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Glass: en defensa de M. Night Shyamalan

Considerarse fanático de M. Night Shyamalan en la actualidad es complejo y, en cierto grado, penoso. Si fuera cualquier otro director que le haya ganado a su cine la etiqueta “de autor”, como Tarantino, Luis Buñuel, Xavier Dolan, Wes Anderson entre otros, todo su sequito saldría a la defensa con frases como “¿cómo que The Hateful Eight es Reservoir Dogs?” o “¡tal vez no entendiste del todo el mensaje de Mother!”. Mientras tanto, el seguidor promedio de Manoj Nelliyattu Shyamalan, su verdadero nombre, baja la cabeza y esconde su gusto por el cine del director indo-americano (en una época donde otros personajes como Michael Bay presumen franquicias de blockbuster) o, peor aún, ni siquiera sabe que es fan.

Tal vez esa idea de ser el rey del plot twist, cerca de ser equiparable al mcguffin hitchcockiano, lo consumió rápidamente. Tan rápido como que saliendo de la universidad pudiera dirigir su primera película, Praying with anger, a los 22 años de edad o que a los 29 lograra su primer blockbuster: El Sexto Sentido. Ese “veo gente muerta” pasaría a ser de culto, cercano al “Luke, yo soy tu padre” esbozado bajo la particular voz de James Earl Jones o el “Here’s Johnny!” articulado más por el Jack Nicholson que por el Torrance.

Shyamalan logró que Bruce Willis otorgará una gran actuación sin siquiera actuar porque todo estaba construido a partir de un monólogo eterno que nunca se siente, hasta el punto en que descubrimos que su personaje realmente está muerto. Muy ad hoc para su época, porque simplemente en ésta el spoiler hubiera transitado quince minutos después de la primera función a través de Twitter.

Después de eso vendría El Protegido (Unbreakable), un año antes que los humanizados X-Men de Bryan Singer y tres de que Sam Raimi diera pauta al cine de superhéroes hecho en molde con su Spider-Man. Shyamalan logró una buena película de origen, una donde refleja en David Dunn (el personaje de Willis) los pormenores de esconder sus poderes, acrecentando la problemática en su familia y en la obsesión del impotente Mr. Glass, al mismo tiempo que el personaje de Samuel L. Jackson crea una relación catártica con Dunn hasta el punto de disfrutar su derrota contra él.

Más tarde el director llegaría con dos trabajos que, si bien no son lo peor de su carrera, serían la pauta para su declive: Señales (2002) y La Aldea (2004), películas que apelaban a su temática sobrenatural y se centraban en la fe de la sociedad plasmada en pantalla: en la primera, el reverendo Graham Hess (Mel Gibson) despotricaba contra el Dios en el que había dedicado su vida y el que le quitó a su esposa, y así como la obra de un todopoderoso, Shyamalan presenta dichas señales apenas palpables: el monitor del bebé, la escritura en los maizales, los ovnis como estrellas y los desenfocados aliens. En la segunda, el cineasta hace un empleo de la semiótica como en ningún otro de sus trabajos: los colores, la creencia sobre el poder adulto sobre la juventud y como éste vive en un estado de ceguera, cuida sus opiniones al respecto y al final termina formando parte de la locura (representados en los personajes de Bryce Dallas Howard, Joaquin Phoenix y Adrien Brody).

Hay que omitir esa parte de la que ya se ha hablado mucho, la que involucra a La Dama del Agua (2006), El Fin de los Tiempos (2008), El Último Maestro del Aire (2010) y Después de la Tierra (2013), esa que involucra la parte en la que el director se ha creído sus títulos (no por nada en pantallas principales colocaba “escrito, producido y dirigido por…) y de la nada le presentó esto al espectador, lo que le costó el olvido.

Tras dos años de descanso, Shyamalan vio de nuevo la luz con dos proyectos: Wayward Pines, una serie de FOX en la que fungió como productor y una modesta cinta llamada La Visita. En ella, dos hermanos graban sus vidas y su estancia con sus abuelos con el fin de que el material sea encontrado como found footage. Fue así como el cineasta usó la anécdota de su niñez, en la que obtiene su primer Super 8 para grabar sus primeros experimentos, y un dialogo que lo cambia todo para recobrar su vitalidad.

La sorpresa real sería un año después con Fragmentado: M. Night llevó a James McAvoy a dar la actuación (ignorada por la Academia, tal vez por la naturaleza del filme) con una historia tensa que atrapaba al espectador de principio a fin. Por si las 24 personalidades, de las cuales fueron mostradas pocas pero sin quitarle lo esplendido al asunto, presentaba el regreso de David Dunn a la pantalla. Muchos tardamos en comprenderlo pero se trataba de un hype que sólo puede crear el remake hoy en día.

