hi

Bestia 2016

Fotografías: cortesía de Bestia Festival

La bestia nuevamente fue liberada, cuatro días de intensa experimentación, con sonidos que retan al oído del verso-coro-verso para llevarlo al terreno de las vibraciones, el jam, la liberación de las restricciones del ruido y la constante de Bestia Festival, no encontrarán un evento similar en México, ninguno les va a sacudir de tal forma el oído.

Bestia se va comprendiendo lentamente, empieza a saborearse cada vez más con la intervención de espacios como la Biblioteca José Vasoncelos, el día del concierto extremo y el acompañamiento del cine.

No ha sido fácil para los organizadores, ya lo platicábamos el año pasado con Claudia Curiel cuando nos presentaba los eventos curados por John Zorn, en esa ocasión se trataba de un órgano monumental a punto de hablar por el ‘Dr. Caligari’, en el 2016 se trató de ‘El Hombre de la Cámara’ y el Ciclo Georges Meliès, dos propuestas silentes que en su momento fueron un verdadero reto para el espectador, similar a lo que realiza Bestia en la Ciudad de México.

Bajo la sombra de ‘Matrix Móvil’ de Gabriel Orozco, Bestia Festival inició con 47 minutos de vibraciones que nos envolvieron nuevamente en el sonido avant-garde, la pieza de Jim O’Rourke que crece de forma abrumadora conforme se suman instrumentos. La ballena nos observaba flotando en la Biblioteca José Vasconcelos mientras los cambios microtonales iban hacia los macrotonales, fuimos claramente hipnotizados por el oído. Ritmos, divisiones, la estructura que desde el inicio retó a los asistentes a dejarse llevar hacia el interior, con el corazón saltando un latido al seguir la ejecución en un espacio que desde su misma estructura parece concebido para Bestia.

En el segundo día nos trasladamos a la Cineteca Nacional para presenciar la primera muestra de cine musicalizado del festival, en su momento ‘El hombre de la cámara’ de Dziga Vertov fue una de las primeras propuestas que mezcló el documental y el cinema verité con una serie de soundtracks en vivo que lograban resaltar la propuesta visual experimental que hasta la fecha es considerada como una obra de genialidad basada en los recursos y el discurso.

La música interpretada por Julián Bonequi, Dora Bartilotti y Fernando Vigueras llevó a ‘El hombre de la cámara’ a la idea central de Bestia, la renovación de proyectos audiovisuales a través del contexto sonoro. Las diversas exposiciones, los acercamientos, las aceleraciones y los fragmentos de 1929 sobre Rusia después de la revolución siempre resultan impactantes, sobre todo cuando la yuxtaposición del sonido renuevan lo que vemos en la pantalla.

CONCIERTO DE MÚSICA EXTREMA

A falta de mejor término, llamemos a lo que trae el festival Bestia “música extrema”. A su directora, Claudia Curiel, no le agrada la otra opción de “música experimental” porque espanta a la gente. Y tiene razón. Por “música extrema” entendamos música llevada hasta sus últimas consecuencias, hasta los límites de sus tres componentes básicos: ritmo, melodía y armonía de tal modo que ponga al escucha al borde de sí mismo, que desparrame el ser en la música, como destrozado por una bestia.

En su cuarta edición, el festival no desmereció a la leyenda que poco a poco va construyéndose. El sábado 3 de diciembre, en el Lunario del Auditorio Nacional, tuvo lugar la noche magna. En un festival como Bestia, Cleric es la banda fresa, ruidosas embestidas de jazz metálico y al mismo tiempo groovie con vocalizaciones salidas del meritito infierno.

Para lo de Simulacrum simplemente no hay palabras que le hagan justicia. John Medeski en el órgano (de Medeski, Martin & Wood), Kenny Grohowsky (de Abraxas) en los tambores y el guitarrista Matt Hollenberg (quien había tocado previamente con Cleric) interpretaron las composiciones de John Zorn que integran su único álbum.

