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Funko, el epítome de la cultura pop

¿Qué es la nostalgia? ¿Por qué es el motor de nuestra época y por qué la necesitamos tanto? En la actualidad tiene una connotación totalmente diferente a su definición y es que puede ser que sólo sea un estado de falsa seguridad, en la que volvemos al antaño porque tenemos esa sensación errónea de que todo estaba mejor en nuestra infancia; funcionando como simple distractor de nuestra realidad, un placebo ante todo problema que vivimos como sociedad.

¿Qué sería de nosotros sin el nacimiento de personas visionarias como Steve Jobs, Guillermo González Camarena, Chuck Berry, Kurt Cobain o, el ahora castigado, Mark Zuckerberg? Tal vez la cultura popular no sería la misma o tal vez alguien más hubiera revolucionado en su lugar. Es común que el emprendedor vea hacia el futuro, aunque sea de manera ambigua, arriesgando todo ante lo ya establecido.

Sin embargo, Mike Becker es la excepción a la regla, ese extraño caso que vio del lado contrario el camino para el éxito en un mercado en pleno auge. Fue en la década de los noventa cuando Becker conoció a Rob Schwartz y gracias a todos esos viajes en carretera buscando ventas de garaje en las que pudieran comprar “basura” norteamericana de los sesenta, digna de cualquier coleccionista, surgió la idea de Funko.

Fue en Washington en 1998 cuando Becker, Schwartz (diseñador y artista de Funko) y Sean Wilkinson (actual director creativo de la compañía) creyeron firmemente en que los bubble heads serían, de nuevo, la revolución de la época. Tras convencer a Sparky’s, una pequeña tienda geek en Universal Studios, y a la hamburguesería Big Boy de crear a sus respectivas mascotas en wacky wobblers, su versión de los cabezones, el impulso de Funko fue imparable.

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Tras su primer gran hito, la pequeña empresa de apenas seis trabajadores encontraría sus primeras dos licencias de uso con Betty Boop y Austin Powers. Funko, acrónimo de “fun” (divertido) y “Company” (compañía), y sus fundadores tenían una idea en concreto: crear muñecos sobre cosas o programas que realmente los apasionaran, permitiéndose dejar ir miles de licencias y empresas.

No obstante, a pesar de que la compañía vivía su mejor momento creando diversión para los millones de sus fanáticos, Mike Becker sentía su presión y un desbalance emocional hizo que le vendiera la empresa a Brian Mariotti, que en vez de ser un empresario que pudiera llevar a Funko al siguiente nivel, era un fanático de la empresa con el que Becker se reunía para jugar golf. A pesar de tener múltiples ofertas de empresas adineradas, fue la pasión y el respeto que Mariotti le tenía a la cultura pop que le otorgó el puesto de CEO de la pequeña empresa de muñecos en 2004.

Así como los primeros seis años del dueño original de la compañía fueron difíciles, los primeros de Mariotti también lo fueron y es que no bastaba con tener amor por su producto o el salvaguardar sus ideales. Fue así como en 2010 la compañía se encargó de obtener licencias ambiciosas como Star Wars y Marvel; pero no fue sino con la de DC Cómics que dio el siguiente gran paso gracias al producto con el que la identificamos: el “Pop!”, los muñecos de vinilo con cabeza exorbitante que enamoraron a toda clase de personas y no sólo al hombre geek.

He ahí la clave del éxito de Funko y que no existía en la propia era del coleccionable: el ser nerd está de moda, de ahí su expansión a productos tan variados e impensables como el cereal con su pertinente figura coleccionable dentro. El concepto de Funko se resume en volver a ser ese niño de los sábados por la mañana, dispuesto a ver horas de caricaturas y comerciales en la televisión, el cual desconocía su inocencia ante un mundo que siempre ha estado igual.

Pero, si vemos más allá, Funko es el resumen colorido y didáctico de más de setenta años de cultura pop. Durante sus dos décadas de existencia, sus fanáticos se han encargado de hacer un ritual sobre el muñeco de vinil: desde asistir a enormes convenciones por ediciones limitadas, buscar a la versión “live action” de su figura para obtener su autógrafo, hasta otros que afirman que la compañía salvó sus vidas o matrimonios. La diversión que pregonaban sus creadores se convirtió en un estilo de vida.

