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Son parásitos solteros, otakus y hikikomoris… pero más felices

KOJI TANAKA disfruta su trabajo para una compañía de tecnología en Tokio. En su tiempo libre hace ejercicio o va a recibir una clase de masaje conocida como Shiatsu que liberan sus doloridos músculos con una presión gentil de dedos. Le gusta salir a comer con sus amigos “Creo que en algún momento me gustaría tener una familia, pero no soy ambicioso respecto a mi carrera”, dice a The Economist. “Soy feliz con mi vida actual.”

Un texto del periódico británico nos explica que la juventud japonesa está reaccionando. “Encuestas sugieren que las personas jóvenes del país son menos felices que sus compañeros de otros países desarrollados. El suicidio continúa siendo la causa principal de muerte para aquellos entre los 15 y 39 años de edad. Pero comparados con sus mayores, en Japón cuando eran jóvenes, una mayor proporción entre los 15 y 29 años de edad se describen como felices. Esas son buenas noticias para un país donde la palabra “juventud” tiende, con buena razón, a ligarse con imágenes de sombríos inadaptados: hikikomori –personas que rechazan a la sociedad– y otakus –nerds”.

Dice The Economist que hay varias razones por las que la satisfacción está creciendo. Parcialmente por el costo de las viviendas, más gente joven vive con sus padres. Masahiro Yamada, una socióloga, los llama “parásitos solteros”. El no tener que pagar acomodación significa que tienen más ingresos disponibles. “Es grandioso no tener que cocinarme a mi misma”, dice Kosuke Yamawaki, quien trabaja para la Agricultura de Japón, una cooperativa granjera, en la ciudad rural de Shimanto-cho en Shikoku, la isla más pequeña de las cuatro principales de Japón.

En la calle fácil

La vida también es mejor en otras formas. En cada esquina hay un 7-Eleven o alguna tienda similar donde la gente joven puede comprar todo, desde artículos de papelería hasta cenas hechas (que pueden calentar y comer en el mismo lugar), hojear cómics, y comprar boletos para partidos de baseball. Aunque el rápido crecimiento económico es historia, aprecian que las condiciones de vida continúan siendo altas, y que la vida (aparte de la vivienda) es costeable. Rechazan la ropa de diseñador, y prefieren prendas de UNIQLO, una marca de bajo costo japonesa (que todavía no llega a México). El sueño no es tener un BMW o ir a esquiar, sino disfrutar un desierto –mientras sea lo suficientemente fotogénico como para publicarlo en Instagram–. La gente joven frecuentemente menciona sus teléfonos inteligentes cuando hablan sobre aquello que los hace felices. “Puedo buscar lo que sea, cuando sea, en donde sea,” dice Yuri a The Economist, una estudiante universitaria de 18 años.

La juventud japonesa, como la gente joven alrededor del mundo, toman menos y tienen menos sexo que cohortes anteriores de la misma edad. Tienen mucho menos posibilidades de ser sexualmente activos que sus contrapartes americanas. Alrededor del 40 por ciento de japoneses solteros siguen siendo vírgenes a los 34 años de edad.

Pero a poca gente joven en Japón parece molestarle. Los hombres japoneses suelen describir que el tener novia es mucho problema, porque las mujeres esperan que ellos paguen por todo y se comprometan emocionalmente. Las mujeres dicen que los hombres no son ambiciosos. Mayu Kase, una mujer soltera de 22 años de edad, dice que tener novio “sería algo bueno si sucede”. Pero, agrega, “No estoy desesperada.” Como cohortes precedentes de su edad, los jóvenes japoneses aún hablan sobre estar solos. Pero Noritoshi Furuichi, una socióloga, dice que los amigos aparentemente hacen más felices a los jóvenes que las parejas.

La sociedad japonesa aún está regida por reglas y convenciones elaboradas. Pero éstas se están volviendo más relajadas. Para algunos, esto es desorientante. “No hay un camino claro para nosotros, porque hay demasiadas opciones,” dice Rie Ihara, una chica de 25 años de la isla Shikoku, quien dice aspirar a una “vida estable y ordinaria”. Pero pocos envidian la estructura de la generación de sus padres. “Los hombres entonces no tenían otra opción más que ser animales económicos.” dice Saku Yanagawa, un comediante de 25 años de edad. Sho Yamazaki, un panadero de 28 años que recientemente abrió su propia compañía de catering en Tokio, ve al individualismo que se asoma en Japón como una cosa positiva para los jóvenes. “Podemos cumplir nuestros sueños,” él dice.

Aún esta ventaja viene con una nube gris. El señor Furuichi cree que una de las razones por las que la gente joven se está volviendo más satisfecha con sus vidas, es precisamente porque no tienen mucho que esperar del futuro. Se enfocan en disfrutar el presente. De acuerdo con una encuesta de 2013, solo  dos tercios de japoneses de 13 a 29 años de edad pensaban que serían felices cuando llegaran a los 40 años de edad, comparados con arriba del 80 por ciento en seis otros países desarrollados.

La juventud japonesa ciertamente enfrenta una inseguridad social mayor que generaciones precedentes. Los trabajos aún son relativamente sencillos de alcanzar, no menos porque la población está decreciendo. Sino que el sistema de empleo de por vida, alguna vez común, se está volviendo más raro. Una parte mucho más grande de los japoneses en edad de trabajar pueden esperar afanarse en trabajos de medio tiempo y no permanentes.

También es más probable que se les dificulte casarse y tener hijos, a pesar de que la vasta mayoría quiera ambos (El matrimonio sigue siendo la estructura familiar dominante en Japón y muy pocos niños nacen fuera de esta comunión.) La proporción de personas que no se han casado a la edad de 50 ha crecido de 5 por ciento de 1970 a 19 por ciento en 2015.

Los jóvenes están muy conscientes de la responsabilidad social y económica que tendrán que cargar. Los mayores de 65 ya son el 28 por ciento de la población, casi el doble de la proporción de gente entre los 15 y 29 años de edad. Se proyecta que para 2065 se eleven a casi 40 por ciento. El sistema de previsión social está sufriendo para mantenerse. Un estudio en 2015 por Dentsu, una compañía de publicidad, encontró que personas a finales de sus 20s se preocupaba más por su vida después de retirarse que por su empleo.

El señor Yaganawa, el comediante, se preocupa de que sus contemporáneos se están conformando con menos de lo que deberían.”La gente solo quiere una vida ordinaria aquí; se conforman”, dice. “Necesitamos estar más dispuestos a tomar riesgos y a ser desastrosos, especialmente cuando somos jóvenes”.

Yohei Harada del Centro de investigación de la juventud de Hakuhodo, una firma de publicidad, tiene una visión más positiva. Él llama a los jóvenes de hoy el satori sedai, o generación iluminada, significando que como Buddha, se han deshecho de aspiraciones ambiciosas y buscan la felicidad en las cosas simples. Puede que ellos sean verdaderamente el camino al nirvana.

 

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