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Banda Sonora 101: Pink Floyd de celuloide

Hubo un tiempo cuando –en plena revolución contracultural– Pink Floyd exploró en la composición de música original para películas. Al margen de la muy conocida PINK FLOYD THE WALL (1982), entre 1969 y 1972 –con Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason en la alineación– Floyd musicalizó tres películas fundamentales del cine psicodélico: MORE (1969), LA VALLÉE (1972) y ZABRISKIE POINT (1970). Las dos primeras fueron dirigidas por Barbet Schroeder y la tercera por Michelangelo Antonioni.

En esa época, en octubre de 1972 y con el anfiteatro de Pompeya, Italia, como escenario, también se filmó PINK FLOYD: LIVE AT POMPEII, un rockcumental que capta a la banda en uno de sus mejores momentos creativos.
Después de esas experiencias, Pink Floyd, como banda, no volvió a componer música original para películas ajenas pero sí se concentró en encargar los visuales más impresionantes para sus giras y videos musicales.

En 1982 llegó PINK FLOYD THE WALL, película dirigida por Alan Parker que se convirtió en un clásico instantáneo del cine rock y cuya música original e historia parten del legendario disco The Wall, concebido por Waters en 1979. Waters, como solista, musicalizó WHEN THE WIND BLOWS en 1986 Y Gilmour hizo lo mismo con el documental DRUG-TAKING AND THE ARTS en 1993.

En los años subsecuentes al estreno de PINK FLOYD THE WALL en 1982, se han realizado varios documentales y conciertos grabados en vivo de una calidad sobresaliente, como DELICATE SOUND OF THUNDER (1989) y P.U.L.S.E LIVE AT EARLS COURT (1994). Hay películas-concierto y documentales increíbles sobre Floyd, sobre Waters, sobre Gilmour… pero como agrupación Pink Floyd no compuso más música original para películas después de su experiencia psicodélica de finales de los 60 y principios de los 70 y de la inmortal PINK FLOYD THE WALL de 1982.

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Aquí la historia:

MORE (1969)
Pink Floyd incursionó en la composición de música para cine en 1969, año en el que la banda británica hizo el score original de MORE, de Barbet Shroeder, un clásico del cine psicodélico que se estrenó el 13 de mayo de 1969 en el festival de Cannes. MORE cuenta la historia de Stefan, un joven alemán recién graduado de la universidad que viaja de aventón a París y ahí conoce a una hermosa chica estadunidense llamada Estella. Stefan y Estella hacen química y se lanzan a la paradisiaca Ibiza, donde el consumo de heroína se vuelve un peligroso hábito diario. La música original de Pink Floyd crea una atmósfera sonora perfecta en las escenas de viajes psicotrópicos y enriquece el retrato de la época de manera notable.

 

 

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ZABRISKIE POINT (1970)
Realizada por el célebre cineasta italiano Michelangelo Antonioni, ZABRISKIE POINT (1970) es el intento de sintetizar en una película los lisérgicos años 60 y la corriente contracultural en Estados Unidos. Para ello, Antonioni creó la metáfora de una pareja de jóvenes, hombre y mujer, que se encuentran en el desierto y experimentan un proceso de liberación absoluta. En este caso, la música de Pink Floyd es un personaje más, mismo que representa la expansión de la conciencia colectiva de toda una generación de soñadores.

 

LA VALLÉE (1972)
En LA VALLÉE (1972), el cineasta Barbet Shroeder explora en los temas de la liberación sexual y la expansión de la conciencia mediante el relato del viaje – en los sentidos literal y figurado– de unos franceces aburguesados a un remoto lugar en Nueva Guinea conocido como “El valle”, donde habita la tribu Mapuga y que ni siquiera aparece en los mapas (se le muestra como “obscured by clouds”). La música original de Pink Floyd acompaña a los viajeros en su expedición como si fuera una suerte de guía intangible en el camino hacia la liberación física y mental. En esta odisea, los personajes abandonan todas sus cargas materiales, incluída la ropa, y rompen las paredes mentales que los esclavizan. La música original de Pink Floud se editó en el disco Obscured by Clouds.

