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Peña Nieto ahoga su propia versión sobre la Casa Blanca

El Presidente Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera probablemente mintieron o, por lo menos, no informaron todo lo que sabían en la investigación por conflicto de interés respecto al caso conocido como La Casa Blanca, que realizó la Secretaría de la Función Pública (SFP), bajo la batuta del controvertido Virgilio Andrade.

No fue complicado llegar a esta conclusión luego de escuchar al mandatario en la entrevista que concedió a Denise Mearker que se transmitió la noche del pasado martes 21 de agosto, en el noticiero estelar de Televisa. En unos minutos, la versión construida desde la residencia oficial de Los Pinos para desligar a Peña Nieto de la residencia de 7 millones de dólares en las Lomas de Chapultepec a cambio de contratos para el empresario Juan Armando Hinojosa Cantú se hizo añicos.

El 9 de noviembre del 2014, cuando se publicó esa investigación periodística, Peña Nieto y su esposa se encontraban en una gira de trabajo por China y Australia. Allá recibieron la noticia. Durante esos días, él  y ella no tocaron el tema; ni una sola palabra.

Los reporteros y las colegas que cubrieron sus actividades los miraban desencajados. Fue hasta su regreso, el 16 de noviembre del 2014, cuando Peña tocó por vez primera el tema en una rueda de prensa en el hangar presidencial. Ahí, dijo que la vocería de la Presidencia haría “una puntual aclaración” sobre algo que consideró “aseveraciones imprecisas y carentes de sustento”. Entre la publicación del reportaje y esta declaración habían pasado 7 días.

El 18 de noviembre de ese mismo 2014 –apenas dos días después de su retorno- Peña Nieto anunció que Angélica Rivera aclararía todo lo relacionado con la Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec. Textualmente, dijo lo siguiente:

“(…) es una “mujer que por muchos años, y ustedes lo saben y el público lo sabe en general, se dedicó a la actividad artística por más de 25 años, y todo ello le permitió ir generando su propio patrimonio, su propia independencia económica y que esto en la aclaración que ella dé, deje en claro cómo se hizo de esta propiedad.

“Es un tema de la mayor sensibilidad, porque éste no es un tema que atenta contra el Gobierno, pone en señalamiento al Presidente de la República y su familia, por eso mi interés de orden prioritario de dejar aclarado ante la sociedad mexicana cómo ha sido y cuál es el patrimonio que tiene el Presidente de la República”. 

Ese día, al inaugurar la Ciudad de la Salud para la Mujer en Cuautitlán, Estado de México, tomó forma la versión oficial con la cual se defenderían públicamente y también oficialmente. La estrategia era clara: desvincular a Peña Nieto de un posible conflicto de interés. Es decir, toda la responsabilidad sobre ella; consolidar con documentos personales esa teoría podría salvarlos. Al menos eso pensaron en el momento.

Ese mismo 18 de noviembre por la noche, Angélica Rivera apareció en televisión, en uno de los horarios con mayor audiencia, para asumir toda la responsabilidad por La Casa Blanca. En un video dijo, entre otras cosas, que ella tenía la capacidad económica para comprar esa residencia gracias a sus 25 años de carrera artística. También enfatizó que había recibido una buena cantidad de dinero por parte de Televisa cuando decidió retirarse. Dijo que quería una casa a su gusto y con el arquitecto de su preferencia.

Esa versión la sostuvieron incluso dentro de la investigación oficial que hizo la Secretaría de la Función Pública. El 16 de junio del 2015,  El subsecretario Javier Vargas envió un cuestionario a Peña Nieto. Una de las preguntas fue la siguiente:

-Informe a esta Secretaría la intervención que, en su caso, haya tenido en la adquisición de los inmuebles ubicados en la calle de Sierra Gorda  números ciento cincuenta y ciento sesenta, en México, Distrito Federal, aportando documentación con la que cuente en relación con su intervención.

La respuesta  fue en estos términos:

-Como se desprende del oficio en el que se me solicita información, en relación a los inmuebles ubicados en los números ciento cincuenta y ciento sesenta en la colonia Lomas de Chapultepec, Distrito Federal, los actos jurídicos relacionados los llevó a cabo mi esposa la señora Angélica Rivera Hurtado, con su patrimonio y con quien me encuentro casado bajo el régimen de separación de bienes (Anexo 1).