Claudia Curiel, organizadora del festival, en entrevista para Rock 101, ya había anticipado que Simulacrum era la banda que no había que perderse en esta edición, y cuánta razón tenía. El sonido que esos tres hombres sacaron de sus instrumentos te emocionaba, pero te hacía pensar, hasta que al final te despellejaba, te dejaba en un gran vacío de música y soledad del ser.

Y si dijimos que Cleric era la banda fresa, en el festival Bestia la banda pop es Godflesh. G.C. Green al bajo y Justin Broadrick a la guitarra y voz, acompañados por secas programaciones, entregando su precursora marca de metal industrial. Es una banda de antaño, que nunca había venido a México, por lo que buena parte del público que llenó el lunario los estaba esperando. Invocaciones a Black Sabath sobre un paisaje rítmico post apocalipsis industrial y vocalizaciones de zombie radioactivo. Godflesh cumplió con las pantanosas expectativas de su público tras una estela de masacre auditiva que bien honró la denominación bestial de este festival.

EL VIAJE A LA LUNA

Al día siguiente, domingo 4 de diciembre, cerramos con un singular cineclub. Una selección de cortometrajes del vanguardista del cine Georges Meliès. Con el acompañamiento en vivo de la música preparada en exclusiva para el festival Bestia-Aural por un ensamble compuesto por John Medeski al órgano (y la flauta, y la medólica), Lee Ranaldo –de Sonic Youth- en la guitarra, el baterista Kenny Grohowsky –de Abraxas, y quien había tocado con Medeski en Simulacrum la noche anterior- y Mike Rivard en el bajo –un colaborador de Morphine-.

Experiencia única a la que cabría suponer que ninguno de los presentes se arrepintió de asistir, pues el maridaje de las alucinadas visiones de Meliès con el ejercicio atmosférico que los ejecutantes obsequiaron arriba del escenario, de espaldas al público, pendientes ellos también del ritmo que marcaba cada filme, elevaba el resultado sensorial a una suma considerablemente mayor a los factores que la componían.

Para cerrar la primera parte, el vocalista de Cleric se les unió en la cinta llamada “Fausto en los infiernos”, aportando los alaridos de condenado propios para la ocasión. Tras breve intermedio, salieron para el apoteósico cierre, con Ranaldo aporreando, acariciando y sacudiendo su guitarra con baquetas, arcos de violín y lo que por momentos parecían susurros de distorsión, alcanzando un clímax liberador con El viaje a la luna, lo que todos estábamos esperando, que culmina en un frenesí no muy distante al de Sonic Youth.

Y cada uno se retira, perdiéndose en el pelaje negro de la noche, imaginando, en fantasías salvajes. qué bestias esperan para desgarrarnos en el futuro.

Al final, fuimos Zornorizados por una Bestia

Por: Mitzi Hernández, Karina Cabrera y Pablo Osset

Fotografías: Ray Marmolejo

 

Bestia Festival, aquel suceso extraño que no podemos llamar bocanada de aire fresco, más bien una especie de zarandeada a las estructuras formales de verso-coro-verso a través del jazz más arriesgado, el noise, las pláticas sobre cultura avant garde y el cine. Durante tres años ha buscado espacios y un público, manteniéndose en la línea independiente y aportando la diferencia para una agenda cultural que a diferencia de los años de carestía de las décadas de los 70 y 80, ahora se excede con los festivales.

 

El festival llegó en el 2013 proponiendo ruido en el museo Diego Rivera Anahuacalli con Moonchild, aquel proyecto donde conviven en energía Mike Patton, Trevor Dunn, John Medeski y John Zorn. La primera edición fue una provocación, con artistas que participaron de forma agresiva y generaron experiencias distintas. En el segundo año Bestia Festival concentró esfuerzos en propuestas mexicanas, una muestra gráfica y un ciclo de cine enfocado a la música que cerró el 2014 con una sensación de que era posible encontrarnos con el movimiento más extremo en la música sin prejuicios.

