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SINALOA: La ineficiencia de un gobierno ante emergencias

Cuando un fenómeno natural golpea a México algunas autoridades saben cómo deslindarse: siempre señalan que se trató de algo inesperado.

Y como el clima o los sismos no tienen cómo desmentirlos, ellos sólo esperan que la irritación social venga a menos. Siempre que hay errores, falta de profesionalismo o quizá actos de corrupción de por medio, refugiarse detrás de la madre naturaleza ha representado su zona de seguridad. Eso fue justamente lo que sucedió en Sinaloa.

La mañana del jueves 20 de septiembre caía la lluvia en el centro de Sinaloa. La gente hizo su vida como siempre: llevó a los niños a la escuela, fue a trabajar o acudió a una cita médica, entre otras muchas actividades. Pero unas cuántas horas más tarde, las calles de Culiacán se convirtieron en ríos sinuosos que arrastraban automóviles y acabaron con el patrimonio de familias. El agua subió más de un metro dentro de las casas. Las afectaciones alcanzaron a los municipios de Guasave, Ahome, El Fuerte y Salvador Alvarado.

En total hubo cuatro personas muertas y tres desaparecidas.

Los refugios abrieron ya que la gente salía de sus casas como podía.

Sinaloa

FOTO: @CalebT0rres

Las autoridades nunca cortaron la energía eléctrica a pesar del riesgo que se corría. Hay tres desaparecidos, más de 500 personas damnificadas por completo y cuatro pueblos incomunicados.

De hecho, dos personas perdieron la vida por descargas eléctricas en la sindicatura de El Dorado, perteneciente al municipio de Culiacán. La información oficial proveniente del Órgano de Cuenca Pacífico Norte de la Comisión Nacional del Agua, indicó que las lluvias fueron similares a las que cayeron en septiembre de 2013, cuando el huracán Manuel tocó tierra en Sinaloa.

¿Algo así en verdad es tan impredecible como para no suspender clases? ¿La lluvia que acechaba a Sinaloa desde una noche antes no merecía abrir los refugios desde la madrugada? ¿Por qué no hicieron cortes eléctricos? ¿Dónde estaban sus especialistas en Protección Civil?

Aún no transcurría una semana de las inundaciones en Sinaloa cuando Gloria Vázquez Rangel, exdirectora general en emergencias mayores de la Secretaría de Protección Civil en la Ciudad de México y catedrática de la UNAM, dijo que las autoridades tuvieron tiempo suficiente para avisar a la población y suspender clases.

En una entrevista con la periodista Gabriela Soto para el periódico Noroeste advirtió que el sistema no está funcionando. Desde su perspectiva, las autoridades sinaloenses encargadas de la protección civil debieron coordinarse con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) sobre todo en esta temporada.

“Yo creo que es muy grave porque está poniendo en riesgo la vida de muchas personas y debe de avisarse. El Sistema Nacional de Protección Civil ni el Consejo local advirtieron a la población del diluvio que golpearía”, advirtió.

Estas palabras pasaron de largo. Las autoridades miran hacia otro lado cuando se escucha la voz de los expertos o científicos. No es raro oírlos comentar que hicieron todo lo posible ante una tragedia. Sin embargo, poco se investiga su papel. La oposición política y las organizaciones civiles quizá tampoco empujan lo necesario para deslindar responsabilidades. México no puede seguir sufriendo consecuencias por este tipo por errores, falta de coordinación o políticas públicas que nos llevan al despeñadero.

¿Con qué cara van a mirar a las 16 mil personas evacuadas? ¿Qué harán los gobiernos ante las decenas de muebles que serán arrojados a las calles? ¿Cómo van a apoyar a las familias sin refrigerador en una zona con mucho calor?

Ni en la prevención y tampoco en la atención de las víctimas hay programas que respondan ante las emergencias. Los políticos hacen giras de trabajo por las zonas dañadas, culpan a la naturaleza, lamentan los sucedido y luego regresan a sentarse detrás de los escritorios.

Pero afuera la gente se truena los dedos porque perdió el único automóvil que tenían para trasladarse en una ciudad como Culiacán donde el transporte público es un desastre.

Un ejemplo claro es lo dicho por el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel. Durante un recorrido por Los Mochis comentó que en todo el estado se tienen redes pluviales deficientes y –según él- implicaría una fuerte inversión federal.

Y en el colmo agregó lo siguiente: “durante muchos años no se hicieron obras estructurales, y es parte también de lo que estamos resintiendo. La desviación del dren Juárez es una obra imprescindible para Ahome, ya está validado por Conagua y esperemos que en esta coyuntura tan lamentable sí tengamos el apoyo para iniciar por lo menos una primera etapa”.

El mandatario dijo: “durante muchos años no se hicieron obras estructurales”. ¿Y por qué pasó eso? ¿Quién va rendir cuentas de ello? ¿Hasta cuándo harán algo? ¿Se podrá remediar esto para la próxima temporada de lluvias?

Los sinaloenses por boca del propio gobernador parecen condenados al desastre ante las lluvias. En este país, no hay manera, ni minuto siquiera, en que nos dejemos de sorprenden por las barbaridades de hacen: Protección Civil de Sinaloa está a cargo de un político priista llamado Francisco Vega Meza quien en su trayectoria había sido dirigente de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) en Culiacán y diputado local. Es decir, un político sin experiencia ni mucho menos con un perfil adecuado en Protección Civil. Los grupos que llegan al poder se reparten los puestos así, aunque pueda ir de por medio de la vida de la gente.

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