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La oscura historia de los fondos de transición presidencial

Los 150 millones de pesos del fondo de transición presidencial representan la primera gran oportunidad que tendrá Andrés Manuel López Obrador para demostrar que la transparencia y la rendición de cuentas no serán un problema durante su Gobierno.

Ese dinero –unos 7.5 millones de dólares- quedarán a su disposición dentro de un fideicomiso público abierto en Banjército, en cuanto tenga entre sus manos la constancia de mayoría que deberá entregarle el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Tras su encuentro con Peña Nieto en Palacio Nacional, López Obrador comentó que, sobre ese fondo de transición, quizá podrían usar algo de dinero para proyectos del nuevo gobierno. No dijo más, ni adelanto algo en concreto. Sin embargo, sería indispensable conocer cómo piensa rendir cuentas, él junto con su equipo, de los recursos públicos a su disposición, sobre todo, porque desde que se tiene noticia de esas cuentas bancarias, ha existido un legado de dispendio y corrupción.

En julio del año 2000, cuando Vicente Fox sacó por primera vez al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de la residencia oficial de Los Pinos, el fondo de transición presidencial se transformó en una caja chica, peor aún, en una dote del poder: el Presidente saliente dejaba una bolsa de dinero al sucesor la cual podría usarla a su conveniencia. No existían reglas y, por supuesto, tampoco había necesidad comprobar un solo peso.

El ex Presidente Ernesto Zedillo ordenó que se depositaran al menos 20 millones de pesos en una cuenta privada, abierta en Inbursa, a nombre de Vicente Fox.

Como se trató de una cuenta en un banco privado, abierta a nombre de un particular, no había manera de transparentar el destino de ese dinero, aunque proviniera de las arcas públicas. Fox y Marta Sahagún dispusieron de ese dinero a discreción.

Cuando llegaron las primeras solicitudes de acceso a la información a la secretaría de Hacienda sobre el fondo de transición presidencial en el año 2000, la primera reacción fue negar su existencia, pero tras la intervención del entonces Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) –ahora INAI- admitieron que 20 millones de pesos se fueron a una cuenta personal de Vicente Fox.

Lo terrible de este caso, fue que el propio ex mandatario dijo que no aclararía en qué gastó el dinero. Banco Inbursa le mandó una carta a Los Pinos, pidiendo autorización para abrir los estados de cuenta como lo pretendía el IFAI,  pero él lo rechazó.

Pero eso no fue todo. La Secretaría de Hacienda gastó 45 millones 264 mil pesos en sueldos de 360 personas quienes integraban el equipo foxista. En la nómina los metieron como “trabajadores eventuales” cuyos salarios llegaron hasta 463 mil 377 pesos por tan solo tres meses de labores. Algunos otros obtuvieron, en ese mismo lapso, 347 mil 532 pesos.

La controversia generada por la opacidad y la discrecionalidad del fondo de transición presidencial foxista provocó que la entonces presidenta del IFAI, María Marván Laborde, emitiera lineamientos para que no volviera a suceder lo mismo. Entre ellos, el más importante fue que el dinero debería depositarse en un fideicomiso público y no privado, con lo cual se abría la puerta para que, por medio de solicitudes de acceso a la información, se pudieran conocer los contratos, los montos, los sueldos y el tipo de servicios pagados. Además, Fox usó un avión del Estado Mayor Presidencial para sus giras al extranjero como Presidente electo y también para ir a descansar a su rancho los fines de semana.

El dinero usado por los foxistas nunca fue autorizado por la Cámara de Diputados por lo que la Secretaría de Hacienda, entonces encabezada por José Ángel Gurría, clasificó este gasto como un “donativo”.

Seis años después, el equipo de transición de Felipe Calderón contó con 150 millones de pesos, más del doble de lo manejado por los foxistas.  De esta bolsa, 130 millones de pesos serían para los calderonistas y 20 millones de pesos para el Estado Mayor Presidencial.  Es decir, en otras palabras, a los militares les dieron una partida extra sólo para encargarse de cuidar al futuro Presidente de México como si, en todo caso, no fuera parte de sus responsabilidades.

El dispendio no tuvo límites: los militares del Estado Mayor Presidencial cobraban cafés del Starbucks y chicles del Oxxo. Eso pudiera parecer una anécdota, algo chusco, pero en el fondo demostró que el dinero podía gastarse en lo que fuese, no había límites ni reglas.

