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El ‘gemelo de Corbyn’ López Obrador se prepara para el poder

Washington se preocupa mientras un veterano izquierdista y amigo del líder laborista construye una gran ventaja en las encuestas presidenciales, dice The Sunday Times.

Se escucharon porras y fuegos artificiales crujieron sobre cabezas cuando un jeep se detuvo en la polvorienta plaza y salió la alta figura de cabello plateado del “gemelo ideológico” de Jeremy Corbyn, quien parece destinado a convertirse en el próximo presidente de México.

Se espera que Andrés Manuel López Obrador logre una sorprendente victoria en las elecciones del 1 de julio si las encuestas son correctas — colocando a un izquierdista a cargo en la frontera sur de Estados Unidos — y él espera que el líder laborista, su amigo, tenga el mismo éxito en Gran Bretaña .

Los izquierdistas veteranos están cerca. Corbyn, de 68 años, y su esposa mexicana, Laura, pasaron parte de sus vacaciones de Navidad con López Obrador, de 64 años, y su esposa, Beatriz, en 2016.

“AMLO”, como se conoce al mexicano por sus iniciales, le regaló a Corbyn unos sombreros de hojas de palmera conocidos como jipis —hippies pronunciados. “Jeremy los amaba”, dijo una fuente cercana a la campaña de AMLO.

José Jacques y Medina, un activista de los derechos humanos y amigo de López Obrador, describió a los dos hombres como gemelos ideológicos. “Son de una edad e ideología similares, y han pasado muchas horas hablando sobre el sueño de un gobierno global”, dijo.

Se reunieron nuevamente el año pasado en Londres, donde López Obrador le dijo a un periodista de televisión mexicano: “Espero que Jeremy se convierta en primer ministro”.

La esposa del líder laborista es una activista de los derechos humanos y una importadora de café de comercio justo, y muchos mexicanos están encantados con la idea de que ella interprete el rol de la primera dama en Downing Street.

El alter ego mexicano de Corbyn, sin embargo, tiene muchas más posibilidades de alcanzar el poder. Las encuestas ponen a AMLO 15 a 20 puntos porcentuales por delante de su rival más cercano y conservador.

También enfrenta desafíos y peligros mucho mayores. Después de la pérdida de miles de vidas en la guerra contra las drogas en México, esta es la elección más violenta en la historia moderna del país. AMLO sugirió que legalizar las drogas podría ayudar a detener el derramamiento de sangre.

En sus viajes de campaña en el interior hirviente de México, es saludado como un mesías con sus promesas de enfrentar los asesinatos y la corrupción, y de proporcionar una mejor salud y educación para los pobres.

Los votantes en San Martin Texmelucan, un pueblo textil a 80 kilómetros al sureste de la Ciudad de México, descubrieron recientemente que 113 de sus 185 efectivos de la fuerza policial eran civiles sin entrenamiento que habían pagado sobornos para conseguir sus trabajos. Podría explicar una ola de crimen reciente, y los cuerpos atados o desmembrados abandonados en las calles.

Horas antes de la llegada de AMLO, cientos de sus seguidores se habían reunido entre bulliciosos vendedores callejeros que ofrecían tacos y cerveza. Cuando salió de su jeep le tomó 20 minutos abrazarse y besarse a lo largo de la línea de recepción.

“Llevaremos a cabo una transformación histórica del país”, le dijo a la multitud jubilosa. “¡Presidente!” Le gritaron.

México tiene elecciones presidenciales cada seis años. Cuando AMLO, un ex alcalde de Ciudad de México, perdió por un pequeño margen en 2006, sus seguidores denunciaron fraude y ocuparon una avenida en el centro de la capital durante semanas.

Perdió nuevamente en 2012 y desde entonces ha marcado la retórica populista. Pero sus promesas de más propiedad estatal y ayuda para los pobres han aterrorizado a las empresas.

Sus críticos —como los de Corbyn— lo comparan con Hugo Chávez, el izquierdista que convirtió a la rica Venezuela en un caso candente. Su victoria, dicen, alejaría a los inversionistas y aplastaría la economía.

Washington está preocupado: gane o pierda, AMLO podría amenazar la frágil estabilidad en el patio trasero de EU, en un momento en que las relaciones entre México y Estados Unidos están en su punto más intenso durante muchos años.

Para los seguidores, sin embargo, “El Peje”, su apodo, después de un pez tenaz y lento de Tabasco, su estado natal, es limpio, una rareza entre los políticos mexicanos.

Su honradez sola, argumentan, lo califica para el trabajo de detener la corrupción endémica que se arraigó en la sociedad mexicana bajo el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el coloso autoritario que dominó México durante siete décadas hasta el año 2000.

El PRI aún tiene un fuerte dominio bajo Enrique Peña Nieto, quien volvió a ganar la presidencia para el partido en 2012, pero el liderazgo de AMLO en las encuestas es tan pronunciado que si pierde por tercera vez, sus seguidores sin duda echarán la culpa al fraude. Las cosas pueden ponerse violentas.

