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Ingmar Bergman y la música

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Ingmar Bergman, un cineasta en cuyos filmes el sonido (o su ausencia) es un elemento siempre cargado de significado. Si de películas de Bergman se trata, nunca debemos creer que la música o los sonidos que escuchamos son gratuitos; por el contrario, siempre obedecen a meditadas decisiones del autor. Del mismo modo, cuando nos topamos con el silencio, este responde a una intención dramática (y es parte de la tradición intimista del cine escandinavo, de la que Bergman naturalmente no se escapa), pues va cargado de una fuerza emocional necesaria para sustentar la profundidad psicológica de los guiones de este gran artista.

La música formó parte de la vida de Ingmar Bergman desde su infancia. Varios miembros de la familia eran músicos y se reunían para tocar música de cámara. Él mismo tomó clases de piano durante un tiempo. No resulta extraño entonces que en su cine la música tenga un papel esencial dramático y estético, sin importar si se trata de música circunstancial o si la utiliza para estructurar el sentido.

Sin duda, el compositor más presente en la filmografía de Bergman es Johann Sebastian Bach cuya música aparece en Vergüenza, La hora del lobo, Sonata de otoño, Gritos y susurros, El silencio y Persona, entre otras. Podríamos atrevernos a decir que Bach forma parte de la técnica compositiva de Bergman. Pero ¿qué hay para Bergman más allá de la música culta?

No es costumbre del cineasta sueco recurrir al jazz en sus películas; sin embargo, sí llegó a incluirlo en ciertas secuencias, la mayoría de las veces como mera música circunstancial que casi siempre conlleva una atmósfera de frivolidad e intrascendencia, y en otras, para aportar información sobre la condición social y psicológica de algún personaje. En El Silencio, por ejemplo, los fragmentos de jazz que se utilizan cumplen ambas funciones: el jazz ambienta el bar adonde va una de las protagonistas y a su vez ayuda a definir su personalidad frívola e impulsiva, en contraposición con su hermana, quien escucha música de Bach, es intelectual y sensible.

Un caso aparte es el rock y el pop. En De la vida de las marionetas, además de jazz ambiental, sorprende la presencia de hard rock y de pop. La primera aparece cuando el personaje Peter se siente agobiado por el insomnio y comienza a escuchar algo que suena como a Led Zeppelin y que Bergman utiliza para denotar el estado mental del personaje. Por su parte, una curiosa canción pop acompaña las escenas que se desarrollan en el club sexual. Se trata de “Touch me, take me” de Rita Wright, arreglada con un toque electrónico y gemidos eróticos que añadieron para la película, y que termina de sorprender cuando la volvemos a escuchar durante los créditos finales, ya que crea un contraste entre la frivolidad de la música y la densidad psicológico-sexual de la película, el cual sacude al espectador.

Cerremos con una anécdota interesante que sorprenderá a quienes creen que Ingmar Bergman es un purista de la música, que fuera de Bach sólo se atrevería a escuchar a Chopin. En un artículo en la revista Life, el cineasta declaró que se sentía muy estimulado por la música moderna más brutal y agresiva, y mencionó su gusto por escuchar a los Rolling Stones a un volumen que casi cimbrara las paredes. Era 1971, así que podemos imaginarnos qué música podía escuchar además de los Rolling Stones. Poseedor de una mente genial, es evidente que Bergman sabía cómo musicalizar no sólo sus películas, sino también las escenas de su vida.

Sonic Arsenal – Sonidos del resto del mundo

En cuanto se dieron a conocer los resultados del Brexit, se habló continuamente de la manera en que los actos británicos realizarían giras en Europa, se habló del impacto de su presencia o ausencia en diversos festivales, pero todo eso era ver el mundo hacia afuera del Reino Unido, poco se había discutido del impacto al interior hasta que el pasado fin de semana las restricciones pusieron en riesgo a Womad, el festival más importante de world music.

Peter Gabriel, quien fue parte de la fundación del evento en 1980, dijo: “el derecho a viajar por trabajo, por educación e incluso por placer ha empezado a restringirse y frecuentemente por líneas raciales y religiosas”. Las fronteras se cierran, los mundos empiezan a encogerse, sobre todo para un género como el world music, que nunca ha alcanzado el éxito comercial, sin embargo en medio de su propia complejidad, ha logrado sobrepasar ese nivel en el que todo cabe en un mismo lugar, liberando música que se niega a una simple categoría, que por cierto como etiqueta es la que más engloba y de forma absolutamente simplista.

A pesar de lo fácil que pueda resultar contagiarse con la música, existen dos términos tan ambiguos y tan difíciles de definir, que a principio de cuentas pensar en ellos ya se convierten en un problema básico. Alternativo y world music son dos palabras manoseadas continuamente, sin embargo la segunda se convierte en una etiqueta tan extraña, exótica y vaga, que desafía su propia clasificación. World music es un nivel inventado, llamémosle el lado positivo de la globalización.

El término fue creado en 1987 por algunos ejecutivos de ventas en Londres, para ayudar al marketing de esas grabaciones que no podían ser clasificadas tan fácilmente (la misma historia del término alternativo), o que por llevar la etiqueta de “étnico” o “internacional” no lograban penetrar con facilidad en el mercado. Las dos palabras inmediatamente se convirtieron en el cajón al que se podía aventar todo, al menos el 99% de los estilos que eran totalmente desconocidos para los estadounidenses y británicos.

 

Sin tener que encasillar el sonido en términos geográficos, que se podría resumir en Occidente y El Resto del Mundo, world music es la raíz de todo. Sus principales criterios son las tradiciones folclóricas y étnicas de la cultura de la que surgen, teniendo como principales exponentes a todos los países africanos, asiáticos y sudamericanos, que a pesar de la delimitación en el anaquel de discos, ha logrado influir enormemente en el 1% de la música con mayor éxito comercial. ¿Lo dudan?… sólo escuchen los últimos discos de los Beatles, algunas canciones de Led Zeppelin, Talking Heads, Blur, Dead Can Dance, Rolling Stones y por supuesto Peter Gabriel, así como algunos precursores del blues y jazz. Los rastros del mundo están por todas partes.

Toda esa “música extranjera” no es nada extraña para los oídos occidentales. Muchas décadas antes de que el género fuera nombrado, había múltiples crossovers entre formas de música étnica y la música popular de diversas épocas. Sí ahora el world music suena más global, es gracias al worldbeat (otra palabra de reciente creación), que no se refiere a ningún estilo específico de música, pero que fusiona estilos dispares, creando una forma globalizada, una perspectiva multicultural que llega a una audiencia mucho más grande. El resultado es un dance pop occidentalizado y al mismo tiempo salvaje.

