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Banda Sonora 101 – Ian Curtis

Atribulado, sombrío, intenso, depresivo, epiléptico, el vocalista de Joy Division se colgó de un perchero a los 23 años. Ian Curtis dejó en este mundo a esposa, hija, amante y banda, pero también un legado musical que se instaló como referente del post punk británico de finales de los 70.

Su herencia, compacta y poderosa, sigue influyendo en el sonido de incontables bandas en todo el mundo. Y sin duda lo seguirá haciendo. CONTROL, la película biográfica sobre Ian Curtis realizada por el fotógrafo holandés Anton Corbijn, lo lanzó a un nivel superior en la dimensión de los iconos culturales.

MUERTE

Mayo de 1980 / Inglaterra

Martes 20 / Cementerio de Macclesfield, noroeste de Inglaterra, cerca de Manchester.

En la lápida de Ian Curtis reza el siguiente epitafio: “Love Will Tear Us Apart”. Deborah Woodruff, viuda de Curtis, pidió que se inscribiera el nombre de esta canción en la piedra sin importarle que la letra se refiriera a la infidelidad de Ian y a la desintegración de su matrimonio. Ian se suicidó en las primeras horas del domingo 18 de mayo, a la edad de 23 años, precisamente cuando Joy Division estaba a punto de iniciar su primera gira por Estados Unidos y preparaba el lanzamiento de Closer, su segundo álbum de estudio.

Lunes 19 /  Espectro radiofónico, Inglaterra.

John Peel, locutor de Radio 1, informa: “Malas noticias muchachos, Ian Curtis, de Joy Division, ha muerto”. Como homenaje, programa una pieza emblemática del grupo: Atmosphere. En la televisión y los medios impresos, no obstante la popularidad de la banda en la llamada escena Manchester, la muerte de Curtis pasa inadvertida. Un tema domina en la prensa británica: Margaret Tatcher recién cumplió un año de gobernar con mano dura en Inglaterra. Por su parte, los miembros de Joy Division deciden disolver el grupo y cancelar la gira estadounidense.

Domingo 18 / Barton Street número 77, Macclesfield.

El álbum The Idiot, de Iggy Pop, gira en el tocadiscos cuando Deborah entra a su casa y descubre el cuerpo de Ian colgado de un perchero en la cocina. En la mesa descansa una carta de despedida. Minutos después, el baterista del grupo, Stephen Morris, recibe una llamada del bajista Peter Hook: “Ian. Al final lo ha hecho”. “¿No se habrá intentado suicidar de nuevo?”, pregunta Morris. “No”, remata Hook, “de hecho lo ha logrado” (Semanas antes, Ian intentó matarse con una sobredosis de fenobarbital, medicamento que tomaba para la epilepsia).

Sábado 17 / Blackpool, Lancashire, costa noroeste de Inglaterra.

Bernard Sumner, guitarrista de Joy Division, se pregunta por qué diablos Ian decidió no viajar con él a Blackpool para hacer esquí acuático. El viernes por la tarde, cuando el grupo regresaba a Macclesfield, Ian pidió que lo dejaran en el Amigos, un restaurante mexicano que solían frecuentar. “Seguramente está crudo”, piensa Sumner, aunque un mal presentimiento enturbia su optimismo: sabe que Ian atraviesa un mal momento; la relación con su amante, la belga Annik Honoré, le provoca sentimientos de culpa y los ataques epilépticos son cada vez más frecuentes. Hoy, Ian está especialmente angustiado por el deterioro de su salud y deprimido por la crisis conyugal.

Sábado 17 / Barton Street número 77, Macclesfield.

Ian Curtis prende el televisor y se tumba a ver STROSZEK, de Werner Herzog, un drama sobre tres parias berlineses que emigran a EU en busca del sueño americano. Hacia el final de la película, Bruno Strozek, el personaje principal, se suicida. Esta noche, Natalie, hija del matrimonio Curtis, que había cumplido 13 meses de nacida, duerme en casa de sus abuelos maternos, mientras Deborah cumple sus horas de trabajo en un bar. A estas alturas, sabe que Ian le es infiel y quiere el divorcio. De hecho, hace tiempo que Ian no pasa las noches en la casa de Barton Street, por lo que Deborah se muestra sorprendida cuando lo encuentra en casa al regresar del trabajo. Discuten fuerte y ella se va a dormir donde sus padres. Ian saca el disco The Idiot, lo coloca en la tornamesa, sube el volumen y comienza a escribir las últimas letras de su vida.

Legado (y otras sustancias)

La muerte de Ian Curtis marcó el fin de Joy Division. Poco después, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris formaron el grupo New Order. En el verano de 1980, “Love Will Tear Us Apart” alcanzó el número 13 de las listas británicas. En poco más de tres años de vida (en un principio se llamaron Warsaw), Joy Division grabó dos álbumes de estudio, ambos producidos por Martin “Zero” Hannett y respaldados por el sello Factory Records: Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980), lanzado dos meses después de la muerte de Curtis. Su última presentación en vivo ocurrió el viernes 2 de mayo de 1980, en el City Hall de la Universidad de Birmingham.

REGRESO

Mayo de 2007, Cannes, Francia

CONTROL

El viernes 18 de mayo de 2007, en el marco de la sección Directors Fortnight de la Quincena de los Realizadores del festival de Cannes y exactamente 27 años después de la muerte de Curtis, el fotógrafo y director de videos musicales Anton Corbijn presentó CONTROL, filme biográfico sobre Ian Curtis basado en el libro autobiográfico de Deborah Woodruff, Touching From a Distance, y estelarizado por Sam Riley y Samantha Morton.

El estreno de CONTROL fue nota a escala mundial; incluso en Inglaterra se escribió y habló mucho más de ella que de la rumana 4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS, ganadora de la Palma de Oro. Salvo por contadas excepciones, la crítica especializada aplaudió el filme de Corbijn y le auguró un buen futuro comercial, mientras que el jurado del festival le otorgó el Premio de la juventud.

Blanco y negro

En 1979, Anton Corbijn dejó su natal Holanda para instalarse en Inglaterra. En más de tres décadas, Corbijn ha retratado a cientos de artistas, la mayoría vinculados al mundo de la música, y realizado decenas de videos musicales. Se le considera un maestro del monocroma y el alto contraste en blanco y negro. Una de sus fotografías más famosas es un retrato de Ian Curtis que hizo a principios de 1980.