Los grave estaba en los proveedores: las facturas indicaban que el Estado Mayor Presidencial compró huevo y carne, entre otros productos, en el mercado Martínez de la Torre, ubicado en los alrededores del barrio de Tepito. Eso no tendría nada de malo, sino fuera porque esos servicios no podían surtirse desde pequeños negocios.

De hecho, hubo algunos casos absurdos: en un pequeño comercio, en ese mismo mercado, los militares compraron  236 kilos de huevo en tres días. No es broma, eso se registró en las facturas del equipo de transición calderonista. Esto nunca fue sancionado, ninguna instancia oficial investigó algo. No pasó nada.

Aquí algunos de los gastos del equipo de transición de Felipe Calderón:

– 1 millón 350 mil pesos en restaurantes

– 44 mil pesos en ruedas de prensa

-129 mil pesos en edecanes, vallas para giras inexistentes y alimentos

-25 millones de pesos en oficinas, valet parking, seguridad privada, teléfonos móviles, flores para oficinas, banquetes y renta de camionetas blindadas.

Y eso no fue todo: alguien pidió estudios de imagen para Felipe Calderón, Margarita Zavala y sus tres hijos, que entonces eran unos niños. Los contratos fueron por 12 millones de pesos. En aquel tiempo, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) pidió  que se regresara ese dinero a las arcas públicas porque no tenía justificación alguna. Lo mismo sucedió con lo gastado para festejar el triunfo de Felipe Calderón en el Estadio Azul, en la ciudad de México.

Lo terrible es que no había reglas ni topes, como quedó plasmado en el libro La Corrupción Azul, editado por Penguin Random House Mondadori. Por ejemplo, en el equipo de transición calderonista se contrataron dos edecanes por 1,200 pesos la hora a la empresa Multinivel para los fiesta organizada tras la entrega de la constancia de mayoría por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Pero en las mismas facturas aparece una fecha distinta al día en el cual se entregó la constancia de mayoría. Además, Multinivel no aparecía en el registro público. Todo el equipo de Felipe Calderón cobró salarios de este fondo de transición presidencial.

Para el año 2012, se hizo un reglamento. Ya no era posible ni depositar el dinero en un fideicomiso privado ni dilapidarlo como hicieron Vicente Fox y Felipe Calderón. El equipo de transición del ganador de la elección presidencial de aquel año, Enrique Peña Nieto, también tuvo a su disposición 150 millones de pesos pero sólo podía usar ese dinero en actividades relacionadas con la preparación de los planes de gobierno, incluidos sueldos.

Según reportes  de la Auditoría Superior de la Federación, el equipo peñista contrató un ejército de 163 asesores con un costo aproximado de 20 millones de pesos .

De hecho, regresaron a las arcas públicas 131 millones de pesos. No obstante, no todo fueron cuentas claras: el Estado Mayor Presidencial compró un sistema de comunicación y gestión para quirófanos que costó 45.3 millones de pesos.

La ASF acusó al EMP de haber hecho ese contrato con un sobre precio de 255%  y, además, no existió razón alguna para usar el fondo de transición presidencial para un gasto de ese tipo.

Por esto es que López Obrador debería mostrar un talante distinto respecto a esta bolsa de recursos públicos la cual, por cierto, no existe en ninguna otra parte del mundo. Así como ha dicho que acabará con las pensiones de los ex presidentes ahora será el momento de enfrentarse a la realidad: rendir cuentas.

No únicamente para apretarse el cinturón y no derrochar como sus antecesores, también habría que montar un esquema para que los ciudadanos puedan ver en qué se gasta cada peso. Es decir, que no sean necesarias las solicitudes de acceso la información para enterarnos de alguna barbaridad o cualquier otra cosa.

 

Margarita Zavala votará por Anaya

Durante una visita a Culiacán, Sinaloa, Margarita Zavala, ex candidata independiente para la presidencia de la República, dijo que votará por Ricardo Anaya.

“Por el que va en segundo lugar, por Anaya.”, confesó Margarita ante un centenar de seguidores que se dieron cita en el hotel Rivera, en el centro de Culiacán.

Luego de dar una explicación de las razones por las que se bajó de la contienda electoral, seguidores le preguntaron a Zavala por quién votaría el próximo primero de julio, a lo que la ex candidata confesó: “Por Anaya”.

