hi

Cntrl Fest, el polvo de hadas que nos enamora de la oscuridad de los 80

La parte bonita de la vida tiene que ver con breves momentos que cuentan historias. Así sucedió con ese episodio de la línea cronológica del calendario gregoriano situado a finales de los años ochenta cuando definitivamente, había algo así como polvo de hadas desparramado en el aire, perceptible el sábado pasado durante la primera edición del Cntrl Fest.

Fue tan solo un instante de la historia del mundo cuando no había un conflicto bélico declarado, la economía mundial temblaba estable sobre una cuerda floja, y esa somnolencia que provoca el estado de tensa calma tuvo una basta producción cultural aparentemente burda, algunos llamarán vacía o hueca, otros lo llamarán auténtico. Yo prefiero dejarlo en el estatus de enigmático, pues dar el paso del pensamiento análogo al digital no fue solo un asunto de ciencia ficción, sino que en verdad el futuro se estrellaba en nuestra cara sin piedad.

Mark David Chapman había matado a nuestro John Lennon, y un cáncer extraño mató a nuestro único Bob Marley en el planeta. Madonna y Michael Jackson querían matar al rock, la aparición de la primera PC de IBM mataba la ilusión de los inventores de artilugios análogos; todo esto mientras que Estados Unidos y la Unión Soviética seguían mirándose feo y arrugándose la nariz a la distancia. Alguien quiso matar al Papa carisma, Juan Pablo Segundo, al igual que alguien quiso matar a Ronald Reagan, pero ninguno de ellos murió asesinado en ese momento, más un asesino silencioso sí que estaba matando a la humanidad, y este era el famoso SIDA.

Fue en esos años donde el mundo se daba cuenta que las mujeres no solo eran buenas para hacer hijos y hacer de comer, sino que bien podían tripular naves espaciales como lo hizo Sally Ride o ser miembro de la Corte Suprema de Justicia como Sandra Day O’Connor. Incluso llegar a ser primer ministra como lo fue Indira Gandhi antes de ser asesinada en esa misma década.

México levantaba las rocas de los escombros que dejó el sismo del 19 de septiembre de 1985 mientras Argentina levantaba la copa mundial de Fútbol en el 86. El muro de Berlín caía a la par de los últimos gobiernos autoritarios en Latinoamérica hasta ese momento y sí, el capitalismo como forma de organización económica, política y social llega a su cúspide, pues una porción de la humanidad podía adquirir productos de otros países gracias a los Tratados de Comercio, cosas como discos o revistas, por ejemplo.

Así, la década de los ochenta culmina con una enorme herencia cultural e histórica. Hipotéticamente, los jóvenes ochenteros eran los niños ricos de la historia de la humanidad ya que disfrutaron de todo aquello por lo que muchos humanos trabajaron tanto, el bienestar económico, social y personal. Esta libertad les daba a los jóvenes una conciencia y libertad plena de elegir. Elegir ideologías, elegir qué comprar, elegir preferencias sexuales, elegir ser o no madre, elegir con quien tener relaciones sexuales, elegir religión o una profesión. El mundo entero era un pastel enorme que había que comerse entero, así eran los alocados ochenta; oscuros, brillantes, opulentos, ostentosos, soberbios, desdeñosos, elegantes, como vampiros, como sombras en la noche que sabían disfrutar de la vida.

La última semana de abril precisamente estuvo enmarcada por un poquito de esa brillantina ochentera que aún se levanta si alguien respira fuerte. Primero con la visita del dúo británico, dinámico, emblemático (y demás adjetivos terminados en ico) de Erasure. Tan solo tres días después, se lleva a cabo Cntrl_F en una forma de homenajear también a cierta etapa oscura y gótica que también ocurrió durante la mencionada década de los ochenta

Podría interesarte: Erasure, los 80 aún vigentes

También en el Pepsi Center, también organizado por Euritmia Live y Noiselab, así como lo fue en su momento Erasure y Poptone solo que ahora en formato festival, lo primero que se me ocurre es agradecer porque alguien pensó en hacer un festival fuera del formato de siempre con las bandas de siempre.