Horas antes de la premiere en Cannes, en entrevista con un canal de televisión europeo –disponible en YouTube–, Anton Corbijn (se pronuncia Corbain), fanático irredento de Joy Division, recordó el día que retrató a Curtis:

Fue unas semanas antes de su muerte. Legué a Inglaterra a finales de 1979 y al poco tiempo les expresé (a Joy Division) mi deseo de fotografiarlos. Casi no hablamos, yo era muy tímido y no dominaba el inglés, así que ni siquiera estrechamos las manos. La famosa foto de Ian se tomó en un túnel, en el momento en que se da la vuelta. Al principio nadie la quiso, pero dos semanas después de su muerte fue portada de la revista New Musical Express. Así se convirtió en objeto de culto. Es una imagen que muestra a un hombre que avanza hacia lo desconocido”.

En un momento de la entrevista, el reportero pregunta si el hecho de que CONTROL sea una película en blanco y negro representa una limitante comercial. Corbijn responde: “No es una película realizada con fines comerciales. El asunto es que todos mis recuerdos de la época (finales de los setenta), y en particular de Ian Curtis, son en blanco y negro”.

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Biopic

La producción de CONTROL costó alrededor de 9 millones de euros, de los cuales la mitad salieron del bolsillo de Corbijn. El rodaje se realizó en seis semanas, entre el 10 de julio y el 26 de agosto de 2006, en locaciones de Nottingham y Macclesfield, Inglaterra. “Actualmente”, dijo Corbijn al diario The Guardian, “Nottingham se parece más al Manchester de finales de los setentas que el propio Manchester.”

A diferencia de 24 HOUR PARTY PEOPLE (2002), película de ficción de Michael Winterbottom sobre Tony Wilson del sello Factory Records y la escena Manchester, CONTROL es un filme que se centra en Ian Curtis. La historia inicia en 1973 en Macclesfield, con un Curtis de 17 años enamorado de Deborah y fan de David Bowie, y concluye con el suicidio siete años después. En el ínterin, Corbijn repasa los días de juventud de Ian desde una óptica intimista y con la llamada escena Manchester como telón de fondo.

Un dato interesante es que los actores interpretaron las canciones de Joy Division que se escuchan en la pista sonora. “Ensayaron mucho y se volvieron muy buenos”, dijo Corbijn al diario francés Le Monde. “La música de Joy Division no es muy compleja… hubiera sido un problema si se tratara de Pink Floyd, pero no fue el caso”. Además, explicó Corbijn, “en todo momento contamos con el apoyo y respaldo de Peter Hook, Bernard Sumner y Stephen Morris (ex integrantes Joy Division)”. De hecho, agregó el director, “Sam Riley (Ian Curtis) lo hace muy bien como cantante, ya que es vocalista de una banda llamada 10,000 Things.”

Control

Dirección: Anton Corbijn

Guión: Matt Greenhalgh, basado en el libro Touching From a Distance, de Deborah Curtis

Con: Sam Riley (Ian Curtis), Samantha Morton (Deborah Curtis), Joe Anderson (Peter Hook), James A. Pearson (Bernard Summer), Harry Treadaway (Stephen Morris), Craig Parkinson (Tony Wilson), Alexandra Maria Lara (Annik Honoré) y Ben Naylor (Martin Hannett).

Banda Sonora 101: Cine y rock en los 80

Continuamos con los festejos por el aniversario de Rock 101, así que en esta ocasión nos vamos a echar un clavado a los 80, periodo del cual seleccionamos un grupo de 20 películas con bandas sonoras emblemáticas y que de algún modo se convirtieron en referentes de esa década.

Esta selección, lo aclaro desde el principio, no pretende ser una compilación de “lo mejor del cine rock de los 80.” Simplemente es un grupo de películas de diversa calidad pero que tienen un elemento en común: grandes bandas sonoras.

En esta curaduría de soundtracks ochenteros conviven David Bowie, Vangelis, Pink Floyd, Stewart Copeland, Talking Heads, Iggy Pop, Prince, Peter Gabriel, The Cure, Los Lobos, el gran Ennio Morricone y hasta el Dúo Dinámico.

Aquí la selección:

CHRISTIANE F (1981)
El cineasta alemán Uli Edel tiene dos películas memorables: CHRTISTIANE F (1981), sobre la adicción a las drogas duras de una jovencita en Berlín y con la participación de David Bowie en la banda sonora, y LA BANDA BAADER MEINHOF (2008), sobre el grupo terrorista epónimo y la cual también cuenta con música de altos vuelos. En CHRISTIANE F hay una secuencia memorable en la que la protagonista asiste a un concierto en el que David Bowie canta en vivo y completa “Station to Station”.

 

BLADE RUNNER (1982)
Dirigida por Ridley Scott, BLADE RUNNER se estrenó el 7 de septiembre de 1982 en el festival italiano de Venecia. Brillante adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, esta película marcó, como lo hizo en su momento 2001: ODISEA DEL ESPACIO de Kubrick, un antes y un después en el cine de ciencia ficción. La música original es obra del griego Vangelis. Una película inmortal con una gran banda sonora.

 

PINK FLOYD THE WALL (1982)
PINK FLOYD THE WALL (1982) es un clásico indiscutible del cine-rock y un referente obligado de principios de los 80. Dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof (Mr. Pink), esta película lleva al lenguaje cinematográfico la obra musical concebida por el master Roger Waters y compañía. Es uno de los pocos casos en la historia del cine que la música original antecede a la película, ya que el filme parte del álbum The Wall, publicado en noviembre de 1979. Las secuencias de animación son obra del ilustrador Gerald Scarfe y Roger Waters. La música lo es todo.

 

RUMBLE FISH (1983)
Pequeña gran obra maestra de Francis Ford Coppola, RUMBLE FISH se estrenó el 7 de octubre de 1983 en el festival de Nueva York. La protagonizan Mickey Rourke (The Motorcycle Boy), Matt Dillon (Rusty James) y Diane Lane (Patty), y la música original es obra de Stewart Copeland, entonces baterista de The Police, hoy un consagrado compositor de música para cine que ha trabajado en decenas de películas. Sin duda ésta es una de mis películas favoritas del gran Francis Ford Coppola, autor de clásicos como la trilogía EL PADRINO, APOCALIPSIS AHORA, DRÁCULA… También ese año Richard Loncraine hizo una adaptación de Brimston & Treacle con música original de The Police y con Sting como protagonista.