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Los principales elementos de la cultura occidental pop y rock han logrado ese híbrido con la música de todos lados, llevando el sonido hasta varios niveles de increíble eclecticismo que pierde su sentido de espacio y territorio. Ritmos contagiosos y letras ligeras flotan sobre esos límites internacionales, olvidando la lealtad a su origen. Esa música es producida en cualquier parte, desde Nueva Jersey y La Habana hasta Japón, sin embargo a pesar de su complejidad nuevamente cae en esa simplista clasificación de música del mundo, que al paso de los años al menos ya no lleva colgado el estigma de ser música extraída de la cima del Himalaya, las selvas africanas, los desiertos arábigos o de los sombrerudos mexicanos dormidos a la sombra. Las imágenes y los sonidos abarcan mayores dimensiones en la actualidad.

En ese intento por llevar la mayoría de los sonidos del mundo a términos realmente globales, surgió un río colombiano convertido en casa discográfica y que ahora realiza expediciones en grupo a Cuba: Putumayo. El sello es producto del lema “música garantizada para hacerte sentir muy bien”, que mensualmente lanzaba recopilaciones que nos llevaban desde su sede en Nueva York hasta fusiones de jazz, rap, afro-pop, salsa, lounge, funk, cajun, rock en español y cantos arábigos, aptas para aquellos que no desean reventarse un largo viaje entre raíces y que logran una perfecta definición auditiva de lo que es world music, podríamos decir que se trataba de un viaje con guía y paradas muy bien establecidas, nada de meterse en lugares que se vean cochambrosos.

 

El término continúa siendo vago, imposible describirlo en tan sólo 700 palabras o con una serie de etiquetas como étnico, neo-tradicional, gitano, pop internacional, folk judío, trovas europeas, rock aborigen, salsa neoyorquina, ritmos celtas y electrónica con cantos gregorianos. No es el sonido más comercial y no todos los experimentos son fructíferos (algunos sonidos torturan al que los oye), sin embargo su autenticidad es una eventual fuente de inspiración, frescura y sustancia que otros géneros más populares desgastan continuamente.

Justo cuando apareció el término empezábamos a vislumbrar la globalización, muchos mundos al alcance de todos. Paradójicamente, ese mundo que Internet nos abrió con opciones a partir de la década de los 90, lo ha cerrado en los últimos años a través del miedo y el odio disfrazado de libre expresión que de muchas maneras ha tenido como resultado el cierre hacia ideas, tradiciones y culturas con algo tan simple como la negación de una visa.

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Sonic Arsenal – For Those About to Rock We Salute You

Si el metal gana en el duelo contra el punk (exigimos una revancha), si ‘Kill ‘em all’ llega a la mitad del tercer piso y aún así se siente como el punto de partida para renovar otra vez el oído, si se vuelve a estigmatizar al negro como vestimenta y no perdemos la esperanza de que regresa ‘That Metal Show’, es necesario regresar al heavy metal parking lot y al montón de elementos que todavía sirven para definir a un género extenso en ramificaciones que mantienen viva la idea de aislar las tensiones de la vida y olvidarlas.

 

Escucha la batalla metaleros contra punks en el servicio #OnDemand101

 

RAÍCES
La música clásica fue una gran influencia para el género, especialmente Bach, Paganini, Mozart y Franz Liszt, a quienes el guitarrista Ritchie Blackmore (Deep Purple, Rainbow) debe muchos de sus pasajes más complejos. Otro géneros que aportaron sus bases al heavy metal fueron el blues y el jazz, que dieron su virtuosismo y experimentación a Black Sabbath y Led Zeppelin.

 

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PRIMERAS MANIFESTACIONES
El prototipo del heavy metal fue identificado por primera vez en las canciones ‘You Really Got Me’ de The Kinks (1965) y ‘Summertime Blues’ de Blue Cheer, sin embargo la primera canción de verdadero heavy metal fue ‘Helter Skelter’ de los Beatles, que para 1968 mostraba un sonido demasiado distorsionado y agresivo para un álbum de pop. Cuando Led Zeppelin lanzó su primer álbum en 1969 quedó claro que un nuevo género se había formado.

IDEÓLOGOS
– Friedrich Wilhelm Nietzsche
– Immanuel Kant
– J.R.R. Tolkien
– William S. Burroughs
– William Blake
– Edgar Allen Poe
– H.P. Lovecraft
– Ralph Waldo Emerson
– John Milton

RÖCKDÖTS
La película ‘This Is Spinal Tap’ tiene la definición exacta de esos dos puntos que algunos grupos pusieron sobre las vocales de su nombre: “Es como un par de ojos. Los miras y ellos te miran a ti”. Varias bandas de heavy metal adoptaron esa acentuación para darle un toque alemán a su nombre, por eso también son conocidos como röckdöts (algo así como püntos röckeros). Aunque son confundidos con las diéresis, con ellos la pronunciación de una palabra no se altera, sólo adquiere una apariencia diferente. Ejemplos clásicos: Motörhead, Blue Öyster Cult, Mötley Crüe, Queensrÿche y Assück.

DEVIL HORNS
El clásico gesto de los cuernos del demonio también es conocido como manita rockera o cuernos de chivo. Fue popularizado por Ronnie James Dio, cuya madre italiana durante su niñez repetía la seña constantemente para quitarle el mal de ojo. Los fans del metal adoptaron los cuernos del demonio como un gesto de aprobación, que sólo surge en los momentos de mayor éxtasis de un concierto y una que otra fotografía que ni al caso.

 

 

DANZAS
– Air guitar: Arte de tocar una guitarra imaginaria mientras en el fondo se escucha un clásico del metal.
– Headbanging: Movimiento libre de cabeza que es más efectivo cuando el headbanger tiene cabello largo.
– Moshing: Danza conocida también conocida como slam, es una forma de comunión entre fans de un grupo de heavy metal y causa varias lesiones a las personas dentro del mosh pit.
– Stage diving: Arte de acercase al escenario, evadir guardias de seguridad y rezar por que el público te cache cuando te lances sobre ellos desde el escenario. Si todos los puntos anteriores son cumplidos, podrás nadar sobre un mar de brazos que te moverá de un sitio a otro.

 

 

MOSH
Termino asociado con el moshing que es atribuido al vocalista de Agnostic Front. Vinnie Stigma incitaba al baile aguerrido y lo llamaba March Of Skin Heads (cuyas siglas son MOSH). Otros atribuyen la palabra a Darryl Jennifer, bajista de Bad Brains, que nombró al baile como Mash down Babylon.

APODOS DE LOS FANS
– Headbanger (o banger)
– Metalhead
– Metaller
– Rivethead

FECHAS CLAVE PARA EL HEAVY METAL
– Octubre de 1875: Nace Aleister Crowley, gurú del 666 que encaminó a muchos músicos hacia la imaginería satánica y a ocultar mensajes en sus canciones.