 

Llegamos al 2015 y la tercera edición de Bestia Festival, una vez más independiente, buscando diferentes foros y nuevamente de la mano de John Zorn, además de otro de sus múltiples proyectos alternos y su gusto por el cine, que ya habíamos conocido en la primera edición a través del ciclo que curó en la Cineteca Nacional. Volvió Bestia Festival, con un programa más pero no por eso menos sorprendente, interviniendo espacios como la Biblioteca José Vasconcelos con sonoridades experimentales y desempolvando el órgano monumental del Auditorio Nacional, cuyas estructuras nunca imaginaron dar pie a tantas intenciones expresionistas al ser ejecutado por John Zorn para sonorizar la versión restaurada de El gabinete del Dr. Caligari.

 

 

I Acto “Sonoteca” 


Una ballena ósea, suspendida en un mar de libros, se torna azul. Custodia de la Biblioteca José Vasconcelos espera inmóvil una intervención sonora que desacata el letrero “Silencio”. En una resignificación espacial la biblioteca se convierte en una bóveda de sonidos sefardíes y cavernarios. 



Dora Juárez Kiczkovsky teje sobre el escenario Cantos para una Diáspora, proyecto personal, íntimo que es un tributo a su legado judío. La voz de Dora deshilvana canciones tradicionales de amor, muerte y huida acompañada de las vertiginosas cuerdas de Fernando Vigueras, percusiones de Jacobo Guerrero y ambientes electro acústicos en un ir y venir entre el pasado medieval y el presente experimental.


Con textos en castellano y ladino (lengua judeoespañola) Dora es una storyteller que transporta el espacio físico a tierras mediterráneas, al mar, a los valles desolados, al amor libre y la muerte inevitable; nos lleva por una migración de sonidos de oriente al occidente transformados, a su paso, en una loopera. 


‘A la una yo nací’, ‘Morenika’ o ‘Una matica de ruda’ crean imágenes de tiempos convulsos en guerra, de la magia de un pueblo y su cultura. Las voces de una tradición rescatados y reinventados por un talento vocal que nace del corazón y la música de un pueblo en continua fuga. Canciones tradicionales que impiden la pérdida de la memoria y buscan  echar raíces no en tierra sino en almas. 


La potente y delicada voz de Dora puede transformarse en vientos marinos, un oleaje torvo que irrumpe en los acantilados y un canto hipnótico en sirena, se transmuta en un anfibio cantarín en ‘La Rana’, se desdobla en tres mujeres en ‘Las tres morillas’ (con texto de Federico García Lorca). ¿Cuántas cantantes en el escenario hay? se pregunta el público tratando de encontrar más voces; sólo es Dora y  sus desdoblamientos armónicos. 


Intermedio


El espacio se llena de chasquidos de madera, claquetas chocando entre sí, navegando entre libros y la ballena aún suspendida. Decenas de golpeteos, con micro ritmos,  nos introducen en la cueva de un hombre cavernario que juega con el eco. Así atrapa la oreja Ernesto Martínez, compositor, ingeniero en audio, inventor musical, multi instrumentista para dar inicio a su proyecto Micro-Ritmia. Producido también por John Zorn y Tzadic records.

Con un ensamble orgánico de 11 integrantes: Irene Gutiérrez, Alejandro Guevara Alejandro Huerta, Felipe Muñoz, Armando Cuevas, Luis Marín, Francisco Ayala, Daniel Chávez, Manuel Leal y David Martínez, Ernesto explora a través de la percusión, repetición y saturación la movilidad del sonido en el tiempo y espacio. 


El proyecto se basa en conjuntar la matemática de la informática con la instrumentación, es decir el código binario representado por sonidos orgánicos, improvisados en un perfecto orden para generar un caos controlado por un ordenador. 