 

STOP MAKING SENSE (1984)
Tal vez el único cineasta que ha logrado competir con el maestro Scorsese en materia de conciertos en vivo es Jonathan Demme en el clásico STOP MAKING SENSE (1984). Mediante un manejo de cámaras perfectamente coordinado, Demme logró captar a los Talking Heads, y en particular al líder de la banda, David Byrne, en uno de sus mejores momentos: una serie de tres conciertos en diciembre de 1983 en el teatro Pantages, en Hollywood. La banda sonora de esta película-concierto es una maravilla.

 

REPO MAN (1984)
Una película bien extraña dirigida por Alex Cox con Emilio Estévez y Harry Dean Stanton como protagonistas. La historia es ésta: Otto, un joven punk que acaba de perder su trabajo, se vuelve un repo man o recuperador de autos robados. De pronto se ve implicado en una investigación del gobierno gringo sobre una sustancia extraterrestre que provoca extraños efectos a quienes la observan. La banda sonora es una joya del punk con rolas de Iggy Pop, Black Flag, Suicidal Tendencies, The Plugz, Circle Jerks. La secuencia inicial de créditos, con “Repo Man” de Iggy Pop, es un gran momento del rock en el cine.

 

ONCE UPON A TIME IN AMERICA (1984)
ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA es una de las películas sobre mafiosos que más me gustan. Dirigida por el italiano Sergio Leone y protagonizada por Robert DeNiro y James Woods, se estrenó el 20 de mayo de 1984 en Cannes. Retrato de la vida de un grupo de mafiosos judíos en Nueva York, esta película cuenta con una banda sonora impresionante, obra del genio Ennio Morricone y que nada tiene que ver con el rock. Un portento de la década de los 80.

 

PURPLE RAIN (1984).
Es posible decir que PURPLE RAIN (1984) es una heredera del cine rocanrolero de los años 50 del siglo pasado, época en la que algunos avispados productores de cine hicieron grandes negocios llevando a los ídolos musicales del momento a la pantalla grande. Ejemplo: Elvis Presley. Dirigida por Albert Magnoli, PURPLE RAIN no es una obra de arte del cine ochentero ni la actuación de Prince mereció el Oscar, pero lo cierto es que la música y el diseño de producción de esta película son un referentes claros de la década de los 80.

 

PARIS, TEXAS (1984)
Wim Wenders ganó la Palma de Oro en Cannes en 1984 por PARIS, TEXAS. Un hombre camina por el desierto de Texas sin recordar quién es. Su hermano lo busca e intenta que recuerde cómo era su vida cuatro años antes, cuando abandonó a su mujer y a su hijo. A medida que va recuperando la memoria y se relaciona con personas de su pasado, se plantea la necesidad de rehacer su vida. La música original es obra de Ry Cooder.

 

THIS IS SPINAL TAP (1984)
Realizado por Rob Reiner en 1984, THIS IS SPINAL TAP es un falso rockumental al que se le rinde culto desde su estreno. Se trata de una hilarante parodia sobre la desastrosa gira americana de los británicos SPINAL TAP, una falsa banda de heavy metal en decadencia que tiene la fama de ser la más ruidosa de Inglaterra. Este filme se burla de todas las costumbres, poses, bobadas y ridiculeces del mundo del rock.

 

FOOTLOOSE (1984)
FOOTLOOSE, realizada por Herbert Ross en 1984, es una película sobre y para jóvenes que cuenta la siguiente historia: Un estricto pastor prohíbe que se baile en un pueblo del medio oeste de EE. UU. Un joven (Kevin Bacon), amante de la música y el baile, decide hacer algo al respecto y de pasada enamora a la hija del pastor. Ja. Todo un éxito de los años 80, con una banda sonora de pies sueltos.

 

PELOTÓN (1986)
PELOTÓN (1986) es la primera entrega de la trilogía de Oliver Stone sobre Vietnam, la cual se completa con NACIDO EL 4 DE JULIO (1989) y EL CIELO Y LA TIERRA (1993). Se trata de una potente película antibélica sobre las andanzas de un pelotón del ejército de EE. UU. durante la guerra de Vietnam. En la banda sonora: The Doors, Smokey Robinson, Jefferson Airplane, Otis Redding…

 

BLUE VELVET (1986)
Realizada por David Lynch en 1986, BLUE VELVET es un thriller desorbitado y fantasmal que se convirtió de inmediato en un filme de culto. Lynch, desde sus primeras películas, demostró ser un cineasta de ruptura que se mueve con total naturalidad en el mundo de lo onírico. En su libro de memorias LINTERNA MÁGICA, el sueco Ingmar Bergman escribió: “cuando el cine no es documento, es sueño.” Pensemos en las películas de Buñuel, Kurosawa y Tarkovsky, por mencionar a tres de los grandes soñadores de la historia del cine. El caso es que Lynch es un cineasta que se mueve como pez en el agua en el mundo de los sueños y que al mismo tiempo ha profundizado en los rincones más oscuros de la naturaleza humana. BLUE VELVET o TERCIOPELO AZUL es una película que vuela en el sentido figurado y cuya música original es obra de Angelo Badalamenti. Comparto una escena en la que Roy Orbison canta en directo “In Dreams”.

 

FULL METAL JACKET (1987)
El cine de la segunda mitad del Siglo XX sería otro sin la obra de Stanley Kubrick. FULL METAL JACKET es una gran película bélica antibélica sobre un grupo de reclutas que se prepara, bajo las órdenes del psicópata e inmisericorde sargento Hartman, para ir a la guerra de Vietnam. Un poderoso alegato en contra de la violencia y la milicia. La música original es de Vivian Kubrick y el soundtrack trae piezas de The Dixie Cups, Nancy Sinatra, The Trashmen y Goldman Band.

 

THE CURE IN ORANGE (1987)
Los días 8, 9 y 10 de agosto de 1986, The Cure se presentó en el Teatro Naranja de Valcouse, Francia. Estos conciertos fueron filmados por el cineasta Tim Pope, quien a partir de ese extraordinario material armó una película-concierto fundamental del cine rock de los 80: THE CURE IN ORANGE (1987).

