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Public Image Limited, incómodamente fascinante

A cuatro décadas de distancia el encuentro con un legado musical como el de PiL (Public Image Limited) puede ser realmente enriquecedor, por un lado, por la contundencia discursiva que algunos proyectos como éste han logrado cimentar a través del tiempo; formulando con su trabajo un eslabon que enlaza músicos y escuchas que se cruzan levantando la voz en contra de lo establecido sin negar la fragilidad de sus actos y las contradicciones comunes al estar inmersos y ser parte del capitalismo y por el otro, reinventándose continuamente musicalmente hablando sin perderse en el letargo de las etiquetas de género y generaciones.

No tengo héroes del rock, son innecesarios, los Stones y The Who no significan nada para mi. Los Rolling son más un negocio que una banda de rock”

Johnny Rotten

Realmente son pocos los músicos que se fortalecen con el añejamiento, uno de ellos es Johnny Rotten (John Lydon) quien después de su importante participación en la emblemática banda inglesa punk Sex Pistols, logró configurar desde una actitud nada complaciente una historia a contra corriente; una fórmula que le cerró puertas en un mundo de simulación, donde la interpretación de personajes no permiten la visibilidad de lo crítico e imparcial.

Nosotros inventamos el Punk. Decimos las cosas como son”

Johnny Rotten

Con diez álbumes sobre sus espaldas, dos recopilatorios y varios documentos en directo, PiL ha marcado momentos referenciales discursiva y musicalmente hablando con discos como Metal Box (1979), Happy? (1987), 9 (1992) y This is PiL (2012), los cuales entre si, muestran la gran amplitud musical de un frontman que no busca la complacencia de las disqueras, la radio o el público, sino la investigación de una historia que se configura así misma de una manera orgánicamente arbitraria pero lúcida, irreverente y crítica; donde igualmente conviven el post punk, el new wave, la experimentación y por qué no, todos ellos envueltos en un pop sutilmente aterciopelado.

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Desde temas primigenios como “Death Disco”, “Public Image”, “Flowers of Romance” hasta otros de este siglo como “One Drop”, “I’m not Satisfied”, “Doble Trouble”, “Shoom” pasando por intermedios como “This is not a Love Song”, “Rise”, “Happy?”, y “Dissapointed” entre muchos otros, éstos nos han ido señalando las distintas preocupaciones de Rotten acerca de lo político-social y de lo emocional de los humanos post modernos.

Lo que de alguna manera podría definir a una personalidad musical como Johnny Rotten/PIL, es sin duda, su carácter crítico de tiempo completo, su incansable irreverencia, su cargado humor negro, pero sobre todo su franqueza al desmitificar todo y a todos al no permitir que nada se regodee en la autocomplacencia colectiva permitida, la idea de la ruptura como un punto de partida para la creación no de nuevos y progresisitas estilos musicales, sino como un punto que te agita, que te desequilibra al fragilizar las estructuras prevalecientes, es lo que continuamente nos revitaliza como individuos y como grupos sociales.

El punk siempre fue decepcionante. Y siempre lo será. Siempre”

Johnny Rotten

A lo largo de esta trayectoria tan inquietante y fascinante a la vez, su líder se ha rodeado de músicos tan importantes como Steve Vai o Miles Davis aunque de este último no fue incluida en la mezcla final de “Album” (1986) su aportación, también se ha unido a éste eco esencial proveniente de finales de los setenta músicos de bandas tan representativas como Magazine y Siouxsie and the Banshees, entre otros.

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La madurez ha fortalecido, esa furia que no cede, la incomodidad de Rotten en el mundo lo ha llevado a tomar descansos, pero no ha quedarse callado, el silencio para él no es una forma de protesta por ese su regreso lo marca a partir de la pregunta ‘What The World Needs Now?’ (2015) continuando con una línea que no pude puede ni debe borrarse del interés común.

Esta breve reflexión acerca de la obra de PiL, espero nos sirva como preámbulo a su segunda visita a México el próximo 6 de noviembre en el Pepsi Center, la cual seguramente representa la oportunidad para muchos de ver a uno de los actos más imprescindibles de las últimas cuatro décadas.