“Es un momento peligroso en la historia de México”, dijo Manuel Mendoza, de 77 años, profesor retirado en San Martín Texmelucan. “La gente está harta de toda la corrupción, la violencia y el engaño. Nuestra sangre está arriba. Si vuelve a haber fraude, desataremos al tigre”.

Con la historia de México de trucos políticos sucios y travesuras electorales, los obstáculos que enfrenta AMLO son desalentadores. Algunos de sus partidarios expresan temores oscuros de que se arriesga a ser víctima de una bala disparada en defensa del status quo, como Luis Donaldo Colosio, quien fue asesinado en una manifestación de campaña en la carrera presidencial de 1994, supuestamente por el PRI, su propio partido, después de atacar abusos de poder.

Pero matar a López Obrador, quien hace campaña sin guardaespaldas, lo convertiría en un mártir, provocando una furia aún mayor entre los seguidores.

Para un populista, no tiene una retórica fascinante. Cuando su discurso en San Martin Texmelucan divagó, su audiencia comenzó a parlotear. Sin embargo, guardaron silencio al describir los planes para vender el avión presidencial y prometieron no vivir en Los Pinos, el lujoso palacio presidencial en la Ciudad de México, que dijo que estaba “embrujado”. En cambio, se quedaría en el modesto departamento donde vive con Beatriz y su hijo de 11 años.

Su rival más cercano en la carrera es Ricardo Anaya, del conservador Partido Acción Nacional, que ha sido afectado por un escándalo de lavado de dinero y es poco probable que se ponga al día. José Antonio Meade, del PRI, no ha logrado ganar tracción.

Comparado con ellos, dijo Sergio Aguayo, un prominente analista político, López Obrador es “honesto, obstinado pero no muy intelectualmente sofisticado”, otra similitud con su gemelo en Londres.

La democracia mexicana según Vargas Llosa

El lunes –día de asueto- no fue una mañana tranquila en las redes sociales.  El escritor peruano, Mario Vargas Llosa, dio una entrevista al sitio Aristegui Noticias y, de inmediato, incendió la pradera. Rescato dos de sus ideas:

-“ (…) El que haya 100 periodistas asesinados yo creo que es en gran parte por culpa de la libertad de prensa que hoy día permite a los periodistas decir cosas que antes no se podían permitir, que en todo eso el narcotráfico juega un papel absolutamente central y por eso habría que llegar a la raíz de los problemas que en muchos casos están en el narcotráfico y en unos cárteles poderosísimos de los que emana una violencia que tiene consecuencias política atroces”.

-(…) “Sería verdaderamente trágico si esos avances en la democracia que ha hecho México, que pueden ser insuficientes desde luego, siguieran ahora con una regresión de los tiempos de la dictadura perfecta, yo creo que eso sería verdaderamente trágico, no solo para México sino para América Latina”, consideró.

Desde hace años es sabido que Vargas Llosa cojea de la pierna derecha. No habría que criticarlo por pensar distinto de quienes se identifican con la izquierda o con cualquier otra ideología. Atacar públicamente al escritor por recargarse hacia donde le venga en gana, es intolerancia. La propuesta hecha en redes sociales para quemar sus libros es, justamente, una muestra de oscurantismo.

El problema no es su ideología derechista. Vargas Llosa se metió en un terreno que desconoce, pantanoso. No habían pasado aun 48 horas de sus polémicas declaraciones, cuando la organización Artículo 19 reveló que, entre 2009 y 2017, van 78 periodistas asesinados en México, un promedio de 9 comunicadores al año.

De hecho, en 2017 se batió el récord de asesinatos de periodistas, con 12 casos. Esta cifra superó a los 11 homicidios de comunicadores de 2016 y a los 11 de 2011. Con Peña Nieto suman 41 periodistas asesinados; el gobierno de Calderón lo supera con 48 casos.

En el informe de Artículo 19 no se atribuyen estos asesinatos a la libertad de expresión. No hay una sola prueba, ni siquiera circunstancial, de que algo así sea posible. Y tampoco puede endosarse lo ocurrido al narcotráfico: no sabemos nada, o casi nada, de quienes son los autores materiales e intelectuales de los comunicadores muertos. Eso, precisamente, es parte de los gobiernos ineficaces, torpes, incapaces de rendir cuentas sobre las investigaciones de cada caso.

A nivel municipal no siempre hay manera de saber dónde empiezan los intereses del narcotráfico y dónde está la política. Antes, la delincuencia organizada buscaba infiltrarse en los gobiernos; ahora los criminales han tomado el poder. José Luis Abarca, el ex alcalde de Iguala, Guerrero, encarcelado por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa será el mejor ejemplo de lo que sucede en nuestros días.

Hablamos de la misma democracia a la cual Vargas Llosa se empeñó en defender, por sus avances. Ante las preguntas de Carmen Aristegui comentó que hoy en día hay elecciones libres y, prueba ello, han sido los cambios de gobierno, el relevo político.