– En algún momento de 1955: J.R.R Tolkien completa “El Señor de los Anillos”. La historia marcó a Robert Plant y Jimmy Page al grado que el disco ‘Led Zeppelin IV’ quedó impregnado de la travesía a través de la Tierra Media.

– En algún momento de 1962: Sale a la venta el libro “The Soft Machine”, donde William S. Burroughs presenta al personaje Uranian Willy, Heavy Metal Kid. La frase nuevamente aparece en “Nova Express” (1964) e influye algunos años después al periodista Lester Bangs, quien utilizó el término para describir a un grupo en 1968.

– Enero de 1967: The Jimi Hendrix Experience se presenta en el festival Moterey International Pop. Cuando Hendrix quemó y destrozó su guitarra creó una imagen que el heavy metal ha intentado repetir innumerables veces a lo largo de su historia.

– Enero de 1968: Inspirados por la película “Easy Rider”, Steppenwolf lanza la canción ‘Born To Be Wild’, donde se utiliza por primera vez el término heavy metal.

– En algún momento de 1970: Sandy Pearlman, productor, manager y compositor de muchas canciones de Blue Öyster Cult usa por primera vez el término heavy metal para definir un estilo musical.

‘Year of the Tiger’, el duelo de Myles Kennedy

Hay dos temas relevantes dentro de la música rock en nuestros días: el primero es su posible extinción, augurado por figuras como Gene Simmons (KISS), Julian Casablancas (The Strokes) y Matt Bellamy (MUSE); y otros eventos la bancarrota de Gibson o el cierre mental que tenemos algunos para expandirnos a todas sus variantes.

El segundo es todas leyendas que hemos perdido una tras otras durante los últimos tres años: David Bowie, Chris Cornell, Dolores O’Riordan, Chester Bennington, que si bien podría ser un pretexto para reforzar el primer tema, es la desmitificación de su inmortalidad que lo aparta.

Es por eso que, al menos desde mi perspectiva, los músicos intentan despegarse un poco del género para entregarnos “algo más: personal, excitante, único, fuera de un encasillamiento”, y el género escogido por excelencia es el country. Kid Rock dejó todo el bawitdaba para hacer dúos con Sheryl Crow y coverear ‘Sugar Pie Honey Bunch’; Steven Tyler dejaba su puesto del demonio de los gritos para regresar sus raíces a Sunapee, New Hampshire con ‘We’re All Somebody from Somewhere’, un disco que apenas es salvado por sus dos singles y un cover de ‘Peace of my Heart’; e inclusive recientemente Justin Timberlake trato de incursionar en él con ‘Man of the Woods’, un disco que prometía tener inclinaciones al folk y que terminó siendo más dubstep, calificado como el peor trabajo de su vida.

Chris Cornell decía que si no eres capaz de llenar un escenario sin una banda de respaldo, realmente no eres un artista. Cosa que tal vez sólo logró él o su amigo íntimo Eddie Vedder. Pero debemos de dejar de aferrarnos al pasado y abrirnos al presente, el cual nos ha entregado apenas hace unas semanas uno de los discos en solitario más completos de los últimos años: ‘Year of the Tiger’ de Myles Kennedy.

Kennedy es mejor conocido por ser el líder de Alter Bridge, colaborar con Slash y por tener una voz inigualable, tanto que en algún punto de su carrera se corría el rumor de que sería la nueva voz de Led Zeppelin.

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‘Year of the Tiger’ no está exenta de eso: Myles compone para explotar su voz como lo hemos escuchado en ‘Show me a Leader’ o en ‘The Dissident’, ambas canciones de sus más recientes materiales con Alter Bridge y Slash respectivamente. Sus agudos acentúan perfectamente cada verso más allá de ser un complemento, sino representando su marca personal y su esencia.

El concepto del disco no está de más: “en el año del tigre, no tengo tiempo que perder”, es una referencia al año de 1974, el año de la muerte de su padre. En algún punto de ese año, una noche su padre padeció apendicitis y lo dejó pasar hasta que se convirtió en gangrena y murió al amanecer. La decisión de no tratarse fue por ser parte de la ciencia cristiana, la cual no cree en la medicina sino en la voluntad de Dios. A partir de ahí, Kennedy toma la experiencia post-muerte de su padre y a lo que le deparaba a su familia, con temas como el homónimo, ‘Mother’, y a los senderos que ha recorrido como cantante: una batalla entre el bien y el mal, representada por versos feroces y con melodías de guitarra acústica que no se ensombrecen ante los arreglos de las eléctricas.

Todo el tiempo es Myles y su acústica: el hipnotismo de ‘Haunted by Design’ se logra con un trasteo sureño, hasta que nos sorprende con un solo vertiginoso el cual irrumpe, pero logra aterrizar de nuevo en ese sentido de somnolencia.

Devil on the Wall’ es su continuación: un tanto sucia, con coros vocales propios del góspel que no da espacio a la interpretación: es el seguimiento a su insomnio, pero más allá de ser producido por la cafeína (como ha declarado el propio Myles en algunas entrevistas), es su batalla interna contra la muerte de su padre. La canción habla del destino y nuestras elecciones.

El desglose de cada canción es posible pero, como todo buen disco, debe ser visto como un todo, una narración de cualquier evento que el autor decida. Myles logra entregar un disco cuyas canciones son integras, tanto al tema como al estilo, con una experimentación apenas palpable de instrumentos que no son precisamente country, algo que se verá en su gira europea siendo él y su guitarra acústica en mano, al igual que Cornell, al igual que Vedder. Inclusive hay un tributo involuntario con ‘Turning Stone’ y su similitud a ‘Dead Wishes’ del ‘Higher Truth’ de Chris Cornell. Una prueba más de que el rock aún tiene camino por recorrer.

Banda Sonora 101: Blow-Up

En diciembre de 1966, horas después de la premier mundial de Blow-Up’ en Nueva York, Herbie Hancock llamó por teléfono a Michelangelo Antonioni para expresarle su desilusión por la manera como el italiano había utilizado su música. “Sólo se escuchan fragmentos”, dijo el compositor, miembro del Quinteto de Miles Davis desde 1963 y que a sus 25 años había sido requerido por uno de los directores de cine más celebrados del planeta.

La respuesta del cineasta, 35 años mayor que Hancock, fue contundente: “La usé como sentí que era correcto”. El pianista, según la entrevista publicada en la edición de aniversario de la banda sonora (Turner, 1996), colgó el teléfono, se quedó helado un instante, sin decir palabra, hasta que se dio cuenta del error: había ido a la premier de Blow-Upa escuchar su música y no a ver la película de Antonioni.

