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On record: los lanzamientos esenciales de la semana

Esta semana, los mejores lanzamientos del rock, pop y jazz, según la revista Culture de The Sunday Times

GORILLAZ
The Now Now

Parlophone

Después de fallar con Humanz el año pasado, Damon Albarn vuelve a la silla de montar en tiempo récord, como si se hubiera decidido a expiar un álbum que, salvo por uno o dos brotes de placer puro, era pesado, un pedazo de sus 20 canciones e interludios que coquetean con la autoparodia. The Now Now es una bestia completamente diferente, meramente 11 canciones que se abren paso en una evocadora brisa de verano, obligándonos a bajar herramientas y rendirnos al escapismo. La humildad, caracterizada por la guitarra de George Benson, es típica, su aleatoria mezcla de ojos azules canaliza Hall & Oates y Boz Scaggs para dar un efecto fino. El Tranz de Kraftwerky, aunque tiene una mayor carga de letras, sigue siendo liviano en el pedal. Albarn y Snoop Dogg negocian la canción Hollywood en una neblina narcótica; el Idaho, con sus letras líricas, clava el don de Albarn para melodías y estructuras que son casi himnos en su elegancia; Magic City combina bajos potentes con un brillante órgano de feria, sobre el que su canturreo es el más  fastidioso del mundo; el reggae harapiento de Sorcererz introduce el falsete tostado y se sale con la suya. Albarn escribió y grabó esto mientras finalizaba el segundo álbum más oscuro de Good, the Bad & the Queen. Él siempre ha hecho malabares con pelotas, y rara vez deja caer una. Aquellos marcados como “The Now Now” permanecen en el aire, como Gorillaz de antaño: espía, arqueado, lúgubre, juguetón, hipnótico y caricaturesco, sin perder su filo. Bienvenidos de nuevo.

 

 

BEBE REXHA
Expectations

Warner Bros

Rexha estaba en camino a convertirse en una estrella de R & B con fantásticos créditos de escritura, incluyendo la canción ganadora de Grammys de Eminem y Rihanna, The Monster, hasta que su freak hit con el dúo rural Florida Georgia Line, Meant to Be, hizo una llave inglesa en sus obras. Menos mal, ya que ella es menos interesante en el bailable single de 2016 I Got You. Cantando con estridencia al ritmo de la guitarra y la batería en Ferrari, enumerando sus fallas en la emocional I’m a Mess o derramando sus agallas sobre la magnífica Knees, está sonando en los talones de Pink y Sia.

 

 

 

NINE INCH NAILS
Bad Witch

Null Corporation/Caroline

Este es el tercero de una trilogía de EPs. El primero, Not the Real Events (2016), analizó cuán jodido se ha vuelto el mundo; en 2017, Add Violence buscó razones; ahora Bad Witch concluye que, básicamente, los humanos están diseñados para echar a perder las cosas. “We just can’t help ourselves”, grita Trent Reznor en Ahead of Ourselves. Hay mucho ruido, como era de esperarse, pero la mejor cosa aquí es God Break Down the Door, en el que Reznor canta “correctamente” sobre el sax melancólico (y se parece mucho a Bowie de los 90).

 

 

LETS EAT GRANDMA
Im All Ears

Transgressive

Cuando salió el debut de Let’s Eat Grandma, el consenso sostuvo que era destacable para dos niñas adolescentes, con inferencias de que debía haber algún maestro titiritero detrás de su trabajo. Dos años más tarde, Rosa Walton y Jenny Hollingworth todavía son adolescentes, todavía son destacables, y todavía no hay titiritero. Sólo una fenomenal composición de canciones (Ava), la interacción deslumbrante de dos voces que se niegan a mezclarse suavemente (I Will Be Waiting), evocadores sintetizadores de los 80 (It’s Not Just Me) y alt-pop (el “Oh… wait a minute” ruptura en Hot Pink).

 

 

THE ORB
No Sounds Are Out of Bounds

Cooking Vinyl

Cumplir 30 ha hecho maravillas para The Orb. Después de años en el desierto tecno, los pioneros de Chillout regresan a sus raíces para un 15º álbum que trae de nuevo a los colaboradores Youth y Jah Wobble al redil y reubica el sentido del humor. The End of the End suena como Dido haciendo doblaje en ácido, el aireado Wish I Had a Pretty Dog incluye ladridos, cuerdas suntuosas, percusión espeluznante y un anillo de teléfono, y Wolfbane establece un mensaje contra la guerra en ritmos de hip-hop y dobles bajo.

 

KAMASI WASHINGTON
Heaven and Earth

XL Recordings

Un saxofonista que apunta al corazón más que a la cabeza —y se conecta con un público joven— tiene que ser algo bueno. Dicho eso, la exageración que rodea al líder de Los Ángeles es extraña. Una vez más, las melodías se extienden a proporciones elefánticas con tambores hiperactivos, arreglos corales kitsch y solos mediocres. Courtney Pine hace este tipo de cosas con mucha más convicción. ¿Jazz cósmico? Más como Muzak intergaláctico.

