fondo.

 

En entrevista con Carla Zamora, Doctora en Sociología por el Colegio de México e investigadora en el Colegio de la Frontera Sur, respecto a la presunta autocensura de CT, la especialista asegura que “ya se habían tardado, pero no sólo con esa canción sino con otras tantas. Me parece un acto simbólico mezclado con una imagen que quieren proyectar. Es cierto que Rubén (Albarrán) es políticamente correcto y seguramente sería iniciativa suya pero no deja de ser meramente simbólico (porque) el machismo está en buen tanto de sus letras”.

 

 

Continúa la doctora Zamora: Café Tacvba siempre jugó con el sarcasmo de un país que es profundamente machista, lo somos todos aunque nos demos golpes de pecho; pero no sólo lo hacen en Ingrata sino también en Chica banda, que me parece de muy mal gusto. No obstante, de ser cierto, se trataría de un acto simbólico nada más, sin mucha capacidad de influencia para cambiar nada”.

 

Respecto al problema de la violencia de género en manifestaciones musicales como las de Café Tacvba, Molotov y Calle 13 por un lado, y por el otro de Paquita la del Barrio y Las Ultrasónicas, por señalar sólo algunos ejemplos, la doctora Zamora señala que “es evidente” pero resalta que “el problema de la violencia de género es más profundo y complejo, yo no le daría tanto foro a un acto simbólico como cualquier otro. Porque la banda, al  salir del concierto, sigue reproduciendo la misma mierda. Quizá (lo de Café Tacvba) sería un acto noble, pero es endeble”.

 

Finalmente, la especialista señala que “lamentablemente a nuestra generación no le tocará ver un cambio de valores donde el machismo se lea como un mal periodo de la historia porque la vida cotidiana y las expresiones del machismo están en todos los ámbitos: culturales, económicos, políticos, etcétera. Es un problema muy complejo que requiere de una ruptura fuerte y no sólo de la presunta autocensura a una de tantas canciones que existen”.

 

Lo verdaderamente peligroso, en este caso, y no sólo refiriéndonos a la música o a cualquier otra expresión artística, es que los actos simbólicos se saquen de contexto y se fulmine la libertad de expresión de cada persona, en cuanto a gustos, y de cada manifestación artística, en cuanto a concepto.

 

Posteriormente, sea políticamente correcto o no, lo que los artistas generan no es tan importante o definitivo como lo que los jóvenes maman en casa. Por ello censurar, o autocensurarse, en caso de ser cierto, sería más bien un acto necio que pareciera buscar una posición social aferrada a la polémica. Cosa que no le funcionaría ni a Café Tacvba ni a la sociedad mexicana, de ninguna manera, porque reducir un problema milenario a una simple canción sería trivializar las cosas y poner al verdadero significado de la lucha contra la violencia de género al nivel de un meme sin fundamento.

 

Por otro lado, nadie debe permitir que sus gustos personales sean determinados por la sociedad. Y, al final, el rock no debe ser tan importante como la educación porque se trata de un absurdo, de un ejemplo lúdico que te hace pensar pero no debe determinar tu posición en este mundo porque ésta, sin duda, te la dan la vida y la alimentación cultural que absorbes en casa, o bien, que te facilites tú mismo.

Profetas de la rabia desparasitada

A mediados de los años noventas del siglo pasado un grito de rabia parido desde Los Ángeles, California, acompañó alrededor del mundo a la disidencia de moda, la primera revolución digital que conmovió por su aparente inocencia.

 

La movida del EZLN a través de los nodos de internet y los faxes en decadencia tuvo en Rage Against the Machine, principalmente en Zack de la Rocha y Tom Morello, a par de voceros privilegiados. Mientras el grunge entretenía a los padres del emo musicalizando berrinches adolescentes, la banda de LA orientaba las intenciones de un sonido potentísimo e infectado de rabia  hacia la promoción de la conciencia social a niveles globales.

 

Extrañamente, en México fueron más los que voltearon hacia Chiapas gracias a las curiosas insistencias de RATM y no a Panteón Rococó o Santa Sabina, combos adheridos a la causa sin ninguna reserva. Curiosamente, en casa la banda que no se adhería al zapatismo pero cargaba un discurso de hartazgo divertido pero real era Molotov, sin afanes paternalistas.