El pasado 16 de mayo, la única mujer aspirante dio por finalizada su campaña debido a que “competía en condiciones inequitativas”, dijo. Hasta el momento no había pronunciado apoyo para ningún otro candidato.

Por su parte, el exvocero de la candidata independiente, Jorge Camacho, salió a desmentir y dijo que dicha información es falsa.

Con la intención deliberada de no hacer muchas olas, de manejarse de muy bajo perfil, Margarita Zavala, la única mujer que era candidata presidencial en 2018, llegó a Sinaloa de forma silenciosa. La cita fue con un centenar de sus operadores que la respaldaron en tierras sinaloenses durante la campaña que arrancó desde la recopilación de firmas para lograr el registro oficial de su candidatura independiente.

El hotel Riviera, un establecimiento modesto, ubicado junto a una céntrica calle de Culiacán, facilitó uno de los salones a donde acudieron un centenar de seguidores, quienes hicieron una cooperación monetaria para pagar los gastos del desayuno.

El salón lleno a su máxima capacidad, reunió los rostros de la vieja guardia panista. En la misma mesa de Margarita Zavala estuvo sentado Rafael Morgan Ríos, panista de viejo cuño y secretario de la Función Pública durante el sexenio presidencial de Felipe Calderón. En la misma mesa, quien fue el primer alcalde panista en Sinaloa, Humberto Rice García. Otros personajes panistas también se dieron cita, como los ex diputados Lorenzo Gómez Leal, Tarsicio Silva Lozano, Javier Osorio y su hermano Sadol, ex acalde de Culiacán.

Sobre las mesas fueron colocados folletos de la campaña interrumpida, así como pulseras con la leyenda “Margarita presidenta 2018”, ya convertidos en artículos de colección, y se ofrecieron banderolas y camisetas a quien estuviera interesado en llevarse alguna.

El plato fuerte de esa mañana era el discurso de Margarita, quien tras su dimisión en la lucha por conseguir la silla presidencial, debía una explicación detallada de sus razones a sus seguidores.

Fue una mañana de agradecimientos cálidos para quienes la apoyaron; a muchos de ellos los llamó por su nombre para darle más énfasis a sus palabras. Antes había pedido que no se grabara su discurso, que no importaba que tomaran fotos, pero no quería los audios, y solo permitió que uno de sus colaboradores grabara su mensaje para que quedara en el archivo como un testimonial.

Personal del hotel se apostó en la puerta de acceso para evitar que entraran los reporteros durante el discurso, luego que había corrido la versión de que la ex candidata presidencia independiente estaba reunida con sus seguidores.

En su mensaje que se prolongó por una hora, permitiendo un espacio para preguntas y respuestas, Margarita explicó que la decisión de tomar la candidatura independiente fue como tomar las redes e irse mar adentro. “Sólo sabíamos que había algo negro ahí, y abrimos un camino”.

Valor, convicción, alma, inteligencia y estrategia aseguró estaban en su campaña con una presencia inigualable, tomando en cuenta que era una candidata que no tenía un spot en su vida. Se dijo orgullosa de haber logrado lo que se buscó, pese a las trabas impuestas desde el poder, como los requisitos que se pusieron para el registro de su candidatura, aunque luego se pretendió demeritar con la aceptación de otra candidatura independiente, en clara referencia a la del “Bronco”, pero cuyo nombre no fue pronunciado por la esposa del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Para Margarita la autoridad electoral no midió la tremenda inequidad de los spot y del financiamiento, situación que empezó a marcar un desgaste importante. Ante la falta de una segunda vuelta, con un país tan enconado y con un proceso electoral tan violento empezó a ver una vulnerabilidad colectiva. “La gente empezó a ver sólo a los que eran probables, dos o tres. Yo lo veía eso”.

Atentos a las palabras de Margarita, los asistentes celebraron cada frase y comentario, y recibieron una carta de agradecimiento por el trabajo realizado, firmada de puño y letra por la ex candidata presidencial.

En otros lados, les explicaba, veía dinero, indignación, molestias, debate y venganzas, mientras que en su campaña veía convicción y corazón.