Luego, pensar en las áreas de oportunidad para eventos posteriores, pues desde que supe que estaría parada por más de 10 horas supe que algo, aunque fuera poquito, podría salir mal.

Mucha gente de playeras con colores fluorescentes se encargó de la seguridad del evento, se agradece que no sean agentes de seguridad malencarados sino gente normal. Una de estas chicas muy graciosa a la entrada me pide verificar mi bolso al ingresar y así lo hace de manera meticulosa y eficiente. Se da cuenta entonces que porto un desodorante en aerosol, porque la noche es larga y el bailongo denso y bueno, no me gusta embriagar a las personas a mi alrededor con mis dulces humores, pero la chica muy amable me invita a dejar el desodorante en cualquier lugar ya que definitivamente no puede ingresar ese objeto. Cuando la cuestiono sobre esto, ella contesta que “puede ser usado para disparar fuego con ayuda de un encendedor”, y por gloriosa que pudiera verse esa imagen en mi mente no puedo parar de recuestionarla y decirle que no haré eso, a lo que ella responde insistente pero tiernamente: “Ok tú no, pero te pueden arrebatar tu bolsa y otra persona puede hacerlo porque ve, están todos muy raritos”…

Luego de salir y hacer como que dejo mi desodorante en la única tiendita guardarropa callejera me pregunto ¿Cómo es que un lugar tan enorme no tiene guardarropa? ¿Cómo es que un lugar tan magnificente tan solo tiene unos baños para albergar a cientos de personas? ¿Cómo es que un lugar tan reconocido como este no tiene más que un puestito de comida con muy pocas y pésimas opciones para bajonear durante tantas horas? Una vez adentro, olvido mis peros y me dispongo a disfrutar.

Pero esperen, quienes hayan llegado alrededor de las seis de la tarde de ese 28 de abril sabrán que no fue una travesía fácil, pues hubo que sobrevivir a la apocalíptica tromba que dejara inundada Reforma y Polanco, con árboles caídos, mucho tráfico y charcos del tamaño de albercas de Oaxtepec.

Gran inicio de @cntrl.f, Nanotak Studio y Tom Furse ya pasaron por el escenario del @pepsicenterwtc, el sábado promete una gran dosis de ruido experimental

A post shared by Rock 101 (@rock101online) on

Fue gracias a que el apocalipsis decidió comenzar el sábado 28 de abril del año 2018 en la zona centro-sur de la Ciudad de México y a la inédita y nunca antes vista puntualidad en horarios de un festival de música, y a la simpática angustia de la muchacha del acceso que juraba moriría ahí entre el fuego producido por una breve multitud enardecida de darketitos, que apenas llegamos a escuchar los últimos sonidos experimentales de Nonotak Studio.

Ya con un buen número de personas reunidas, las imágenes producidas por Noemi Schipfer a la par del ambiente sonoro generado por Takami Nakamoto habían hipnotizado a los presentes a un punto en el que ni la lluvia, ni las largas horas por venir, ni la ausencia de un lugar para fumar fueron capaces de desconcentrarnos.

Luego de una brevísima pausa, casi en punto de las seis llegaría el turno del DJ set de Tom Furse que con algunos sonidos bailables ya nos puso a tono, muy a tono con lo que llegaría después.

Una vez ubicada la zona de fumadores, el alma respira tranquila mientras que las mezclas furiosas de Richard Devine suenan a lo lejos. Y es que este concepto de diseñador de sonidos para algunos puede todavía ser un poco ajeno, más aún cuando lo escuchas en vivo. Una mezcla de mezclas emana de un equipo mientras que otro grupo de sonidos surge de otro. Entre tanto, la voz estruendosa de Richard ensordece a los asistentes quienes permanecen expectantes y atónitos ante lo que escuchan. Entonces el originario de Atlanta aprovecha para tomar una fotografía con su celular de nuestra sorprendida cara.

Llega el turno de The Horrors, son apenas las ocho de la noche y el lugar está casi abarrotado y pasa que los originarios de Southend, Inglaterra se han vuelto algo así como en los consentidos de medio mundo, pero ¿Qué tienen que hacer estos muchachos en medio de tanto veterano? Pues nada, que los chicos fueron bendecidos con los polvos de hada ochentera de los que les hablé al principio. Ninguna banda moderna había logrado atrapar la esencia post punk, enigmática y vampírica de la década como lo han hecho ellos. Por eso los amamos tanto. Suenan a lo mejor del pasado en el presente.