“Ampliación y revaloración de la destreza humana, timbres, texturas, silencios, acordes,  giro melódicos y ritmos sometidos a hiper-velocidades. La velocidad como medio expresivo y suma de lentitudes, como sinergia, e inteligencia colectiva. Como universo accesible y confortable para el compositor y el ejecutante y su expansión en sensaciones en el oyente. Varios músicos articulando pocas notas versus un músico articulando muchas; cada emisión sonora es detallada y esculpida. Rotación tímbrica y acceso detallado a micro-silencios.” Micro-Ritmia


Las piezas de Martínez son vivenciales, se crean en el momento, son vertiginosas, estimulantes, intensas, mientras dirige desde una consola y controla los movimientos del ensamble para generar un código sonoro de libre interpretación. Voces, bajos, guitarras, una marimba y el Frankenstein de Ernesto: un Hyperión; creación bastarda de una guitarra y un piano electrónico, son el código binario de la forma más antigua de hacer sonidos. 

‘Bajo y Guitarras’ nos brindó tres bajos y dos guitarras con un secuenciador electrónico y percusiones que generan tensión sonora en una micro escala. ‘Melamina Plus’ nos llevó por una obra para marimba a doce manos, mientras que en ‘1+1=1’ cada músico tocó una nota (su nota) en un momento específico. En ‘Suite Sincronario Hyperión’ vivimos a cuatro manos y percusión una atmósfera enrarecida lejos del entendimiento occidental y cerca de nuestro yo primitivo.


Ernesto busca extender los sonidos, deshacerlos en microtonos, re componerlos y ensamblarlos a partir de las necesidades del sonido, los músicos y el mismo director se mantienen supeditados al viaje del sonido por el espacio. 


II Acto Planeta Zorn


Sólo la intimidad del Lunario permite acceder al mundo sonoro de John Zorn y todos aquellos que forman parte de su Claustro más selecto. Un grupo de músicos itinerantes que traspasan las fronteras de los géneros musicales para interpretar paisajes sonoros fusionando diferentes tierras, lenguajes armónicos y caos. 


Masada es un proyecto que Zorn concibe como un mega paisaje sonoro de la tradición hebrea que involucra a diferentes ensambles pertenecientes a diversos mundos musicales que van desde metal progresivo, al jazz, a secuencias electrónicas generadas en computador; guitarras y saxos sampleados que componen 613 piezas sonoras que corresponden al mismo número de mandamientos en la Torá (Libro del culto Judío). 


Abrió la noche Klesmerzon, referente en la fusión musical tomando el sonido Klezmer (música tradicional judía intervenida con la síncopa del jazz) y someterlo a una intervención cultural donde los ritmos de la huasteca, funk con personalidad latina y el jazz lde improvisación libre permiten una traducción perfecta de Masada Book Two: The Book of Angels. 


A cargo de Benjamín Shwartz (violín, piano) y María Emilia (flauta traversa, piano) conjuntan sonidos de Jaranas, metales (trombón, trompeta y sax) y guitarras sampleadas al estilo Marc Ribot con un poder hipnótico y estimulante. Las piezas Samchia, Iahmel, Abachta, Yefefiah, Mashith, Sehibiel, Zikiel, Kabshiel, Amabiel se integran al sonido del trópico y latitudes lejanas al Medio Oriente. 


Abraxas grupo condenado por el neoyorkino Shanir Ezra Blumenkranz es un estruendo de improvisación, guitarras y vértigo sonoro que enloquecería tanto a seguidores de Frank Zappa o Bill Frisell ambos experimentadores del poder del progresivo y la saturación , fueron los encargados de traer ‘Psychomagia’, obra conceptual del mismo Zorn al mundo. 


Arrollador, como un tren de carga dirigido a las vísceras nos empuja a un precipicio sonoro y son el surf, el metal matemático, dobles bombos y síncopas, un bajo que resuena en la caja torácica, y la perfecta ejecución de Aram Bajakian y Eyal Maoz en las guitarras y Kenny Grohowski en la batería , los vórtices melódicos de una banda ex profeso del Planeta Zorn. 


Intermedio


Cuando el nombre de Mr. Bungle sale a relucir, los ojos y oídos de quienes buscan otros mundos sonoros como refugio se iluminan. Además de ser una de las bandas conceptuales que definieron un estilo particular en la década de los noventas ha sido semillero de solistas entre los que destaca Trey Spruance.  


