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La voz de Matangi/Maya/M.I.A. ante el sistema

Si eres fan de M.I.A. no hay spoilers en esta reseña

En enero de este año se presentó bajo la dirección de Stephen Loveridge el documental ‘Mathangi’ sobre la vida de M.I.A. en Sundance. El proyecto contiene imágenes que la cantante ha registrado por más de 10 años, así como archivo familiar que data desde su infancia.

Lo que se podrá ver es su alma de artista, tanto el desarrollo de su punto de vista crítico a los resultados que eso conlleva e implica en el mundo occidental, apoyado por los medios de comunicación tradicionales.

El quehacer de Mathangi Arulpragasam no es solo la música. Desde el inicio nos confiesa que siempre quiso ser documentalista y lo demuestra al cargar una cámara en momentos íntimos, cotidianos o trascendentes en su familia, por lo que no escapa el registro de su incursión a la industria musical.

Pocas artistas como M.I.A. tan llenas de color, metáforas, ritmo, arrojo pero sobre todo coherencia. No en vano es hija de uno de los ex líderes del grupo independentista Tigres Tamiles, que surgieron en oposición a los cingaleses, siendo uno de los bandos de la guerra civil que comenzó desde 1984 en Sri Lanka.

Ese hecho no resulta sencillo para su familia, quienes llegan a Inglaterra como asilados políticos ante el peligro que representaba quedarse en el golfo de Bengala. Sí parecería que a partir de eso Maya y sus hermanos tenían todo ganado, no es así, se enfrentarán al racismo y limitantes que viven millones de inmigrantes en el mundo.

En una postura “ni de aquí, ni de allá”, M.I.A. busca sus raíces y comienza una travesía para visitar a su familia, para encontrar el sentimiento de pertenencia, ya que cada miembro tiene historias espeluznantes de los enfrentamientos del ejército y los grupos subversivos, en los que civiles son cruelmente apabullados o asesinados y esas vivencias para ella, solo le eran de oídas.

 

Cansada de los mensajes en la música y luego de una estrecha amistad con Justine Frischmann, vocalista de Elastica, decide utilizar ese medio como protesta. Primero vemos la frustración que atraviesa al no saber por dónde dejar su mensaje, pero en cuanto decide hacer fusión de sus antecedentes culturales, pareciera haber despertado el monstruo activista que guardaba. Para ejemplo, pequeños detalles como que el nombre de su primer disco, ‘Arular’, es el seudónimo que adquirió su padre en el movimiento armado.

La relación que tuvo con Diplo, su florecimiento mediático, su matrimonio con Benjamin Brewer y la identidad cada vez más firme, se entrelazan con los conflictos sociales de su lugar de nacimiento. Eso alimentaba su visión, pero levantó la voz  no solo en las estrofas y coros de sus canciones.

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La supremacía del hombre blanco se impone ante ella. Aprovechando uno de sus mejores momentos (ganadora del Grammy, cantando en la premiación de los Oscar), evidenció la ferocidad de la guerra, pero los medios anularon su juicio político. Un doble discurso en el que sus letras son exitosas, pero a la explicación de estas, hacían oídos sordos.

Poco a poco se siente acorralada, pero Madonna la invita junto a Nicki Minaj a cantar la canción ‘Give Me All Your Luvin’’, con la que ya se había pactado una presentación para el Super Bowl… pero ahí M.I.A. vuelve a levantar ronchas. Tras pintar dedo frente a una audiencia internacional, sufre un nuevo linchamiento y una demanda por 16 millones de dólares. Pretexto perfecto para que volvieran a subestimar sus declaraciones sobre un genocidio en Sri Lanka y señalarla como radical, mal informada y terrorista.

 

 

Tener dinero y éxito fue otro punto de crítica, quienes lo argumentaban parecían no entender que la empatía no está relacionada a las clases sociales. Ella menciona en varias ocasiones que se ve reflejada en cualquier niña muerta en los enfrentamientos civiles o en las mujeres que son parte de grupos armados.

Maya no se quedó de brazos cruzados, respondió con videos cada vez más agresivos, sus consecuentes discos narran su sentir ante los medios hegemónicos y la historia sigue. Se defendió diciendo que eso es ficción y los daños colaterales del primer mundo no.

 

La narrativa se entrelaza y va del pasado al presente, donde es innegable que nunca ha cambiado de postura a pesar de tantos detractores.

Si algo deja en claro la historia de M.I.A., es cómo el sistema puede cerrar el puño para exprimirnos. Mathangi nació en un país de desigualdades originadas por la economía e inmigración; Maya padeció crecer en un mundo occidental que es cruel con los extranjeros y que no puede entender las diferencias y M.I.A. vive la anulación de su punto de vista en una sociedad que pide: Tú se bonita y canta, que de problemas no queremos escuchar.

 

Habrá que repasar sus videos pues su discurso lleno de sátira directa al consumo, la violencia de la sociedad occidental, las noticias ignoradas, presentación del genocidio y la crisis humanitaria, se complementa con ellos y de los que lleva años siendo directora.

 

 

En cuestiones técnicas, el documental es impecable. El mismo director y M.I.A. estudiaron juntos artes en Inglaterra y se nota esa confianza y cercanía, hasta complicidad para contarnos la vida de la cantante. El realizador tuvo libertad total de narrativa, ella dijo haber puesto todos los tapes en sus manos y confió.

Obtuvo el premio del jurado en Sundance y sigue dando vueltas en circuitos de festivales. En México se estrenó bajo el marco de Ambulante y no dudamos que lo lancen a nivel comercial.

Ya sea por la música, el discurso o por el talante de M.I.A. (acrónimo para Missing in Action) , por la compilación de imágenes por más de 20 años o el trabajo de 10 para el corte final, es un documental imperdible y del que aprendemos que la voz se puede levantar creando.

 

 

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