La dimisión se las explicó a sus militantes con una metáfora que escuchó a un panista en una convención, que decía que las personas para vivir tienen que respirar, pero que dependía de dónde estén, porque si están abajo del agua si respiran se ahogan.
Ese mensaje, comentó, fue lo que recordó cuando tomó la decisión de renunciar a la candidatura. “Yo estaba en ese momento”, expresó.

“Yo sentía que estábamos abajo del agua, no quería que nos ahogáramos, sino que aguantáramos la respiración”, explica como parte de un principio de honestidad política.

“Esta alternativa empezaba ser marginal porque las circunstancias que no controlamos ninguno de nosotros hizo que nada más se viera a los partidos en donde era más probable”.

La renuncia fue una manera de denunciar la inequidad, que nadie estaba viendo los valores, el desdibujamiento de los partidos políticos, mientras que la “melcocha” de partidos han dejado en estado de indefensión a los electores, de tal modo que lo que ha brillado son los odios, las venganzas y el miedo.

Frente a sus simpatizantes, lamentó que nueve partidos no hayan dejado a las mujeres competir.

A dejar el dolor y el duelo atrás, pidió a sus seguidores. “De nada de lo que hicimos nos podemos arrepentir”, sostuvo.

“El 2 de julio vamos a amanecer sabiendo que hay un país esperándonos a nosotros y que ya descubrimos que teniendo estas referencias podemos seguir avanzando. Por eso yo los invito a que participemos en una organización cívica política permanente”.

Aclara que no está hablando de un nuevo partido, sino de una organización de libertades.

El llamado provocó que Humberto Rice arrancara la sesión de preguntas y respuestas con “¿Y ahora qué sigue Margarita?”’, lo que motivó el revuelo entre los asistentes. Enseguida le propuso crear el Partido del Bien Común desde ya, sin esperar que pase el 1 de julio.

“Realmente lo he pensado”, reconoció la ex candidata presidencial, pero expuso que ese tipo de decisiones se toman con mayor calma, pero que se tiene que partir de una organización cívica ciudadana con misión e idearios.

Varios fueron los seguidores que preguntaron y expusieron el desconcierto que les provocó su dimisión. A todos entregó una carta en donde les afirma que no declinó a favor de ningún candidato. “Sé que querías votar por mí y hoy te pido que el primero de julio votes en libertad y en consciencia por quien tú quieras. Los votos son de los ciudadanos, no de los políticos ni de los partidos”, se lee en el texto de la misiva que entregó como agradecimiento al apoyo brindado.

Luego les siguieron decenas de selfies y diversas firmas de su libro, presionada por el tiempo que se agotaba para su salida al aeropuerto.

—¿Ahora por quienes vamos a votar las mujeres, usted era la única candidata?—, le preguntó una señora a Margarita Zavala antes de tomarse una foto.

—Por el menos peor—, respondió la excandidata.

—¿Y usted por quien va a votar?, le reviró la señora.

—Por el que va en segundo lugar, por Anaya—, confesó Margarita.

Artículo por , publicado el 10 de junio de 2018 en la edición 802 del semanario Ríodoce.

Margarita Zavala renuncia a su sueño presidencial

Margarita Zavala Gómez del Campo, candidata presidencial por la vía independiente, se bajó del sueño por llegar a Los Pinos, algo que era financiado por los dueños de Palacio de Hierro, otros empresarios regiomontanos, así como ciudadanos y Felipe Calderón.

“Retiro la candidatura de la contienda por un principio de congruencia, por un principio de honestidad política y también para dejar en libertad a los que generosamente me han apoyado y tomen su decisión como se debe tomar en esta difícil contienda”, lanzó la ex panista, quien ayer y hoy Ricardo Anaya Cortés la invitaba a sumarse a su proyecto político en eventos públicos y ante la clase empresarial del país.

El último acto público de la ex panista se dio esta mañana en un foro organizado por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex).

Ahí Zavala Gómez del Campo les pidió a los empresarios mantener la calma y desalojar la sala, ya que en la parte final de su mensaje sonó la alarma sísmica.

Al 17 de mayo de 2018, la campaña de la ex primera dama había recibido financiamiento de 13 millones 667 mil pesos, los cuales fueron puestos por Fernando de Jesús Canales Clariond, los herederos del Palacio de Hierro Alberto y Alejandro Bailleres González y Felipe Calderón.

El gasto realizado por Zavala Gómez del Campo fue de unos 10 millones 791 mil pesos, dinero que fue destinado para comprar espacios publicitarios en internet, en espectaculares y en el pago de asesores.