Con Seacret 3 Chiefs Spruance da cabida a un sinnúmero de músicos en busca de sonidos propios y ajenos en una constante reinvención de culturas sonoras. Así 3 Chiefs se encargaron del Masada Book Three:  The Book of Berlah. 


Un grupo divertido que mantiene continuamente el asombro musical en un virtuosismo exagerado pero sin perder la honestidad del gozo personal. La locura, el delirio, el surf, sonidos tradicionales persas, música de oriente y una gran influencia de Ennio Morricone se conjuntan con un filosofía mística que se aleja de los “géneros tradicionales” y trae de regreso obras perdidas en el tiempo y hermetismo tradicional. 


Bladerunner es un monstruo tricéfalo, constituido por John Zorn, Dave Lombardo y Bill Laswell, tres cabezas independientes, libres, pero con el mismo objetivo: destruir toda concepción establecida al sonido acompañados por el guitarrista Fred Frith. El presente y pasado musical, del trío + 1, que los anteceden son muestra de la basta cultura sonora contenida en el poderoso ensamble como David Byrne, Herbie Hancock, Daevid Allen (Laswell) Fantomas, Testament, Philm (Lombardo) Henry Cow, Robert Wyatt, Brian Eno (Frith). 


Escuchar a un Lombardo que ha dejado de ser baterista para ser un músico que explota capacidades más allá de Slayer es una experiencia de aprendizaje, a Zorn dando una clase maestra de las múltiples formas de utilizar un saxofón como instrumento multifacético de sonidos y microtonos con una versatilidad que sólo el puede lograr; a Bill Laswel la columna vertebral sinuosa de excepcional fluidez manteniendo a la bestia sin ataduras genéricas y la guitarra progresiva de Firth que hace las veces de un personaje del expresionismo alemán aferrado a la locura y el vértigo. 


Escuchar y vivir el Planeta Zorn es una experiencia auditiva caóticamente equilibrada pues transgrede la concepción musical clásica y dogmática al involucrar el ruido y la saturación como elementos clave en la inmersión sonora sin concederse al gusto. La invitación a un paisaje sonoro en un mundo paralelo donde la importancia radica en la experiencia y no en el gusto y está abierta a cualquier oído en busca de salir de una confortable zona armónica, a veces, difícil de dejar. 

 

Cortesía Bestia Festival - Ray Marmolejo

III Acto – La gestación de un proyecto visual

Fueron varias las gestiones e instituciones por las que se dio posible la presentación de ‘El gabinete del Dr. Caligari’ en el Bestia Festival. Primero, un trabajo de restauración donde literalmente tomaron los rollos con los que se grabó y las partes que no encontraron, fueron pedidas a más de 11 instituciones cinematográficas internacionales. El resultado, la primer copia digital de este icono en la historia del cine, coordinado por la Fundación Friedrich-Wilhem-Murnau. 

 

Detalle agregado que le pusieran filtros de color, que dieron simbología temática, siendo muy claros los momentos de la maldad en sepia y los de las víctimas o el bien en verde azulado, al final los colores y la bifurcación temática, la confusión que nos da la conclusión cambia de colores para estabilizarse en el estado mental de la ilusión. 

El valor de esta película en específico fue haciendo ecos que nadie se esperaba. Con el paso del tiempo y contextos que el público y los críticos acercaron a hechos históricos de la vida real, que nada tenían que ver con el origen. 

El año en el que concluyó la Primera Guerra Mundial y firmado el tratado de Versalles, se filmó la primer película de horror y la que representaría el inicio del expresionismo alemán en el séptimo arte. Hecho lógico ya que el cine siendo multimedia, necesitaba los elementos complementarios de otras artes. 

A dos personas se les ocurre una trama que describiera al gobierno como un ente que lo controla todo y hace que sus subordinados hagan cosas terribles. Si están pensando en ‘Metrópolis’ con esa misma idea interna, esta idea fue 8 años antes. De hecho al ser terminado el libreto, se le ofreció a Fritz Lang, quien rechazó contundentemente por los tiempos políticos del momento. 