 

La versión sostenida en este documento marcado con el número 00000125 dentro la investigación por conflicto de interés ha sido derrumbada por el propio Peña Nieto. En la entrevista con Denise Maerker, el mandatario ha reconocido, hasta en dos ocasiones, que sí intervino en la compra de la residencia.

Cuando abordaron el tema de la Casa Blanca, Peña Nieto consideró que ese tema fue uno de sus errores en el Gobierno, lamentó haber involucrado a su esposa para tratar de defenderse y, además, consideró que fue insuficiente ante la opinión pública, la explicación que dieron sobre el posible conflicto de interés.

“(…) Lamenté haber involucrado a mi esposa en la explicación del tema. Si me dijeras, ¿la volverías a involucrar? Yo diría que no, porque a ella no le correspondía. Ella no es funcionaria, no es servidora pública, ella tiene su propia trayectoria. La involucré porque ella,  como matrimonio,  estábamos haciéndonos de una nueva casa. Me arrepentí de haberla involucrado porque a ella también le dejó un mal sabor y tema que ha sido difícil superar en todo este tiempo. 

Y luego agregó lo siguiente:

“(…) El supuesto conflicto de interés que se suscitaba era sobre un proyecto, una obra que nunca se realizó. Donde se genera el conflicto de interés es en el proyecto del empresario que entonces nos estaba vendiendo la casa, de este grupo, que era parte de un conjunto de empresas que se agruparon para hacer el tren México-Querétaro, que por razones de ajuste presupuestal, no prosperó”.

La diferencia entre la versión oficial en el expediente de la SFP y la vertida ayer por Peña Nieto no puede considerarse como cualquier cosa: existe un oficio, una declaración por escrito dentro de una investigación en la que Peña Nieto se hace a un lado respecto a la compra de la Casa Blanca, atribuyendo toda la responsabilidad a su esposa. Ahora, en la entrevista con Televisa reveló que sí participó, es decir, que estaban comprando esa casa como matrimonio.

Creo que el asunto es delicado: Peña Nieto no dijo toda la verdad en el cuestionario enviado por la SFP. La versión de que únicamente era asunto de su esposa la llevó hasta una instancia oficial. Hay un oficio que respalda eso.

 

Te equivocas, Andrés Manuel López Obrador…

Tus críticas al Instituto Nacional de Acceso a la Información Pública (INAI) no son nuevas. Al menos desde que eras jefe de Gobierno en la Ciudad de México tus ataques hacia ese organismo y sus comisionados o comisionadas formaron parte de tu línea discursiva. No se te puede acusar por incongruente, pero creo que, en este caso, tienes una visión torcida sobre el sistema de transparencia y la rendición de cuentas en México.

Cuando eras jefe de Gobierno en la ciudad de México, recuerdo nítidamente haber asistido como reportero a una reunión del consejo que decidía qué era público y qué debía mantenerse en secreto. Todos los integrantes, con derecho a voto, eran parte de tu gabinete. Los independientes, ciudadanos de a pie, podían opinar, pero su voz no contaba.  Estoy seguro que no has olvidado eso porque quienes ocuparon después tu puesto como Alejandro Encinas (de manera temporal) y Marcelo Ebrard enderezaron el barco.

En uno de tus mensajes por twitter llamaste “burocracia fifi” quienes trabajan para el INAI. Desde tu perspectiva, se trata de un organismo costoso y poco efectivo,  ya que reservó la información del caso Odebrecht, uno de los escándalos de corrupción más grandes en América Latina. Según tus cuentas, el INAI cuesta al erario mil millones de pesos y también mantuvo bajo llave la devolución millonaria que se hizo en el Gobierno de Fox a empresarios y la transa en la compra de planta Agro Nitrogenados por parte de Pemex que costó 275 millones de dólares.