Al cabo de unos días –añade el texto–, Hancock se sacudió el ego, vio de nuevo la película y quedó maravillado. Esa misma noche llamó al cineasta: “Lo siento, tienes la razón: ¡Es cine!.. Esta es una lección que nunca voy a olvidar”. En la obra de Antonioni, comprendió Hancock, la música siempre está al servicio de la película y el director hace con ella lo que mejor considere.



En aquellos años, Hancock ya era considerado una de las mayores promesas del jazz. Además figurar en la selecta alineación del Quinteto de Miles Davis, a sus 26 años tenía un contrato como solista con el sello Blue Note, que le publicó piezas del nivel de ‘Watermelon Man’, ‘Maiden Voyage’ y ‘Cantaloupe Island’.

Pero Hancock nunca había compuesto música para un largometraje y –según lo aceptó años después–, no tenía mucha idea que cuál era la función de un músico en el cine, y menos en las películas de autores como Antonioni o Fellini, por mencionar a dos maestros italianos de la época.

‘Blow-Upestá inspirada en ‘Las babas del Diablo’, de Julio Cortazar. A diferencia del relato original, la anécdota no ocurre en París sino en Londres de mediados de los sesenta, en tiempos de la revolución cultural, cuando la fusión de modernismo y psicodelia abrió una serie de umbrales en el mundo de la música: jazz y funk se volvieron una palabra; el blues se acopló con el rock; Bob Dylan se colgó una guitarra eléctrica y creó el concepto folk rock y los Beatles tendieron un puente con los sonidos de Oriente con el ‘Revolver’.

En el 66, Londres brillaba en glorioso technicolor y por sus venas corría todo tipo de sustancias psicotrópicas. Ese año, el llamado “swinging London” abrió las puertas al movimiento hippie. En las calles rugían las scooters de los mods, quienes pasaron de la rebeldía individual a la revuelta social e hicieron del disco ‘My Generation’, de The Who, la banda sonora de sus días. En los clubes se podía viajar con la música de Pink Floyd (Syd Barret pisó la luna antes que Neil Amstrong) o escuchar el jazz con más onda de todos los tiempos. Miles Davis y Herbie Hancock podían estar tocando juntos en un club, mientras Jeff Beck y Jimmy Page revolucionaban el sonido del rock a unas cuadras de distancia.

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Antonioni se apropió el relato de Cortazar y lo ubicó en esta Londres. La historia es básicamente la misma: un fotógrafo se obsesiona con la idea de haber captado un asesinato con su cámara, pero nunca logra resolver el misterio. El títuloBlow-Upse refiere a “reventar el grano de la foto” mediante la ampliación de la imagen.

¿Por qué Antonioni decidió llamar a Herbie Hancock para musicalizar Blow-Up’? Hay una explicación lógica: el personaje principal del filme, Thomas (David Hemmings), es un fotógrafo especializado en moda y de gustos sofisticados. No es un mod común y corriente, un rebelde callejero (como el personaje deQuadrophenia’), sino un artista interesado en las corrientes de vanguardia. En lugar de una moto scooter tiene un deportivo convertible; y en su estudio fotográfico sonaban finas piezas de jazz, en lugar del acelerado álbum The Who.

Antonioni, apasionado de la música, y en particular del jazz, intuyó bien que Hancock era el músico indicado para crear los sonidos que sintetizaran la energía de la movilización juvenil, la rebeldía mod, con la elegancia del jazz.

Antonioni tomó la decisión correcta: Hancock invitó al bajista Ron Carter y el baterista Jack DeJohnette y al poco tiempo le entregó al director una docena de piezas extraordinarias, la mayoría pensadas para ambientar escenas específicas. En algunas aceleró los ritmos de la batería, en otras dilató las líneas del bajo y en casi todas se dio vuelo con el piano eléctrico.

Hancock construyó la atmósfera sonora que le encargó Antonioni, pero de paso compuso un álbum que hoy es considerado una obra fundamental del jazz de los 60. Y precisamente por eso, por el hecho de haber creado un álbum tan excelso, Hancock se sacó de onda el día de la premier. Su música no era la protagonista de la noche sino un elemento más del filme, que de hecho Antonioni usó como “source music”, es decir, la que se escucha cuando alguien prende la radio o pone un disco en una película.

Como contrapunto al jazz, Antonioni invitó a la banda de rock The Yardbirds, con la que filmó una secuencia delirante mientras tocan ‘Stroll On’ en vivo: el público se mantiene inmóvil, como idiotizado, mientras Jimmy Page se avienta un solo desenfrenado y Jeff Beck destruye su guitarra como lo hacía Pete Townshend de The Who en aquellos años. La cámara sigue el movimiento de Thomas mientras se escabulle entre el público estático y al tiempo que Beck destroza el escenario. A esta memorable actuación de los Yardbirds, hay que agregar dos canciones que Antonioni encargó a Tomorrow, en la que tocaba Steve Howe antes de formar Yes.

Hancock debió sentirse muy desilusionado a la salida del cine, con el ego hecho pedazos. Pero días después, el pianista comprendió que el cine es un es un arte complejo, un lenguaje que integra a varias expresiones, y por ello se disculpó con Antonioni, hecho que demuestra una humildad muy poco común entre los artistas que gozan de fama.

A la fecha, Hancock ha musicalizado una decena de largometrajes, entre ellos una delicia del cine-jazz dirigida por Bertrand Tavernier: ‘Round Midnight’. Su momento cumbre en el cine sigue siendo ‘Blow-Up’.

Crónicas y Conciertos. Led Zeppelin en México

 

(Febrero 1979)

Caminaba iracundo por las calles pues mi mujer me había abandonado, lo que básicamente significaba haber perdido el sexo más desenfrenado e intemperante; durante esa marcha sin rumbo, solo le daba vueltas a esas romanas escenas de incontenible e insaciable placer, en fin, paré en un puesto de periódicos, vi los encabezados de algunos diarios y después me detuve en Su otro yo1, en la portada, Grace Renat2 resucitaba mi ansia, la demolía y la dejaba ardiendo, sin contar las fantasías que esa imagen anidaba en mi inquietud, me perturbaba el deseo por esa generadora de visiones, me trastornaba, de modo que para apaciguarme, continué mirando otras publicaciones que fui desmenuzando con una vista rápida hasta que me detuve en la revista Conecte3, su título me desconcertó, me pareció una incrédula broma, en el encabezado podía leerse con psicodélica tipografía, Led Zeppelin en México, prevenido por mi desconfianza, tomé el ejemplar que era sostenido por una pinza, busqué la nota en el interior y sí, según Arnulfo Flores4, los ingleses tocarían el 29 de febrero de 1979, para esa fecha solo restaba una semana, los boletos se venderían a través de Boletrónico5 y en taquillas, el promotor era José Rota, quien en 1981 traería a Queen a México; sobre el grupo abridor, aún no decidían qué banda elegir, ¿acaso a Lucifer de vocales, a Abraxas en el bajo, a Fausto en los tambores y a Íncubo6 en las seis cuerdas? Lo único que quedaba para confirmar el anuncio, era llegar a casa, sintonizar en el radio El lado oscuro de la luna7 y corroborar lo leído.