El soundtrack de la vida – hacia el cover NirvaNot

Hay algo que deben saber sobre mí, y es que soy muy fan de los covers. Para mí un buen cover sucede cuando una banda hace suya una rola, no cuando simplemente la interpreta y suena igual, sino cuando hacen algo distinto, cuando, al pasar de los años no recuerdas de quién era la rola originalmente y se convierte en parte de su repertorio habitual. Además, algunos covers tienen la gracia adicional de acercar a cierto público a otras bandas y descubrir otras grupos y estilos musicales.

Un gran ejemplo es el MTV Unplugged de Nirvana de 1994, primer álbum en vivo y que contiene legendarios covers a David Bowie, The Vaselines, los Meat Puppets y Leadbelly; pero en mi opinión, los arreglos que se hicieron me hace sentir que Nirvana hace covers de Nirvana transformado un sonido naturalmente agresivo en una sesión íntima y en la que los integrantes del grupo se permitieron conversaciones con el público. El mismo Dave Grohl comentó que cuando la banda se decidió a participar, lo hicieron con la idea de hacer un show totalmente distinto a lo que se había visto antes. Las 14 canciones que incluyó el setlist fueron grabadas en una sola toma (algo que también lo hace muy distinto a otros álbumes del tipo) y la banda dedicó dos días a ensayar.

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En esta rara joya podemos ver a un Nirvana más humano, una banda que se toma su tiempo entre rola y rola, que comete errores en las mismas y en los covers las influencias que llevaron a Cobain a ser el rey de una generación llena de resentimiento irracional.

Sin duda el track más celebrado es el cover de ‘The Man Who Sold the World’ de David Bowie, en una ejecución casi perfecta y que abrió los oídos de una legión de pubertos inconformes al White Duke. Este cover es es mi segundo favorito, los arreglos de guitarra, la discreta batería y la voz aguardientosa transforman un clásico frió y calculador en una versión áspera y ruda que ha trascendido a través del tiempo.

 

 

El siguiente track del que les hablaré es ‘Jesus Don’t Want Me for a Sunbeam’ de The Vaselines, una rola que surgió originalmente como la antítesis del himno infantil ‘Jesus Want Me for a Sunbeam’, a lo cual Cobain hace referencia antes de tocar. El acompañamiento de acordeón y violonchelo le dan una personalidad muy especial a esta rola.

 

 

Finalmente, la interpretación de ‘Where Did You Sleep Last Night’, una rola folk que tiene sus orígenes en los 1800 y que ha sido retomada en distintas épocas por artistas como Pete Seeger, Bob Dylan, Dolly PartonLeadbelly (entre muchos otros) y más recientemente Mark Lenegan, versión que inspiró a Cobain para recrear este track, nirvanizarlo y hacerlo sonar tan natural que hay quien cree que es una rola del grupo. En lo personal me siento muy atraído por esta versión y la forma en que grita los últimos versos me atrapa y me desgarra. Incluso Allen Ginsberg compara la versión de Nirvana con la de Leadbelly y la definió como “de gran calidad artística”.

Si no han visto la versión en vídeo de esta presentación, les recomiendo ampliamente que lo hagan,. Tristemente el álbum fue lanzado después de la muerte de Cobain, lo que lo hizo motivo de culto y no nos permitió volver a ver a un Nirvana reinventado, que termina siendo NirvaNot.

 

Kurt Cobain es uno del Club de los 27 (¿por qué se suicidan?)

A propósito del suicidio de Kurt Cobain (5 de abril de 1994), al hacer una película sobre las estrellas del pop que murieron a los 27 años, el gerente de Wham, Simon Napier-Bell descubrió que un trauma fue lo que los motivó.

 sugirieron por primera vez que debería hacer una película sobre el club 27, el grupo de estrellas del pop que murieron a esa edad, no estaba muy interesado.

Parecía una carga. Luego encontró con una encuesta del doctor Mark Bellis de la Universidad John Moores que rastreaba muertes prematuras entre 1,064 artistas musicales populares, seleccionando nombres de los mejores álbumes de todos los tiempos. En general, tenían 1.7 veces más de probabilidades de haber muerto prematuramente que otras personas de su generación.