@thehorrors, en plano oscuro y disonante en @cntrl.f

A post shared by Rock 101 (@rock101online) on

‘Hologram’, ‘Machine’, ‘Who Can Say’, fue la bomba con la que The Horrors decidió incendiar el escenario, y sin nada más que un enorme letrero iluminado con el nombre de la banda, se arrojaron como lo han hecho ya en otras ocasiones. ‘In and Out of Sight’, ‘Mirror’s Image’, ‘Sea Within A Sea’, Weighed Down, nos pusieron a bailar, y es que la presencia de Faris Rotter pareciera ser el único elemento escenográfico necesario para la banda. Basta y sobra, su voz de ultra tumba que da miedo y a la vez es súper sensual, sus brincoteos, su esquelética forma. Joshua Third lo acompaña en el delirio junto a Rhys Webb. Ton Cowan y Joseph Spurgeon los observan analíticos y les acompañan en un brindis sonoro.

‘Press Enter to Exit’, ‘Endless Blue’, ‘Still Life’, ‘Ghost’ y ‘Something to Remember me By’, son las piezas con las que terminan su intervención en medio de una euforia total. Faris Rotten, agitado, se despide con un letal “Goodbye forever” que nos deja a todos pensando.

En el Instagram oficial de la banda, pueden encontrarse un par de posts dedicados a su estancia en México e incluso mencionan que sus visitas siempre han estado enmarcadas por la catástrofe, ya sea sismos o trombas, más todos esperamos que ese goodbye forever no haya sido nada más que un desafortunado decir.

Continua @cntrl.f, Decada 2 y Black Line llevándonos por diversos tonos de la música electrónica, de lo intensamente bailable a la oscuridad de recuerdo industrial

A post shared by Rock 101 (@rock101online) on

Década 2 ahora bajo la tutela de Mateo Lafontaine, el Publicista, profesor de música y DJ en sus ratos libres. Hoy es el único sobreviviente de este proyecto noventero y muy digno precursor de la música electrónica en México, nos entrega temas como El triunfo de Federico, Los decretos del poder y Música Electrónica. Cosa bonita fue su mini discurso político donde nos invita a hacer juntos historia y cambiar el rumbo del país. Ojalá algún dios, griego, cristiano o maya, lo haya escuchado.

Pasaditas las 10 de la noche, ya se siente un ligero dolor de pies. Nada que no hayamos experimentado antes. Entonces llega el momento de escuchar a Black Line, el nuevo proyecto de Douglas J. McCarthy, quien fuera líder de una de las más memorables bandas de música industrial, me refiero a Nitzer Ebb. Black Line se definen en algo así como una cooperativa musical, ya que todos sus miembros han sido colaboradores de bandas como Depeche Mode, han sonorizado películas como ‘Star Wars’ o simplemente se han dedicado durante toda su vida a la creación y el diseño de música para cosas importantes.

Black Line, introduciéndonos a nuevas texturas bailables en @CntrlFest pic.twitter.com/vZC1RUg6sr

— Rock101 (@r101ck) 29 de abril de 2018

Y así lo demuestran en el escenario, nada de improvisación, atrás han quedado los años de furia pero se quedan la elegancia y la delicadeza en los sonidos, que no dejan de sonar a EBM y a una fábrica de sonidos metalúrgicos. Una delicia con evidente reminiscencia de los años ochenta, sonaron: ‘Keep Digging’, ‘Losing You’, ‘Layers, Sedition’, ‘Can’t Breathe’, ‘Snap’, ‘Shut it Down’, ‘Big City’, ‘No Crime’ y ‘Changed’. Todo esto enmarcado en imágenes montañosas HD que provocan sentirse un poquito out of this fucking world.

Algún día espero entender por qué los headliners de los festivales, se presentan al final y no al principio de éste, cuando ya todo el mundo está muriendo de borracho, de drogado, de cansancio, de sueño o simplemente muriendo.