Entonces todo empezaba a tener sentido, el programa radiofónico discurría en la historia de los ingleses con el título, Led Zeppelin, maestros del rock… pesado, los cómo, los cuándo, los por qué y los dónde se expresaban y claro, también se escuchaban; casi al terminar el programa, Emilio Ebergenyi remachó en su pausado tono, ¡Sí, Led Zeppelin tocará en México!, después continuó con los detalles sobre la venta de boletos. Así que todo aquello era cierto. Solo quedaba una cosa, pagar 275 pesos y asegurar la entrada al olimpo para atestiguar la existencia de la sonora providencia.

Llegado el jueves 29, carcomido por el ansia, encaminé mis pasos y la ilusión hacia el Estadio Azteca desde muy temprano, pues era previsible que todo el mundo quisiera entrar, con o sin boleto, ahí me encontré con Owie, inseparable cómplice con quien compartía libros y vinilos, fiestas y bebidas, escritos y anhelos. Hicimos la única fila dispuesta, lo que ocasionó un enorme cuello de botella, gritos, desorden, malentendidos, un caos al estilo mexicano; tres horas después pudimos entrar, a la quinta cerraron puertas lo que causó en el exterior enfrentamientos contra la policía, detenidos y heridos. Adentro, no dispusieron número de asiento, ni secciones, ni pasillos, ni fila y tampoco palcos, todo fue entrada general, ¡un gran desastre! Las doce horas de espera en el interior del estadio fue resistida por efímeros yacimientos de cerveza, por inextinguibles cigarros de mariguana e incuantificables dosis de LSD.

El concierto abrió con una pieza original de Willie Dixon, I Can´t Quit You Baby, la versión ejecutada, salvaje, por supuesto, se hizo presente con las más feroces escalas de blues, acompasadas por John Henry Bonham; la zozobra negra había tomado alucinantes y el resultado era este, el lamento y la demencia de negros y blancos incorporadas en una sola pieza. Desatado sobre la paranoia, James Patrick Page liberó un solo de guitarra que desmoronó cualquier indicio de serenidad que aún alguien guardara en el estadio. La homilía musical había iniciado, ya solo restaba entregarse a la ofrenda. Cuando finalizaba el cover, Plant habló a la audiencia sin mirarla.

Mr. Jimmy Page, the guitar – presentó al guitarrista, como si hiciera falta; posteriormente continuó cantando la última línea de la letra, para después voltearse y pararse frente a John Bonham que en veinte segundos dio cátedra con un pequeño solo de batería para concluir la obra – Thank you… we can play something else, that probably you heard before, this is another thing from the first album, is called Dazed And Confuse – Obra que inició con relámpagos emitidos desde la guitarra, y así, de la mano, con el sonido lastimero que solo Page podría ejecutar, un humo brotó como en estallido, no, no era la colisión del Zeppelin del conde Ferdinand8, era el resultado de miles de carrujos de marihuana encendidos de manera simultánea, Plant no pudo ocultar su asombro por tan masiva respuesta, fue tanta su extrañeza que no contuvo la invitación que alguien desde primera fila le hizo al extenderle un cigarro, le dio las tres y empezó a cantar “aturdido y confundido”; esta, como la canción anterior, en su mitad se dio tiempo para adentrarse al infierno, la invitación la hacía esa guitarra espectral ejecutada por el arco de un violonchelo, fue la catarsis ese solo que soltaba alaridos acompasados con la angustia, era el sonido de un animal extinto, acompañado de vez en vez por lamentos de Robert Plant, Jimmy Page no dio descanso, ultrajó ese requinto obligándolo por cerca de dos minutos a dar lo mejor de sí; acompañado del bajo de John Paul Jones; ya entrados en el averno, la bienvenida la dio Bonham y Page sonando con un desenfrenado compás, la audiencia, todos los alumnos del diablo, enloquecimos, ensimismados en el frenético ritmo, Robert Anthony Plant nos regresó a tierra con un cambio de métrica, fue una versión de cerca de quince minutos, un viaje al blues, al rock y a la disolución, por un momento habíamos sido conjurados. En lo que Plant agradecía y se recuperaba de tremendo viaje, de nueva cuenta presentó a Page que sentado en una silla, empezó a tocar White Summer, de su autoría, como siempre haciendo gala de su único estilo, en sus acordes ya sonaban Clapton y Neil Young, aún antes que estos iniciaran, de hecho de ahí prorrumpirían más, muchos sin saberlo.

Había algo que me desconcertaba pues claramente escuchaba la resonancia de dos guitarras y solo veía a un instrumento, ¿de dónde diablos sacaba el sonido? Bonham hizo una pequeña incursión, y después de una corta pausa tomó algo de una anforita para posteriormente, como todos nosotros, disponerse a disfrutar de la enorme participación de su coequipero que se paró frente a él, entonces Bonzo9 hace un toque de batería y finaliza la canción.

En el ambiente se profesaba una aniquilante electricidad que provenía desde muy adentro del guitarrista, las cuerdas eran electrocutadas por los dedos, y ya quemadas, sobreviviendo, explotaban en los amplificadores, los relámpagos los recibíamos en nuestros oídos y detonaban en nuestras mentes; una vez más el sonido del blues era interpretado por las manos más virtuosas que el rock haya tenido, esa ocasión, ejecutando What Is And What Should Never Be; los cuatro integrantes tenían un excelente manejo del ritmo y del tiempo, se entendían a la perfección, los pulsos, los acentos y la estructura musicales eran sus siervos y de eso había cuenta en cada momento. La obra que siguió fue How Many More Times, Page, sí, otra vez Robert Patrick Page haciendo de las suyas, sometiendo a la Gibson como nadie nunca antes ni después de él, aun cuando los otros tres integrantes desbordaban una desmedida genialidad en sus posiciones, era Jimmy quien sostenía aquella cosa monstruosa, y bueno, al fin y al cabo, era su banda.