Novigems Internacional fue la empresa que le vendió más del 90 por ciento de los servicios a la campaña de Margarita Zavala.

La mayor experiencia de Novigems es la venta de cervezas, salsas, así como condimentos en la Ciudad de México.  Otras proveedoras son Comercializadora Centli y Cal y Mayor.

El desdén e ignorancia de los candidatos en el caso Odebrecht

Hay una semejanza muy clara entre México y Venezuela. Cada día es más nítida. Al calor de las campañas rumbo a las elecciones del próximo 1 de julio, cualquiera podría pensar que se trata sobre el régimen de Nicolás Maduro y el perfil de Andrés Manuel López Obrador.

En los últimos días, hemos visto en redes sociales o quizá en la calle, autobuses que, en alguno de sus costados o en la parte trasera, anuncian que pronto saldrá una serie sobre el populismo. En la imagen aparece López Obrador con la banda presidencial cruzada en el pecho, junto al venezolano Hugo Chávez y el brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva. No hay mayor información  sobre, por ejemplo, en qué canal de televisión o sistema de cable podría transmitirse. Tampoco hay fechas o quizá el nombre de algún actor.

Pero no, la semejanza México-Venezuela está en algo distinto.  El punto de conexión podemos ubicarlo en el mayor escándalo de corrupción que en las últimas décadas que ha corrido como reguero de pólvora por América Latina: El caso Odebrecht.

México y Venezuela han sido los dos único países que no cuentan con personajes encarcelados o bajo procesos penales.  Ambos gobiernos, el de Maduro y el de Peña Nieto, se han distinguido por ello.

El caso mexicano es patético: Los servidores públicos quienes recibieron 10.5 millones de dólares en sobornos por parte del gigante de la construcción brasileño todavía no han sido identificados y podrán ir a votar, como si nada hubiera ocurrido, en las elecciones presidenciales venideras.

Pero quizá lo más delicado está que, hacia delante, el panorama tampoco es nada prometedor.  Los candidatos la presidencia –incluida la independiente Margarita Zavala- mostraron su ignorancia y, sobre todo, su desdén sobre este caso.

En el debate presidencial del pasado domingo, cuando la periodista de Denise Maerker puso sobre la mesa la pregunta sobre qué harían en caso de ganar la elección presidencial con el caso Odebrecht, el espectáculo fue lamentable: Ricardo Anaya, el candidato de la coalición por México al Frente, y Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, respondieron lo que ellos quisieron, es decir,  otra cosa muy distinta. Ese tiempo lo dedicaron a atacar a Andrés Manuel López Obrado o a decir incoherencias. Una de ellas, mencionada por “El Bronco”, proponiendo que le corten una mano a quien robe del erario.

La independiente Margarita Zavala se fajó: échenme ese caso y otros que yo los resuelvo. José Antonio Meade, el abanderado del PRI, se puso a hablar de sus propuestas para combatir a la corrupción y dejó el caso Odebrecht por debajo del atril. Algo así como un borrón y cuenta nueva. Aquí lo que importa, según él, será mirar hacia delante, por donde se encuentra el futuro, según su mirada.

López Obrador sonó contradictorio, todavía peor; incoherente. En su oportunidad habló sobre la posibilidad de que una parte de los sobornos por 10.5  millones de dólares hayan ido a la campaña de Enrique Peña Nieto en el año 2012, por medio del ex director de Pemex, Emilio Lozoya. Además, alcanzó a mencionar que el consejo de administración de Odebrecht, alguna vez sesionó en residencia oficial de Los Pinos durante el Gobierno de Felipe Calderón.

El problema no fue que hiciera un resumen de noticias, es decir, de algo que ya sabemos. La contradicción está en que él mismo ha dicho que no hará una cacería de brujas, que no habrá “venganza”. ¿Cómo debemos entender eso? ¿Entonces tampoco irá a fondo en el tema Odebrecht? ¿Pueden dormir tranquillos quienes recibieron los sobornos por 10.5 millones de dólares?

Y  mientras los aspirantes a la Presidencia de México, ponen este tema dentro de un cajón, el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto hace lo suyo para cuidarse la espalda:

-Pemex reservó hasta el año 2023 la agenda de visitas y reuniones de su ex director, Emilio Lozoya, bajo el argumento de que forma parte de la investigación de la PGR sobre este caso. Uno de los delatores en Brasil, Luis de Meneses Weyll,  dijo haber visitado a Lozoya en sus oficinas para pactar parte de los sobornos.