 

Si bien es cierto que el expresionismo surge de una sociedad post guerra, específicamente en el cine, las transfiguraciones de sombras y escenografía asimétrica, tenía más que ver con el efecto subjetivo y dramático que representaban el salir de las pesadillas vividas y una interpretación a las enfermedades mentales que para la década de los 20 estaba entre descubrimientos e ignorancia.

 

Eran temidos por igual ser sonámbulo, como el pensar que otra persona tiene el poder de controlar con la hipnosis a otros. Cualquier casilla que saliera de la norma, era encasillada en la locura.  Las conclusiones iban desde que la película era una oda para que se respetaran los estudios de psicología desarrollados en esa época y otras conjeturas fueron que era un preludio a la figura de Hittler.

 

El susto producido por el tren que salía de una fábrica en la proyección de los Lumière o los efectos en las historias fantásticas de Méliès no se comparan con los horrores en los que se basó ‘El gabinete del Dr. Caligari’. Basado en hechos ocurridos en Hamburgo sobre abuso sexual, el austriaco Carl Mayer y el poeta checo Hans Janowitz escriben la historia del doctor, que esclaviza mediante hipnosis a un sonámbulo, mientras lo exhibe en ferias locales.

 

El proyecto asignado a Robert Wiene, tuvo un giro que el director dictaminó: la escena inicial donde es claro que es una historia contada de un hombre a otro y la escena al final, donde el narrador se descubre como un loco en manicomio.

 

El reto del director a la posteridad fue un tanto cruel, ya que sus detractores aseguran que fue una suerte el hecho que la película lograra esos efectos visuales, dándole créditos meritorios a los creadores de las escenografías Hermann Warm, Walter Reimann y Walter Röhrig, quienes fueron elegidos por el productor Erich Pommer. Los trabajos siguientes de Wiene no corrieron ni de cerca con el mismo éxito. 

 

Cortesía Bestia Festival - Ray Marmolejo

IV Acto – Zorn manipulando quince toneladas

Si las transfiguraciones no solo visuales, sino simbólicas que desató este film para llegar a una conclusión como el Holocausto, tal vez tiene mucho o poco que ver el hecho de que John Zorn sea de origen judío, pero sí le impregna mayor sentimiento a la potente sonorización. 

 

Cómo conocido creador de bandas sonoras y hasta curador de ciclos de cine, John Zorn tomó en Bestia Festival los elementos exagerados del cine silente, los colores que nos permiten conocer el fondo de los personajes en la versión restaurada y los convirtió en tonos sonoros que revelan intenciones. Nos brindó en el órgano monumental del Auditorio Nacional inclinaciones y acentos que vemos en el expresionismo alemán, pero traducidos en tensión musical. 

Las quince toneladas del órgano monumental se nos revelaron no solo como majestuosas estructuras a ambos costados del auditorio, enmarcando la pantalla, se convirtieron en el enlace con una época que ciertamente tuvo esos sonidos, la música era la voz que no se escuchaba y era la guía en los estados de ánimo que vertían las imágenes sobre el público. Con John Zorn involucrado en la proyección, sabíamos que las expresiones del Dr. Caligari podrían acentuarse aún más, la locura y el sonámbulo asesino se nos revelaron con una magia que solo puede catalogarse como el festival: bestial.

 

Cortesía Bestia Festival - Ray Marmolejo

Planeta Zorn

Siempre es difícil entregar nuestros oídos a nuevos instrumentos, acordes que rompen con la tónica-dominante, experimentación sonora a partir de los sonidos que ofrece la industria o una urbe cosmopolita. Así se va por el mundo, influenciado por un contexto sonoro reducido a lo familiar y social, mientras estamos rodeados por un universo musical.

 

Permitir que el oído salga de una zona de confort que está reducida a listas de reproducción monotemáticas, una radio conservadora, canciones repetidas ad nauseam, el gusto por un “único género” musical, es un ejercicio lúdico, intenso pero sobre todo liberador, cómo al descubrir por primera vez la discografía familiar.