 

PINK FLOYD: LIVE AT POMPEII (1972)
Realizado por Adrian Maben en octubre de 1972 –con el impresionante anfiteatro de Pompeya, Italia, como escenario– PINK FLOYD: LIVE AT POMPEII es un rockumental que capta a Pink Floyd en uno de sus mejores momentos (principios de los 70), interpretando en directo piezas inmortales como “Echoes”, “One of These Days” y “A Saucerful of Secrets.” Existen varias versiones de esta película en video y todas se merecen una tanda de aplausos.

 

PINK FLOYD THE WALL (1982)
Clásico induscutible del cine rock, PINK FLOYD THE WALL se estrenó el 22 de mayo de 1982 en el festival de Cannes. Concebida por Roger Waters (autor de la música y el guión) y dirigida por Alan Parker, es de los pocos momentos de la historia del cine en los que un álbum, en este caso The Wall, antecede e inspira la realización de una película.

Waters exorcisa sus propios demonios en la historia de Mr. Pink (Bob Geldof), un rock star atribulado y traumatizado por su pasado que navega entre la realidad y la locura, todo en su intento por derribar la enorme pared mental que lo aisla del resto del mundo. Las secuencias de animación creadas por Geral Scarfe son un referente indiscutible de la época. Una poderosa metáfora sobre los efectos colaterales de la guerra, el vacío existencial del estrellato y la locura de los regímenes dictatoriales. Al cabo los años, PINK FLOYD THE WALL se manifiesta hoy en día tan poderosa y vigente como las negras intenciones del presidente gringo de levantar un inmenso muro fronterizo entre México y EE. UU.

 

PINK FLOYD: DELICATE SOUND OF THUNDER (1989)
Entre el 19 y el 23 de agosto de 1988, el cineasta Wayne Isham filmó a Pink Floyd en vivo en el Nassau Coliseum, en Long Island, Nueva York, para luego editar la película-concierto PINK FLOYD: DELICATE SOUND OF THUNDER (1989), misma que registra los mejores momentos de la serie de cinco conciertos que dieron vida al álbum doble Delicate Sound of Thunder (1988).

La película fue lanzada en video en junio de 1989 y sobresale por la altísima calidad de la música ejecutada en vivo (la mezcla de sonido es impresionante) y los maravillosos visuales realizados ex profeso para la gira A Momentary Lapse of Reason (1987/88).

 

PINK FLOYD: P.U.L.S.E LIVE AT EARLS COURT (1994)
Es una portentosa película-concierto realizada por el británico David Mallet –cineasta especializado en la filmación de conciertos y videos musicales– que regristra la legendaria presentación del 20 de octubre de 1994 de Pink Floyd en el Earls Court de Londres, como parte de la gira Division Bell Tour.

De la grabación de este mítico concierto surguió el álbum doble en vivo P.U.L.S.E., publicado en junio de 1995. Junto con EL ÚLTIMO VALS (1978) de Martin Scorsese y STOP MAKING SENSE (1984) de Jonathan Demme, P.U.L.S.E es sin duda una de las mejores películas-concierto de la historia del cine rock.

 

PINK FLOYD: TE MAKING OF DARK SIDE OF THE MOON (2003)
Realizado en 2003, es un proyecto de lujo que no se estrenó en cines comerciales y sólo se distribuyó en video (DVD y Blu-ray), en la cadena BBC y algún otro canal cultural europeo. Este rockumental registra de manera minuciosa el proceso de creación de uno de los álbumes más relevantes de la historia del rock: Dark Side of the Moon. Son 84 minutos de repaso, canión por canción, del disco clásico de de Pink Floyd de 1973. La cinta compila muy buen material de archivo y lo alterna con entrevistas a Waters, Gilmour, Mason y Wright. Joya.

 

PINK FLOYD: THE STORY OF WISH YOU WERE HERE (2012)
Como se lee desde el título, PINK FLOYD: THE STORY OF WISH YOU WERE HERE (2012) es un documental que cuenta la historia del proceso creativo de uno de los álbumes más importantes e introspectivos de la banda británica: Wish You Were Here, publicado en septiembre de 1975. Puedo decir con plena convicción que el track número 4, “Wish You Were Here”, es una de mis rolas favoritas y cada vez que la escucho y la canto se me enchina la piel. La película, dirigida por el británico John Edginton, incluye entrevistas con Waters, Gilmour, Mason y Wrghit, y material de archivo de grandísima calidad.

