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Planeta Zorn

Siempre es difícil entregar nuestros oídos a nuevos instrumentos, acordes que rompen con la tónica-dominante, experimentación sonora a partir de los sonidos que ofrece la industria o una urbe cosmopolita. Así se va por el mundo, influenciado por un contexto sonoro reducido a lo familiar y social, mientras estamos rodeados por un universo musical.

 

Permitir que el oído salga de una zona de confort que está reducida a listas de reproducción monotemáticas, una radio conservadora, canciones repetidas ad nauseam, el gusto por un “único género” musical, es un ejercicio lúdico, intenso pero sobre todo liberador, cómo al descubrir por primera vez la discografía familiar.

 

John Zorn no es un músico que viene a dar un concierto, da la gracias y se marcha en una gira eterna. Da una especie de clase maestra con terapia de choque para desbloquear los canales auditivos y cerebrales. Busca que zonas silentes en la mente del escucha se prendan ante una exposición prolongada a la interacción mente-oído.

 

Zorn no concede nada y cada momento es una sorpresa sonora, indescifrable, impredecible en su forma y estructura al sacar sonido atacando todo instrumento ortodoxo o improvisado y jugar con ello hasta sus límites. Su capacidad de hombre orquesta moderno permite adentrarnos en su planeta que suele ser devastador y maravilloso.

 

Al estar continuamente expuestos al ruido, al menos quienes viven en el caos de una ciudad, se pierde la capacidad de escucha y se entra en un trance dónde solo oímos lo que buscamos. El ruido para Zorn es pieza fundamental en su dogma sonoro. A través de la saturación, el estruendo, la desafinación y la repetición involucra al escucha a confrontarse ante un panorama sonoro, caótico y agresivo, de manera consciente, trasgrediendo lo sonoramente establecido.

 

La cultura sonora contenida en el Planeta Zorn es capaz de transportarnos a través de un viaje por ritmos y sonidos del mundo y traducirlos en una interpretación perfecta al mundo occidental. Sin prejuicios es capaz de mezclar Klezmer (fusión entre jazz y música tradicional judía) con punk, ambos géneros totalmente disímbolos pero que buscan la liberación del ser.

 

Su manejo de la orquestación y el contrapunto, elementos claves en la teoría musical, le permite divagar, mezclar, deconstruir, en un libre albedrio, estructuras musicales establecidas. Da otra vuelta de tuerca y ello le ha permitido crear obras para las artes visuales con un discurso propio que se integra naturalmente con el discurso visual.

 

De obras microtonales para órgano salta al free jazz donde la locura improvisada es la médula, colaboraciones con Lou Reed y Laurie Anderson (las tres personas más bellas del planeta), musicalizar películas de culto, inventar un lenguaje musical perfectamente entendido y expresado por sus amigos intérpretes.

 

La obra musical de Zorn es conceptual, cada una con personalidad propia, elementos históricos culturales, con referencias literarias que la llevan desde jugar con elementos neogóticos, metallic funk, la herencia judía, a re intervenir clásicos como Debussy, Messiaen o Shöenberg. Discursos complejos pero sin pretensiones dónde la honestidad y la sabiduría musical buscan el espacio sonoro para ser replicadas.

 

Su claustro musical es elegido por su talento y apertura sonora buscando la interacción de diferentes raíces y voces. Siempre rodeado de músicos sin límites creativos, sin preocuparse por el “gusto”, libres de las cadenas que ponen los géneros musicales, lo que John Zorn ofrece es invaluable: Cultura Sonora.

 

El Planeta Zorn llegará a México, encargado de curar el Bestia Festival, traerá sus proyectos personales y colectivos para sacudir oídos dormidos y despertar una nueva forma de escuchar y vivir los sonidos de un universo paralelo. Imperdible para enriquecer nuestro mundo sonoro y dejarse llevar por la turbulencia sin miedo al mareo o a la caída, pues ahí estará Zorn para levantarnos.

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