 

John Zorn no es un músico que viene a dar un concierto, da la gracias y se marcha en una gira eterna. Da una especie de clase maestra con terapia de choque para desbloquear los canales auditivos y cerebrales. Busca que zonas silentes en la mente del escucha se prendan ante una exposición prolongada a la interacción mente-oído.

 

Zorn no concede nada y cada momento es una sorpresa sonora, indescifrable, impredecible en su forma y estructura al sacar sonido atacando todo instrumento ortodoxo o improvisado y jugar con ello hasta sus límites. Su capacidad de hombre orquesta moderno permite adentrarnos en su planeta que suele ser devastador y maravilloso.

 

Al estar continuamente expuestos al ruido, al menos quienes viven en el caos de una ciudad, se pierde la capacidad de escucha y se entra en un trance dónde solo oímos lo que buscamos. El ruido para Zorn es pieza fundamental en su dogma sonoro. A través de la saturación, el estruendo, la desafinación y la repetición involucra al escucha a confrontarse ante un panorama sonoro, caótico y agresivo, de manera consciente, trasgrediendo lo sonoramente establecido.

 

La cultura sonora contenida en el Planeta Zorn es capaz de transportarnos a través de un viaje por ritmos y sonidos del mundo y traducirlos en una interpretación perfecta al mundo occidental. Sin prejuicios es capaz de mezclar Klezmer (fusión entre jazz y música tradicional judía) con punk, ambos géneros totalmente disímbolos pero que buscan la liberación del ser.

 

Su manejo de la orquestación y el contrapunto, elementos claves en la teoría musical, le permite divagar, mezclar, deconstruir, en un libre albedrio, estructuras musicales establecidas. Da otra vuelta de tuerca y ello le ha permitido crear obras para las artes visuales con un discurso propio que se integra naturalmente con el discurso visual.

 

De obras microtonales para órgano salta al free jazz donde la locura improvisada es la médula, colaboraciones con Lou Reed y Laurie Anderson (las tres personas más bellas del planeta), musicalizar películas de culto, inventar un lenguaje musical perfectamente entendido y expresado por sus amigos intérpretes.

 

La obra musical de Zorn es conceptual, cada una con personalidad propia, elementos históricos culturales, con referencias literarias que la llevan desde jugar con elementos neogóticos, metallic funk, la herencia judía, a re intervenir clásicos como Debussy, Messiaen o Shöenberg. Discursos complejos pero sin pretensiones dónde la honestidad y la sabiduría musical buscan el espacio sonoro para ser replicadas.

 

Su claustro musical es elegido por su talento y apertura sonora buscando la interacción de diferentes raíces y voces. Siempre rodeado de músicos sin límites creativos, sin preocuparse por el “gusto”, libres de las cadenas que ponen los géneros musicales, lo que John Zorn ofrece es invaluable: Cultura Sonora.

 

El Planeta Zorn llegará a México, encargado de curar el Bestia Festival, traerá sus proyectos personales y colectivos para sacudir oídos dormidos y despertar una nueva forma de escuchar y vivir los sonidos de un universo paralelo. Imperdible para enriquecer nuestro mundo sonoro y dejarse llevar por la turbulencia sin miedo al mareo o a la caída, pues ahí estará Zorn para levantarnos.

Tres años exponiéndonos a la vanguardia, Bestia Festival

Este es el tercer año en el cual los sonidos más que los showmans son el personaje principal de un acontecimiento multisensorial pensado para ser escuchado, sentido y vivido como una experiencia que busca escuchas más que espectadores.

 

Aún continúan ecos de los festejos de John Zorn por sus 60 años de cultura sonora trasmitida alrededor de los pueblos del mundo. Su influencia en la creación de ruido inteligente, construido como un discurso, ha llegado hasta la curaduría de la tercera edición del Bestia Festival.

 

La convocatoria que genera el nombre de John Zorn alrededor del Bestia Festival se remonta a su primer edición, dedicada al 60 aniversario de carrera musical de Zorn y que sirviera de aperitivo para algo más que un homenaje conmovedor, la petición de traerlo nuevamente inundó a la organización del festival.