Banda Sonora 101 – Cine psicodélico

Antes de empezar esta entrega, quiero aprovechar el espacio para expresar mi más profunda indignación y rabia por la desaparición y el asesinato de tres estudiantes de cine en Guadalajara. Mi solidaridad y apoyo al medio cinematográfico y a las familias de los tres jóvenes.

El blog de hoy es tan colorido como un caleidoscopio. Es un viaje, así de loco como el de Alicia, pero en lugar de visitar el país de las maravillas vamos a tener una odisea por la historia del cine psicodélico.

Este blog se llama cine y se apellida psicodélico, y consta de una selección de 20 películas emblemáticas de la psicodelia. Así que abróchense bien los cinturones de seguridad porque vamos a despegar con destino a los años 60 del siglo pasado, década en la cual iniciaremos el recorrido.

 

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Banda Sonora 101 – Pink Floyd y el cine psicodélico

Además de ‘The Wall’, entre 1969 y 1972 Pink Floyd musicalizó tres películas fundamentales de la psicodelia en el cine: ‘More’, ‘La vallée’ y ‘Zabriskie Point’. Las dos primeras fueron dirigidas por Barbet Schroeder y la tercera por Michelangelo Antonioni.

 

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Cuenta la historia de un joven alemán que viaja a Ibiza y se engancha tanto con una chica como con el consumo de heroína, esto en plena psicodelia sesentera. La música de Pink Floyd crea una atmósfera sonora perfecta y enriquece el relato de manera notable.

 

 

Escucha el disco completo registrado en #Revolución33

 

Shroeder explora en los temas de la liberación sexual y expansión de la conciencia, mediante el relato del viaje de un grupo de franceses a un lugar en Nueva Guinea conocido como “el valle”. La música de Pink Floyd acompaña a los viajeros en su expedición como si fuera una suerte de guía intangible en el camino hacia la liberación física y mental.

 

Es el intento de Antonioni de sintetizar una época: los años 60 en Estados Unidos. Para ello crea la metáfora de dos jóvenes que se encuentran en el desierto y experimentan un proceso de liberación absoluta. En este caso, la música de Pink Floyd es un personaje más, mismo que representa la expansión de la conciencia colectiva de toda una generación de soñadores.

 

 

Banda Sonora 101: Blow-Up

En diciembre de 1966, horas después de la premier mundial de Blow-Up’ en Nueva York, Herbie Hancock llamó por teléfono a Michelangelo Antonioni para expresarle su desilusión por la manera como el italiano había utilizado su música. “Sólo se escuchan fragmentos”, dijo el compositor, miembro del Quinteto de Miles Davis desde 1963 y que a sus 25 años había sido requerido por uno de los directores de cine más celebrados del planeta.

La respuesta del cineasta, 35 años mayor que Hancock, fue contundente: “La usé como sentí que era correcto”. El pianista, según la entrevista publicada en la edición de aniversario de la banda sonora (Turner, 1996), colgó el teléfono, se quedó helado un instante, sin decir palabra, hasta que se dio cuenta del error: había ido a la premier de Blow-Upa escuchar su música y no a ver la película de Antonioni.

Al cabo de unos días –añade el texto–, Hancock se sacudió el ego, vio de nuevo la película y quedó maravillado. Esa misma noche llamó al cineasta: “Lo siento, tienes la razón: ¡Es cine!.. Esta es una lección que nunca voy a olvidar”. En la obra de Antonioni, comprendió Hancock, la música siempre está al servicio de la película y el director hace con ella lo que mejor considere.



En aquellos años, Hancock ya era considerado una de las mayores promesas del jazz. Además figurar en la selecta alineación del Quinteto de Miles Davis, a sus 26 años tenía un contrato como solista con el sello Blue Note, que le publicó piezas del nivel de ‘Watermelon Man’, ‘Maiden Voyage’ y ‘Cantaloupe Island’.

Pero Hancock nunca había compuesto música para un largometraje y –según lo aceptó años después–, no tenía mucha idea que cuál era la función de un músico en el cine, y menos en las películas de autores como Antonioni o Fellini, por mencionar a dos maestros italianos de la época.