Once treinta de la noche, apenas con diez minutos de retraso, llega el momento esperado por muchos. Mágicamente algo sucede con el público que ha mutado de joven a trasnochado y de lo multicolor a lo oscuro. Es el turno de Gary Numan que emerge como dios egipcio de entre un enorme y brillante sol que enceguece al público. Su semblante vampírico contrasta con el blanco de su túnica y las obvias referencias orientales se proyectan en los paisajes desérticos de la pantalla.

Lo que más esperábamos esta noche, Gary Numan en @cntrl.f

A post shared by Rock 101 (@rock101online) on

Un set corto pero preciso acompañado de músicos que hicieron de la experiencia comúnmente electrónica, en algo simplemente inolvidable. Numan es de esos seres por los que los años no pasan. Se regodea sobre el escenario como deidad recorriéndolo de un lado a otro, retorciéndose, hincándose y parándose de nuevo para enseguida dirigirse al sintetizador y seguir cantando. ‘Ghost Nation’, ‘Halo’, ‘Metal’, ‘The Fall’, ‘Bed Thorns’, ‘Pray For the Pain You Serve’, ‘Cars’, ‘Here in the Black’, ‘Haunted’, ‘Mercy’, ‘Love Hurt Bleed’, ‘My Name is Ruin’, ‘When The World Comes Apart’, ‘A Prayer For the Unborn’ fueron una a una las piezas entregadas por este príncipe pionero del synth-pop. Tan solo un breve recorrido por su legado, que no ha dejado de ser vigente, vertiginoso e innovador.

Las dos de la madrugada, algunos valientes soldados claudican, y no es para menos. El baile ya ha mermado en la espalda y los pies de la mayoría. Otros astutos hemos encontrado la paz en algún pedacito de pared donde podemos recargarnos o sentarnos para recargar energía y no morir en el intento. Muchos caídos, vencidos por el sueño y el exceso de alcohol, pero nada de eso nos detiene porque llega el momento de escuchar a la última bomba de la noche: Front 242.

De origen belga, surgidos al inicio de esa década mágica de la que les he estado hablando, Front 242 son uno de los principales referentes mundiales de la música electrónica. Un quinteto de señores en toda la extensión de la palabra que literalmente arrebatan el escenario violentamente para hacer uso de él a su antojo. Sin duda el momento apoteósico de la noche. La gente no para de bailar y eso me recuerda a esa escena de Blade el caza vampiros donde de los detectores de humo en lugar de agua comienza a llover sangre y aquello se convierte en un festín orgiástico. ¿Lo tienen? Pues justo así fue escuchar por primera vez en México a los de Front 242.

‘Happiness (More Angels)’, ‘Take One’, ‘Body to Body’, ‘Quite Unusual’, ‘Moldavia’, ‘Funkahdafi’, ‘U-Men’, ‘Commando Mix’, ‘Until Death (Us Do Part)’, ‘Headhunter’, ‘In Rythmus Bleiben’, ‘Welcome to Paradise’ fueron el set con el que complacieron a quienes los escuchábamos por primera vez en vivo y también por primera vez en toda la noche sonó unánime y eufórico el famoso “otra, otra” porque nos sentimos como a la mitad de algo importante que no podía acabar así. Entonces llegaron ‘Operating Tracks’ y ‘W.Y.H.I.W.Y.G/Masterhit’.

Casi como un aterrizaje forzado, ha terminado la fiesta por hoy. Son casi las tres y aún falta por escuchar a Luke Vibert. Pero es inútil, el noventa por ciento de los asistentes se han ido. Ahora puedo saber por qué los headliners tocan siempre hasta el final y es que el reconocido DJ inglés se ha quedado solo casi por completo ¿Por qué somos así?

Tan solo escucho un par de tracks del set de Luke, cuya discografía es tan prolífica que pudo haber tocado durante las casi doce horas de este microfestival que llegó hasta el final con saldo oscuro, sin ningún contratiempo y con ansiedad de que vuelva a repetirse por muchos años más.

Doce horas después y con una uña enterrada a mi favor, concluye Cntrl_F postulándose como uno de los festivales más prometedores en lo porvenir.

