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Castle Rock: la convergencia del universo de Stephen King

La televisión se encuentra a merced de todo menos de la originalidad. La etiqueta “basado en la obra de” ha atascado todas nuestras pantallas porque la audiencia cada vez busca más historias en forma de adaptaciones de productos que ya conocen porque los hace sentir seguros estar al tanto de su estructura, lo que significa tener un punto de partida para una crítica de acuerdo al nivel de complacencia que obtengan.

A su vez, buscan series o películas que aseguran continuaciones, inclusive de las maneras más improbables, ejemplo de ello son las series de DC/The CW conectadas a través del “arrowverse”, la conexión de The Walking Dead y Fear the Walking Dead o crossovers tan disparatados como Sadako vs. Kayako (una mezcla de El Aro y La Maldición) o la próxima secuela de Godzilla, en la que se topará con King Kong. Todo en afán de vender, tal vez careciendo de una premisa interesante qué contar.

Bajo esta tendencia es difícil pensar que haya una producción que destaque sobre las otras y sobretodo de su mismo universo. En una de las épocas más explotadas del trabajo de Stephen King, llega de la mano de J. J. Abrams la serie ‘Castle Rock’, la nueva serie de Hulu centrada en la ciudad ficticia creada por el escritor y muchas de sus obras que transcurren en ella.

La trama se centra en Henry Deaver (André Holland), un joven abogado que regresa al pueblo cuando un misterioso “chico” (Bill Skasgård) menciona su nombre después de haber sido encontrado cautivo en una celda especial dentro de la prisión de Shawshank. Esto dará pauta a que Deaver siga destramando su pasado, en el que de niño despareció once días mientras que su padre sufrió un intento de asesinato.

El punto a favor de la serie es que sus creadores, Sam Shaw y Dustin Thomanson, diseñaron una historia independiente que tomara como ramificaciones la mitología de King. Existen abundantes easter eggs y múltiples personajes que interactúan con los protagónicos, destacando a Jane Levy como Jackie Torrance (cuya interpretación hace que el fanático obsesionado perdone el cambio de género) y a Scott Glenn como Alan Pangborn (personaje de novelas como The Dark Half o Needful Things).

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En cuanto a los actores principales, las actuaciones tanto de André Holland como de Bill Skasgård (quien fuera Pennywise en la reciente adaptación de It) entregan personajes cumplidores pero no destacables. Es increíble que Melanie Lynskey, quien tiene una gran trayectoria dentro de la televisión con proyectos como Two and a Half Men o Girlboss y que cada vez ha logrado tener más protagonismo dentro de sus trabajos, siempre tenga el mismo tono actoral monótono, haciéndonos ver una vez más a la actriz y no al personaje.

Lo que le da agilidad a sus actuaciones son sus respectivas líneas argumentales, las cuales buscan llenar de contexto a nuestros personajes durante, al menos, los primeros cuatro episodios. Esto hace que la serie se sienta lenta, puesto que los momentos álgidos no son tan relevantes, tal vez preparándonos para una posible segunda temporada.

Evidentemente, el factor que pesa en la producción de Castle Rock son los nombres de Stephen King y J.J. Abrams, mismos que tumban el avance de la serie. Como público las expectativas son altas, buscas una producción al nivel narrativo de historias que atrapan como la de Lost o Misery, ya en uno de los mejores casos como Super 8; sin embargo, el suspenso se prolonga demasiado lo que podría dilatar el interés del televidente hasta que sea nulo.

Otro de los nombres que también resalta bastante es el del director Michael Uppendahl, quien ha estado encargado de otros proyectos de la misma índole como American Horror Story y Legion, dejando claro que el problema recae en el guion. A su vez el director de los primeros cuatro episodios y los respectivos fotógrafos de la serie no traen una propuesta visual concreta más allá de los tonos fríos y poco saturados, dejando la imagen en otra simple película de horror.

En conclusión, es normal ser severos con Castle Rock: si fuera una serie cuya trama no dependiera de uno de los universos literarios más populares de nuestra actualidad, estaríamos frente a una propuesta decente a la que no se le puede exigir más que entretenimiento. Sin embargo, el primer intento del “Kingverse” no es tan prometedor como lo planteaban, más si tomamos en cuenta el reciente trabajo de Andrés Muschietti con It o series medianas pero concisas como Mr. Mercedes.

Las referencias a libros como Cujo, The Green Mile, Carrie o Pet Sematary alientan al lector fanático a seguir viéndola, por otro lado el espectador necesitará que el jumpscare detone rápido porque el drama dentro del pueblo ficticio de Maine no es suficiente.

Dark. No todo es blanco o negro

A lo largo de la historia de la humanidad, han sido diversos los caminos del pensamiento con los que anhelamos la posibilidad de explicar el propósito de nuestra estancia en la tierra, para no aceptar que solamente somos una serie de acontecimientos de repetición mediante los cuales hemos construido una inimaginable civilización. Bajo ésta idea reflexiva de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, es como la serie ‘Dark’ de Netflix, va construyendo un interesante ejercicio narrativo. 

El tiempo, la ciencia ficción y la desaparición de niños en el poblado de Windem logra cautivar al auditorio amante de historias que no solo contribuyen a la satisfacción del entretenimiento, sino que también activan la exploración de una de las obsesiones del la humanidad por explicar que somos y si fuera poco con la posibilidad de controlarlo todo.