 

VARIOUS ARTISTS
Destination: Fellside Recordings 1976-2018

Fellside

No es el final del camino para la discográfica folk de Cumbria, pero sus cofundadores, Paul y Linda Adams, están retrocediendo. La lista de nombres reunidos aquí, desde Peter Bellamy hasta Nancy Kerr, ofrece una excelente muestra de la escena británica. Hay canciones con licencias anteriores y una pizca del jazz spin-off Lake: no es frecuente encontrar a Chris Barber en la misma compilación que Dave Swarbrick.

 

 

MUST-HAVE REISSUE
GUNS N ROSES
Appetite for Destruction: Locked N Loaded Edition

Geffen/UMe

De accesible a financieramente ruinoso, los múltiples formatos de esta reedición incluyen desde láminas de tatuajes y púas hasta demos sin publicar y videos Blu-ray. El disco debut más vendido de Estados Unidos de todos los tiempos, Appetite for Destruction elevó a la banda al estrellato y las ventas globales superaron los 30 millones, asistidas por éxitos como Sweet Child o ‘Mine y Paradise City. La arrogancia y las drogas pasaron factura, pero, 31 años después, la fanfarronería sigue siendo atractiva, aunque levemente absurda.

 

Traducción libre de Lilith T. Masso. Texto tomado de Culture de The Sunday Times.

El soundtrack de la vida – rock para niños

Las influencias musicales al crecer podrían marcarnos de por vida, y podrían ser la gran diferencia entre tomar el camino del bien o del mal, musicalmente hablando por supuesto. Por supuesto que mi el camino fue el del rock, pero las nuevas generaciones tienen un mundo de posibilidades, literalmente, al alcance de sus manos. Incluso para los más creciditos, la forma en que escuchamos música ha cambiado y ante la facilidad y comodidad de poder escuchar otros géneros desviamos un poco nuestro oídos.

Lo importante es, durante el proceso de educación musical, elegir las mejores rolas posibles para que los pequeñines puedan contagiarse de el ritmo rockero que inunda nuestros corazones sin irse a los extremos (por supuesto) y buscar esas rolas melódicas y alegres que los inviten a bailar y encontrar un gusto común desde el que podamos partir hacia el guitarrazo y tamborazo pelón.

Mi primera recomendación si bien no es rock, sino un soul bubblegum pop (hasta el género es divertido) es ‘ABC’ de los Jackson Five. Lado B del sencillo ‘The Young people love their Folks’ de 1970, y fue el primer sencillo en alcanzar el No. 1 en el Billboard Hot 100. La rola es melódica y no hay quien no pueda imaginarse en un alegre episodio de Plaza Sésamo bailando con el monstruo come galletas.

 

 

La segunda recomendación es un poco más hacia el lado punk, pero fresa. Me refiero a la versión del tema de Spiderman (el hombre araña) en la versión de The Ramones. Nada como tomar a un súper héroe neoyorkino de historietas como excusa perfecta para presentar al grupo punk neoyorkino por excelencia en una versión fiel a la original pero lo suficientemente atascada para hacerte saltar y sentir un dejo de rebeldía setentera que siempre hace falta.

 

 

Finalmente, emergiendo como una mezcla de rock, rap y entre sampleos de la banda sonora de ‘The good the bad and the ugly’, ‘Clint Esatwood’ de Gorillaz, es por mucho (al menos para mi) la rola ideal para niños, una muy buena línea de bajo, un rap, ese sentimiento western que te hace soñar con el lejano oeste y una cierta melancolía esperanzadora que no hiperactiva tus sentidos, sino al contrario, te hace reflexionar y disfrutar de una rola retacada de estilos musicales elegantemente acomodados de forma que no se sobre ponen unos contra otros y conviven de manera orgánica en una obra maestra de Damon Albarn.

 

 

En fin, lo importante es que disfrutemos la música y que desde temprana edad estemos en contacto con el rock, simplemente para que se cree la relación neuronal, una referencia básica en nuestro subconsciente que nos ayude a que, el día que tengamos que elegir un gusto musical, sea el rock y no otro el que haga arder nuestro oídos.

 

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El 11 de marzo de hace 15 años nos los encontramos, llevábamos poco tiempo de invasión mediática sobre lo innovador que era un grupo ficticio que salía de gira. Apenas empezaba la relación de México con Blur y Damon Albarn, todavía no conocíamos las posibilidades del vocalista y todas las relaciones musicales que establecería a partir de Gorillaz, que llegó tanto con los personajes de carne y hueso como los virtuales a la Ciudad de México, para presentarse en una única ocasión en el Palacio de los Deportes, que a pesar de lo que nos tenía acostumbrados el recinto, no tuvo tan mal audio como en otras ocasiones, bueno al menos el característico zumbido en nuestras cabezas no nos acompañó durante las horas posteriores a la presentación o tal vez lo recuerdo así porqué mis oídos llevaban poco tiempo exponiéndose al ruido como un trabajo.