CTRL: FEST, la segunda oportunidad de nuestros sueños industriales

Si la acepción en relación a la existencia, donde se le describe como un recorrido en círculos fuera cierta; entonces ya estaba escrito que aquella mítica presentación en vivo de los proyectos EBM Front 242 y Década 2 de un añejo 25 y 26 de septiembre de 1991 en el Teatro Ángela Peralta tendría su segunda oportunidad en el CTRL: FEST 01 nadie lo habría creído.

En esa ocasión solamente se presentó la banda belga el primer día, gracias al retraso del audio y la suspensión del segundo debido al portazo, pintas y otros desmanes, sin embargo 27 años después Noiselab y Euritmia se encargarán de que este suceso realmente ocurra a casi tres décadas de distancia de haber sido planeado.

Dicho evento es una cita obligada para aquella vieja guardia que a principios de los noventa disfrutaba de un momento histórico musicalmente hablando, los conciertos en nuestro país comenzaban a ser una realidad, también proyectos radiofónicos como Rock 101 apostaban por el primer programa de música electrónica en nuestro país Éxtasis 101 y se sumaron al apoyo con spots del concierto organizado por el propietario de la emblemática tienda de discos Super Sound, ubicada a unos pasos del recinto antes mencionado.

CTRL: FEST 01 está conformado por un cartel que se regodea en el Vintage musical de nuestro siglo; aderezado de los patrones a seguir de la electrónica actual, al conformarse con las presentaciones Gary Numan, Front 242, Black Line, The Horrors, Década 2, Luke Vibert, NONOKA_STUDIO y Richard Devine, proyectos que se darán cita el próximo 28 de abril en el Pepsi Center, sin duda, será un encuentro marcado por una amplio bagaje de la electrónica de los años 80, la cual se ha transformado y evolucionado hacia esta joven centuria inevitablemente influenciada por lo menos por tres de estos especímenes musicales que desde Inglaterra, Bélgica y México han contribuido desde su latitud con temas tan emblemáticos como ‘Cars’, ‘Headhunter’ y ‘Música Electrónica’; trinomio de piezas que en alguna ocasión han amenizado alguna fiesta y que también han sido programadas en distintos momentos en la radio abierta y también en la generada desde hace más de una década vía digital.

Podría interesarte: Tutti-frutti, el under chilango 30 años después

Por su parte, el joven proyecto Black Line conformado por dos referentes de la música EBM e Industrial; Douglas J. McCarthy fundador de Nitzer Ebb y Cyrusrex quien ha sido productor, ingeniero e instrumentista entre otros grupos de Skiny Puppy desde 2013 se unieron para dar vida a este ente electrónico motivado por las formas clásicas de la electrónica y las posibilidades actuales de la estética digital

También debemos tener presente, que el cartel de CTRL: FEST 01, no esta reviviendo a ninguno de estos músicos; Mateo Lafontaine en noviembre de 2017 presentó en vivo su más reciente proyecto MAT Le MAT en el MAM (Museo de Arte Moderno, Gary Numan también entregó su más reciente álbum titulado ‘Savage (Songs a Broken World)’, The Horros publicó su quinto álbum ‘V’ en 2017, Front 242 a pesar de que en una década no lanzado una nueva producción, sus presentaciones siguen ocurriendo como la del año pasado en el Primavera Sound de Barcelona y por último, Black Line, con dos EPs se encuentra en la gestación de algo interesante por venir.

Por parte del frente de propuestas de avanzada, se tendrán la participación de Luke Vibert quien desde los noventa y hasta nuestros días se ha desenvuelto en distintos caminos de la electrónica bajo diversos alias y colaboraciones, entre las que destaca la que tuvo con Aphex Twin, lo que ha significado una suculenta producción musical, de igual manera NONOTAK_STUDIO que seguramente será una de las experiencias audiovisuales más recordadas de este año, ya que la dupla colaborativa conformada por Noemi Schipfer y Takami Nakamoto, genera experiencias inmersivas sumamente pulcras a través de composiciones que involucran, la luz, la electrónica, los silencios, la geometría y la obscuridad para sus planteamientos escultóricos e instalativos y por último la presentación del estadounidense Richard Devine quien desde el alba de esta centuria, se ha convertido en una referencia de la música electrónica y el diseño de audio, incursionando en el IDM, Glitch y experimentación, donde la sofisticación del software en la composición son realmente exquisitas.