Los redobles de Bonham eran acompañados por alaridos de Robert Plant, que de vez en vez agregaba y coreaba Whole Lotta Love acompasado por un inconfundible riff de Page de la misma canción, esta, como el resto de las versiones, la extendían hasta el delirio, así como cuando uno está por terminar pero prolonga la llegada del orgasmo. En el medio de la pieza y después de improvisar con la voz, a ritmo de boogie, Plant reinició a mayor velocidad, entonces el bajo de John Paul Jones retumbó en los cuerpos de todos, mientras Robert Plant canturreaba un sonido gutural, interactuamos con él, fue en esta composición cuando más intervino con nosotros, aunque en realidad no necesitaba de eso, ni de enormes pantallas y gigantescas producciones, bastaban ellos cuatro y su música.

Thank you very much – agradece el vocalista y al mismo tiempo hace una caravana – This is a thing…
called… Moby Dick!, y así de inmediato, el baterista suelta su tarjeta de presentación con el inconfundible inicio de esta canción, lo acompañan bajo y guitarra para impulsarlo, posteriormente acertaría en un solo, que al ser galopado por dos minutos, dejaría las baquetas para con sus manos tocar tambores, tarola, toms, platillo y tumba, qué sincronía, después repiqueteó con los dedos y después una vez más con las manos; el frenesí, el ímpetu y la exacerbación aglutinaron uno de los solos de batería más largos tocados en vivo, más de trece minutos, después con una velocidad centellante, todos reinician para finalizar la melodía acompañada de el alarido del público, al finalizar, a Bonzo no se le veía agotado, ni siquiera agitado, solo tomó algo y se incorporó pues la banda ya iniciaba Whole Lotta Love, esta versión acompañada de una enardecida y alocada guitarra, con alaridos sexuales y demoniacos que hacían pensar en todas las perversiones del mundo, el bajo acompañaba a la batería para darle un sonido más estruendoso. Posterior e imprevistamente los músicos pararon en sus ejecuciones para dejar cantar a Plant, quien nos arrojaba palabras de la letra de la canción y que nosotros, los asistentes, las coreábamos.

I´m gonna give you every inch of my love – recordé a mi mujer, bueno, a mi ex mujer, reviví todo lo nuestro, todo, qué éxtasis, el recuerdo y la canción, a esta alegoría del sexo y placer, seguiría Rock And Roll, en donde bajo y batería, una vez más demostrarían que esta sección rítmica enaltecía el coraje de un espíritu rebelde.

La guitarra de Page fue la que inició con esa sensualidad con la que solo Since I’ve Been Loving You puede empezar, de inmediato, todos los allí extasiados entramos en coma musical, con una introspección que mutilaba cualquier avisto de conciencia, y en mi caso, además de lo ya detallado, la letra, entonada como un lamento, como si se tratara de las últimas frases de alguien que está por desfallecer, anteponía al juicio frente al paredón. Después, a la mitad de la canción, otra vez Jimmy, demostrando de qué está hecho el rock, de qué debería estar hecho, liberó su mano y edificó uno de los más grandes solos de guitarra, a la ejecución le siguió una pausa para reiniciar en tono de blues, acompañado de esos golpes de Bonham a tambores y tarolas, qué manera de destrozar la batería.

La pieza que siguió fue Comunication Breakdown, y con esta terminaron, o eso intentaron, pues iniciamos a corear ¡Led Zep! ¡Led Zep!
¡Led Zep! por varias veces, de manera que salieron, tomaron posiciones y su encore lo iniciaron con C´mon everybody, aquella que hiciera famoso a Eddie Cochran, retomando sus raíces y haciéndonos bailar, bueno, intentándolo en nuestro pequeño espacio; y así, sin parar, mezclaron Something Else, también de Cochran. Posteriormente y con harmónica en boca de Plant, Bring it on
home sonó para una vez más recordarnos las raíces de esto que se llama rock, el blues.

El final podía sellarse únicamente con una obra, no habría podido ser de otra manera, todos lo sabíamos, el staff, los músicos y los 143,598 espectadores también. Page surge de las penumbras, un halo de luz, azul, permite verlo con una guitarra de dos brazos, una Gibson Double Neck, en el mástil superior 12 cuerdas, en el inferior 6, con las que inicia las primeras notas, pasados solo algunos acordes, John Paul Jones se funde tocando los teclados, lo que me permitiría distinguir momentáneamente que en esa pieza no interviene el bajo en ningún momento, la pieza la había escuchado decenas de ocasiones y nunca había descubierto esa particularidad, tuve que verlo para evidenciar la maestría con la que me mantenían ciego de oídos, pero después sus pies me revelarían la verdad, el órgano tenía un pedal debajo, del que surgían los graves sonidos.

Entonces los teclados hacen una pequeñísima pausa para darle entrada a la voz de Plant que modula, There´s a lady who´s sure/All that glittters is gold/And she´s buying the stairway to heaven, así, una luz cae detrás de él, relumbrando más su rubia cabellera, gesticula con brazos y manos, contonea su semidesnudo torso y toma el pedestal del micrófono caminando por el escenario; entonada la línea Sometimes all of our thoughts are misgiven, James Patrick sube su mano derecha al mástil superior, el de 12 cuerdas, para obtener una desmedida ejecución; mientras tanto Bonham permanece ensimismado, esperando su entrada que se entrevé al escucharse, And the forests will echo with laughter, exclamada la frase, las luces estallaron al mismo tiempo que el sonido de los tambores, provocando un estruendo vocal en la audiencia, dejándonos hechizados hasta que el solo de guitarra deshizo el embrujo, solamente para dejarnos arder en las brasas de ese puñado de acordes, el conjuro blandía dedos y mente de Page, el sonido abstraía cualquier asomo de cordura, prendaba al desquicio; todo aquello era un trasiego mental, que acrecentó el desenfreno cuando las manos del guitarrista pasaron al mástil inferior en un rápido movimiento, fraguando un tejido de notas nunca antes descubiertas y puestas a disposición de siervos y practicantes, que durante algunos minutos fuimos trasfigurados por siempre.

Al final de la obra y del concierto, sin distinguir cómo, en mi cabeza sonó, Híper-inspiración en una obra atemporal, creada a la altura del vuelo nocturno con trascendencia pesada. Producción Jimmy Page, “Stairway to heaven”, “Escalera al cielo”. Voz de una generación, belleza estética, idea musical: Led Zeppelin10.

Su Otro Yo, revista erótica editada por Vicente Ortega Colunga entre los años setentas y ochentas, en sus páginas desfilaron fotografías de vedetes, modelos y escritos de destacados escritores.

2Grace Renat, nombre artístico de la vedete Graciela Prior Marín, nacida en Veracruz en 1955.

4Arturo Flores Muñoz, fundador y editor de la Revista Conecte, editada entre los años 1974-2005.

5Servicio electrónico de venta de boletos operado por el Departamento del Distrito Federal en los años setentas y ochentas del siglo pasado.