 

Algunos reportes dicen que se reunieron ahí cerca de 7,000 personas. Realmente no creo que hayan sido tantas o al menos no parecía un lleno total en la pista, será porque los cientos de niños que había allí no hacen tanto bulto como los adultos. Como sea, reviví la sensación de estar en el lugar equivocado, gran parte de los espectadores eran menores de edad, con la diferencia de que en esa ocasión era más un ambiente familiar de niños de tres a cinco años corriendo emocionados antes de que se apagaran las luces. Así era Gorillaz en ese momento, aparentemente era un atractivo proyecto para menores y no el combo de talentos que fue creciendo a través de las producciones, con historias que fueron ampliando el mito virtual conforme evolucionaron los personajes, sobre todo Noodle, que de prodigio infantil de la guitarra se transformó en líder de opinión sobre el papel de las mujeres en la música electrónica.

 

 

El sorpresivo éxito del disco debut otorgó 24 fechas resolviendo una cuestión: ¿cómo transportar una banda virtual a los escenarios? La tecnología en ese momento no estaba tan avanzada, ni siquiera estaba en las posibilidades una gira con hologramas, la solución fue esconderse y tocar detrás de una pantalla, en la cual se proyectaban imágenes y vídeos, para tratar de mantener la ilusión y el misticismo de la banda virtual que en esa gira tenía a Damon Albarn, Simon Katz (guitarra), Cass Browne (batería), Haruka Kuroda (voz de apoyo) y Mike Smith (teclados).

Mucha distancia no solo de tecnología, también de percepciones musicales, el encargado de abrir ese concierto fue Dan “The Automator” Nakamura, quien prolongó su mezcla de hip-hop y rap a pesar de la continua rechifla de los asistentes, con todo y que Damon Albarn subiera al escenario para presenciar de cerca (con cigarro y chela en mano) el trabajo como DJ del productor de Gorillaz. En el 2017 el set sería apreciado de otra manera.

 

En el escenario, un par de pantallas alineadas horizontalmente. En la primera se proyectaban las imágenes de Murdoc, 2D, Russel y Noodle, y en la segunda pantalla translúcida podíamos ver las siluetas de los integrantes de Gorillaz en primer plano, al mismo tiempo que veíamos las siluetas de los músicos. ‘M1 A1’, ‘Tomorrow Comes Today’, ‘Slow Country’ y ‘5/4’, todas ellas acompañadas de las imágenes de Gorillaz, aunque no precisamente en acción, ya que después de un rato las figuras sincronizadas en ciertos momentos fueron estáticas y repetitivas. Aunque tuvimos un descanso de las imágenes caleidoscópicas en cuatro ocasiones, cuando se proyectaron sin música de fondo cortos animados del grupo, donde mostraron el humor que su creador, Jamie Hewlett, había tratado de impregnar a cada uno de los personajes.

Hip-hop, reggae y rock rayando en el punk en algunas ocasiones, pero poca euforia entre los asistentes. Las canciones siguieron una detrás de otra, con los intermedios marcados por los cortos animados, sin lograr una gran comunicación entre los integrantes reales de Gorillaz y el público, a pesar de que podíamos ver a Damon Albarn detrás de la pantalla brincando y moviendo las manos emocionado. La sensación fría de ese 2002 obviamente sería más atractiva en este momento en el que vivimos de imágenes.

Una hora con 20 minutos duró el concierto (duraría menos, pero se repitió ‘Clint Eastwood’), sin presentar un gran avance tecnológico, mucho menos para nombrarlos el Pink Floyd de la era moderna, como muchos críticos llamaban al proyecto en ese momento. Obviamente no existía ningún punto de comparación, sin embargo la tecnología ahora permite que los personajes de Gorillaz interactúen más, su historia ha crecido conforme los colaboradores han ido sumándose a lo largo de cuatro discos y un quinto por llegar, que de entrada rompió el equilibrio de Internet con cuatro canciones. Eran virales hace 15 años, pero su presencia incrementó con el ruido previo que incluyó una serie de playlists que indican el territorio en el que se encuentran sus cuatro integrantes en la actualidad.

 

Pronto llegará ‘Humanz’ con una amplia ventana de posibilidades tecnológicas que no tenían en el 2002, sin embargo por lo que pudimos ver en el concierto que se realizó en Londres este viernes, los humanos han pasado al frente y los personajes a la pantalla del fondo.

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