 

LAS ALAS DEL DESEO (1987)
Por LAS ALAS DEL DESEO Wim Wenders ganó el premio a mejor director en Cannes 1987. Una película portentosa sobre ángeles en Berlín con una banda sonora tan brillante como compleja, que incluye a Nick Cave & The Bad Seeds, Crime & The City Solution, Laurie Anderson, Tuxedomoon… Hay una secuencia inmortal en la que Nick Cave canta “The Carny” y luego “From Her To Eternity” mientras el ángel Cassiel le brinda consuelo.

 

LA BAMBA (1987)
Realizada por Luis Valdez en 1987, LA BAMBA es un filme biográfico sobre Ritchie Valens, una joven promesa del rocanrol latino que murió en un accidente aéreo a los 17 años. La banda sonora incluye música original de Carlos Santana y el soundtrack trae versiones de rolas del repertorio de Valens por Los Lobos, más dos piezas de Bo Diddley y Brian Setzer.

 

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO (1988)
Martin Scorsese es uno de los mejores directores de cine en activo. Su trayectoria como realizador es impresionante y su buen gusto musical es evidente a lo largo de toda su filmografía. En 1988 encargó a Peter Gabriel la música original de la polémica película LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO (1988).

 

¡ÁTAME! (1989)
Dirigida por Pedro Almodóvar, ¡ÁTAME! tuvo su premier mundial el 12 de diciembre de 1989 en Madrid y de ahí brincó a Berlín en febrero, donde inició un exitoso recorrido por varios festivales internacionales. La lista de premios es larga. Con Victoria Abril, Antonio Banderas y Loles León en los estelares, ¡ÁTAME! cuenta la historia del secuestro de una actriz porno por parte de un admirador medio chiflado pero en realidad inofensivo. Inmortal la escena cuando los tres protagonistas cantan “Resistiré” del Dúo Dinámico.

 

DO THE RIGHT THING (1989).
Spike Lee es uno de los directores afroamericanos más influyentes y talentosos. En 1989 hizo una de sus mejores películas, DO THE RIGHT THING, y escena en la que suena Fight the Power, de Public Enemy, es una locura.

 

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Banda Sonora 101: Rápidas y furiosas, el cine-punk

En los primeros siete programas de @BandaSonora101 hicimos un recorrido por la historia del cine-rock, desde su génesis en 1955 hasta las producciones más recientes de 2017 y 2018. Así que hemos viajado a lo largo de más de seis décadas por la historia del cine-rock y hemos hablado de unas 150 películas del género. Una vez realizado este repaso histórico, en @BandaSonora101 haremos programas temáticos y en esta ocasión toca el turno al cine-punk, subgénero del cual hemos seleccionado 16 películas emblemáticas, divididas en dos grupos: 8 documentales y 8 ficciones.

A esta curaduría de 16 películas punketas le hemos llamado “Rápidas y furiosas: punk en el cine.”

 

DOCUMENTALES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FICCIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Shame – ‘Songs Of Praise’

Días antes de estas pérdidas en el universo sonoro, salía al mercado en el Reino Unido el debut de un puñado de chamacos del sur de Londres conocidos precisamente como Shame. Sin tanta sorpresa porque este combo ya se había ganado un nombre tiempo antes gracias a su actitud sucia, pretenciosa y despreocupada. Llamados a ser los nuevos salvadores del rock en la isla, cosa que a los ingleses les encanta hacer cada que sale un grupo nuevo y amenaza con conquistar el mundo.

Pasaron los primeros meses del año y bastantes cosas sucedieron musicalmente, principalmente aquellas por las que sentimos pena y tristeza debido al deceso de personajes que influyeron directa e indirectamente en el camino de la música. Y sí, es una pena la repentina partida de Dolores O´Riordan por todo lo que conlleva y los recuerdos que resaltan en la mente cada que un músico y figura pública de talla popular, se nos adelanta. Sin embargo, también es una pena que personalmente el mejor recuerdo de Dolores y los Cranberries sea la versión a ‘Zombie’, de cuando jugábamos a ser rockers. Gaby (la chica que se aventaba las voces) la verdad lo hacía muy bien y se notaba que sentía la rola hasta lo más profundo.

Días después, también parte a mejor lugar Mark E. Smith, fundador, líder y una de las principales figuras del nacimiento del post punk a finales de los setenta. Con The Fall, Mark creó una escuela junto a otros artistas contemporáneos que bajo el estatus de ‘Culto’ han sido los cimientos de un sonido que a través de las décadas ha ido recibiendo mayor homenaje y reconocimiento. Por eso también es una pena que así como el año pasado escuchamos Soundgarden y Cornell hasta el hastío, ahora ‘Linger’, ‘Zombie’ y ‘Salvation’ suenen hasta en las bocinas de la entrada del Waldo´s. Pero un tema de The Fall o los timelines del Face y Twitter no lleven el tren del lamento por Mark y The Fall.

Al principio compramos la idea y se convirtió en el primer álbum que obtuvimos y escuchamos de este año, convirtiéndose en una grata sorpresa y de inmediato se sintió esa adrenalina oscura que daba el toque pendenciero de unos tipos que reclaman algo entre la existencia, la política y la crítica.

El título del disco surge gracias a un programa local de televisión y ellos tratan de ironizar la verdadera intención del show con lo que según ellos es la realidad, y su líder y vocalista Charlie Steen muchas veces nos dice que lo que hace verdaderamente no le pesa ni le acongoja si es bien recibido o no. En temas como ‘The Lick’ donde nos recuerda a los spoken words de Iggy Pop o Henry Rollins, Steen ruge y da la bienvenida a su dulce desorden. Casi todos los cortes del disco ya se conocían y muy poco es lo realmente nuevo, solamente ‘One Rizla´ que funciono como el track de avance y que es el más melódico y pop de todos, aun así, la letra reclama algo que interiormente Charlie trae y de nuevo se pone a la defensiva tratando de mostrar su desinterés social.

La cuestión musical tiene un poco de todo lo que con el paso de los años, el britrock ha ido tomando. Influencias de cada década combinadas con armonías y actitud rebelde que ha logrado que la crítica deposite su esperanza en que por fin regrese una generación de autentico rock ‘n’ roll.