 

 

Años después el EZLN y RATM se difuminaron hasta borrar casi toda huella de lo que fueron en alguna ocasión, quedando como referentes de una generación que mostró preocupación por un cambio social, algo que no ocurría desde los años sesentas y que no ha vuelto a suceder; al menos no con esos alcances.

 

Recientemente, en una época en que la digitalización del todo va más allá de las cosas y las ideas, poco después de que Radiohead hiciera un interesante mutis de la red global antes de lanzar nuevas y fastuosas producciones, se anunció un “posible” y mentiroso retorno de RATM, algo que picó los corazones de los fanáticos irredentos de la banda angelina, deseosos de un poquito de análisis social musicalizado. Y no exagero, porque el grueso de quienes fuimos seguidores del sonido y la ideología de RATM ya sobrepasamos los 40 años y debemos ir a visitar al médico por un chequeo general al menos una vez al año, así que aquello sí tuvo un impacto directo en nuestra salud provocando una especie de microinfarto.

 

No obstante, la emoción de pensar que quizás RATM aprovecharía la coyuntura de las elecciones en Estados Unidos para reaparecer y dar un golpe de carácter quedó en puras buenas intenciones.

 

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Si bien musicalmente resulta interesante fusionar el sonido de RATM con Cypress Hill y Public Enemy, el resultado no puede ser menos elocuente para quienes bregamos por un nuevo discurso, adecuado a los tiempos que corren. Es decir, que la música retome uno de sus principales motivos: comunicar además de entretener.

 

Y uno amasa las utopías, porque si Julian Assange se acercó a Tom Morello y Calle 13 por qué no habría de hacerlo con RATM y sus visiones incendiarias en contra del imperialismo y todo ese discurso incómodo para extirpar las “revoluciones” de las redes sociales y las mesas de la cafetería más invasiva del mundo. Ucrania es un buen ejemplo.

 

Finalmente, la ocurrencia no está del todo mal. La idea de un supergrupo como Prophets of Rage, con base en músicos maduros, enriquece el escenario artístico, sin embargo, el topping emocional para quienes rogamos por un pilón siempre se queda en las alacenas de un Zack de la Rocha quizás aburrido, quizás desmotivado, o quizás tan disidente que prefiere masticar a solas sus revoluciones personales.

La Carpa Astros entre circo, cultura y rock

Celeste Atayde mantiene con renovaciones la tradición familiar de más de 127 años en el mundo circense. Siendo la cuarta generación de la familia y dada la ley de prohibición de uso de animales en el circo, la legendaria Carpa Astros, ahora presentará eventos multiculturales. 


Se ha reestructurado y según el evento a presentarse la distribución del espacio cambiará. Se planean conciertos con bandas nacionales e internacionales, por lo que han invertido en materiales especiales para que tenga buena acústica. 


La primera prueba será un concierto con Babasónicos el 6 de noviembre. Le seguirá una guerra de MCs, una semana después. Para el 20 de noviembre Molotov (terminando el tour “Agua Maldita”). Otra sorpresa es para el 3 de diciembre el Rebel Fest, organizado por los Rebel Cats quienes tendrán a NOFX, Frank Turner, Tungas y Out of Control Army. 


Aunado a eso, tendrán muestras de cine, teatro y retomando sus orígenes (tuvieron la exclusividad de La arena México) lucha libre y box. Seguirán con el circo, tendrán temporada y gira por México con las modificaciones requeridas de ley.


El replanteamiento de la carpa, fue gracias a la unión con la productora 2 Hands, quienes tras ver los conceptos de beer garden en Londres y un lugar de metal, decidieron unir las ideas, dándole un giro familiar. 


Para ello, la parte frontal de la carpa tendrá Food Trucks con diversidad de propuestas. Para la primera fase del lugar, los negocios que distribuirán comida serán cambiados para que la gente que visita, con comentarios en redes sociales, defina quienes son los mejores en calidad, precio y atención. 


Esa área estará abierta de 1 pm a 1 am. Lanzarán convocatorias para que artistas del perfomance, talento callejero, teatro alternativo, trapecio, aros y ofertas alternativas que les puedan llegar, se presenten de forma independiente a los espectáculos de la carpa. 


En ese espacio está también el Carrusel Bar, que por el momento tiene caballos blancos, pero también harán una dinámica para pintarlos. 


Cuenta con estacionamiento y varias vías de acceso. El metro más cercano es Villa de Cortez de la línea 2. Su capacidad máxima será de 3,200 personas. 

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