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Ceremonia 18, hacia la apertura de sonidos

No era lo que más destacaba entre las múltiples actividades, escenarios y zonas de descanso, pero al fondo, sobre una colina del Foro Pegaso estuvo visible todo el tiempo, sin decir mucho pero manifestando demasiado con su presencia, la bandera del arco iris reflejaba el espíritu de Ceremonia 18, tanto en sonidos como en una apertura general de respeto hacia los actos, la música y las expresiones que veríamos a lo largo de la tarde y noche del sábado.

Drags, penachos, lentejuelas, boas rosas y azules decorando los escenarios y uno que otro alienígena inflable, muchos más que en otras ediciones de Ceremonia, un festival que desde su inicio se ha inclinado hacia el crossover, acercándonos a tendencias que se convierten en una experiencia hacia actos más conocidos y otros por conocerse.

 

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Con el viento que cambió todo en Ceremonia 17, pero con mayores medidas de seguridad en el 2018, nos dejamos ir por el calor y el paseo en la rueda de la fortuna para observar desde las alturas la dinámica del festival: el flujo de gente sin grandes aglomeraciones, sus sonidos diversos, un público que se adapta a las propuestas y pasa de ellas cuando no le agradan sin necesidad de agredir a quienes están en el escenario, siempre buscando una experiencia nueva, incluso en el área gastronómica, todo mundo tiene un foodie en el interior al que le interesa sorprender a su paladar de vez en cuando.

 

De las mejores vistas de #Ceremonia18

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Desde Mint Field con sus distorsiones apuntando al dream pop, a la cadencia líquida de Wet Baes que requiere cambios de vestuario para englobar un concepto y su programa espacial, las grandes expectativas hacia Cuco como una nueva experiencia chicana que involucra diversas herencias sonoras hasta el R&B y wonky pop de Mura Masa, el inicio de Ceremonia implicaba dejarse llevar por el clima y las ganas de bailar.

Al atardecer no es que hayamos perdido las ganas de mover los pies, pero las propuestas se fueron asentando con toda claridad. En la carpa Tentación encontraríamos un trap agresivo que sigue buscando más público; en Camp Roswell el brillo cobraría sentido con Kelela y la extraordinaria propuesta de Arca, el venezolano logró englobar todos los objetivos del festival descritos al inicio de este texto; mientras que en los escenarios Ceremonia y Corona los nombres más conocidos empezaban a atraer cada vez más gente con fusiones más conocidas para la mayoría.

 

Bailamos mucho a lo largo de la jornada, pero definitivamente nos quedamos con Beck, Mura Masa, King Krule y St. Vincent en #Ceremonia18

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Visto desde esa perspectiva, Ceremonia en su edición 2018 no ha cambiado, sólidamente mantiene su espíritu desde la primera edición en el 2013, de esa forma cabe el jazz y el hip-hop experimental de King Krule, que con voz desgarradora y actitud punk obtuvo más un nuevo seguidor. El pelirrojo fue el punto de partida para que cambiara el sonido, más guitarras menos cadencia bailable, aunque Caribou en el escenario continuo podría contradecirnos en esta afirmación.

La gran sorpresa para muchos fue St. Vincent. Una Ernie Ball para cada canción, un visual diferente sobre violencia en la pantalla en cada ocasión, el mensaje de la movilización de masas con una Annie tan delicada como potente, una guitarrista que inició con un espacio por llenar y que concluyó su actuación con el público en la bolsa después de conmoverlo con su voz y el miedo hacia el futuro, de seducirlo con una combinación de techno y glam proveniente de su disco ‘Masseduction’ y las ilusiones entre Los Angeles y Nueva York, bajo las botas altas de plástico entendimos que no hay otro icono en el rock que se parezca a Annie en la actualidad y que no por eso pierde su aire pop.

 

 

Con la noche recordándonos que estábamos en Toluca y que se requieren más vendedores de café (no importa cuánto te caliente el ánimo Arca), a lo lejos escuchamos al güero, el público inmediatamente corrió al escenario Ceremonia en al escuchar a la distancia ‘Loser’, para algunos fue el punto de conexión generacional en un festival que brindó sonidos que muchos se esfuerzan por abrazar pero que las etiquetas les hacen rechazar. No es que Beck sea el pegamento, pero en Ceremonia si fue quien a través de canciones que todos reconocemos, nos recordó porqué amamos la música en vivo, el tipo es una fusión de todo lo que escuchamos durante ese día.

A la distancia escuchamos los trancazos de Igor Cavalera, en la rumorología de festival algunos lo metieron en Pantera, pero solo uno de los fundadores de Sepultura podría otorgarle ese ensordecedor toque a la propuesta visual de Soulwax, ahí fue donde notamos que pertenecemos a festivales diferentes y que nuestras piernas ya dan menos a las 2 de la mañana.

¿Qué sigue para Ceremonia? Probablemente la balanza seguirá inclinándose a un tipo de sonidos, pero sabemos que algunos nombres nos seguirán obligando a involucrarnos con el festival una vez más. Veamos hacia donde nos lleva la brecha de géneros, etiquetas y auto-tune.

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