Si The Fall es la primer y principal influencia en el sonido de Shame, también encontramos pasajes de Happy Mondays, The Cure, Joy Division y hasta Oasis. Además de que se presume que en directo también son un trancazo.

Todo el recorrido es atractivo y como lo hemos recalcado anteriormente, poder escuchar un disco completo ya habla mucho del trabajo del artista. Destacamos ‘Gold Hole’, ‘Friction’, ‘Dust on Trail’ y ‘Concrete’. Sin embargo, cada canción tiene algo que la identifica gracias a los arreglos y la producción. A ver que nos dice el tiempo sobre la respuesta hacia Shame y no se vuelve en otro intento de regresar al rock puro y desparecer siendo más una pena que una gloria.

#SonicArsenal – Sleeveface, la Ilusión y broma

Justo cuando pensábamos que las fundas de los discos se convertirían en algo obsoleto y un recuerdo de muchos momentos musicales, un fenómeno viral en le dio nueva vida a esos objetos de arte. El sleeveface se estableció como una broma, un exceso de creatividad, un costo de oportunidad y uno de los movimientos más populares de las redes sociales.

Existen comunidades en Facebook y Flickr dedicadas al arte del sleeveface, una forma de integración de lo visual con lo real que se expandió rápidamente y que le dio un nuevo sentido a esos símbolos de una época análoga y llena de contemplación. Cientos de fotografías y múltiples galerías digitales muestran a los discos de vinilo como parte de una tendencia, donde la unificación entre el arte y su acérrimo fan niegan completamente la extinción del arte de portada.

El momento preciso en que nació el concepto se desconoce, sin embargo los culpables de que el sleeveface se haya convertido en un fenómeno viral fueron los DJs Carl Morris y John Rostron, que en un momento de extremo aburrimiento en un club de Cardiff tomaron el disco ‘McCartney II’ de Paul McCartney para esconder sus caras del público. Después de Morris y Rostron múltiples DJs del Reino Unido empezaron a repetir el truco en sus presentaciones con fundas de la dimensión correcta, aunque otros adoptaron portadas de cómicas proporciones para agregar un toque irónico a ‘Cat Scratch Fever’ de Ted Nugent, ‘Lust for Life’ de Iggy Pop y ‘Clouds’ de Joni Mitchell.

 

 

No fue algo planeado, pero el resultado fue una escena hilarante que obligó a Morris y Rostron a buscar más caras en su colección de discos. Después de muchas bromas entre amigos, colocaron su primer sleeveface en waxidermy.com a principios del 2006. La imagen mostraba a dos personas saludándose, una de ellas ocultaba su rostro con un álbum de Johnny Mathis. La broma pronto se expandió a través de Internet, adquirió el nombre de sleeveface, se convirtió en un sitio oficial, material en YouTube, un libro, comunidades en Facebook y Flickr con más de 5.000 miembros de diversas nacionalidades, y una exhibición en una galería de Londres.

El sleeveface no sólo se trata de grandes fotos, inmediatamente te das cuenta que hay una gran broma detrás. Algunas veces la broma es lo que la persona hace –un hombre portando una cara de Liberace mientras cocina vistiendo únicamente un saco, boxers y zapatos, una cara de Elvis Costello aspirando, un David Bowie trabajando concentrado frente a una computadora, un Rod Stewart con cuerpo de mujer o un Prince con senos.

 

 

Los miles de ilusionistas han experimentado con el medio – fotografiando caras, puños o extremidades, jugando con géneros, vestuario, proporciones, locaciones y retratos de grupos. Algunos han intentado utilizar las fundas y los booklets de los CDs para verse más intelectuales, mientras que otros han creado un subgénero llamado sleeverotica con las bocas, torsos y glúteos de ciertas cubiertas. Entre más creativa y detallada sea la foto mejor, lo único que importa es la forma en que el arte y la realidad crean una ilusión. De cualquier forma, los resultados frecuentemente son impresionantes.

 

 

La gente tal vez ha hecho esto por años, sin embargo ese extraño y fácil acto parece cobrar importancia en estos momentos, obviamente es algo que no puedes hacer con los MP3s y downloads, el sleeveface exige tener una amplia colección de discos y un gran ojo para montar toda una escena, es necesario el arte del disco para llevarlo a cabo. Y aunque no podemos asegurar que el sleeveface salvará al arte del disco, al menos podemos pensar que miles de personas intentan mezclarse con él para no dejarlo morir sin un último respiro.

#SonicArsenal – Observen bien antes de viajar con malas compañías

 

“Cada hombre tiene dentro de sí un parásito que no está actuando en todo a su favor”. Él debía saber muy bien de que hablaba. Novelista beat y poeta, junkie, expatriado, homosexual, ruidoso tirador, inspiración del heavy metal, cabeza del punk-rock, líder de escena, extraño viejo y objeto del director Yony Leyser en el documental ‘William S. Burroughs: A Man Within’, que a 20 años de su regreso al plano aquel lugar dnde se aprende a vivir en silencio, es el mayor recuerdo de tres generaciones, aunque ya no parece vigente en la actualidad.

 

Pasemos un momento por alto el hecho de que la película ‘Kill Your Darlings’ (2013) intentó incoporarlo a la generación 00 y consideró más acertado incluir una canción de TV On The Radio a potenciar la experimentación del jazz en los escritores de la generación beat, olvidemos ese desliz sonoro por el tema central, el incidente que unió a diversos autores y propició que múltiples perspectivas fueran liberadas a lo largo de los años, excepto la de los protagonistas directos, que tras varios intentos no lograron que se publicara su versión a cuatro manos y posteriormente decidieron silenciarla como un trato entre caballeros. Nada saldría a la luz hasta que su personaje central muriera.

 

 

La visión de John Krokidas para ‘Kill Your Darlings’ parte de Allen Ginsberg, que cerró el círculo del asesinato cometido por su amigo Lucien Carr de diversas formas, primero a través de la dedicatoria de ‘Howl’, el poema donde las mejores mentes de una generación son destruidas por la locura, “hambrientas histéricas desnudas”. Posteriormente por medio de cuentos y hasta su biografía, donde describió coloridamente su relación con el rubio de ojos azules, hermoso, brillante, un fascinante personaje que también incendiaba la mente de sus otros amigos en “el círculo de libertinos”, William S. Burroughs y Jack Kerouac.