De ser el director al que todos nos atrevimos a olvidar, hoy se convierte en el que está en boca de todos, como en sus tiempos de El Sexto Sentido. Hace poco se presentó el primer póster oficial de Glass, la parte final (no podemos asegurar eso) de los súper hombres menos probables de la pantalla que resguarda a Marvel y DC, que se estrenará en 2019. No hay un sector definido, todo mundo espera con ansia la treceava película de la filmografía de Shyamalan, con la que el director vuelve a ese peñasco que lo mantendrá seguro en el éxito o lo dejará caer de nuevo en el fracaso. Pero así como puede caer, puede que tenga una tercera remontada. Más allá del plot twist, Shyamalan ha convertido la inestabilidad en una sorpresa para el séptimo arte.

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Jason Blum – El nuevo maestro del horror

Aunque en la actualidad tenemos directores brillantes que cumplen con el cometido de “producción barata” como lo son Eli Roth (‘Hostal’), James Wan (‘Saw’), Scott Derrickson (‘El Exorcismo de Emily Rose’), Robert Eggers (‘The Witch’), André Øvredal (‘The Autopsy of Jane Doe’), Anthony DiBlasi (‘Last Shift’) y David F. Sanberg (‘Lights Out’), el maestro del horror de la actualidad no es un director de cine. Jason Blum y su productora, Blumhouse Productions, son las constantes en la mayoría de estas producciones.

Sangre falsa hecha de jarabe de maíz, adolescentes en pleno éxtasis sexual y maquillaje con prostéticos definieron al cine de horror durante sus mejores décadas. Dario Argento, Sam Raimi, George A. Romero, Wes Craven, John Carpenter, Sean S. Cunningham, entre otros, además de crear las pesadillas más vigentes en una sociedad amante del género, demostraron que para crear películas memorables no era necesario un presupuesto alto sino ganas de hacer cine y mucha creatividad para enfrentar los percances de producciones que rayaban el género de serie B.

El éxito de Blum se debe a distintos factores: sabe cómo se mueve Hollywood, tiene criterio para la exhibición de sus películas (tanto que afirma que de 80 películas que ha producido hasta 2017, sólo ha cometido un error al producir ‘Jem y los Hologramas’, la cual recaudó la mitad de lo que costó) y sabe explotar la fórmula del low cost: desde la fundación de Blumhouse en el año 2000, la casa productora otorga de uno a cinco millones de dólares a guiones fuera de lo común y entre cinco a diez a sus secuelas.

Su modelo de negocio es todo lo contrario al blockbuster, Jason Blum no está interesado en pantallas verdes ni en Scarlett Johansson protagonizando una de sus cintas. El productor hace que los directores se centren en el horror y que estos momentos se resuelvan de la manera más ingeniosa posible. Todo se resume en el presupuesto y a la gran libertad creativa que Jason otorga al realizador.

El resultado es más que satisfactorio para él y su equipo: en sus diecisiete años de haberse fundado, Blumhouse cuenta con ‘Actividad Paranormal’, ‘Insidious’ y ‘La Purga’ (que está próxima a expandirse en formato de serie), tres sagas que no rebasaron los setenta millones en su realización y recaudaron dos billones de dólares a nivel mundial.

Por si eso fuera poco, también fueron los encargados de producir ‘Whiplash’, la opera prima de Damien Chazelle ganadora de tres Oscars; estuvieron a punto de producir ‘La La Land’; trajeron de vuelta al inestable M. Night Shyamalan con ‘The Visit’, ‘Split’ y su secuela ‘Glass’ e introdujeron ‘Get Out’, película de horror psicológico dirigida por Jordan Peele, como una de las consentidas en todas las listas de lo mejor del 2017 y como nominada en los Golden Globes en la categoría de “Mejor Película Musical o de Comedia”

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Y aunque su fuerte sean los largometrajes, Jason Blum ha expandido su visión a otros medios: junto a Eli Roth creó Crypt TV, un espacio en internet dedicado especialmente a la creación de cortometrajes con directores novatos, además de que reciben trabajos de todo el mundo; también ha fundado Blumhouse TV, un estudio que se destinará solamente a proyectos televisivos; y goza de tener un contrato de distribución por diez años con Universal Studios.

Jason Blum ha revolucionado las desventajas del cine independiente, transformándola en un modelo de negocios redituable. Más allá del abaratamiento del equipo, es su fe en el talento joven y sus ideas que lo ha hecho uno de los hombres más exitosos del show biz hollywoodense. Uno nunca sabe hasta dónde llegará la labor de un producto cinematográfico pero sin lugar a duda Jason Blum se ha encargado de postrar el puesto en lo más alto, haciendo que el horror recobre nombre y apellido.

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