-La PGR mantiene en su poder la investigación del caso sin consignarla ante un juez.

-El Gobierno de Peña Nieto no firmó un acuerdo con Brasil para tener acceso a los testimonios de los delatores en los cuales, hasta ahora, se sabe que mencionaron a Emilio Lozoya.

-La Secretaría de la Función Pública, ha multado de Odebrecht y no podrá volver a participar en licitaciones dentro de México. La empresa ha protestado.

A diferencia de otras naciones, como Perú y Brasil, el Gobierno de Peña Nieto ha preferido avocarse a sancionar a la empresa y  dejar en la impunidad a los servidores públicos.  Los candidatos y la candidata a ocupar la residencia oficial de Los Pinos recibirán, aunque no lo entiendan, una bomba de tiempo entre las manos.

Hasta de la edecán nos privaron

El ADN de López obrador es de plantones, movilizaciones, caravanas, mítines, toma de pozos petroleros y Reforma.

Su espacio es la plaza pública, su lenguaje la arenga, su papel el de pontífice, su mejor montaje el de perdonavidas, su momento estelar la adoración.

Su discurso no es para hacerse entender, sino para ser adorado.

Por eso no entiende de dar razones, de explicar, de discutir, de convencer.

Él dicta la verdad desde el Olimpo y no es ésta para discutirse.

Ese es su mundo y su adicción, el propio de campaña política; de templete, de proclama, de aplauso.

Su tarea no es persuadir cuanto levantar el aplauso fácil, contagioso, acrítico.

Y en los últimos cinco años ha hecho campaña política en solitario, sin nadie enfrente.

Debatir, por el contrario, es controversia, contienda, lucha, combate. Por ello se pasmó cuando frente a las cámaras el pontificador adorado de las masas se vio reducido a contestar a sus ¡pares¡; por eso no pudo más que balbucear lugares comunes y guiones de televisión frente a cuestionamientos puntuales; por eso sacó por escudo argumentativo encuestas que lo sitúan arriba, sin percatarse que no era lugar ni momento para presumir candidatura, sino para acreditarla.

Andrés Manuel requiere el aplauso fácil y ciego tanto como el oxigeno, la aclamación es para él lo que la nicotina al fumador; pero ante la replica se eriza, de cara a la polémica se traba, al ataque lo percibe inaudito, injusto y perversamente manipulado por la mafia del poder. Tres campañas sin aprender que su incapacidad polémica es su criptonita.

Lo que vimos el domingo pasado fue a un enano de tapanco acusando ante las cámaras que le echan montón; un boxeador que se sorprende y reclama al primer golpe; al campeón que se baja del ring, cansado y cabizbajo, antes de que suene la última campana.

De igual forma se aprecia a un Meade convencido que la Presidencia le pertenece por merecimiento propio, experiencia y capacidad. Y puede que así lo sea, pero no se le nota interés de convencernos de ello, hambre de pelear por ella, emoción por el viaje, ni entusiasmo por la meta.

Su campaña es la de quien cubre un requisito procedimental, un mero trámite y podríamos decir hasta con cierto enfado. No hay en su talante goce por la campaña, tampoco enjundia por persuadir a su favor; si López Obrador no hace nada por convencernos porque para él su pensamiento es infalible, Meade tampoco, porque está cierto que porta los mejores conocimientos, instrumentos y experiencia, y eso basta, como por escalafón, para que le entreguemos la Presidencia.

Ahora sabemos por qué Margarita fue considerada una buena Primera Dama: porque no abrió la boca en seis años.

Jaime Rodríguez sigue haciendo escarnio de las candidaturas independientes.

Finalmente Anaya hace gala de sus aptitudes discursivas y controversistas, pero algo hay en él que niega la bondad de su empaque, lo estructurado de su mensaje y lo prístino de su parecer.

Para colmo hasta de la edecán nos privaron.

Meade, el gran perdedor del primer debate

El candidato de la coalición Todos por México a la Presidencia de la República, José Antonio Meade, dijo ser un mexicano honesto, preparado, capaz, con experiencia y con profundo amor a México, por lo que llamó a votar por la alternativa honesta. Sin embargo, después del primer debate, es visto como el gran perdedor.