También descubrió que si el Club 27 se cambiaba a un club para personas de entre 26 y 30 años, el número de estrellas se cuadruplicaría. Y si se extendiera a los 35 años, el número se multiplicaría por diez.

Con figuras tan extraordinarias, decidió que debería usar el Club 27 para investigar la psique de las principales estrellas de la música en general. ¿Por qué se convierten en artistas? ¿Qué los motiva? ¿Por qué hay tantos depresivos bipolares o maníacos? ¿Cuáles deberían ser las responsabilidades de la industria hacia su salud mental? ¿Y si será que las personas con problemas naturalmente gravitan hacia el negocio de la música?

Demasiado para una sola película, especialmente cuando también tenía que incluir las vidas de los seis miembros más famosos del Club 27. Pero Simon Napier-Bell lo intentó de todos modos.

Mucho de eso ya lo sabía. Ser un manager de estrellas del pop y el rock tiene que ver tanto con tratar sus problemas psicológicos, como con promover su música. Casi todos los artistas sufren una inquietud interna permanente. No es sólo una parte trivial de ser un artista, es su principal fuerza de impulso. Muchos de ellos sufrieron algún tipo de trauma infantil. Podría haber sido la muerte de un padre o hermano, algún tipo de abuso físico o sexual, un divorcio de los padres, o cualquier otro trastorno emocional. Y en casi todos los casos deja un hervor lento que estimula la creatividad.

Puedes estar seguro de que si tu artista es realmente creativo, entonces en algún momento de su infancia sucedió algo que lo desencadenó. Es como si cada trabajo nuevo que idea, tuviera la intención de mitigar algo que molesta a su ser interior. “Nunca he conocido o gestionado ningún artista valioso que no fuera así”, escribe Simon en The Times.

La causa real de esa inquietud interna no es asunto del manager, su trabajo es gestionar el talento que proviene de él, no preguntar cómo surgió. Sé feliz de que esté allí y explótalo. Eso puede sonar insensible, pero es la realidad. Es lo que el artista quiere de su manager.

“Nunca discuto con un artista las cosas que afectan su vida personal, ni las razones de sus depresiones o estados de ánimo artísticos. Simplemente lidio con ellos lo mejor que puedo. No soy un psiquiatra contratado para tratar el origen de su inquietud. Estoy contratado para comercializar los síntomas que produce, su arte, para ayudarlos a usarlo en su beneficio. Y, en general, esa es la actitud de todo el negocio de la música. Sin embargo, ¿por qué los 27 son una edad tan crucial?”, se pregunta el autor.

Primero, hace notar, es la edad en que la corteza cerebral frontal madura. Esto permite que las personas tomen decisiones adultas normales —nos da nuestro sentido de causa y efecto—. Muchas sociedades antiguas fueron conscientes de esto y consideraron los 26 la edad adulta, y también es bien sabido en la sociedad occidental. Los servicios militares especiales invariablemente asignan sus tareas más exigentes a las personas de 27 años o más por esa razón. Una falta de conocimiento de causa y efecto puede ser útil cuando quieres que mil soldados corran por una playa bajo fuego (por eso 18 a 21 es una edad excelente para reclutarlos), pero no es tan útil cuando estás entrenando espías para llevar a cabo tareas clandestinas.

Y si eso suena cínico, seguramente la industria de la música también.

Persiguen a jóvenes entre las edades de 18 y 23 años y les piden que desechen su educación avanzada a cambio de una posibilidad de 1 en 50 de éxito en el negocio de la música. A la edad de 27 años, nunca lo harían. Ninguna persona racional lo haría.

Las compañías discográficas saben por experiencia que los más creativos de estos jóvenes son probablemente bienes dañados, que el trauma de la infancia y el desequilibrio emocional casi con seguridad formarán parte de su composición. Entonces, ¿eso hace que la industria sea explotadora? Posiblemente, pero tal vez no tanto como parece. A menudo es un intercambio justo porque para muchos jóvenes, la industria de la música ofrece exactamente el tipo de terapia que necesitan. Simon ha tenido varios artistas que le han dicho: “Sin el negocio de la música, me habría suicidado”.

