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Temporada perfecta para The Haunting of Hill House

Es difícil llevar el género de horror a la pantalla chica: estirar la trama durante diez o trece horas y crear pánico en el espectador no es tarea fácil si estás acostumbrado al jumpscare, elemento que se va gastando ya sea por el presupuesto tan chico de la serie de ficción o por el hecho de que de ser tan repetitivo simplemente cansa, pero eso no te pasará con The Haunting of Hill House.

Todo depende de la trama y del enfoque que se le dé: ahí tenemos a Penny Dreadful con el empleo de la escritura victoriana en sus diálogos volviéndola tan particular; o recientemente Castle Rock, que evitó caer en mezclar las historias de las novelas de Stephen King para usar ciertos elementos siendo meramente adornos al drama.

Es así como Netflix decide ir más allá de su ya popular Stranger Things con The Haunting of Hill House, una adaptación de la novela homónima de Shirley Jackson de 1959, dirigida por Mike Flanagan quien ha traído a la vida proyectos como la infravalorada Oculus (2013) y la adaptación de Gerald’s Game (2017) de Stephen King para el mismo servicio de streaming.

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La historia nos narra la vida de la familia Crain dentro de la mansión Hill, (centrándose más en los cinco hermanos que en los padres) en la que viven con el objetivo de repararla para venderla y construir el hogar de sus sueños. Sin embargo, espíritus dentro de la casona harán de un infierno su estadía y su futuro ya que, tras fatídicos sucesos, los hermanos tendrán que rememorar sus vivencias dentro del lugar.

¿Qué hace que esta historia se salga del molde de otras como la saga de Amityville o la reciente Ghostland (2018, Dir. Pascal Laugier), en la que las circunstancias son las mismas (una casa embrujada, un miembro de la familia se vuelve escritor y gana dinero con la perturbadora historia…) y sólo cambia el número de individuos? La respuesta es satisfactoria para el espectador promedio, ya que son pocas las deficiencias de The Haunting of Hill House.

Su gran fuerte es la construcción de personajes tan sólidos, desde su escritura hasta su actuación, dibujando particularidad en cada uno de ellos. El reparto de las versiones infantiles de los personajes, conformado por Violet McGraw (Ready Player One), Lulu Wilson (quien ya había trabajado con Flanagan en Ouija: El Origen del Mal), Julian Hilliard (Never Goin’ Back) y Paxton Sigleton hacen un excelente trabajo planteándonos la situación de sus personajes y que, junto a la dirección de Mike Flanagan, construyen el puente para comprender por qué se convirtieron en lo que son sus versiones adultas. Cabe destacar que la pequeña McKenna Grace (Gifted; I, Tonya) haciendo la versión joven de Theodora Crain es de las mejores actuaciones que veremos dentro de la serie, robándose el protagonismo en más de una ocasión.

En cuanto a las versiones adultas de Steven (Michiel Huisman, mismo que da vida a Daario Naharis en Game of Thrones), Nell (Victoria Pedretti, próxima a salir en Once Upon a Time in Hollywood, lo nuevo de Tarantino), Luke (Oliver Jackson-Cohen), Shirley (Elizabeth Reaser, quien también estuvo en la secuela de Ouija) y Theodora (Kate Siegel, actriz fetiche del director), todos están a la altura, que más que enfrentar situaciones sobrenaturales desenfrenadas, desarrollar un drama tanto grupal como con sus respectivos conflictos personales… y a su respectivo fantasma.

La forma en la que está escrito el guion de The Haunting of Hill House es responsable de la gran fluidez de la historia: a modo de flashbacks tenemos la mayor parte de momentos aterradores (unas más creativas que otras, que a pesar de caer en el cliché no molestan al momento de presenciarlas) dentro de los capítulos donde son participe la casa y los niños, mientras que en la vida adulta de los protagonistas apenas hay tintes de horror.

Eso sí, dentro de cada capítulo hay subtramas que jugarán con la percepción del espectador, presentando situaciones divididas por una delgada línea entre lo sobrenatural y cuestiones psicológicas de los personajes fugaces, siendo un gran elemento para no perder la atención de cada detalle dicho en los diálogos.

La edición del programa es otro ejemplo de cómo llevar a cabo la correcta post producción de un audiovisual. El uso de los match cuts (conexiones entre tomas con acciones similares, como que la primera termine abriendo una puerta y la siguiente comience con la misma acción) dan juego a lo ocurrido en pantalla, haciendo que converja el pasado y presente en pantalla. También no todo es perfecto en la misma, como el CGI que en algunas escenas resulta insuficiente tanto en la creación de personajes computarizados como en el empleo de algunas pantallas verdes.

La música a cargo de los hermanos Newton raya entre el ambientalismo y el uso de instrumentos típicos dentro de la banda sonora de cualquier película de horror, no muy alejado de las colaboraciones previas con Mike Flanagan.

En conclusión, el director ha logrado lo impensable con The Haunting of Hill House al separar su historia de otras símiles y al hacer interesante el paso entre capítulos y su historia, digna de ser una serie para el binge watching. El éxito de la serie se debe a reconocer a tu equipo creativo y trabajar con personas creyendo en su talento, no buscar el hilo negro en una historia que ha sido mil veces contada y saber innovar la idea. Sin duda, Netflix junto a Mike Flanagan le han dado al serial de horror un nuevo respiro con elementos arcaicos de la cinematografía.

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