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Bocanada, un encuentro de dos mundos de Gustavo Cerati

Un respiro, una pausa, un instante, un momento que no se halla en el presente más que es una bocanada; es suficiente para sobrevivir a los límites que impone el tiempo y sus circunstancias. Para algunos se vuelve vicio o placer, para otros una oportunidad de no ver ni hablar con nadie y perderse en pláticas imaginarias con los “hubiese” y los “porqués”. Muchas veces atemoriza a las personas más cercanas pues es una de las habilidades que uno adquiere en la zona de confort. Salirse de ella, romper las reglas y los prejuicios, e incluso decepcionar a muchos, es precisamente el aire contenido en una bocanada.

Este 28 de Junio se cumplen 19 años del nacimiento de uno de los discos más significativos en la música iberoamericana: ‘Bocanada’ de Gustavo Cerati. Significativo, entre otras muchas cosas, por ser el primer experimento total de Cerati sin Soda Stereo y por reflejar un sonido nuevo en su voz, lúcido en tonos electrónicos y experimentales, pero sobretodo en homenaje y como ventana de la música británica e incluso del propio Elvis Presley.

Quizás pocos lo sepan, pero Cerati – quien también produjo el disco- recurrió a una serie de sampleos para redefinir una serie de objetivos que sólo al paso del tiempo seríamos capaces de descifrar. Hoy 19 años después, me atrevo a decir que uno de esos objetivos era el romper un paradigma musical en el que el rock estaba inmiscuido en guitarras y baladas. Desde John Barry, Focus, Electric Light Orchestra y hasta Thomas Dolby, dieron forma a la columna vertebral de la imaginación en Cerati. El resultado es sumamente camaleónico si consideramos que las piezas originales absorben géneros como el blues, psicodelia, glam e incluso jazz, traduciéndose en un caleidoscopio de sintetizadores, violines y poesía.

Es bien sabido que la composición de Gustavo alude a la metáfora como expresión de los sentimientos más naturales del ser humano, como el amor, dolor pudor y felicidad; cierto, la música en general es eso pero pocos pueden llegar a más y Cerati con ‘Bocanada’ alcanzó e incluso rebasó lo inimaginable en el mundo de las letras.

En México, la escena del pop empezaba a deslumbrar mientras que el rock predicaba con la idea de lo alternativo inspirada en Blur y The Cranberries, por ejemplo. La supremacía comercial y hasta en ese entonces musical, MTV , se vería rebasada, sorprendiendo así a propios y extraños con el unplugged de Shakira. La poesía y la metáfora no eran símbolos de éxito ni significado de remuneración económica en el globo de la música. Bocanada rompió un paradigma más, tratándose de un disco que reúne una serie de metáforas inspiradas en paisajes, olvido y perdón.

Toda esa inspiración que despertaba la voz de Cerati no fue casualidad y sí una construcción necesaria y destinada por la propia época que se fue gestando desde Soda Stereo. A su par, brotó todo un estilo lírico enmarcado por el pensamiento de personajes como Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Gabriel García Márquez y García Lorca, por mencionar algunos. La dimensión de la lengua española a finales del siglo XX no sólo sufrió un cambio revulsivo en la poesía sino que forjó nuevas corrientes del pensamiento como el transrealismo y géneros literarios como la narrativa moderna y crónica periodística. Influencias que de alguna forma justificaron el universo de Gustavo, paralelo al creciente número de propuestas creativas de cualquier expresión artística.

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Sin más, Bocanada es un disco que me lleva a definirlo como “el encuentro de dos mundos creativos”, por decirlo de alguna forma. Por un lado, todo el conglomerado de influencias del rock británico así como del chill out, inclusive; por el otro, la fuerza de la lengua española y la poesía. Un encuentro que denota el inicio del nuevo milenio y antepone nuevas perspectivas ante un mundo globalizado, tecnológico y diverso. Sin duda, se trata de una producción que estableció un antes y un después en la música. Para muchos se trata del mejor disco en la carrera solista de Gustavo Cerati.

Como fanático, me parece un libro abierto de emociones y cuentos infinitos. Crecen a medida de que envejecemos e inspiran a crear los nuestros. Crear y creer en la efervescencia que implica una separación amorosa y su traducción en perdón; en paisajes donde sólo hay jardines, ríos y un puente para llegar a nuestro destino; en lo quebrantable de los tabúes o en lo posible de lo inimaginable. “Perdonar es divino”, “Engaña”, “Beautiful” y el resto del disco fueron pensadas incluso como b side de “Sueño Stereo” de Soda Stereo. Evidencia suficiente para comprender la belleza de lo etéreo de la música.