 

Hace cinco meses Claudia Curiel (Producción Bestia) cerró las negociaciones bajo ciertas condiciones de Zorn para presentarse en México de manera formal. La participación de sus proyectos tanto mexicanos como personales y tocar un órgano monumental eran algunas de sus ambiciones, ambas aceptadas por la organización, para nuestro regocijo.

 

En la organización de esta edición estuvieron: Claudia Curiel (Bestia), Francisco Serrano (Auditorio Nacional y Lunario), Daniel Goldin (Biblioteca José Vasconcelos) y Pablo Guisa (Morbido Fest).

 

Zorn y el órgano melódico, monumental con sus 7000 flautas restauradas del Auditorio Nacional, musicalizarán la joya del expresionismo alemán recién restaurada, coloreada y estrenada en el Festival de Berlín, ‘El Gabinete del Dr. Caligari’ siendo la premier latinoamericana de esta presentación histórica. Fue gracias a la colaboración de Morbido Fest que fue posible conseguir la película para su proyección.

 

‘Masada’ es el título del principal megaproyecto musical de Zorn dónde ha integrado tanto a músicos de las más variadas corrientes musicales, ensambles como a artistas sonoros para construir a partir de “ideas musicales” más de 300 obras independientes.

 

El ensamble Klezmerson (México) y Secret Chiefs 3 (California) intepretarán de dicho proyecto ‘Masada Book Two – The Book of Angels’ y ‘Masada Book Three _ The Book of Beriah’ respectivamente. Cabe resaltar que tanto la música Klezmer (Jazz con folklore judío) y el punk-hardcore de los Secret… son dos géneros con los que suele coquetear Zorn en cada proyecto.

 

Bladerunner ya es una banda de culto que ha encabezado San Sebastian y el Jazzlandia Heineken. El ex Slayer Dave Lombardo en la batería, Bill Laswell productor de Herbie Hancock en el bajo y el mismo John al saxo harán retumbar las paredes del Lunario bajo la ingeniería de audio de Marc Urselli (ha trabajado con Mike Patton, Laurie Anderson y Lila Downs)

 

Por otro lado, representando a la disquera de Zorn Tzadik, que es la fuente de eternas sorpresas sonoras, emergen Dora Juárez, quién coquetea con la música sefaradí, las texturas y la voz como instrumento en un tejido de historias de exilio y peregrinación, presenta “Cantos de una diáspora” y Ernesto Martínez con ‘Sincronario’. Proyectos que nacen en México con sonidos de diferentes latitudes.

 

 

La grave enfermedad que aqueja a la cultura llamad recorte presupuestal había encendido las alarmas de crisis del festival y el miedo a desaparecer como muchos otros en el camino se vierno alentados al hacer realidad la posibilidad de ampliar el espacio para la divulgación y promoción del espíritu del Bestia.

 

De los pequeños lugares donde inicialmente se congregaban “los raros” del Bestia Festival como el museo Anahuacalli o el Museo del Chopo ahora pasan a recintos épicos: La Biblioteca José Vasconcelos y el Auditorio Nacional con su Lunario.

 

Dos espacios tan disímbolos como difíciles de imaginar rodeados de las atmósferas Zornianas, se mostraron interesados en abrir sus puertas a lo extraño, desconocido y menos comercial; una apuesta al arte puro.

 

El Auditorio Nacional en nombre Francisco Serrano, se muestra con interés en nuevos espacios sonoros y abriendo sus puertas a experimentos culturales que no ofrecen “espectáculos” si no arte comprometido y la recuperación del espacio sonoro que ofrece el Órgano Monumental que después de años de abandono fue rehabilitado para ocupar, una vez más su posición como el más grande de Lationoámerica.

 

Por su parte la Biblioteca José Vasconcelos pide a gritos una resignificación de los espacios y se muestra como un centro vivo para la expresión artística y musical con una oferta que supera las 2000 actividades anuales y un espacio para el préstamo y ejecución de instrumentos en palabras de su director Daniel Goldin.

 

-->