 

Beats, letras, homosexualidad, drogas, armas, punk, arte, muerte y por un fugaz instante de reflexión revelada, amor. Burroughs sin duda era un hombre de muchas capas, algunas de ellas impenetrables desde sus gestos secos o la distancia que impone ser un icono de la generación beat, tal vez por eso la película que parte de la novela ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ (finalmente publicada en 2008) y ‘William S. Burroughs: A Man Within’ no son intensamente detalladas, son más bien un tributo, pero aún así es un tributo fascinante.

 

Mientras ‘Kill Your Darlings’ parte de una versión más cercana a los hechos reales, ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ es un recuento de los hechos desde dos perspectivas que terminan uniéndose alrededor de una novela de misterio. Will Dennison (Burroughs) y Mike Ryko (Kerouac) le dan un giro al asesinato, no se centran en el incidente, pero nos llevan a través de diversas anécdotas a ese momento. Juntan hechos, los transforman y capturan escenas de comedia e instantes absurdos, logran una larga broma que se convierte en el estilo literario del que ya se impregnaban, desarrollan su voz con capítulos intercalados como un retrato de un segmento perdido de su generación, que en su hervor emergía como algo duro, honesto y sensacionalmente real.

Por su parte el documental, gracias a las grandiosas imágenes de archivo (muchas de ellas muestran su característica voz), nos encontramos con el viejo líder de varias genraciones, los amigos íntimos de Burroughs (al menos tan íntimos como el propio Burroughs lo permitía), con astutas animaciones de alambres se desarrolla cada tema, que de de una forma u otra se van encadenando para entender poco, un poquito, de su obra y su personalidad. Las entrevistas son primordiales, el director John Waters hace un gran trabajo colocando cada pieza del contexto e importancia de Burroughs en el mundo que lo rodeaba. Las conversaciones con Allen Ginsberg también son reveladoras, sus platicas son parte de la mitología beat, algo que podríamos llamar ‘Bill and Al Show’. Yo vería sin duda ese programa.

 

Si todavía recuerdan ese 2 de agosto de 1997 en que una de las voces de aquella generación que reunía drogas, ironías, pasión y desencanto en algún hotel de París, deben detenerse en ‘William S. Burroughs: A Man Within’, un documental que trata de abarcar todos sus encantos a punta de pistola, al menos es suficiente para que los que no lo conocen tanto descubran su conexión con iconos punk como Patti Smith e Iggy Pop, así como su influencia en Sonic Youth, Gus Van Sant y el concepto de heavy metal, además de su fascinación con las armas, las serpientes y el capítulo que desembocó en sus mejores obras, la muerte de Joan Vollmer, esposa de Burroughs que falleció después de un desafortunada combinación de armas, alcohol y William Tell en la Ciudad de México en 1951.

 

 

No crean que descubrirán detalles sobre sus libros o sus poemas, es sobre el hombre y como tal, vale la pena escuchar su ‘Oración de Acción de Gracias’ de 1986 o escucharlo interpretar con tanta peculiaridad la canción ‘Falling in Love Again’ de Marlene Dietrich en alemán.

 

 

‘A Man Within’ definitivamente está lleno de rayones que evocan y dibujan el esqueleto Burroughs y su visión de la humanidad. No sobra ninguna imagen o palabra, incluso quisieras más, pero es obvio que el director no quiere darte todo el interior, se trata de que lo sigas buscando en el exterior de la película.

Trainspotting 2: La vida en la retromanía

 

“Eres un turista en tu propia juventud”, la frase salta de la pantalla mietras Renton, Sick Boy y Spud observan un campo que visitaste con ellos hace 20 años, el diálogo continúa pero es imposible negar que Danny Boyle te cerró el ojo después de brindarte diversas secuencias donde la música y lo que en 1996 llamaron ‘La Vida en el Abismo’ aparenta ser algo nuevo titulado ‘Trainspotting 2’.

 

La película que no es ‘Porno’, pero que retoma uno que otro elemento del libro de Irvine Welsh para darnos a entender el espíritu de aquel bromance roto por la traición (que por supuesto sigue ahí), se encarga se realizar un ejercicio de meta información, el punto central y por el cual giran múltiples formas de obsesión, regresión, acumulación y entendimiento/desentendimiento de la actualidad a través de un filme como ‘Trainspotting 2’.

 

Las referencias son obvias, en momentos descaradas, incluso se vuelven una broma interna entre creador y espectador, las escenas son las mismas, pero al mismo tiempo son otras, todos corrimos mientras escuchábamos el monólogo de “choose life, choose a job”, volvemos a correr hacia la salida de ese estacionamiento, pero el monólogo ahora aparece como otro guiño hacia el espectador (esto esperabas, ¿no?), pero con la incorporación de lo que nos adormece en la actualidad, desde redes sociales hasta el swap face y el temor al sistema de CCTV donde un mundo nos vigila.

 

 

El filme parte de la nostalgia, el encuentro con la continuación de una historia que te brinda lo que reconoces, sin embargo debe tener otro ritmo. El director sabe que quieres ‘Perfect Day’, llegará como gancho inicial para que te sumerjas en recuerdos, ya no en la alfombra donde Lou Reed cobró otro sentido para la Generación X.

 

Te brinda más de Underworld pero yuxtapone los significados de ‘Born Slippy’ y ‘Slow Slippy’ para el turista de su propia juventud, porque no es lo mismo el exceso de noches en picaderos que van hacia un rave bajo el influjo de ‘For What You Dream Of’ a los días del tinte, la válvula en el corazón, el no haber hecho nada con tu prometedora vida o la necesidad de viagra mientras lo único que escuchas es ‘radio ga ga, radio gu gu, radio ga ga’.

 

 

El estado frenético de los días de la heroína son sustituidos por la cocaína, el ritmo de la película sube y baja, sin embargo ya no percibes el síndrome de abstinencia de 1996, ya nadie necesita una dosis de metadona o emergerá triunfante del peor retrete de Escocia, pero ten por seguro que los visitará y en algún momento encontrarás una cabeza surgiendo de la misma manera, pero en otra escena.