“El enfoque principal de mi película son los seis miembros más famosos del Club 27. Para todos ellos, la industria de la música fue su salvador tanto como su caída”, anota.

Cuando tenía tres años, la hermana de dos años de Brian Jones murió. Hasta entonces su vida había girado en torno a ella. Un año después, su madre devastada tuvo otra hija a la que le dio su amor total. Brian se sintió excluido. Desarrolló un asma terrible y a la edad de 14 años ya había dejado embarazada a su primera novia. Sin embargo, descubrió la música y lo calmó. Por lo menos hasta que tuvo 27. Cada vez menos confiable por las drogas, fue expulsado de los Rolling Stones, el grupo que había fundado. Menos de un mes más tarde se ahogó en su piscina, bajo la influencia de drogas y alcohol.

Jimi Hendrix tuvo una infancia horripilante. Su madre era una chica fiestera adicta a las drogas de 17 años. Su padre estaba en una prisión militar y lo vio por primera vez cuando tenía tres años. Observando que su hijo era zurdo, le dijo a Jimi que debía haber nacido del Diablo. Él y sus tres hermanos fueron desalojados en casas baratas y hoteles hasta que sus padres finalmente se divorciaron. A la edad de 15 años, Jimi encontró un ukelele roto en la basura y desde entonces su vida fue la música, aunque aún caótica. Fue sólo cuando se unió a la banda de apoyo de los Isley Brothers, y luego a Little Richard’s, que encontró disciplina —los músicos no recibían pagos si tocaban una nota equivocada—. Jimi rara vez lo hizo. Destacó, lo que lo llevó a su carrera de solista. Sin embargo, tal vez esa fue su perdición. Liberado de la disciplina y ganando demasiado dinero para su propio bien, regresó al caos de su infancia —más las drogas.

Janis Joplin nació en Texas de padres liberales de clase media, pero fue a una escuela en el lado equivocado de las vías. “Era una inadaptada”, dijo. “Leía, pintaba, pensaba. No odiaba a los n***ers”. Y la molestaban ferozmente. A los 15 años desarrolló un acné profundo en la cara y fue votada como el “chico más feo de la escuela”. Su defensa era enterrarse en la música —y beber—. Para cuando dejó la escuela, ella era una alcohólica.

El padre de Jim Morrison era un militar. Él juró nunca golpear a un niño. En cambio, alineaba a sus tres hijos cada fin de semana y les gritaba. Bajo un sol abrasador o un frío glacial, tenían que prestar atención hasta que cada uno admitiera sus malas acciones de la semana anterior. En una situación así, había poco afecto familiar, por lo que Jim escapó a los libros. Leía con voracidad —Rimbaud, Burroughs, Baudelaire, Cocteau, Ferlinghetti— y escribía poesía. Más tarde, en la escuela de cine, intercambió la poesía por letras de canciones y se unió a The Doors. Sin embargo, debido a que su familia no le había dado base, terminó moviéndose entre novias, trajes de paternidad y drogas, y finalmente sucumbiendo a la heroína en París.

Kurt Cobain comenzó a cantar a la edad de cuatro años. Sus padres se divorciaron cuando tenía nueve, dejándolo desolado, y más centrado en la música que nunca. Al principio vivió con su padre y su nueva esposa, luego con su madre, durante ese tiempo descubrió el punk rock y las drogas. Un primo le advirtió que la enfermedad mental y el suicidio eran comunes en la familia y que si no tenía cuidado, podrían ser su destino. Cuando tenía 15 años, caminaba solo por el bosque un día, cuando se encontró con un cuerpo muerto que colgaba de un árbol —lo que para él casi confirmaba la predicción de su primo.

Amy Winehouse fue criada en un hogar lleno de música, especialmente jazz. Al igual que Cobain, ella fue deshecha por el deterioro de la relación de sus padres. Ella adoraba a su padre, que engañaba a su madre, para lo que no encontraba ninguna razón, a menos que, tal vez, fuera culpa de Amy. Parece que ella cargó con la culpa y trató de cantar su culpabilidad. Luego ella trató de bebérselo en su lugar.

