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Radiohead, la compleja noche de los últimos años de nuestras vidas

Fotografías: Chino Lemus / cortesías OCESA

Solo que seas el resultado alienígena de un experimento Illuminati o Anunnaki, no has tenido un gran amor. Un amor de esos que te desgarran el alma hasta perderte; ese que creías que te iba a matar porque no lograbas sacártelo del sistema. Ese amor que de una u otra forma te acompaña ya sea porque lo odias aún, porque lo amas aún, porque te traumó y te mandó al psicólogo o simplemente permanece en el álbum de fotografías de tus recuerdos favoritos. Ese amor que te acompaña y se ha hecho incluso parte de tu formación y de tu personalidad, ya que a partir de ahí tomaste decisiones, te hiciste más fuerte, te fuiste al carajo o simplemente te hizo madurar. Ese amor para mi es Radiohead.

Radiohead es uno de nuestros clásicos de los noventa y sólo por eso deberíamos amarlos, si no al menos respetarlos, ya que de esos quedan pocos. Y no, no voy a desgarrarme las vestiduras con cilicio si alguien viene a debatirme su complejidad, su pretensión o falta de talento. A un clásico lo forman otras cosas como poner una canción que dice lo que debe decir, suena como debe sonar en el momento exacto de tu circunstancia; y a partir de ahí te acompaña, te atormenta, te desvela, te seca la boca y te deja sin aliento a ti y a otras miles de personas que, en diferentes momentos, pasan por la misma circunstancia y entonces, sucede la magia: hay alguien sintiendo lo que tu sientes y otro alguien que compuso una canción que te reconfortó y siguió tus pasos. No estas solo, alguien más sufre como tú al mismo tiempo.

Por eso Radiohead es como el gran amor de mi vida, ha estado ahí en los peores y en los mejores momentos como un portarretratos sonorizado que enmarca lo importante. Las mejores fiestas, mi primer trabajo, mi primer amor y el más grande desencuentro. Dilemas preparatorianos, pérdidas irremplazables, dolores inagotables, alegrías iridiscentes, trayectos interminables, viajes inolvidables. Personas llegan y otras se alejan mientras yo me quedo escuchando esas canciones que jamás se van.

Fue en marzo del año 2009 cuando los vi por primera vez; ellos andaban en ‘In Rainbows’ y yo en un viacrusis existencial. Recuerdo no haber parado de llorar casi durante todo el concierto, pero la emotividad no solo partía de mi sino de todos los asistentes. Aún guardo esa noche como una de las mejores de mi vida. Luego en el 2012 recuerdo un evento más eufórico que emotivo. El Foro Sol, permite que la energía fluya y se expanda mucho más rápido y no hay tanta intimidad. Ellos andaban en ‘The King of Limbs’ y yo experimentando, en la radio sonaba ‘Lotus Flower’ y en mi mente sonaba una voz aguda y persistente que me arrojaba a la aventura.

La noche del 4 de octubre no resultó mucho más diferente de lo que describo anteriormente, salvo un rasgo mínimo, pero significativo: Hemos madurado. Yorke, los Greenwood, Selway y O’Brien, ya no son los mismos jovenzuelos de hace dieciséis años, pero su música suena concreta, precisa, atemporal y fuerte, más fuerte que nunca. Quienes escuchamos la música de Radiohead también hemos sufrido transformaciones. Hemos sufrido y llorado, pero también hemos sobrevivido, nunca fue necesario que nos cortáramos las venas. En ninguno de los conciertos anteriores, había notado un público tan homogéneo, de hecho en pocos conciertos se logra ese fenómeno y es maravilloso. Una de las pocas dichas que nos deja la cultura de la masificación: miles de almas acompañándose en una sola emoción.

En medio de un escaparate de GoPro y proyectores de imágenes aparentemente simples pero ultra coloridos, dos baterías y un ir y venir de instrumentos (tal cual como se lo imaginan: ¡suban el piano, bajen el piano!) los originarios de Abingdon se enfrentaron a dos de las presentaciones más memorables que hayan tenido en nuestro país. Abrieron con cuatro temas del ‘A Moon Shaped Pool’, de los que destaca justamente la exactitud; ‘Burn the Witch’, con un intro perfecto para entrometernos en su idioma, luego ‘Daydreaming’ es entonces que sabemos que Radiohead está tocando, ya conocemos el hueco en el estómago que nos provocan esas notas ¿tristes? Quizá, yo prefiero pensar que son proféticas y que nos tratan de decir un secreto sobre el fin de los tiempos. Para terminar con la gala de su más reciente disco, tocan ‘Desert Isand Disk’ y ‘Ful Stop’, donde al fin la banda logra introducirnos de lleno en ese acertijo sin respuesta llamado Radiohead.