No es para menos tu crítica y, por qué no el airado reclamo respecto a los contratos de Pemex; sobre todo, que la propuesta para mantener ese negocio en la opacidad corrió a cargo de la comisionada Ximena Puente de la Mora quien semanas después se convirtió en candidata del PRI a la Cámara de Diputados. Una línea recta entre Los Pinos y el INAI.

Semanas después, en la entrevista que te hicieron en Milenio volviste sobre el INAI: “Es un parapeto en el mejor de los casos. Supuestamente promovido por la sociedad civil, independiente, ¿en qué terminó? ¿Saben qué fue lo último que resolvió el instituto de la transparencia? Mantener en secreto la investigación de Odebrecht. Este instituto le costó a los mexicanos mil millones de pesos y que en el caso Odebrecht actuó como tapadera”.

Aquí es dónde pierdes la perspectiva, Andrés Manuel. Desde luego que estamos ante el mayor caso de corrupción en América Latina y, desde del Gobierno de Enrique Peña Nieto, no se ha hecho otra cosa que ocultar la investigación. La PGR tiene listo el expediente pero no lo ha consignado ante un juez. No sabemos cuándo lo harán.  Aun más: México no firmó un acuerdo con Brasil para que le entregaran, de manera oficial, los testimonios de los delatores, en su gran mayoría, ejecutivos de Odebrecht. Uno de ellos, Luis de Meneses Weyll, dijo haber entregado sobornos a Emilio Lozoya cuando era miembro del equipo de campaña de Enrique Peña Nieto.

Pero en este caso, la pregunta es la siguiente: ¿El INAI tiene la responsabilidad de hacer público ese expediente? Creo que te equivocas, Andrés Manuel. Lo que está mal sería la ley que prohíbe hacer públicas las averiguaciones previas que están en desarrollo. Y ésta, aunque suene absurdo, aun no recorre todo el curso legal; es decir, tiene que ir, en algún momento, a manos de un juez.  Tu crítica, en este caso, es por lo menos desproporcionada: es un problema del sistema, no del  INAI.

Hay pocas razones para defender al INAI tras el caso de Ximena Puente. Sin embargo, creo que no puedes generalizar. Incluso, de hecho, sería peligroso. A nadie más que a la mafia del poder le interesa desaparecer el sistema de rendición de cuentas.

Andrés Manuel, no te olvides que, precisamente, las solicitudes de acceso a la información han sido una herramienta valiosa, indispensable, para el periodismo de investigación. Sin esos datos, por esa misma ruta que tú criticas, no hubiera sido posible descubrir La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto o la construcción de un Wal-Mart en la zona de Teotihuacán.

Esos dos son apenas dos ejemplos; pero déjame recordarte otro: Los 900 millones de dólares que el Gobierno de Peña Nieto le entregó, discrecionalmente, a la ex candidata presidencial del PAN, Josefina Vázquez Mota.  Estos tres casos te he escuchado mencionarlos como ejemplos de la corrupción que corroe a este país. Pero, esa lógica, has perdido la dimensión. Podría ponerte aquí decenas de casos, de reportajes como La Gran Estafa los cuales no hubieran visto la luz sin solicitudes de acceso a la información.

Andrés Manuel, si pones los pies  en la tierra, si levantas la mirada, te darás cuenta que el problema no es el INAI en sí mismo. El problema es rescatar al sistema de rendición de cuentas de las garras de la mafia del poder, cómo tu le llamas. Ellos han sido quienes se encargaron de colocar, poco a poco, a gente a su servicio para tapar lo que se pueda y, aun así, no han podido del todo.

Andrés Manuel, ha que rescatar eso. Volvamos a poner comisionados y comisionadas independientes como sucedió con la primera generación del IFAI. ¿Te acuerdas? Sin ellas y ellos no hubiera sido posible saber, por ejemplo, que Marta Sahagún gastó cuatro mil pesos en toallas para las cabañas de Los Pinos. No queremos eso.  Sí, quizá habría que revisar el presupuesto disponible, atender las prioridades del país, pero tampoco hay que aplastarlo.  Es decir,  hablemos de refundar el sistema de rendición de cuentas y al mismo INAI. Claro, que no sea como el que tú creaste cuando eras jefe de Gobierno.

 

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