Si quisiéramos representar con números a ‘Dark’; los años 2019/1986/1953 son claves y el 33 que no solo corresponde a la edad de vida y muerte de Jesús, sino también cada treinta y tres años se sincroniza el sol y la luna y la misma cantidad de los que están en el paraíso, entre otros sucesos relacionados con esa dualidad de números tres, son la distancia en años que da sentido al futuro, el pasado y el presente en este poblado alemán.

Esta reciente entrega de la televisión streaming de nuestro futuro/presente, es una creación totalmente alemana de Baran bo Odar y Jantje Friese y bajo la dirección de Nikolaus Summerer, la cual liberó los 10 episodios de su primera temporada, el pasado 1 de diciembre de 2017 y que a finales del mismo mes se anunció el rodaje de la segunda temporada para 2018.

‘Dark’, deja muy claro que los matices entre la luz y la oscuridad son los que enriquecen las posibles explicaciones de esta historia que entrelaza a cuatro familias, donde la causa y el efecto son llevados al análisis minucioso, que los capítulos 7 y 8 son sustanciales, y que en uno de ellos el personaje clave Noah declara “cualquier decisión a favor de algo es en contra de otra cosa”, una afirmación tan cotidiana a la que generalmente hacemos caso omiso de sus repercusiones.

Esta serie enmarcada en el drama de suspenso/sobrenatural, sin duda esta meticulosamente confeccionado por lo menos para esta su primera temporada, lo que nos recuerda aquel maravilloso encuentro con ‘Lost’ de J.J. Abrahams a la mitad de la primera década de esta centuria y de lo cual esperamos, no concluya de la misma manera.

‘Dark’ también utiliza el símbolo de origen Indoeuropeo llamado Triqueta, el cual fue usado en distintos sentidos de trinomio en las culturas celtas, vikingas y romanas y que también funciona para afirmar la importancia del argumento con el juego de lo tríptico; el pasado, el presente y el futuro, la vida, la muerte y el renacimiento, la obscuridad, el gris y la luz.

La serie Dark, en realidad no ofrece un argumento novedoso, pero si una formula que engancha, acompañada de excelentes actuaciones, laberintos narrativos temporales, cruces y convergencias de personajes y extraordinarios score y soundtrack: todo ello con la finalidad de abordar por lo menos dos de las obsesiones de la humanidad; el viaje en tiempo y la posibilidad de cambiar, alterar nuestro destino/futuro una vez que lo conocemos.

‘Westworld’, salvaje oeste 2.0

 

Justo cuando los parámetros de la televisión estaban cambiando después de encontrarnos con ‘Los Soprano’ y ‘Twin Peaks’ apareció otro elementto en el panorama con la casa productora Bad Robot. Entre ‘Alias’, ‘Lost’ y ‘Fringe’ notamos que la forma de contar historias estaba cambiando con la inclusión de J. J. Abrams, pronto no dejamos de escuchar su nombre y lo seguimos de cerca hasta que decidió aproximarse más al cine con ‘Super 8’ e involucrarse con las franquicias de Star Wars y Star Trek, tal vez por eso hemos desviado también nuestra atención al mencionarlo en la nueva serie de HBO, ‘Westworld’. Volvamos al inicio, saltándonos al productor, vamoos hacia los que están involucrados directamente en el proyecto.

 

En la misma época que apareció Bad Robot, Jonathan Nolan le entregó a su hermano el cuento ‘Memento Mori’, que pronto se convertiría en una larga historia de memorias, tatuajes y recuerdos no muy claros que ya va para culto dentro de la cinematografía del nuevo siglo. Con ‘Memento’, llegaron otros proyectos al lado de Christopher Nolan, co-escribiendo la adaptación al cine del libro ‘The Prestige’, además de los guiones que lograron darle a Batman una pespectiva más madura, no cabe duda que después de ‘The Dark Knight’ y ‘The Dark Knight Rises’ las pelicómics no lograron volver a los matices simplones de décadas anteriores.

 

 

Después de la confusión de proporciones cósmicas que fue ‘Interstellar’, en la que nuevamente colaboró en el guión con su hermano Christopher, nos encontramos con Jonathan Nolan en ‘Westworld’, un proyecto en el que empieza su proyección como director y escritor, recreando una película de 1973 que ya desafiaba las leyes de la robótica con una premisa que nos entusiasmo nuevamente en ‘Ex Machina’: la perfección de la inteligencia artificial llega cuando se adquiere la capacidad de mentir.

 

Teniendo en cuenta que ya es necesario un sustituto de ‘Juego de Tronos’ y la manera en que escribe Jonathan Nolan nos mantendrá en giros inesperados y revelaciones que mantendrám la tensión en la historia, vemos renovada la trama creada por Michael Crichton, donde eramos introducidos al parque de atracciones perfecto, sus visitantes podían tener una experiencia increíblemente realista del salvaje oeste, el imperio romano y la Europa medieval, teniendo licencia para asesinar, acostarse o convertirse en otra persona sin ninguna consecuencia, el entorno de catarsis que siempre termina mal.

 

 

En ‘Westworld’, la nueva versión, el error humano no es importante, sino el error de actualización de software que en el contexto del salvaje oeste, donde vemos reproducidos todos los lugares comunes y la idea de que los visitantes siempre tienen las de ganar, el malfuncionamiento de los robots de forma sistemática expone la posibilidad de encontrar villanos implacables e inexpresivos, que originalmente eran descartables y moldeados a partir de un universo limitado, que repentinamente podría expandirse a la realidad. Descubrir que tienen una memoria residual fuera del guión establecido por el parque, es lo que brindará los mayores momentos de tensión en la nueva serie de HBO.

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