‘Blow-Upestá inspirada en ‘Las babas del Diablo’, de Julio Cortazar. A diferencia del relato original, la anécdota no ocurre en París sino en Londres de mediados de los sesenta, en tiempos de la revolución cultural, cuando la fusión de modernismo y psicodelia abrió una serie de umbrales en el mundo de la música: jazz y funk se volvieron una palabra; el blues se acopló con el rock; Bob Dylan se colgó una guitarra eléctrica y creó el concepto folk rock y los Beatles tendieron un puente con los sonidos de Oriente con el ‘Revolver’.

En el 66, Londres brillaba en glorioso technicolor y por sus venas corría todo tipo de sustancias psicotrópicas. Ese año, el llamado “swinging London” abrió las puertas al movimiento hippie. En las calles rugían las scooters de los mods, quienes pasaron de la rebeldía individual a la revuelta social e hicieron del disco ‘My Generation’, de The Who, la banda sonora de sus días. En los clubes se podía viajar con la música de Pink Floyd (Syd Barret pisó la luna antes que Neil Amstrong) o escuchar el jazz con más onda de todos los tiempos. Miles Davis y Herbie Hancock podían estar tocando juntos en un club, mientras Jeff Beck y Jimmy Page revolucionaban el sonido del rock a unas cuadras de distancia.

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Antonioni se apropió el relato de Cortazar y lo ubicó en esta Londres. La historia es básicamente la misma: un fotógrafo se obsesiona con la idea de haber captado un asesinato con su cámara, pero nunca logra resolver el misterio. El títuloBlow-Upse refiere a “reventar el grano de la foto” mediante la ampliación de la imagen.

¿Por qué Antonioni decidió llamar a Herbie Hancock para musicalizar Blow-Up’? Hay una explicación lógica: el personaje principal del filme, Thomas (David Hemmings), es un fotógrafo especializado en moda y de gustos sofisticados. No es un mod común y corriente, un rebelde callejero (como el personaje deQuadrophenia’), sino un artista interesado en las corrientes de vanguardia. En lugar de una moto scooter tiene un deportivo convertible; y en su estudio fotográfico sonaban finas piezas de jazz, en lugar del acelerado álbum The Who.

Antonioni, apasionado de la música, y en particular del jazz, intuyó bien que Hancock era el músico indicado para crear los sonidos que sintetizaran la energía de la movilización juvenil, la rebeldía mod, con la elegancia del jazz.

Antonioni tomó la decisión correcta: Hancock invitó al bajista Ron Carter y el baterista Jack DeJohnette y al poco tiempo le entregó al director una docena de piezas extraordinarias, la mayoría pensadas para ambientar escenas específicas. En algunas aceleró los ritmos de la batería, en otras dilató las líneas del bajo y en casi todas se dio vuelo con el piano eléctrico.

Hancock construyó la atmósfera sonora que le encargó Antonioni, pero de paso compuso un álbum que hoy es considerado una obra fundamental del jazz de los 60. Y precisamente por eso, por el hecho de haber creado un álbum tan excelso, Hancock se sacó de onda el día de la premier. Su música no era la protagonista de la noche sino un elemento más del filme, que de hecho Antonioni usó como “source music”, es decir, la que se escucha cuando alguien prende la radio o pone un disco en una película.

Como contrapunto al jazz, Antonioni invitó a la banda de rock The Yardbirds, con la que filmó una secuencia delirante mientras tocan ‘Stroll On’ en vivo: el público se mantiene inmóvil, como idiotizado, mientras Jimmy Page se avienta un solo desenfrenado y Jeff Beck destruye su guitarra como lo hacía Pete Townshend de The Who en aquellos años. La cámara sigue el movimiento de Thomas mientras se escabulle entre el público estático y al tiempo que Beck destroza el escenario. A esta memorable actuación de los Yardbirds, hay que agregar dos canciones que Antonioni encargó a Tomorrow, en la que tocaba Steve Howe antes de formar Yes.

Hancock debió sentirse muy desilusionado a la salida del cine, con el ego hecho pedazos. Pero días después, el pianista comprendió que el cine es un es un arte complejo, un lenguaje que integra a varias expresiones, y por ello se disculpó con Antonioni, hecho que demuestra una humildad muy poco común entre los artistas que gozan de fama.

A la fecha, Hancock ha musicalizado una decena de largometrajes, entre ellos una delicia del cine-jazz dirigida por Bertrand Tavernier: ‘Round Midnight’. Su momento cumbre en el cine sigue siendo ‘Blow-Up’.

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