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Un poema sinfónico para viajeros

Cuando uno piensa en el Mar en Calma suele asociársele a un estado de bienestar, sin embargo Herr Goethe, en un pequeño poema, nos describe la terrible angustia que para un marinero –pescador quizá– significa aquella calma chicha; en otro pequeño poema, Próspero Viaje, ensalza las virtudes de la acción, la travesía, quien viaja mucho conoce mucho y todo conocimiento enriquece al ser.

Un muy viejo Goethe y un muy joven Felix gozaron de la amistad y la admiración mutuas y este toma los poemas de aquel y crea una poema sinfónico que si bien no traslada el sentido literal de aquellos poemas, bien puede interpretarse de diversas formas; la placidez del mar en calma mas no inmóvil, que es la circunstancia propicia para emprender un hermoso y próspero viaje, surcando los mares en una goleta galante y orgullosa, con las velas hinchadas, sintiendo el viento en la cara, el aroma salobre y delicioso del mar y la brisa que de a poco nos va mojando, iniciando un viaje que nos llenará de enseñanzas y, es lo deseable, de cosas buenas y provechosas, gratas experiencias y riquezas.

 

Un poco adelante en el tiempo y después de algunos viajes a la bella Albión, Felix compone su denominada tercera sinfonía aunque realmente es la última en terminar, esto porque tarda más de doce años en completarla, habiéndola iniciado con la concepción de algunos temas en su visita al castillo de la Reina María Estuardo. En lo personal, tengo una relación entrañable con esta obra, que llegó a mi vida a la de sin susto; visitaba a un conocido sin una razón especial y como recordando algo de golpe me dice, oye, a ti te gusta la música clásica, ¿Verdad? ¡Claro! respondí y sin más puso en mis manos una cajita con una veintena de CDs de la Deutsche Grammophon, entre ellos el Requiem Alemán, la Renana de Schumann y esta Escocesa, entre otros y pronto estos tres CDs se hicieron mis favoritos.

La Escocesa me acompaño en mis peripecias por Oaxaca, viajando, reencontrándome, viviendo intensamente la juventud, durmiendo bajo cielos abiertos y estrellados; así me fui imbuyendo en el poder tremendo de esta obra, los matices sombríos, los momentos brillantes, los crescendi del primer movimiento que comienzan, imparables y explotan desbordando poder y energía, estos momentos siempre los he asociado con el poder del mar, ese poder que excita pero que nos mantiene conscientes de que puede destruirnos en cualquier momento.

 

Esta sinfonía, particularmente, la encuentro llena de significados, algunos muy evidentes, otros totalmente abstractos y que sin embargo pueden entenderse y vivirse apasionadamente en cualquier episodio de la vida, desde la calidez de una grata amistad hasta el arrebato pasional de la más deliciosa carnalidad.

Este Concierto para Dos Pianos es una obra singular, llena de finezas estilísticas y demandando un gran virtuosismo en las intérpretes que, como mirándose a través de un espejo, en un reflejo absurdo en el que no se corresponden sino que dialogan, van construyendo un paisaje sonoro rico, extenso, con muchos matices que nos evocan desde la delicadeza de la flor del diente de león que se deshace ante el soplido inocente de una niña, hasta pasajes verdaderamente dramáticos, donde los dos pianos resuelven en un discurso hiriente, histérico, casi frenético para llegar a la conclusión, añorante aunque poderosa y noble.

El concierto de esa noche realmente me conmovió, diferentes estados de ánimo, tan profundos y disímiles que al final, escuchando la Escocesa, no pude evitar que se me rodaran algunas lágrimas. Las hermanas Labèque ejecutando magistralmente el concierto de Bruch y que, fuera de programa, nos regalaron un pedacito de Cuatro Movimientos para Dos Pianos del maestrísimo Philip Glass y que siempre es un gran placer escuchar en vivo, todo ello bajo la dirección del maestro Quarta al frente de la OFUNAM a quienes encuentro cada vez más integrados y que se hace evidente que hay un gran trabajo en los matices que proyectan y enfatizan en cada obra; en verdad, un gran trabajo.

OFUNAM Programa 5 Segunda Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Katia et Marielle Labèque, Pianos

Mar en Calma y Próspero Viaje, opus 27

Sinfonía No. 3 en La Menor, opus 56, Escocesa

Felix Mendelssohn (1809–1847)

Concierto para dos Pianos y Orquesta, opus 88a

Max Bruch (1838–1920)

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