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Mexicanos financian cine de Amat Escalante

El Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) aprobó más de 10 millones 894 mil pesos para producir las películas Sangre, Heli, Los Bastardos y La Región Salvaje del cineasta Amat Escalante, las cuales no fueron capaces llenar salas de cine en México ni tampoco recuperaron la inversión realizada con el dinero de los contribuyentes mexicanos y de las empresas.

Amat Escalante, a quien le cerraron las salas de Cinemex y Cinépolis para proyectar La Región Salvaje, recibió más 4 millones 476 mil pesos  por parte del Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine) para filmar Los Bastardos en 2006.

Los Bastardos fueron capaces de generar después de una década de recibir ese apoyo gubernamental 27 mil 294 pesos, es decir sólo 0.60 por ciento de todo el financiamiento otorgado en ese entonces por el gobierno de Felipe Calderón, según cifras a las que tuvo acceso Rock 101.

La Región Salvaje, una película de Amat Escalante

 

Heli, una película que recibió nueve premios en diferentes festivales por el mundo, tuvo un financiamiento de un millón 800 mil pesos en 2012. También fue estrenada en Canadá, Rumania y España.

Fue vista por más de 90 mil 556 personas, quienes generaron ingresos por más de 4 millones 422 mil pesos. Sin embargo, IMCINE explica que sólo tuvo ganancias por 31 mil 151 pesos.

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El director de cine también recibió un millón 618 mil pesos para producir la película Sangre en 2006. De tal filme, en IMCINE no hay datos sobre cuántas personas la vieron ni tampoco existe sí generó alguna ganancia.

La Región Salvaje fue una película financiada por Kansas City Southern de México, quien le entregó unos 3 millones de pesos a Amat Escalante. Esos recursos otorgados por la empresa ferroviaria fueron deducidos en el Servicio de Administración Tributaria.

Escalante, quien tiene más de dos décadas de carrera buscó por más de un año proyectarla en las salas comerciales y de arte con 100 copias.

La película, con la que el cineasta ganó el León de Plata a Mejor Director en el Festival de Cine de Venecia en 2016, explora entre otros temas la homofobia, el machismo y la doble moral de la sociedad mexicana.

Amat Escalante informó unos días antes del estreno de La Región Salvaje que Cinemex, una empresa de Germán Larrea, le había cerrado las salas. Hay que recordar que Larrea es uno de los accionistas de Ferromex y Ferrosur, unas empresas competencias de Kansas City.

A través de sus cuentas de Twitter, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro le pidieron a Cinemex que proyectar la cinta basada en dos notas rojas leídas en un periódico por parte de Escalante.

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“Una era sobre una mujer que iba a ser violada y que fue acusada de provocar a su agresor, y la otra sobre un hombre hallado muerto y el encabezado se burlaba de su preferencia sexual“, recordó el cineasta en en conferencia de prensa.

Ambos sucesos sucedieron en Guanajuato: Una mujer que termina siendo “victimaria”, luego de defenderse y golpear a un hombre que intentó violarla y la de un hombre que aparece ahogado en las orillas de un río y el título de la nota decía: “Ahogan a jotito.”

“Después de leer el título me fui al texto porque me parecía interesante cómo este joven que trabajaba en una clínica y ayudaba a las personas, de pronto es encontrado muerto y humillado por su condición sexual“, cerró Escalante.

A propósito de La Forma del Agua y la obra de Guillermo del Toro

No es gratuito que la pieza más reciente del artista mexicano Guillermo del Toro la haya galardonado el Festival de Cine de Venecia, uno de los encuentros fílmicos más reputados de la historia del cine, ni tampoco que fuera presentado el mismo año como padrino de la 50 edición del Festival de Sitges; no es sino el reconocimiento a una obra consistente que ha forjado el autor en el cine, la televisión y la literatura.

La obra de Del Toro es una constante de obsesiones, su formación autodidacta en ciencias biológicas es lo que lo ha llevado al diseño meticuloso de seres extraordinarios que se han convertido en sucesos fílmicos donde dimensionando lo verosímil de lo fantástico en lo cotidiano a través de un juego llamado imaginación, es como ha logrado generar rasgos distintivos en lenguajes audiovisuales y la literatura, replanteando la ciencia ficción, el terror y lo fantástico, hacia el cierre y el nacimiento de dos siglos.

Desde sus trabajos tempranos en su equipo de maquillaje Necropia, su incursión en la pantalla chica a través de cuatro episodios para la serie ‘La Hora Marcada’ y la realización de su opera prima como cineasta con ‘Cronos’ de 1993, fueron solo el preámbulo de lo que este creativo ofrecía al inicio de su carrera, donde su primer película lo ubicaría como uno de los jóvenes talentos de aquellos años noventa, exhibiendo a esta en la sección Una Cierta Mirada del festival de Cannes y siendo galardonado como mejor película y dirección en los Premios Ariel de nuestro país.

Si quisiéramos marcar tres vértices importantes en la configuración de la obra de Guillermo del Toro, subrayaríamos su pieza más reciente ‘La Forma del Agua’ de 2017, ‘El Laberinto del Fauno’ de 2006 y ‘Cronos’ de 1993; como un trinomio de piezas y momentos que han obligado a la crítica, al público cautivo y a los nuevos adeptos a mirar a través de la imaginería de este autor, que es una que a pesar de estar inmersa en el mainstream del cine después de su opera prima, no se ha contagiado de esas formulas gastadas y repetitivas que persisten en esos ámbitos de la industria fílmica, por el contrario, el tapatío continua ileso, adquiriendo una madurez que lo ha colocado entre los cineastas más interesantes del cine de género del nuevo milenio.

‘La Forma del Agua’ no solamente ofrece forma y técnicas muy estilizadas acompañadas de una banda sonora impresionante y precisa en aras del deleite de género, sino también abre la conversación acerca de un sector de la población encasillado como una minoría; donde la protagonista de esta historia está desprovista del habla y además empleada en el último escalafón de las pirámides laborales, lo que la presentan como un ser transparente que encuentra visibilidad al encuentro con un ente desprovisto de humanidad.

La manera en la que Del Toro inserta lo fantástico en sus historias, suele ser tan natural que a los espectadores no nos parece un suceso descabellado, por el contrario dota de una riqueza ausente a la cotidianidad, llevando a sus narrativas a la posibilidad de mostrarnos monstruos humanizados y lugares perdidos en el pensamiento agnóstico de lo fantástico.

Los dos personajes centrales de ésta última pieza del cineasta son opuestos y afines a la vez, donde el lenguaje y la especie no son limitantes para ejercer un acto comunicativo mucho más animal e instintivo que producto de la idealización rígida.

Sin duda Guillermo del Toro seguirá marcando otros momentos de la historia del séptimo arte, generando otras historias con un enorme despliegue estilístico, sin olvidar sus obsesiones temáticas en torno a lo humano y lo fantástico en un mismo plano racional.

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