Sin embargo, esto es insuficiente, miope, para explicar lo que ha pasado en México durante los últimos años: un gobierno que ha usado el dinero público para espiar a los y las periodistas así como a defensores de derechos humanos y líderes de organizaciones civiles. Es decir, aun cuando haya elecciones libres, quienes están  en el poder siguen actuando como en antaño, fieles a sus tradiciones más perversas.

Medir la madurez de una democracia exclusivamente a través de las urnas es insuficiente. Desde luego que sin voto libre no hay democracia posible, pero eso no es el único parámetro.

¿De qué democracia estamos hablando cuando el líder de Morena y candidato presidencial a la cabeza de las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, llama “prensa fifí” a quienes se atreven a criticarlo?

Recientemente el Instituto Nacional Electoral reveló que los candidatos independientes a la Presidencia, Armando Ríos Piter y Jaime Rodríguez Calderón cometieron irregularidades, posiblemente hicieron trampa, al presentar el número de firmas ciudadanas exigido por ley para aparecer en la boleta electoral. Pero, al mismo tiempo, la misma autoridad no ha aclarado plenamente cómo y de qué manera se dieron esas irregularidades. Esta es la democracia en la que Vargas Llosa observa avances.

La ex presidenta del Instituto Nacional de Transparencia, Ximena Puente, uno de los organismos de la transición política en México, apareció en lista de candidatos al Senado por Partido Revolucionario Institucional (PRI). No hay ilegalidad alguna pero el régimen trajo a sus filas a una persona que había sido designada por el Senado para abrir los cajones del poder respecto a la información que debe ser pública. Esta es la misma democracia por la que Vargas Llosa dio la cara. El escritor peruano ahora parece un político sacado de la dictadura perfecta; se ha mimetizado con el término que él mismo acuñó.

Salvan a las Guacamayas de López Obrador

Andrés Manuel López Obrador, precandidato de Movimiento de Regeneración Nacional, y puntero en las encuestas para convertirse en presidente de la República, pegó durante su juventud duro con el bat y robó bases por bolas en las Guacamayas de Chiapas, un equipo de beisbol rescatado en noviembre de 2017 por su hermano Pío Lorenzo López Obrador.

“Pío Lorenzo López Obrador, por mi propio derecho y bajo protesta de decir la verdad, vengo a manifestar en mi carácter de presidente del equipo de beisbol Guacamayas de Chiapas (también conocido como Guacamayas de Palenque), que no existe alguna sociedad o asociación civil que represente al equipo que participa en la Liga Tabasqueña de Beisbol Profesional”, revela un documento al que tuvo acceso Rock 101.

El hermano de Andrés Manuel peleó ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) la marca de Guacamayas de Chiapas, que se encontraba en estado de “indefensión”, según la documentación.

Para quedarse con la marca, Pío presentó pruebas como la publicidad de los medios de comunicación del equipo de beisbol, donde a mediados de junio de 2017, Andrés Manuel recordó viejas historias y jugó con el manager del equipo de las Guacamayas de Palenque, Miguel Solís.

Las Guacamayas arrasan en Tabasco.

La marca registrada le permite a Pío tener la tutela del equipo, así como le otorga la garantías para que la explote en otros servicios de entretenimiento y actividades deportivas. El hermano del AMLO comenzó a usar como el slogan en marzo de 2015 y logró que le dieran el registro en noviembre de 2017.

Se subió en redes sociales un video donde muestra una de las pasiones del político tabasqueño, quien está por tercera vez consecutiva luchando por llegar a la silla presidencial de México.

El ex jefe de gobierno de la Ciudad de México aparece en el video vestido con el uniforme de un jugador profesional de beisbol, mientras golpea en varias ocasiones las pelotas que le son lanzadas. En la narración AMLO dice entre broma, que le recuerdan: A los “integrantes de la mafia del poder”.

“Nunca voy a olvidar que por los años 70, cuando estudiaba en la universidad y venía de vacaciones a ver a mis padres, jugaba yo aquí, en el equipo de Palenque”, comentó AMLO.

“Y ahora vine estos dos, tres días, a sacarme las malas vibras porque me dejan muy maltrecho estos malandrines de la mafia del poder. Nos acaban de robar la elección del Estado de México, pero la tercera es la vencida”, expresó el precandidato.

Un mes después de la visita del presidente de Morena, Guacamayas de Chiapas se coronó tricampeón de la Liga Tabasqueña de Beisbol Profesional (LTB) AA.

Para ganar una vez más, el equipo de Pío venció en el sexto juego de la serie final a Caimanes de Ciudad Pemex, luego de un apretado resultado de 5-4. El juego que le dio el triunfo al cuadro de López Obrador se celebró en el estadio de beisbol Ingeniero José Ortíz Cobos, de Ciudad Pemex, Tabasco.

Guacamayas ganó como visitante los primeros dos partidos por 6-5 y 9-6; el tercero por 6-5, Caimanes el cuarto por 1-0 y el quinto por 10-6. Estos tres últimos duelos se llevaron a cabo en el diamante del estadio Luis Anazaldo Arroyo de Palenque.

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