La primera emisión de este festival a realizarse hacia el cierre del cuarto mes de este 2018, ha generado bastante expectativa desde su anuncio el cierre del año pasado, porque re abrir la herida de aquellos que ya no llegamos a la segunda fecha del encuentro entre Front 242 y Década 2, si es una empresa muy arriesgada y acompañados de otros proyectos electrónicos desarrollándose plenamente en la transformación y evolución de la música sintética y la interdisciplina, sin duda, lo colocan como uno de las citas obligadas de este 2018.

Kurt Cobain es uno del Club de los 27 (¿por qué se suicidan?)

A propósito del suicidio de Kurt Cobain (5 de abril de 1994), al hacer una película sobre las estrellas del pop que murieron a los 27 años, el gerente de Wham, Simon Napier-Bell descubrió que un trauma fue lo que los motivó.

 sugirieron por primera vez que debería hacer una película sobre el club 27, el grupo de estrellas del pop que murieron a esa edad, no estaba muy interesado.

Parecía una carga. Luego encontró con una encuesta del doctor Mark Bellis de la Universidad John Moores que rastreaba muertes prematuras entre 1,064 artistas musicales populares, seleccionando nombres de los mejores álbumes de todos los tiempos. En general, tenían 1.7 veces más de probabilidades de haber muerto prematuramente que otras personas de su generación.

También descubrió que si el Club 27 se cambiaba a un club para personas de entre 26 y 30 años, el número de estrellas se cuadruplicaría. Y si se extendiera a los 35 años, el número se multiplicaría por diez.

Con figuras tan extraordinarias, decidió que debería usar el Club 27 para investigar la psique de las principales estrellas de la música en general. ¿Por qué se convierten en artistas? ¿Qué los motiva? ¿Por qué hay tantos depresivos bipolares o maníacos? ¿Cuáles deberían ser las responsabilidades de la industria hacia su salud mental? ¿Y si será que las personas con problemas naturalmente gravitan hacia el negocio de la música?

Demasiado para una sola película, especialmente cuando también tenía que incluir las vidas de los seis miembros más famosos del Club 27. Pero Simon Napier-Bell lo intentó de todos modos.

Mucho de eso ya lo sabía. Ser un manager de estrellas del pop y el rock tiene que ver tanto con tratar sus problemas psicológicos, como con promover su música. Casi todos los artistas sufren una inquietud interna permanente. No es sólo una parte trivial de ser un artista, es su principal fuerza de impulso. Muchos de ellos sufrieron algún tipo de trauma infantil. Podría haber sido la muerte de un padre o hermano, algún tipo de abuso físico o sexual, un divorcio de los padres, o cualquier otro trastorno emocional. Y en casi todos los casos deja un hervor lento que estimula la creatividad.

Puedes estar seguro de que si tu artista es realmente creativo, entonces en algún momento de su infancia sucedió algo que lo desencadenó. Es como si cada trabajo nuevo que idea, tuviera la intención de mitigar algo que molesta a su ser interior. “Nunca he conocido o gestionado ningún artista valioso que no fuera así”, escribe Simon en The Times.

La causa real de esa inquietud interna no es asunto del manager, su trabajo es gestionar el talento que proviene de él, no preguntar cómo surgió. Sé feliz de que esté allí y explótalo. Eso puede sonar insensible, pero es la realidad. Es lo que el artista quiere de su manager.

“Nunca discuto con un artista las cosas que afectan su vida personal, ni las razones de sus depresiones o estados de ánimo artísticos. Simplemente lidio con ellos lo mejor que puedo. No soy un psiquiatra contratado para tratar el origen de su inquietud. Estoy contratado para comercializar los síntomas que produce, su arte, para ayudarlos a usarlo en su beneficio. Y, en general, esa es la actitud de todo el negocio de la música. Sin embargo, ¿por qué los 27 son una edad tan crucial?”, se pregunta el autor.