 

La sensación de pérdidas continuas en la primera película se transforma en una comedia en la segunda. Alguien arruina el suicidio de otro, la extrema derecha que celebra la muerte de los católicos se convierte en un instante de ‘A Life Less Ordinary’ pero sin ‘Beyond The Sea’ (hey, si tu quieres nostalgia, el director puede hacer guiños a su propia trayectoria); han pasado 20 años, los mismos actores han cambiado, pero henos aquí, en la oscuridad disfrutando las referencias, porque insistimos en ser turistas de nuestra propia juventud, siendo tentados una vez más por ‘Lust For Life’, pero aquel Ziggy Pop se nos niega en una ocasión (en vinilo, porque en esos tiempos vivimos), pero no se preocupen, tendrán su recompensa por asomarse en su yo de hace dos décadas.

 

 

No hay discos en la isla desierta

Me chocan las reuniones de generación. Si quiero ser testigo de la manera como un ser humano comienza a descomponerse me basta con ver un video de Iggy Pop o el documental de Keith Richards. La única razón por la que acudimos a esas fiestas es para sentirnos menos mal, es como ver la sección de nota roja y darte cuenta que hay gente que está peor que tú. Y, en mi caso, voy para ver si el amor de mi vida no correspondido mantiene ciertos rasgos de dignidad. Casi nunca sucede.

Recientemente, en una de esas reuniones imposibles a la que fui arrastrado por la fuerza, ante el silencio incómodo y para romper el hielo, y antes de que sugirieran jugar botella o semana inglesa o algo peor como caricaturas, lancé una pregunta que nadie esperaba: ¿Quién de aquí es verdaderamente feliz? ¬¬

Resultó peor. No hay nada más vergonzoso que ver a un montón de gente que no es feliz tratando de encontrar argumentos para convencerse, y convencer a los demás, de lo contrario. Mejor fui a la sala a poner música y los dejé con esos esfuerzos filosóficos dignos del cacumen de un conductor de televisión matutina. Luego empezaron a discutir y por poco llegan a las manos.

Durante mis primeros 30 años de vida me preguntaron decenas de veces qué discos me llevaría a una isla desierta; jamás respondí la pregunta. Me parecía un cuestionamiento ocioso y sin respuesta obvia como aquél de la felicidad. Creo que alguna vez dije que ninguno.

¿Por qué? ¡Porque en una isla desierta no hay electricidad ni tocadiscos, o cargo los discos o la maldita tornamesa! ¬¬

Por fortuna, los tiempos han cambiado y, ante esta posibilidad, hice una lista no de discos sino de canciones adecuadas para una larga estancia en una isla desierta. Después de semejante epifanía, con la lista terminada, llamé por teléfono a la ociosa de siempre que hacía la pregunta de siempre: ¡Eureka! ¡La tengo! ¿El qué? ¡La lista de canciones para una isla desierta! Eran discos, pero, encima, ¿me llamas a las 3 de la mañana 30 años después para decírmelo? Mi marido va a matarte. Me tomé mi tiempo. U.u ¿Cuántas son? A ver… 5, 4, 3, 2, llevamos 1… ¡cuatro mil 67! 🙂

¡Un momento! ¿No decías que era algo ocioso? ¿Cómo demonios vas a hacer para escuchar cuatro mil 67 canciones? Me llevo el iPod. ¿Y la electricidad? Llevo pila portátil. ¿Y el enchufe? La pila es solar.

Bien pensado. Oye, pero, ¿por qué canciones y no discos? Porque en una isla desierta te encontrarás con un alud de emociones distintas y cada canción es una emoción. ¿No que no había que sacar las canciones de contexto? Lo escribiste en Rock 101, ¡yo lo leí y te hice caso! Sí, pero ya es tarde para regresar el tiempo y, eso sí, aún no inventan un Delorean para tal efecto, tampoco exageres. ¿Y cuando te aburras? Ah pues mando un whats con mi ubicación para que pasen por mí. 🙂

Tienes razón, ganaste. ¿Puedo ir a dormir? Sí, saludos a tu marid… clic.

Al final pensé que mis mejores amigos, a los que sí quiero ver después de años son los más cínicos, a los que la vida y la felicidad les quedan chicas, y a ésos me los llevo, sin duda, a una isla desierta. Seguro llevan iPod.

¿Que qué canción estoy escuchando? Motorcycle Emptiness de Manic Street Preachers.

Iggy Pop, la vigencia gracias al acompañamiento

Si hay una leyenda del rock y la música que ha sabido mantenerse  en la escena desde hace casi 5 décadas, es Iggy Pop. Independientemente de sí sus obras sean fundamentales o solo trabajos promedio, entendiendo que no todos sus álbumes son sobresalientes y que desde el ‘American Caesar’ del 93 no editaba un disco a la altura, hasta este año con ‘Post Pop Depression’, donde un porcentaje del aceptable resultado es por la colaboración con Josh Homme.

 

No se trata de juzgar o tachar el desempeño de este enorme artista, pues es una influencia invaluable en el espectro del rock, el punk y el pop. Su lugar en la historia se encuentra en lo más alto, entre muchos otros monstruos que en vida o en el más allá, ya están en el salón principal de ídolos inalcanzables.

 

El objetivo es resaltar la magnitud con la que figuras de su talla permanecen vigentes en sonidos tan diversos que en un principio parece que la intensión principal es ser el ajonjolí de todos los moles (algo así como lo que hace Dave Grohl) cuando en realidad, la mayoría de sus colaboraciones con tantos músicos y agrupaciones han sido porque estos mismos lo buscan o se producen por encuentros casuales o privados.

 

La mayoría hemos escuchado alguna de estas participaciones, unas que han tenido gran éxito como con Kate Pierson, Bowie, Slash o Kesha  y otras más discretas, pero muy buenas, como con Alice Cooper, Goran Bregovich, New Order o Henry Rollins. De hecho, bastantes medios ya han hecho trabajos sobre esto, como la estación australiana TRIPLE M o la famosa Rolling Stone. Y aquí en Rock 101 online les dejaremos las que más nos han gustado. En unas tiene bastante protagonismo y en otras solo dice algunas frases y gritos. Sin embargo, para todos estos artistas, contar con la contribución de La Iguana de Detroit es un lujo anecdótico e irrepetible. Ahí les van:

 

Del segundo álbum de este proyecto inglés, cuando la electrónica en el Reino Unido daba grandes sonidos en los 90.