“Estos fueron los seis músicos más conocidos que murieron a la edad de 27 años, pero hay muchos otros, todos con historias similares. Como fueron las narrativas de otras estrellas que han muerto en los últimos años —George Michael, a quien administré cuando estaba en Wham!, Prince, Michael Jackson y Whitney Houston— y de una gran cantidad de artistas que todavía están vivos”, recuerda.

Un par de esos le hablaron en cámara. En sus veinte años, Tom Robinson necesitaba desesperadamente el éxito de la música para validar su vida. Cuando lo logró con, Glad to be Gay, vivió aterrorizado de no poder escribir otro hit. Tanto que durante diez años guardó suficiente veneno en la nevera para suicidarse en caso de que el miedo al fracaso lo dominara una noche.

El trauma de Gary Numan fue descubrir cuando era niño que era autista. Ahora siente que fue una ventaja, dándole la singularidad de propósito que es tan importante para que un artista tenga éxito. Sin embargo, tenía que hacerlo sin comprender la empatía que un público necesita de un artista. Cuando hizo su primera entrevista, mientras el entrevistador estaba hablando, los ojos de Numan vagaron a todas partes, excepto al rostro del entrevistador. El manager de Numan le explicó que no podía hacer eso, que debía mirar a la persona que le estaba hablando. Entonces Numan arregló al entrevistador una mirada de tal intensidad que la persona pensó que Numan lo deseaba muerto. Su manager le explicó de nuevo. Y a partir de ese momento, cada vez que Numan habla con alguien, él los mira, cuenta hasta cinco, mira hacia otro lado y vuelve a contar, luego mira hacia atrás por cinco más.

“Hablando con estas personas, me pregunté cuán lejos está mi propia personalidad del filo emocional con el que viven los artistas. Debe haber una parte considerable de mí que esté cerca, o no los entendería tan bien. Sin embargo, nunca me permití hundirme en ese atolladero emocional en el que todos tan fácilmente caen. Parece que esa es la diferencia entre los artistas y el resto de nosotros”.

Muchas personas entrevistadas dijeron que pensaban que a los artistas les faltaba algo —algún tipo de lógica que podían aplicar a su situación emocional, algún tipo de proceso de protección instintivo que la mayoría de las personas tiene—. Es posiblemente una falla en su corteza cerebral frontal, lo que nos lleva de vuelta al punto de partida. ¿Debería la industria tratar de curarlos, o simplemente ayudarlos a equilibrar esa falla con una carrera comercial en la música?

La respuesta es invariablemente la última. El trabajo de la industria es comercializar los síntomas de la confusión interna del artista y explotarlos para ayudar al artista a tener una vida constructiva y útil.

Y vivir más allá de 27.

 

Traducción libre de Lilith T. Masso.

Si el hombre es 5, entonces #666…

Alguna vez Kurt Cobain declaró que el disco ‘Nevermind’ de Nirvana no hubiera llegado a ninguna parte si no hubiera existido ‘Doolittle’ de Pixies. La furia salpicada de punk y reflexiones surrealistas fueron la pauta para la escena independiente subterránea, que desde entonces ha alcanzado la superficie para hipnotizarnos con maestría. Simplemente los Pixies cambiaron el rock de los 90, a pesar de que el grupo no logró superar sus propios conflictos.

Doolittle’ incluyó catorce excelentes canciones, sin embargo la que ilustraba mejor la música de los Pixies sin duda es ‘Monkey Gone To Heaven’, que sin ningún problema puede mostrarse simple y enigmática. El corte es una mezcla perfecta entre guitarras pop que se cruzan sin avisar hacia las texturas punk y surf, mientras que una voz femenina en segundo plano afirma las palabras de Black Francis. La voz de quien se convirtiera después en Frank Black flota como en una conversación, que poco a poco va subiendo de tono hasta alcanzar dolorosos alaridos.