Primero, hace notar, es la edad en que la corteza cerebral frontal madura. Esto permite que las personas tomen decisiones adultas normales —nos da nuestro sentido de causa y efecto—. Muchas sociedades antiguas fueron conscientes de esto y consideraron los 26 la edad adulta, y también es bien sabido en la sociedad occidental. Los servicios militares especiales invariablemente asignan sus tareas más exigentes a las personas de 27 años o más por esa razón. Una falta de conocimiento de causa y efecto puede ser útil cuando quieres que mil soldados corran por una playa bajo fuego (por eso 18 a 21 es una edad excelente para reclutarlos), pero no es tan útil cuando estás entrenando espías para llevar a cabo tareas clandestinas.

Y si eso suena cínico, seguramente la industria de la música también.

Persiguen a jóvenes entre las edades de 18 y 23 años y les piden que desechen su educación avanzada a cambio de una posibilidad de 1 en 50 de éxito en el negocio de la música. A la edad de 27 años, nunca lo harían. Ninguna persona racional lo haría.

Las compañías discográficas saben por experiencia que los más creativos de estos jóvenes son probablemente bienes dañados, que el trauma de la infancia y el desequilibrio emocional casi con seguridad formarán parte de su composición. Entonces, ¿eso hace que la industria sea explotadora? Posiblemente, pero tal vez no tanto como parece. A menudo es un intercambio justo porque para muchos jóvenes, la industria de la música ofrece exactamente el tipo de terapia que necesitan. Simon ha tenido varios artistas que le han dicho: “Sin el negocio de la música, me habría suicidado”.

“El enfoque principal de mi película son los seis miembros más famosos del Club 27. Para todos ellos, la industria de la música fue su salvador tanto como su caída”, anota.

Cuando tenía tres años, la hermana de dos años de Brian Jones murió. Hasta entonces su vida había girado en torno a ella. Un año después, su madre devastada tuvo otra hija a la que le dio su amor total. Brian se sintió excluido. Desarrolló un asma terrible y a la edad de 14 años ya había dejado embarazada a su primera novia. Sin embargo, descubrió la música y lo calmó. Por lo menos hasta que tuvo 27. Cada vez menos confiable por las drogas, fue expulsado de los Rolling Stones, el grupo que había fundado. Menos de un mes más tarde se ahogó en su piscina, bajo la influencia de drogas y alcohol.

Jimi Hendrix tuvo una infancia horripilante. Su madre era una chica fiestera adicta a las drogas de 17 años. Su padre estaba en una prisión militar y lo vio por primera vez cuando tenía tres años. Observando que su hijo era zurdo, le dijo a Jimi que debía haber nacido del Diablo. Él y sus tres hermanos fueron desalojados en casas baratas y hoteles hasta que sus padres finalmente se divorciaron. A la edad de 15 años, Jimi encontró un ukelele roto en la basura y desde entonces su vida fue la música, aunque aún caótica. Fue sólo cuando se unió a la banda de apoyo de los Isley Brothers, y luego a Little Richard’s, que encontró disciplina —los músicos no recibían pagos si tocaban una nota equivocada—. Jimi rara vez lo hizo. Destacó, lo que lo llevó a su carrera de solista. Sin embargo, tal vez esa fue su perdición. Liberado de la disciplina y ganando demasiado dinero para su propio bien, regresó al caos de su infancia —más las drogas.

Janis Joplin nació en Texas de padres liberales de clase media, pero fue a una escuela en el lado equivocado de las vías. “Era una inadaptada”, dijo. “Leía, pintaba, pensaba. No odiaba a los n***ers”. Y la molestaban ferozmente. A los 15 años desarrolló un acné profundo en la cara y fue votada como el “chico más feo de la escuela”. Su defensa era enterrarse en la música —y beber—. Para cuando dejó la escuela, ella era una alcohólica.

El padre de Jim Morrison era un militar. Él juró nunca golpear a un niño. En cambio, alineaba a sus tres hijos cada fin de semana y les gritaba. Bajo un sol abrasador o un frío glacial, tenían que prestar atención hasta que cada uno admitiera sus malas acciones de la semana anterior. En una situación así, había poco afecto familiar, por lo que Jim escapó a los libros. Leía con voracidad —Rimbaud, Burroughs, Baudelaire, Cocteau, Ferlinghetti— y escribía poesía. Más tarde, en la escuela de cine, intercambió la poesía por letras de canciones y se unió a The Doors. Sin embargo, debido a que su familia no le había dado base, terminó moviéndose entre novias, trajes de paternidad y drogas, y finalmente sucumbiendo a la heroína en París.