Algo notaron los ingleses sobre el público asistente ese 4 de octubre y es que estábamos dispuestos a todo, quizá por eso hicieron algunos ajustes en el setlist respecto al día anterior; quizá por eso desde la mitad y hasta el final de ese segundo concierto no se detuvo ese viaje sin retorno por un océano de recuerdos. Así fue como escuchamos 12 años de nuestra vida pasar a través de: ‘2+2=5’, ‘The National Anthem’ de la que sigo buscando el intro en español con la que comienza la canción, la cual pareciera extraída de alguna película setentera. ‘All I Need’, y las inevitables primeras lágrimas, luego con ‘No Surprises’ y ‘Bloom’ las lágrimas se hicieron alabanzas a los viejos tiempos. ‘Lotus Flower’ fue la que cerró con esta rueda de la fortuna con un buen baile.

Vinieron después ‘Identikit’ y ‘The Numbers’ también del ‘A Moon Shaped Pool’ y con ellas un vaso de agua refrescante para aproximarnos al largo final que involucraría temas como ‘Bodysnatchers’, ‘The Bends’ que no había sido tocada en vivo desde el año 2010, luego vinieron ‘Nude’, ‘Everything It’s Right Place’ e ‘Idioteque’. Radiohead tuvo que tomar un respiro porque la euforia era demasiada. La chica a mi lado no había parado durante todo el concierto, iba con su pareja y ambos gritaban y lloraban emocionados, tal como yo lo hice la primera vez que los vi.

Nunca hubo un “muchas gracias” ni un discurso memorable en español, no había tiempo para eso, pero en cambio sí hubo muchos murmullos inteligibles por parte de Yorke en el micrófono, al final el hombre tal vez sí sea un poco extraterrestre, pero no importa mientras ello involucre llevarnos a pasear por ese sueño introspectivo tejido acorde por acorde hasta desembocar en una íntima playa.

Así llegaron ‘How to Desappear Completely’ y ‘Preset Tense’ a ritmo de unas maracas sutiles, casi como un bossa nova a la inglesa que por raro que eso suene, pareciera que Radiohead en su madurez ha decidido involucrarse con sutilísimos sonidos latinos. Enseguida, un punto y a parte con ‘You and Whose Army?’ para continuar ahora sí, con el último y más entrañable momento de la noche que comenzó con ‘Paranoid Android’ y ‘There There’.

En el recinto hacía cada vez más calor y los miembros de la banda parecían confundidos y aturdidos ante tanta adrenalina. ‘Exit Music’ y ‘Fake Plastic Trees’ parecían haber puesto punto final al paradójico paseo, incluso se habían encendido las luces como indicio de que el viaje había concluido y era necesario ir bajando los pies, aterrizando poco apoco, pero la rechifla continuaba y era poco más que ensordecedora, algunos comenzaban a salir cuando de pronto las luces se apagaron para dar paso a los primeros acordes nada menos que de ‘Creep’ y con eso, la polaroid de nuestra adolescencia lloraba junto a otros miles, aunque para ser honestos, nadie de los que estábamos ahí necesitábamos ‘Creep’, pudo ser cualquier otra, de cualquier forma ya nos tenían en la palma de su mano.

Esta semana Thom Yorke cumplió 48 años y él no lo sabe pero en el hilo con el que teje la maraña mágica de sus canciones, guarda el elixir de la inmortalidad.

#32Rock101 – Los 90

 

Veintiseis años después de que la palabra “alternativo” diversificara y se transformara en diversas formas de expresión a través de un grupo o una cciudad nueva cada día, haciendo que los historiadores de la música no lograran definir lo que sucedido en dos lustros (más las consecuencias de ellos en los 2000), incursionamos en los múltiples géneros que crearon la década de los 90, ya no importa la etiqueta, sino lo que hicimos con ella.

 

Busquen sus Dr. Martens y su franelita, adopten posición crabcore, el viaje por la llegada de la generación X promete ser un poco revoltoso para su oído.

 

 

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