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(Des)encanto: Matt Groening en plena evolución de la serie

Si Matt Groening tuviera que anunciar su retiro hoy sin duda no tendría que lidiar con la tristeza o el enfurecimiento de los fanáticos, ya que ha dejado un legado temprano de sólo dos producciones populares: Los Simpson y Futurama, con las que ya tiene un lugar en la historia de la cultura pop y de todo tipo de televidentes, inclusive en la gran y extraña minoría que afirma no disfrutar de la familia más famosa del mundo y de su simpático patriarca.

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El fenómeno ha sido tan grande que más allá de las promociones mediáticas como parques de diversiones o los cómics, podríamos parafrasear a Homero y a los habitantes de Springfield por lo menos una vez al día en una situación cotidiana, con frases satíricamente entrañables como “Deja lo apunto en mi máquina de escribir invisible”, recordando que alguna vez estuvimos en el lugar de Milhouse Van Houten o que alguna vez amamos a una mascota tanto como Fry a su perro… Si Matt Groening anunciara su retiro hoy, lo único que nos quedaría es darle las gracias por ser parte indudable de nuestras vidas.

Sin embargo no es el caso ya que Matt ha creado (Des)encanto para Netflix, la cual nos narra la vida de Bean, una princesa que no cree en sus deberes reales buscando forjar su destino mientras se emborracha en los pubs de Dreamland. En su camino se topará con Elfo, un elfo (valga la redundancia) que está cansado de la felicidad en la que viven sus símiles y a Luci, una criatura que se denomina a si mismo como el demonio personal de la princesa.

Para analizar un trabajo de Groening hay elementos más importantes que la historia como lo son su introducción y la animación. En el caso de (Des)encanto, la música del opening y del resto de la serie está a cargo de Mark Mothersbaug (Thor: Ragnarok, The LEGO Movie) cuyo peso no es el mismo que el de Danny Elfman o equiparable al de Christopher Tyng (Futurama). El tema principal le da esencia a la serie, un ritmo carnavalesco y desenfrenado que nos hace predecir el tipo de desventuras que vivirá el trío improbable, sin embargo no es memorable ni atrapante. En cuanto a la animación, Groening hace uso de la dimensión 2.5 (como era anunciada la película de Los Simpson) dándole una gran viveza a los escenarios y a las posiciones de los personajes. Destacan esas bellas escenas de establecimiento, las cuales parecen salidas de un libro pop-up de cuentos medievales. Inclusive es difícil no ver a Bart Simpson en Elfo y a Rafa Gorgory en el despistado príncipe Derek.

Pasando a la historia, Groening se enfrenta al nuevo modelo (al menos para él) de la serialización. Si bien sus dos anteriores producciones tenían arcos dramáticos que se conectaban de manera no tan estricta entre temporadas, (Des)encanto debe lidiar tanto con el formato de diez episodios como con el binge-watching. Como público debemos entender que Netflix habla de estos primeros diez episodios como la primera parte de la temporada, siguiendo la estructura de otras series del servicio como The Ranch; habiendo dicho esto, la publicidad de la serie animada nos la vendía como una historia épica, en la que tal vez Bean fuera en su “camino del héroe” al mero estilo de Frodo o de Luke Skywalker, entregándonos un personaje distinto en el último capítulo. No obstante, nuestra protagonista apenas sale de su lugar de confort en los últimos episodios de la serie, apenas alcanza a desarrollarse la historia.

En cuanto a nuestros personajes protagónicos se trata el mismo fenómeno de la serialización les pega: si bien la princesa y compañía no carecen de alma y de identidad, es el desconocimiento sobre el tiempo que ocurre entre episodios lo que no nos hace conectar del todo con ellos, quitándole merito a las situaciones importantes entro de la serie. Eso sí, el trabajo de Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon y de otros recurrentes en el trabajo de voces dentro de las producciones de Groening como John DiMaggio (Bender en Futurama) o Tress MacNeille (Agnes Skinner en Los Simpson) es de primera, entregando todo el carácter que requieren sus personajes.

El guión es de los puntos más débiles y no tanto en historia sino en el poco juego que les da a sus personajes. Además de Matt Groening y Josh Weinstein, veterano en Los Simpson, también destacan Shion Takeuchi, Jeff Rowe (Gravity Falls) y Jamie Angell (encargado de escribir los videojuegos The Simpsons: Wrestling y The Simpsons: Night of the Living Threehouse of Horror); sin bastar sus años de experiencia para sacar a nuestros personajes de lo redundante y de los lugares comunes, siendo pocos los gags y situaciones que se sienten brillantes. Las que lo logran son excepcionales, como los episodios “La Princesa de la Oscuridad”, “¡Qué rueden cabezas!” (que dependen más de personajes secundarios) o los últimos dos que son buen cliffhanger para la segunda parte que se estrenará en 2019, a pesar de que dejen más cuestionamientos de los necesarios.

Si bien Matt Groening se vale de viejos colegas que le aseguraron el éxito como Weinstein o David X. Cohen (co-creador de Futurama), (Des)encanto apenas sale bien librada del formato de Netflix, haciendo más lineal el estilo de Groening, ese que ya tenía casi tres décadas acostumbrado al fanático. Esto no quiere decir que lo deja indefenso, puesto que en Bean encontramos características de Lisa, Leela, Homero e inclusive de Bender; siendo más afortunada que otros experimentos como el crossover con Padre de Familia, esclareciéndose por completo el próximo año.

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