Durante el primer debate presidencial en el Palacio de Minería, ofreció gobernar para la gente, para nadie más, y subrayó que cada una de sus propuestas tiene soporte financiero y viabilidad, al tiempo que planteó una corresponsabilidad entre el Legislativo y el Ejecutivo para evaluar las promesas de campaña.

Pero nadie le creyó. Luego de los análisis de medición de impacto y los sondeos que comenzaron a saltar en medios masivos tradicionales y redes sociales, Ricardo Anaya se levantó como el gran ganador, mientras que Andrés Manuel López Obrador no sufrió ni un rasguño.

El abanderado de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza expuso que el PRI por primera vez escogió un ciudadano honesto, preparado, capaz y con experiencia, nominado además por los otros dos institutos políticos.

Meade acusó a López Obrador de ser un ambicioso. “No hay manera de entender tus pactos con los criminales, tus pactos con los corruptos y tus pactos con los violentos si no se explica por la ambición desmedida y el miedo a volver a perder”.

Agradeció al político tabasqueño su ofrecimiento de regarle tres departamentos que no declaró en su 3de3, y le recordó que el Registro Público de la Propiedad es el instrumento en el cual se puede verificar quién es el dueño de las cosas y en dOnde aparece el nombre de López Obrador.

“Uno de ellos probablemente ya se haya dado de baja, pero los otros dos todavía durante el mes de abril ahí estaban”, acusó.

Meade ofreció un gobierno que cumpla lo que dice la Constitución, que en México “tengamos acceso a nuestros derechos. Y eso quiere decir que la siguiente administración trabajaremos para que ninguna niña, ningún niño nazcan en pobreza extrema”.

Con un mensaje final por parte de cada uno de los cinco candidatos a la Presidencia de la República, concluyó el primer debate organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE).

En el primer turno, el abanderado independiente, Jaime Rodríguez Calderón, sostuvo que los partidos políticos le han fallado a México. “Vamos a correr a los partidos políticos, a jubilarlos para que se vayan a su casa, pero sin pensión”.

A su vez, la también candidata independiente, Margarita Zavala, pidió a los electores no conformarse “con el mal menor porque hay un bien posible, te mereces más, vamos a cambiar este país con tu voto y tu confianza”.

Ricardo Anaya, abanderado de Por México al Frente, sostuvo que ésta no es una elección más, pues está en juego el futuro de una generación, “es una contienda entre dos visiones de país, construyamos juntos el México donde todos cabemos”.

En tanto, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, habló de tres grandes transformaciones en el país, la Independencia, Reforma y Revolución, “y vamos por la cuarta transformación de manera pacífica”.

Mientras que el abanderado de Todos por México, José Antonio Meade, resaltó que es un mexicano honesto, preparado y con profundo amor a México, “quiero hacer equipo con quienes le apuestan al esfuerzo para salir adelante, seré el presidente de los mexicanos”.

Así, a las 22:00 horas locales terminó el debate efectuado en el Palacio de Minería, en el que los aspirantes presidenciales expusieron sus posturas sobre seguridad pública y violencia, combate a la corrupción e impunidad, así como democracia, pluralismo y grupos en situación de vulnerabilidad.

El próximo ejercicio de este tipo entre los candidatos a la Presidencia de la República se realizará el 20 de mayo en Tijuana, Baja California.

Notimex

Los del PRI nunca entendieron que no entendieron

A unas horas del primer debate entre candidatos a la Presidencia de México, cada vez queda más claro qué alentará a la gente para salir a las urnas el próximo domingo 1 de julio. La más reciente encuesta del Grupo Reforma –publicada el pasado miércoles- reveló que para 59 por ciento de las personas consultadas lo más importante será sacar al PRI de Los Pinos y 76 por ciento de los entrevistados desaprobó cómo está haciendo su trabajo el Presidente Enrique Peña Nieto.

La gente está enojada, inconforme; eso es lo que mantiene a Andrés Manuel López Obrador en la cima de las preferencias electorales. Los resultados de la encuesta del Grupo Reforma han sido contundentes; no es la personalidad, ni las propuestas.

El candidato y líder del Movimiento de Regeneración Nacional  (Morena) lleva un 48 por ciento sobre un 26 por ciento de Ricardo Anaya (abanderado de esa extraña mezcla entre la derecha y la centro-izquierda) porque la gente quiere sacar al PRI de Los Pinos.