6Lucifer, Del lat. Lucífer, éri “portador de luz”; en acep. 2, de Lucifer, príncipe de los ángeles rebelados. Abraxas, para la secta Gnóstica, era una deidad que representaba el bien y el mal. Fausto, personaje que en la Alemania de 1587 surge en el libro Historia von D. Johann Fausten, de autoría anónima. Fausto pacta con el Diablo, intercambiando su alma por placeres mundanos y conocimiento ilimitado. Íncubo, en la Edad Media europea, la mitología popular establecía que Incubus, un demonio masculino, poseía sexualmente a su víctima para tener relaciones sexuales.

7El lado oscuro de la luna, programa transmitido por Radio Educación martes y jueves. Tuvo su primera transmisión el 1° de agosto de 1978 y la última el 12 de noviembre de 1981. El guion radiofónico estaba a cargo de Juan Villoro y quien le daba voz era Emilio Ebergenyi.

8 Mayo 6 de 1937, se accidenta el dirigible Hindenburg después de su viaje trasatlántico, lo que ocasionó el fin de los dirigibles como medio de transporte.

9
Bonzo, sobrenombre de John Henry Bonham, baterista de Led Zeppelin.

10 Viñeta Stairway To Heaven. La viñeta fue uno de los sellos rockcientoúnicos durante su paso en la Frecuencia Modulada, fue un recurso para identificar el título de la canción, grupo, productor, etc. Siempre acompañada de algunas líneas narrativas referentes a la pieza.

Nota: Cabe destacar que en los años ochentas, en Rock 101, programaron únicamente y durante todo un domingo, Stairway to Heaven, solo reprodujeron esta pieza, para que al lunes siguiente, alguien llamara a la estación para pedirla nuevamente.

El rock termina en ZZ Top

Absolutamente y sin ninguna duda el título de esta entrada es verdad y lo confirma la gran cantidad de literatura sobre rock que atiborra mis libreros. Toda buena enciclopedia o diccionario de rock comienza con ABBA y termina con ZZ Top. Y en medio de todo eso hay una enorme cantidad de clásicos, esos que hoy están en extinción.

 

Buscando anécdotas sobre los clásicos del rock, que son demasiados como para enlistarlos, algunos muy buenos, otros malos y otros terriblemente prescindibles, recuerdo cuando un primo residente de San Dimas, California, me invitó a echar unos tragos en su estudio forrado de espuma revestida en terciopelo con grandes altavoces en cada rincón que aceptara un JBL y sus potentes patadas.

 

Cierto es que para copar de buena manera un estudio y unos altavoces de semejante envergadura era necesario alimentarlos con equipo Gradiente brasileño modificado decentemente, un par de ecualizadores mudos de entrada y salida y una seguidilla de buenas canciones. “Vamos a oír puros clásicos”, me dijo y primero falleció la botella de JackieD que la lista de canciones.

 

 

Definitivamente, al recordar aquello, pienso en que el último alfabeto del rock no miente. Si bien es cierto que en los ochentas se atestiguó el mayor avance en la producción musical, tanto técnicamente hablando como en creatividad y vanguardia, fueron los noventas los que dieron a luz los últimos clásicos en una especie de reinvención del costado más duro del subgénero.

 

Entonces, para que un clásico sea es necesario que impacte tanto a la generación que experimentó sus primeros pasos como a las generaciones posteriores.

Francamente, y aunque en lo personal no me parezca, fue Nirvana el combo que erigió los últimos clásicos tanto por su eficacia como por su derrotero tan malogrado.

Gracias a la magia de la tecnología y a estaciones como Rock101 en línea o Universal Stereo, es posible revisitar los clásicos pero, al mismo tiempo, uno se pregunta en dónde están los nuevos clásicos.

 

Habiendo avances, favorables y no, en la producción musical de hoy, es posible no sólo crear una banda de un solo hombre y un estudio mucho más avanzado que los primeros Electric Lady o Abbey Road bajo las teclas de tu Mac, grabar un par de tracks, subirlos a Youtube, impactar a las nuevas e impresionables generaciones y formar parte de la avanzada de bandas sin contrato que, de cualquier manera, atiborran los asientos.

 

Infiero también que eso se debe a que los encargados de Artistas y Repertorio de las disqueras sobrevivientes se divertirían de lo lindo lanzando demo tras demo por la ventana al no encontrar en ellos ese detalle que identifica un clásico. Dice el realismo mágico del rock mexicano que eso le sucedió a Caifanes con sus primeros esbozos nocturnales.

 

Jamás podría asegurar que la música de hoy en día es mala o prescindible, pero lo cierto es que carecemos de clásicos, esos que salvan fiestas o tocadas como cuando el grupo estelar no prende al personal y se lanza con el lugar común que es ‘Paranoid’.

 

Kilómetros de detractores se formarán para decirme que estoy loco, pero el que una canción sea un clásico tampoco quiere decir que sea mejor que una nueva que no carga con ese título nobiliario, porque en una fiesta lo mismo enciende ‘La Grange’ de ZZ Top que un track de Spin Doctors o Mecano, un salpicón electrónico de LCD Soundsystem.

 

La razón de esto puede radicar en que la velocidad de la información que facilita la producción musical en masa y la formación de nuevas bandas obstaculiza la retentiva emocional de la música.

 

Mentiría si no aceptara que, finalmente, los clásicos son una cosa personal e intransferible, producto del trajín biográfico y todos esos sabores y sinsabores que te brinda la música. Por eso es tan peligroso dedicar canciones, ¡porque luego el objeto del afecto se va y se lleva consigo la esencia de esa canción! Así que adiós clásico.

No obstante, lo esencial radica principalmente en eso. Porque el clásico permea en masa y, como me dijo mi primo de California cuando puso ‘Stairway to Heaven’ en la tornamesa: “Con ésta hasta las ratas del basurero se ponen a bailar”.

 

Obviamente aún existen entes que recuerdan los clásicos en escena más allá de sus padres originales, y ese lugar, aparentemente perdido en el tiempo, se encuentra en cada bar de Villa Coapa en donde hasta Héroes del Silencio se considera ya un grupo clásico. En fin. Salve pues, y saludamos a ZZ Top, guardianes del alfabeto de los clásicos.

 

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Fragmentación hecha música

 

Inicia la canción, sabes que es nueva pero percibes fragmentos que suenan bastante conocidos. Algunas ocasiones lograrás reconocer la raíz de ese sonido, pero la mayoría de las veces ni notarás que todo lo que estás escuchando es una muestra de otro instante más.

