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Barry, el teatro en la televisión

Hay una anécdota por más que curiosa que ocurrió durante la producción de Los Sopranos. David Chase, creador de la serie, formaba un equipo de escritores para comenzar a desarrollar la serie, allá por 1999. Chase logró formar un equipo decente de colaboradores para el programa de la HBO, sin embargo, para él no era suficiente. Él intentaba traer a la pantalla chica a El Padrino o Goodfellas y la única forma de hacerlo y equipararse al trabajo de Martin Scorsese era trayendo a alguien que pudiera escribir, producir e inspirar esa clase de historias, y el hombre indicado era Frank Renzulli.

Frank ha tenido una carrera estable en el medio de la televisión y del cine: su currículo incluye créditos en The Walking Dead, El Peleador y Los Soprano. A pesar de ello, había algo adherido a su talento que lo hizo apto para el trabajo y era su conexión vaga con la mafia. Se decía que Renzulli provenía de una familia de mafiosos y que en algún punto de su juventud tuvo la oportunidad de decidir entre “la cosa nostra” o su sueño de producir audiovisuales.

De manera indirecta, HBO nos presenta en una de sus más recientes series una trama similar. Barry nos cuenta la vida de Barry Berkman (Bill Hader), un exmarine que dedica su retiro al negocio de ser asesino a sueldo. Sin embargo, tras un encargo de acribillar a un joven por meterse con la mujer equivocada, Barry termina en una clase de teatro que pondrá en cuestionamiento los caminos que ha tomado en su vida.

La serie es creada por Alec Berg y el propio Hader, y desde aquí podemos ver el tono de hilaridad seca que tomará el producto. Entre los créditos de Berg se encuentran la producción y el guionismo de series como Seinfield y Silicon Valley; por otro lado, Hader es un veterano de Saturday Night Live, ha fungido como productor de South Park y se rumora que será Richie Tozier en la segunda parte de It.

Lo primero que hay que aplaudirle a la serie es la capacidad actoral de Bill Hader. El actor, además de demostrar que es capaz de cargar con el protagónico de una serie y sobretodo de una trama tan atípica, ha creado a un personaje ecléctico gracias a los polos tan definidos que maneja: la frivolidad de su vida anterior, el calor que le intenta agregar con el mundo que ha descubierto y su evolución paulatina entre episodios, la cual está marcada por sus reacciones sutiles que resulta ser un recurso bien aprovechado para matizar la situación.

Asimismo, el cast divide esas mismas polaridades: la policía y las mafias representan su lado maligno y su pasado, mientras que el grupo de teatro su posible futuro imperfecto pero que raya en la normalidad. Imperfecto porque los personajes que lo conforman lo son: personas que luchan día a día por entrar en uno de los negocios más difíciles de la actualidad, que es la actuación y la fama. Entre ellos vislumbra Sally Reed, una adorable Sarah Goldberg, quien representa el interés amoroso de Barry. Ambos presentan una química innegable, no sólo en las situaciones de amor, sino también en las de odio y apoyo. Todo esto con afín de entregar a un Barry completo, el cual es pésimo en ambas situaciones (el teatro y el amor) pero que le dan el motivo para seguir adelante en un sendero desconocido.

En cuanto a las escenas de acción, su dirección y fotografía, comandada en su mayoría por Paula Huidobro (Million Dollar Arm) son modestas y tal vez incumplidoras para fanáticos acérrimos de Jason Bourne o John Wick, pero bajo la descripción de Barry, un asesino perspicaz y limpio en sus trabajos, sirven para ilustrar la naturaleza del mismo.

El flaqueo de la serie se encuentra en todos sus complementos. Por ejemplo, mientras la producción nos entrega personajes principales completos y divertidos, sus personajes secundarios apenas son simples y un tanto homogéneos. Como si los guionistas intentaran que el espectador centre su atención específicamente en Barry, Sally y Gene Cousineau, el profesor de teatro interpretado espléndidamente por Henry Winkler.

Es por ello que la trama secundaria se siente tan forzada. Todo el juego del asesino y su labor no es tan explícito como debería y se debe a su falta de carácter y a la de los personajes que la conforman, dejando un tanto desbalanceada la historia.

En conclusión, Barry es una comedia modesta que en ello encuentra su brillantez. Si bien no tendrá un gran sequito de fanáticos y mucho menos un reconocimiento a futuro, su trama tan original hará que te olvides un rato de la serie tipo mainstream. Sin embargo, es una gran serie para toda persona que intenta incursionar en el mundo de la escritura del guion cinematográfico, puesto que la serie presenta la estructura básica bien planteada de cualquier historia.

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