Así, las nuevas generaciones trastocan las complejidades de crecer y heredar las mismas emociones o los mismos deseos pero que al final la esencia del cambio es lo que prevalece. Por eso y más, 19 años atrás se replican en nuestra memoria de forma nostálgica pues no consumen aún la idea de que Cerati ya no está. Sus letras y sonidos están depositados en nuevas formas de entender la música actual y permite darnos un descanso ante nuevos ritmos como el reggaeton. Una bocanada de aire en nuestros oídos para salvaguardar un poco de lo que aún nos queda: imaginación.

Usa el amor como un puente”. Cerati.

#NoHayFuturo – Señor, lo estaba esperando

 

Escribo esto al llegar a casa tras una junta maratónica, en medio de la que nos hemos enterado mi socia y yo que ha fallecido Leonard Cohen,  ella lo tomó a la ligera diciendo que ya lo veía venir, yo, decidí seguir con velocidad para terminar lo más pronto posible, abrir una botella de vino y rendirle luto a una de las figuras que sin querer siempre estuvo ahí en mi vida.

 

Desde niño recuerdo en casa de mis abuelos, donde crecí, mi tío escuchaba tanto a Victor Manuel y Serrat como a Leonard Cohen o Dylan, ahí fue donde me familiaricé con esas melodías y con canciones contadas, habladas.

 

Alrededor de los 15 cuando ya por voluntad propia comencé a descubrir los árboles genealógicos de la música, descubrí que en verdad me gustaba el trabajo del viejo. A lo largo de los años apareció y desapareció, me hizo leer a García Lorca, como también me hizo descubrir (eso si junto a Sonic Youth) a Morente. Que me hizo amar esta parte de flamenco psicodélica gracias al disco ‘Omega’ que hizo en mancuerna Enrique Morente con Lagartija Nick, un homenaje flamenco-rockero-psicodelico-lisergico, en el que esta fusión rockera/gitana cantaba la obra de García Lorca y Leonard Cohen.

 

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Con Leonard Cohen con una relación itinerante, siempre iba y venia, en una temporada solía fumar marihuana y diseccionar sus canciones, las analizaba hasta olvidar el origen del tren de pensamiento que me llevó a miles de reflexiones en el camino. Incluso antes de pensar que algún día sería manager de Belafonte Sensacional, con Belafonte pasaba horas enteras bebiendo, fumando y reflexionando las canciones de Cohen en un apartamento de la calle de Regina que hacia las veces de cuartel fiesteraca y hoyo funky.

 

En la intimidad también llegó a aparecer en una etapa oscura en la que con pose de raro e inadaptado seducía chicas con canciones de Serge Gainsburg y Cohen, para convencerlas de que me bailaran hasta que el amor se nos terminara.

 

Me toco ir de promo con Nacho Vegas cuando contaba a todo mundo como en la entrega del Premio Príncipe de Asturias, trató de advertirle a Cohen que alguna de las manos que sacudía al recibir el premio pudo haber sido la misma que disparó a Lorca.

 

Siempre tuve la esperanza de poder llegar a un concierto de Cohen, y las apuestas crecieron cuando su manager le chingó su feria y el buen Cohen tuvo que salir de su retiro y regresar a la civilización para tratar de hacer una nueva fortuna, a la única manera que sabía, con la música.

 

Hace apenas unas semanas escribiendo en un Starbucks a falta de luz o Internet en mi oficina, le di la primera escucha a ‘You Want It Darker’, se me salieron unas lagrimas, no puedo negarlo.

 

Al llegar a “String Reprise/Treaty” se me rompió el corazón, me temblaron las manos de la emoción de saber al viejo Cohen vivo, con un disco y con la posible oportunidad de que el álbum lo llevara de gira y pudiera verlo.

 

Hoy bebo un vino y mientras veo este monitor, agradezco los infinitos momentos que la música de Cohen me ha dado, pero siento saudade de no poder lograr ese sueño de poder verlo moverse en un escenario, de no escuchar su viva voz susurrar al micrófono. Me queda esperar que  Morente lo reciba en el más allá extendiéndole la mano para decirle “Señor, lo estaba esperando” mientras con lagrimas en los ojos vuelvo a escuchar:

 

“I wish there was a treaty we could sign

It’s over now, the water and the wine

We were broken then but now we’re borderline

And I wish there was a treaty,

I wish there was a treaty between your love and mine”

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