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En el 2003 a Iggy se le ocurre grabar un disco con el propósito de darle un sonido más crudo y regresar al rock con participaciones de sus compañeros en los Stooges después de mucho tiempo. Así como de artistas como Green Day, Peaches o The Trolls (su banda de músicos en vivo). No con tanta fortuna, la placa cuenta con pocos cortes destacados y uno de ellos es este con los canadienses de Sum 41.

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Entre toda la mezcla reggae, dub, rock y electrónica de este combo británico, Pop participa en un track que solo es homónimo al que realizó con los Stooges. ‘No Fun’ es parte de ‘Punkara’, octavo larga duración del grupo.

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‘Dark Night of the Soul’ es la creación de uno de los grandes productores de los últimos años junto con una banda de indie rock muy singular.  Con la idea de incluir diferentes vocalistas entre ellos David Lynch, Jason Lytle (Grandaddy), Frank Black, Julian Casablancas, Wayne Coyne y, obvio, Iggy Pop. Con la peculiaridad de que este proyecto peligró en su salida al mercado por peleas entre los artistas y la disquera EMI. Lo cual provocó que en el booklet del disco encontraras un CD en blanco con la leyenda “Por cuestiones legales, este disco no contiene música. Úsalo como lo desees”. Una vez arreglado el problema, en 2010 es autorizada la distribución del material ya como debe de ser y resulta un muy buen álbum. Tristemente, ese mismo año y ya con la fecha oficial del disco. Mark Linkous de Sparklehorse se quita la vida.

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Sencillo que se desprende del ‘La Sexorcisto – Devil Music Vol. 1’ de 1992. Maqueta que catapulta a Rob Zombie y sus secuaces al estrellato. Iggy con su toque misterioso y oscuro se encarga de la introducción  y la salida de la canción.

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No solo para esta rola, también en la intro de ‘Enfilade’ colabora Iggy en uno de los mejores discos de este siglo XXI. En los coros y con un simple ‘Manuscript Replica’ es suficiente la aparición del líder de los Stooges. Atraído por el sonido de la agrupación el día que el productor Ross Robinson lo invita a ver el ensayo.

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Una gran canción de un gran disco. ‘Soft Machine’ salió en 2006 y este sencillo se tocó por todos lados.

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De un sencillo de 1983 producido por Ric Ocasek (The Cars) y que no fue incluida en ningún trabajo de larga duración de La Iguana. Y que en el 2008 apareció en el “Nuggets”, disco de lados B y rolas inéditas.

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Ya saben que pueden darnos cuál de las innumerables colaboraciones de La Iguana de Detroit les gusta más. Y también de más ideas para conocer mucho más música y rock n roll.

 

Escoge una vida, un trabajo o Rock 101

Ya lo decían los Beastie Boys, debes luchar por tu derecho a enfiestarte, esa sola idea bastó para que emergiera una escena donde hasta 10,000 personas bailaban en la sordidez de diversas bodegas abandonadas y lejos del radar de la policía. Como todo levantamiento, su duración fue breve, de alto impacto y fue absorbida por el mainstream. Bailar se convirtió en una inspiración, una afrenta política y un reclamo sobre una situación social.

La revolución rave, como lo revelan sus héroes anónimos, es el punto de inflexión donde el acid house dejó de ser fenómeno underground local y se convirtió en una explosión cultural en todo el mundo. ¿Fue una revolución o sólo fue una serie de fiestas? La planeación y los riesgos que implicaban, además de entender que las ganancias monetarias eran pocas comparadas con la reacción de los periódicos y la policía, mostraban el espíritu de rebeldía e idealismo que acompañaban la música, un honesto testamento de una época, una serie de ciudades unidas por sus madrugadas y claves secretas para acceder a la ética y estética del acid house.

Fue una revolución, no hay duda, fue una oleada hecha no tanto por los creadores del acid house, sino por aquellos que lo hicieron crecer como un movimiento underground y lo convirtieron en fenómeno juvenil, épico y contagioso. Todos los problemas para concretar el rave en términos capitalistas tenía un costo de £3 libras por persona, que apenas cubrían los costos para realizar la fiesta, pero el ingenio era parte integral para lograr que toda la gente llegara hasta el lugar. Algunos de ellos pagaron la rebeldía con su libertad, acusaciones de violencia y venta de drogas, acoso policíaco e imposiciones de toques de queda.

La revolución a través de la música electrónica en el underground tiene sus mejores años entre 1988 y 1994, para el momento en que la película ‘Trainspotting’ adopta la idea de moverse de “Ziggy Pop” a otros parámetros sonoros y rejuvenecerse por el oído, el movimiento ya es totalmente mainstream, para 1996 la idea del rave no solo está presente en estaciones de radio y festivales, incluso se le menciona en programas de televisión de corte juvenil como ‘Beverly Hills 90210’.

Justo hace 20 años nos escontramos con la esencia punk de Irvine Welsh trasladada a la pantalla, de alguna forma la serie de picaderos en Escocia, el SIDA aniquilando adictos a la heroína y la Generación X que prefería divertirse a trabajar (pero que aceptaba en el fondo que tendrá que elegir una vida) transgredieron el cine con un nuevo lenguaje visual donde una escena ya se mostraba procesada, masticada y deglutida, para algunos el punto de partida es el soundtrack del filme, para otros es la idea de que las películas sobre jovenes ya no se trataban del romance al estilo ‘Pretty in Pink’ o la detención en la escuela tipo ‘The Breakfast Club’, pero a final de cuentas seguía siendo sobre el arte de crear un soundtrack inolvidable.

Partiendo de aquella novela que estaba en la lista de libros prohibidos y uno de los más robados de las tiendas británicas, celebramos el 20 aniversario del estreno de ‘Trainspotting’, esperando que Danny Boyle nos de pronto la continuación ‘Porno’, aceptando que todas las elecciones del monologo de Renton (que en la película es el inicio y en el libro la mitad) se han concretado, escogimos la pantalla de plasma y la serie de comodidades que sustituyeron la evasión con base en la heroína y aceptamos que el plan de estudios de diversas universidades ya incluye la primera novela de Irvine Welsh.

Acompañanos el 23 de febrero en un día perfecto, de clubes nocturnos, sábanas sucias y por supuesto mucho (Z)Iggy Pop, iniciamos a las 10 de la mañana y continuaremos administrando dosis en tus oídos hasta las 8 de la noche tan solo para evitar el síndrome de abstinencia.

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