La marca de los Pixies se deja sentir a través de la guitarra de Joey Santiago, poniendo el toque agresivo que sustenta las enigmáticas letras y la estridencia de Francis. La parte sutil queda a cargo de Kim Deal, enlazada con el ritmo pausado y consistente de David Lovering en la batería. ‘Monkey Gone to Heaven’ es una compresión de reverberaciones y retroalimentaciones cargadas de la formula esencial de la banda: canciones directas que asientan sus bases en lo simple y rápido, que algunas veces permite la entrada de un riff de guitarra y el aguardiente pasando a través de la garganta de Black Francis.

Gran parte de ‘Monkey Gone To Heaven’ habla sobre un gran desastre ecológico, que tal vez no puede percibirse por las particularidades de la voz de Francis. Las primeras líneas muestran a “un hombre subacuático” que es asesinado en medio de fango y desperdicios, una metáfora clara sobre la contaminación de los océanos. La segunda parte aborda directamente la capa de ozono perforada (“ahora hay un agujero en el cielo”) de la mano del calentamiento global (si la tierra no se enfríatodo se quemará). Como si predijera un futuro no muy lejano, cada estrofa cierra con la lamentación “éste simio se fue al cielo”.

El gran enigma de ‘Monkey Gone To Heaven’ surge en la tercera parte del corte, cuando emerge una especie de orden divino: “si el hombre es 5, entonces el diablo es 6, entonces Dios es 7”. Según explicó Black Francis, las frases son una “referencia a la numerología hebrea..Sólo recuerdo que alguien me dijo que era un dato del lenguaje hebreo. Especialmente en la Bibliapuedes encontrar un montón de referencias… no sé si es una jerarquía espiritualEs un dato puro, es un dato”.

Algunos de los seguidores de Pixies, que no se conformaron con la explicación del vocalista, dicen que las enigmáticas frases están relacionadas con la numerología satánica de Draconis Blackthorne, quien dice que el número siete fue asignado a Jehová y el número seis (claro que repetido tres veces) es el número de la bestia. El cinco está relacionado con el Pentagrama, símbolo de la voluntad del hombre, que puede dominar con su espíritu el mal, al que es asignado el número cuatro. De cualquier forma que observes esos últimos versos, los números no tienen nada que ver con el resto de la canción, parece una referencia cabalística que sonaba fresca y provocativa. Obviamente funciona muy bien en el contexto general de ‘Monkey Gone To Heaven’, que ya es considerado como uno de los cortes más exitosos de la escena independiente.

Kurt Cobain – And I Love Her? (Beatles cover)

Un demo acústico que pronto podremos escuchar en contexto en el documental Montage of Heck de Brett Morgen, la versión de And I Love Her de Kurt Cobain se muestra simple, cruda, lejos de las armonías de la versión original de los Beatles de 1964. Escucha la canción y espera con ansiedad el estreno del documental, que también podrá verse en México el próximo 4 de mayo a través de HBO.

Kurt Cobain: Montage of Heck en México

Después del paso por múltiples festivales y el estreno en televisión a través de HBO en Estados Unidos, el primer documental absolutamente autorizado sobre Kurt Cobain, ‘Montage of Heck’, se estrenará en México en Cinépolis.

La película estará en la cadena del 21 al 27 de mayo en la mayoría de sus salas en el país, chequen las ciudades, disponibilidad y horarios en la página de preventa.

La publicidad de ‘Montage f Heck’ no miente, verdaderamente es el documental más cercano a Kurt Cobain, ya que la mayoría de lo que se muestra proviene de las libretas que acumuló desde la infancia. A través de sus palabras entendemos lo que pensaba, como fue madurando y al mismo tiempo como se fue minando su espíritu.

Los dibujos de Cobain son animados junto con la tormenta de ideas que volcó en esas páginas, se suman a las entrevistas con sus padres y amigos cercanos, los fragmentos de vídeos caseros, fotografías de su infancia y adolescencia, los momentos previos al éxito de Nirvana.

Esa intimidad hace que el documental dirigido por Brett Morgen sea excesivamente denso, las letras de las canciones de Nirvana nos revelan a otro Kurt Cobain al leerlas en el contexto personal, de muchas maneras logramos entender el final, la errónea imagen que se ha creado del vocalista a lo largo de los años y las razones por las que la selección de “Where Did You Sleep Last Night” de Lead Belly es tan acertada.

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