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Riverdale, del cómic al non-revival adolescente

¿Qué sería de nuestras vidas sin Batman o Sherlock Holmes? Ambos han sido parte de la cultura popular por demasiado tiempo y nunca va a existir un punto en el que los dejemos descansar. Con decir que Batman tiene más de 75 años y Holmes ha sido el personaje más veces reinterpretado por actores, teniendo un total de 75 versiones, entre las que destacan, al menos para nosotros, las de Benedict Cumberbatch y Robert Downey Jr.

Pero no sólo es con estos personajes, Hollywood tiene una necesidad de aplicar el revival en cada pieza que pueda significar grandes cantidades de dinero, invirtiendo en expresiones artísticas que unen generaciones vigentes. De ahí el éxito de cosas como los Avengers, los Power Rangers, los Animaniacs (Hulu estará encargado de regresarlos a la vida) y todo lo que signifique añoranza para nuestros ojos.

Sin embargo ¿alguien extrañaba a Archie, aquel chico pelirrojo habitante de Riverdale que entre sus aventuras más destacadas están el conocer al presidente de los Estados Unidos y hacer un crossover con un Bruce Wayne setentero? Lo dudo. Archie (cuya primera publicación fue en 1939) es a simple vista sinónimo de ñoñez, el buen vecino que siempre será perfecto y por ese simple hecho te cae mal.

En un afán de deshacerse de esa imagen, The CW revive a Archie en Riverdale, la serie que trae de regreso a todos los habitantes de ese pueblecillo colorido pero a su inversa: chicos que brincan ante el ojo del espectador por lo “sexy” que son con ayuda del neón que ilumina todas sus noches, para convertir ese arquetipo de perfección en una versión neo noir del cómic.

La trama comienza a desarrollarse cuando el hermano gemelo de Sheryl Blossom (Madelaine Petsch) es encontrado muerto en el río, al mero estilo de Twin Peaks. Es así como Archie (KJ Apa), Jughead (o Torombolo para el público latinoamericano, siendo Cole Sprouse quien le da vida), Betty (Lili Reinhart) y Verónica (Camila Mendes) se proponen encontrar al culpable del asesinato. Es así como Riverdale encontraba un tono entre un lado oscuro sin dejar atrás los gustos culposos y sobre exagerados de su fanaticada adolescente.

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El problema surge cuando el misterio supera a Riverdale en proporciones gigantescas, en el pueblo pasa de todo: tráfico de drogas, asesinatos, la residencia de pandillas motociclistas y de la mafia italiana (y de alguna forma mexicana), malversaciones del gobierno… problemas que le quedan grandes a sus juveniles protagonistas por el tono excesivo de sus interpretaciones. Añadamos que se crean líneas argumentales para veinticuatro capítulos por temporada tan disparejas que se ve que en algún punto se quedarán sin ideas para llegar más allá de su quinta temporada.

Existe una relación inconexa entre el guión de cada episodio y el de sus personajes. La toma de decisiones es una burla: nunca existe un momento brillante para Archie, lo que hace que uno como audiencia sienta la serie monótona haciendo que sus estelares queden en situaciones absurdas para que el show continúe, a pesar de que ya se empiecen a introducir estos episodios de quiebre, como el tributo a Carrie.

Al no establecerse los personajes, se ve afectado todo al drama: Sheryl Blossom y Alice Cooper no tienen una tendencia definida, son volátiles y pretenciosas, lo que hace que el espectador nunca entienda el porqué de su existencia en el drama.

Más allá del déficit entre la conexión entre guion, personajes y dirección, la fotografía, en su mayoría dirigida por Brendan Uegama (quien también ha prestado su talento en la serie Van Helsing), y su postproducción es fascinante: si no son los neones del exterior, es el buen uso de planos holandeses lo que trae intranquilidad a los ojos del espectador. Ese tono surreal, en escenas menores en su mayoría, que pretende tener la serie es logrado por esos tonos fríos y lúgubres del trabajo de fotografía, reforzando esos puntos débiles del guion.

El otro punto importante de la serie es la música: el score original, compuesto por Blake Neely (Arrow) y Sherri Chung (Blindspot), el cual toma como base el sintetizador y esos acentos filosos muy al estilo de Scream, crean el ambiente perfecto para que se desarrolle el misterio. Además de eso, la serie cuenta con momentos musicales, desde la evidente selección de “Candy Girl (Sugar, Sugar)” hasta Mad World en forma de tributo a Donnie Darko, la mayoría siendo reinterpretadas por su cast, que sirven como background para presentar situaciones en vez de ver un aburrido número musical forzado.

Riverdale no es perfecta: si en su primera temporada prometía ser innovadora, la segunda demuestra que le gana más el peso del eye candy en forma de jóvenes exuberantes que intentan liberar toda esa tensión sexual hasta donde permite la censura de The CW, descuidando su trama y la forma de sus personajes. De esta forma Roberto Aguirre-Sasca, creador de la serie, no hace un revival del cómic, sino una concepción de un híbrido conformado por High School Musical, Gossip Girl, Twin Peaks, Donnie Darko, Viernes 13 y demás referencias, dirigidas al público puberto y discriminando por completo al joven adulto que en otros términos podría ser su audiencia predilecta.

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