Quizá por ello los ataques y las críticas contra López Obrador por sus radicales propuestas contra la construcción del nuevo aeropuerto en la Ciudad de México o respecto a dar marcha atrás la reforma educativa se han estrellado con pared.

A juzgar por el resultado la referida encuesta , los spots contra López Obrador promoviendo el miedo entre padres de familia porque puedan terminarse los beneficios de la reforma educativa no inciden –hasta el momento- en las preferencias electorales. Por arriba de cualquier bala de plata contra el candidato de la izquierda, está la desaprobación del Gobierno de Enrique Peña Nieto.  Esto es lo que en realidad mantiene en el fondo, en el tercer lugar de las encuestas, con un lejano 18 por ciento a José Antonio Meade.

El PRI demoró 12 años en regresar al poder y todo apunta a que perderán en las urnas a menos, desde luego, que ocurra una catástrofe con López Obrador. Por ello el debate del próximo domingo será importante. Para nadie sería una tontería pensar que todos los candidatos, incluida la independiente Margarita Zavala, se lanzarán al cuello del candidato de la izquierda.

La pregunta será si López Obrador aguantará los embates sin salirse de sus casillas; estamos ante su tercera candidatura consecutiva y, en las dos anteriores, su lengua lo traicionó.  En las elecciones de los años 2006  y 2012,  explotó ante los spots. Cómo olvidar ese “cállate chachalaca” lanzado contra al ex presidente Vicente Fox. “Al diablo con sus instituciones”, gritaba en sus mítines.

Las dudas sobre detener el nuevo aeropuerto o incluso parar la reforma energética pesarían más en contra de López Obrador, sino fuera por ese enojo contra el Gobierno de Enrique Peña Nieto y quien ha logrado capturar esa rabia ha sido el dueño de Morena.

Desde el Gobierno Federal, paradójicamente, parecen empeñados en hundir a Meade en el tercer lugar:  La Procuraduría General de la República (PGR) informó que la investigación del caso Odebrecht –el mayor escándalo de corrupción en América Latina- no está cerrada porque todavía faltan diligencias en el extranjero. Seis meses antes, Raúl Cervantes, dejó la propia PGR pero avisó públicamente que el expediente estaba cerrado, listo para enviarse a algún juez. ¿Quién mintió? Difícil saberlo.

Al día siguiente, la Secretaría de la Función Pública(SFP) difundió un escueto comunicado de prensa (así son ahí cuando se ha tratado de cosas importantes), ventilando una nueva inhabilitación a Odebrecht para no participar en licitaciones oficiales por dos años y seis meses. Además, informó que dos de sus representantes en México, incluido su ex director, Luis Meneses Weyll, fueron multados.

Esto parece una mala broma o una burla. Luis de Meneses Weyll está convertido en un delator ante la justicia brasileña y, en una de sus confesiones, dijo haber entregado millones de dólares en manos del ex director de Pemex, Emilio Lozoya, justo cuando éste formaba parte de la campaña de Peña Nieto.

Al brasileño no le preocupa regresar a México, tiene cuentas que atender en su país; de hecho, el propio gobierno mexicano tiene los suficientes datos para saber que él se fue, tranquilamente, poniendo todas sus cosas en un barco, sin que nadie lo molestara.

El Gobierno de Peña Nieto ha apostado por sancionar al gigante de la construcción brasileño y guardar en un cajón la investigación que podría tener vínculos con personajes de la política.  No puede saberse que pasará con esos expedientes en caso de un cambio de gobierno, pero en otros países como Perú y Brasil tomaron decisiones distintas.

Primero aceptaron un acuerdo con Brasil para no sancionar Odebrecht ni a sus ejecutivos, a cambio los testimonios y, sobre todo,  de los documentos, las pruebas en contra de sus políticos posiblemente involucrados en el escándalo. En México, no se aceptó ese trato: la constructora brasileña ya fue castigada por irregularidades en contratos con Pemex, pero sin duda sus cómplices podrán ir a votar  el próximo 1 de julio.

¿A lo largo de casi seis años en el gobierno todavía piensan que la gente no se da cuenta de lo que pasa? Creo que debería mirar con detenimiento la reciente encuesta del  Grupo Reforma.

 

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