Kurt Cobain comenzó a cantar a la edad de cuatro años. Sus padres se divorciaron cuando tenía nueve, dejándolo desolado, y más centrado en la música que nunca. Al principio vivió con su padre y su nueva esposa, luego con su madre, durante ese tiempo descubrió el punk rock y las drogas. Un primo le advirtió que la enfermedad mental y el suicidio eran comunes en la familia y que si no tenía cuidado, podrían ser su destino. Cuando tenía 15 años, caminaba solo por el bosque un día, cuando se encontró con un cuerpo muerto que colgaba de un árbol —lo que para él casi confirmaba la predicción de su primo.

Amy Winehouse fue criada en un hogar lleno de música, especialmente jazz. Al igual que Cobain, ella fue deshecha por el deterioro de la relación de sus padres. Ella adoraba a su padre, que engañaba a su madre, para lo que no encontraba ninguna razón, a menos que, tal vez, fuera culpa de Amy. Parece que ella cargó con la culpa y trató de cantar su culpabilidad. Luego ella trató de bebérselo en su lugar.

“Estos fueron los seis músicos más conocidos que murieron a la edad de 27 años, pero hay muchos otros, todos con historias similares. Como fueron las narrativas de otras estrellas que han muerto en los últimos años —George Michael, a quien administré cuando estaba en Wham!, Prince, Michael Jackson y Whitney Houston— y de una gran cantidad de artistas que todavía están vivos”, recuerda.

Un par de esos le hablaron en cámara. En sus veinte años, Tom Robinson necesitaba desesperadamente el éxito de la música para validar su vida. Cuando lo logró con, Glad to be Gay, vivió aterrorizado de no poder escribir otro hit. Tanto que durante diez años guardó suficiente veneno en la nevera para suicidarse en caso de que el miedo al fracaso lo dominara una noche.

El trauma de Gary Numan fue descubrir cuando era niño que era autista. Ahora siente que fue una ventaja, dándole la singularidad de propósito que es tan importante para que un artista tenga éxito. Sin embargo, tenía que hacerlo sin comprender la empatía que un público necesita de un artista. Cuando hizo su primera entrevista, mientras el entrevistador estaba hablando, los ojos de Numan vagaron a todas partes, excepto al rostro del entrevistador. El manager de Numan le explicó que no podía hacer eso, que debía mirar a la persona que le estaba hablando. Entonces Numan arregló al entrevistador una mirada de tal intensidad que la persona pensó que Numan lo deseaba muerto. Su manager le explicó de nuevo. Y a partir de ese momento, cada vez que Numan habla con alguien, él los mira, cuenta hasta cinco, mira hacia otro lado y vuelve a contar, luego mira hacia atrás por cinco más.

“Hablando con estas personas, me pregunté cuán lejos está mi propia personalidad del filo emocional con el que viven los artistas. Debe haber una parte considerable de mí que esté cerca, o no los entendería tan bien. Sin embargo, nunca me permití hundirme en ese atolladero emocional en el que todos tan fácilmente caen. Parece que esa es la diferencia entre los artistas y el resto de nosotros”.

Muchas personas entrevistadas dijeron que pensaban que a los artistas les faltaba algo —algún tipo de lógica que podían aplicar a su situación emocional, algún tipo de proceso de protección instintivo que la mayoría de las personas tiene—. Es posiblemente una falla en su corteza cerebral frontal, lo que nos lleva de vuelta al punto de partida. ¿Debería la industria tratar de curarlos, o simplemente ayudarlos a equilibrar esa falla con una carrera comercial en la música?

La respuesta es invariablemente la última. El trabajo de la industria es comercializar los síntomas de la confusión interna del artista y explotarlos para ayudar al artista a tener una vida constructiva y útil.

Y vivir más allá de 27.

 

Traducción libre de Lilith T. Masso.

-->