 

El sampleo hoy es una práctica común, sin embargo el acto de tomar porciones de sonidos y canciones no es nada nuevo, tiene unos 60 años de existencia que han visto pasar varias etapas que van desde la innovación hasta la ilegalidad, la pérdida de una trayectoria en manos de un abogado y la concreción de un estilo que actualmente se encuentra totalmente reglamentado, aunque en algunos sectores subterráneos de la música aún persiste el uso de sampleos en cortes que no dan crédito a nadie y que muestran una actitud que abarca todos los géneros de música habidos y por haber.

 

 

Podría pensarse que el proceso de fragmentar y pegar sonidos inició como el clásico rock and roll en Estados Unidos e Inglaterra, sin embargo el sampleo surgió primero en Francia y después en Jamaica. La primera manifestación de este arte llegó a través de la musique concrète, la producción electrónica inicial con la edición de fragmentos de sonidos de la naturaleza y las fábricas.

 

Algunos años después de musique concrète,  una serie de DJs jamaiquinos desarrollaron el dub, una combinación de grabaciones de reggae mezcladas con una especie de fraseo incomprensible que se montaba sobre otros ruidos. Esas primeras formas de sampleo llegaron a Estados Unidos hasta principios de los 70, pero aún no se parecían nada a lo que escuchamos actualmente casi sin percibirlo. La entrada del dub y ese uso ilegal de muestras de canciones primero se asentó en Nueva York, no pasó mucho tiempo para que los habitantes del Bronx lo convirtieran en el rap.

 

El sampleo se popularizó gracias al acceso a las computadoras. El Fairlight CMI, creado en 1979, fue el primer instrumento digital capaz de crear sampleos como si fuera un sintetizador. El Fairlight fue utilizado y explotado numerosas veces por Peter Gabriel y Art of Noise.

 

Para mediados de los 80 el sampleo ya era una práctica común en diversos géneros, sobre todo en el hip-hop y el rap Era fácil escuchar la entrada de batería de “When the Levee Breaks” de Led Zeppelin en canciones de Beastie Boys, Mike Oldfield y Erasure por igual, permitiendo que el sampleo llegara a todos los estratos del mainstream y se convirtiera en un recurso más para hacer música en los siguientes 20 años. La puerta se abrió completamente y las demandas comenzaron a surgir.

 

 

Otra forma de sampleo fue creada por John Oswald, quien nombró plunderphonics a su sistema para alterar una composición y generar una canción totalmente diferente. Algunas de los personajes que fueron sometidos a este sistema fueron Elvis Presley, Count Basie, The Beatles, Michael Jackson y Dolly Parton. Su corte “Plexure”, que dura cerca de 20 minutos, contiene 1000 sampleos de diferentes canciones de pop que al ser unidas sobrepasan el término de plunderphonics y se convierten en un megaplundermorphonemiclonic.

 

 

Sin embargo, aún con el récord de Oswald, el que alcanzó el reconocimiento con el ejercicio de buscar y cortar fue DJ Shadow, que con su nueva visita a la Ciudad de México nos da la oportunidad de realizar una sesión de #SonidoRadical y hablar de ‘Endtroducing….’, su debut con el sello Mo’ Wax, construido casi en su totalidad de contenido sampleado, originado a partir de varios discos de vinilo, mostrando sus raíces en el hip-hop.

 

No te pierdas el especial de #SonidoRadical el próximo jueves 18 de agosto, set contínuo de 10 a 20 horas a 20 años del lanzamiento de ‘Endtroducing….’ por rock101online.mx.

#12EspecialesMás1 – Zepptember

Como todo género, el heavy metal tuvo que salir de algún otro lado, a pesar de que algunos de sus exponentes traten de hacernos creer que su inspiración salió de la nada. Como todo género, se trata de evolución y transformación de sonidos, con grupos que no son considerados como parte del metal, pero que sin duda han sido muy significativos para su desarrollo.

La música clásica fue una gran influencia para el género, especialmente Bach, Paganini, Mozart y Franz Liszt, a quienes el guitarrista Ritchie Blackmore (Deep Purple, Rainbow) debe muchos de sus pasajes más complejos. Otro géneros que aportaron sus bases al heavy metal fueron el blues y el jazz, que dieron su virtuosismo y experimentación a Black Sabbath y Led Zeppelin.

El prototipo del heavy metal fue identificado por primera vez en las canciones ‘You Really Got Me’ de The Kinks (1965) y ‘Summertime Blues’ de Blue Cheer, sin embargo para algunos la primera canción de verdadero heavy metal fue ‘Helter Skelter’ de los Beatles, que para 1968 mostraba un sonido demasiado distorsionado y agresivo para un álbum de pop. Sin embargo cuando Led Zeppelin lanzó su primer álbum en 1969 quedó claro que un nuevo género se había formado.

¿Que más se puede decir de Plant, Page, Jones, y Bonham?, además de que su mezcla libre de blues y rock influyó en varios géneros. Pero, ¿qué hay del heavy metal?, tan sólo basta ver el estilo de Jones como bajista y compositor, agregándole a Bonham pegándole fuertemente a la batería, casi hasta morir. Aunque Page y Plant han tenido éxitos después de la muerte de Bonham y la desintegración del grupo, su aportación lírica y los fuertes riffs de Page no pueden ser negados como influencia en varios grupos inmersos en el metal, por eso afirmamos que es la banda que verdaderamente cambió el rock and roll.

Durante los 70, Led Zeppelin creó todos los clichés de la estrella de rock, rompió récords de conciertos (algunos se mantienen algunas décadas después de su extinción), lanzó una cierta cantidad de discos con claras referencias al pasado, pero asentando cierto futuro, incluso tuvo tiempo para verse inmerso en escándalos con tiburones y mensajes ocultos, como aquel de ‘Stairway to Heaven’ donde “…there’s still time to change the road you’re on” al ser reproducida al revés revelaba de forma casi ininteligible la frase “here’s to my sweet Satan”. Sin el referente, la canción tocada en sentido contrario no ofrece ningún tipo de mensaje, pero después de escucharla varias veces el ruido parece cobrar vida y repentinamente escuchas las palabras, aunque nunca surgen con gran claridad.

En Rock 101 nos tomamos seriamente el mensaje (el que se escucha en la dirección correcta en la que gira el disco), por eso dedicaremos 10 horas de nuestra programación a Led Zeppelin, sus influencias, divergencias y derivados. Con el grupo comenzamos nuestro clásico 12 especiales más un día de muertos, únanse al día de celebración el 24 de zepptember de 2015 de 10:00 am a 8:00 pm.

Sigan los programas en vivo, en cada espacio realizaremos una pregunta, el que conteste todo el cuestionario correctamente y lo envíe primero a [email protected] (entre las 20:00 y 22:00 horas del día 24 de septiembre) se ganará toda la discografía de Led Zeppelin cortesía de Rock 101 y Warner Music.

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