Sonic Arsenal – el saco blanco de los renegados

En algún momento el código mod indicó que un saco blanco era la más pura evidencia de ese culto obsesionado con el hedonismo y la moda hyper-cool y, aunque no existen evidencias científicas, incluso la más barata de sus versiones atraía la atención femenina. Tal vez es algo trivial, moda y pose, nada más, sin embargo viendo dos películas y una serie, descubrí que el saco blanco y sus renegados usuarios tienen una relación musical de características que hipnotizan.

Viendo esa serie de rockumentales que se han vuelto una obsesión en los últimos años me encontré con tres potentes figuras enfundadas en ese lienzo fresco y atractivo que ha adquirido una manera un poco repulsiva, un traje blanco que se ha vuelto gris de muchos espectáculos llenos de sudor y rodadas por el suelo.

Lo que resume todo para mí es ver a Lee Brilleaux en el escenario con un traje blanco que parece como si hubiera dormido en el piso de un basurero. Es un aura pura de sordidez, que afrenta aún más con la imagen del traje ensangrentado de Wayne Coyne y la historia de Miles Davis.

En algún lado leí que para el personaje de Gene Hunt en ‘Life on Mars’ (la versión original por favor) se basó en el líder de Dr. Feelgood, Lee Brilleaux, por su ira reprimida, patillas de bandolero y un traje de color hueso que había sido, obviamente, un traje blanco en una vida anterior.

Brilleaux miraba cada centímetro como si fuera una extensión del tono acre que iba adquiriendo su traje, el vocalista amenazaba a la audiencia y se limpiaba constantemente el sudor en la manga de su traje blanco para agregarle más capas de suciedad.

Inmediatamente te preguntas quién estuvo tomando nota de ese acto, pero todo nos hace suponer que Johnny Rotten, Paul Weller y Joe Strummer ciertamente estaban observando. El fragmento dedicado al vestuario de Brilleaux en ‘Oil City Confidential’ confirma el legado de esa prenda malévolamente cruda, sucia y de anécdotas acumuladas en capas grisaseas y amarillentas.

Unos meses antes de ver el filme realizado por Julien Temple, encontré a través del documental ‘The Fearless Freaks’ otras razones para poner atención. En la película, mientras Wayne Coyne muestra su pulida técnica para lavar su traje blanco y percudido después de cada concierto de Flaming Lips, explica cómo una fotografía de Miles Davis lo inspiró.

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“Es una imagen extraña. Hay algo acerca de la dignidad de ser civilizados y el uso de este traje, y el contraste de la brutalidad y la sangre”. Wayne Coyne habla de una imagen muy famosa del trompetista de jazz Miles Davis después de resistirse a la detención policial.

Davis vestía un traje blanco tirándole a amarillo, que curiosamente es la única razón por la que se puede notar que el músico estaba sangrando. “Debido a su cabello negro y su tez oscura, no se puede decir que tiene sangre en él, excepto que él usa un traje de color claro que está salpicado con la sangre”, comenta Coyne.

Mientras lava su traje, el cantante de Flaming Lips explica que de ninguna manera ha tratado de imitar a Miles Davis, pero ciertamente parece fascinado por esa imagen y fue suficiente para que usara un traje blanco y se cubriera a sí mismo en sangre regularmente durante sus actuaciones.

La imagen es una leyenda, pero Miles Davis se volvió famoso por ese tipo de acciones y posturas en las que se le veía extravagantemente extraño y, como su traje ensangrentado, con un aura estilizada constriñéndose fuertemente contra su propio marco.

Lee Brilleaux, Wayne Coyne y Miles Davis tiene algo atrayente en sus respectivos trajes percudidos. El verdadero hombre dentro del traje no es físicamente demostrado, es observado y sentido en su forma de vestir en general y su actitud ante la música, su comportamiento en el escenario y afuera de él parecen extrañas ideas que no concuerdan.

Brilleaux lo usaba para afrentar, Coyne para distraer a la audiencia de lo terrible que era la música de Flaming Lips al principio y Davis lo utilizaba para desaparecer. Cuando Davis tocaba, sus seguidores se quejaban de que no era visible por más de 15 minutos en el escenario. Tal vez no era visto en las sombras, incluso podías pensar que él no estaba, pero cuando lo veías no hablaba, sólo veías su traje blanco.

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