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Sonic Arsenal – arte con base de spray

Lo que en un principio fue una forma de protesta agresiva, actualmente es una de las formas de expresión que ha alcanzado poco a poco el reconocimiento como arte. Aunque en algunos casos el graffiti sigue siendo considerado un acto de vandalismo (eso es lo que le da sentido), para otros es un problema típico de la urbanización, pero ya es tiempo de poner distancia a ese concepto, basta darse una vuelta por diversas zonas de la ciudad para darnos cuenta que esto no solo consiste en mentarle la madre a alguien al estilo gráfico o marcar el territorio.

En la actualidad la palabra graffiti está más relacionada con la ciudad de Nueva York de los 70 y con el hip-hop, no se acerca a su mención en ‘Farenheit 451’ (aunque hay un claro rastro) o con el origen de la palabra, escribir, pero se mantiene la idea general.

Mientras la música surgía por un lado, un nuevo movimiento artístico era impulsado por un tipo llamado Keith Haring, que utilizaba pósteres para hacer algunos personajes únicos en lugares públicos. Pronto abandonó el papel y empezó a dibujar directamente en las paredes del metro y anuncios publicitarios. Primero fue considerado como un vándalo, pero ahora múltiples galerías presentan su trabajo como un arte legitimo.

El furor que causó el descubrimiento de un mural en días recientes en Ámsterdan y la manera en que algunos hemos perseguido el tren que anda circulando en el metro de la CDMX es un reflejo de como aquello que era subversivo ahora es apropiado masivamente.

#CDMX #KeithHaring

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Al mismo tiempo que Keith Haring dominaba el arte subterráneo, un personaje empezó a escribir Taki 183, pronto su nombre estaba por toda la ciudad, por supuesto los periódicos y revistas no se quedaron atrás y le dedicaron múltiples artículos, al igual que Haring, se convirtió en una celebridad de la cultura urbana, más que nada entre los b-boys que no tardaron en colocar su respectiva etiqueta en los trenes de Nueva York.

Obviamente ya no todos los taggers utilizan el graffiti como una forma de protesta, algunos ya ni siquiera pertenecen a las clases marginadas. Tan sólo para poner un ejemplo, recientemente fue arrestado en Filadelfia un hombre de negocios que se dedicaba a dar vueltas en su BMW dejando tags por toda la ciudad; claro que otros no prefieren salir y grafitear en sus casas, para vender sus trabajos en unos 10 mil o 12 mil dólares. Además de estos cambios, ahora ya existen revistas, playeras, múltiples herramientas para los taggers y cerca de 25,000 sitios de Internet dedicados al asunto. Nada mal para una corriente salida de la calle que ahora incluso inspira a Arturo Pérez-Reverte.

En nuestro país el graffiti primero llegó a Guadalajara y Monterrey, pero la tendencia se fue moviendo poco a poco hasta parar en el defectuoso. Sin embargo ya estamos algo lejos de esos inicios, ahora algunos tratan de impulsar el movimiento y han apoyado la pinta de bardas asignadas, como lo han hecho el Instituto Mexicano de la Juventud, diversos edificios de gobierno, el Museo del Juguete, All City Canvas y recientemente la Central de Abastos.

A pesar de que el graffiti ya es considerado una forma de arte producto del siglo XX y respetada en el XXI, en varias ciudades del mundo el movimiento es considerado todo un problema que cuesta millones de dólares para cubrir imágenes de spray en todo el mundo. Pero a éstas alturas va a ser muy difícil eliminar esa expresión, que ha logrado extenderse en gran medida hasta Europa, Sudamérica, Filipinas, Australia, Sudáfrica, China, Japón o ha creado manifestaciones extraordinarias como el libro ‘Muros Somos’, el macro mural de Hidalgo o Sprayfield en la colonia Iztacalco de la Ciudad de México.

El #sprayfield en Iztacalco sigue, otro muro por parte de @su1ep y @oyetrick Vía @nightlordsmx …

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