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Pussy Riot, reglas para romper las reglas

“La impunidad se ha vuelto un aire respirable”, pienso, mientras veo un vídeo en redes sociales sobre tres sujetos que asaltaron un camión hace unos días rumbo a Xochimilco. Respirable porque entre líneas leo que se trata casi ya de una rutina en dicha ruta y en la que veo además los rostros tranquilos de sus pasajeros. Detrás de la noticia se guarda un sinfín de notas parecidas en las que se violenta la vida de estudiantes y mujeres. Una constante de los últimos años que sugiere un nuevo giro en los grupos de presión de nuestro país.

Por demás, levantar la voz exige todo un proceso de conocimiento de afuera hacia adentro. Analizarse como ciudadano y luego como individuo, me instaura en una complejidad que al final ha de volverse aprendizaje. Sin embargo, me parece que la protesta no es aún un ideal de conjunto; no al menos en un país tan desigual como México. “Simpatizar no es lo mismo que conocer”, vuelvo a pensar, al mismo tiempo en el que las mujeres desconfían cada vez más del hombre y en el que el estudiante lo hace del que no lo es. Ésta y otras posiciones del manifestante me llevaron a rebuscar el sentido del activismo en otras dimensiones, quizás culturales y sociales, pero nunca sin demeritar su verdadera causa.

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Nadya Tolokonnikova (integrante de Pussy Riot) me pareció un umbral en un camino importante de reflexión y análisis, en el que por si fuera poco, se adhiere la música como un ejercicio de participación colectiva en favor de un mismo discurso. Visto así, creo que sus experiencias y su cercanía con nuevas generaciones a través de la música puedan volverse un aliciente importante en esta búsqueda de justicia y no confundirse con la búsqueda de pertenencia.

Si bien las motivaciones de Nadya parecen no coincidir en su mayoría con las injusticias de México, si son suficientes para comprender el fuerte desgaste del sistema autoritario en gran parte del mundo.

¿Qué mueve entonces los pronunciamientos de las Pussy Riot? Una primer respuesta, sin duda, sería la falsa moral. Simple y sencillamente la iglesia, por ejemplo, ha adjudicado en Rusia un discurso en contra de las relaciones sexuales no tradicionales, así como diálogos conservadores sobre la homosexualidad. En reacción, las integrantes de la banda fueron condenadas a dos años de prisión por vandalismo motivado por odio religioso.

 

Hoy, seis años después, las experiencias al respecto son un total quiebre al modelo político de Rusia, modificando sus leyes y volviéndolas aún más opresivas. Al respecto, Nadya dijo en entrevista para Pitchfork: “una gran apatía se ha extendido por todo el movimiento de protesta, nacido del miedo. Ahora el movimiento de oposición es como un funeral, un fantasma. Nadie sonríe”. Traducido de otra forma, es Rusia sede de un ambiente sombrío en el que las opiniones radicales no tienen cabida y ante eso la música responde como un acto de reorganización cultural antes que política y ante ello la anarquía se ha vuelto una falsa idea de su alrededor.

Por supuesto, el golpe mediático de la banda ha sido impactante a lo largo del mundo, pero el propósito es algo más que eso: ¿Romper las reglas? si, una intención que se ha antepuesto de forma equívoca en una sociedad acomplejada por la religión, la familia y desde luego el Gobierno. Por eso y mucho más, el pasado 9 de octubre Nadya Tolokonnikova presentó ‘Read & Riot: A Pussy Riot Guide to Activism’. Se trata de un libro que promete, en voz de su autora, un conjunto de normas al alcance de la cotidianidad, siempre y cuando contemple lo rígido de cualquier manifestación en contra y llena de poder.


Más allá de un listado de ideas en contra de cualquier protesta, se trata de una serie de cuestionamientos y de análisis sobre la desobediencia civil. Una guía que lejos de suprimir el autoritarismo, es superar el pesimismo, el miedo, la incertidumbre y la desesperanza. Por si fuera poco, el libro consta de diversas experiencias de Tolokonnikova en prisión, dando por hecho una serie de incógnitas en torno al sistema penitenciario de Rusia. El ciclo del libro lo completan Kim Gordon y Olivia Wilde, así como toda una inspiración literaria de Frida Kahlo y Simone de Beauvoir, por mencionar algunos.

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Ejercer nuestros derechos, exigir su respeto y enmendarlos en igualdad de condiciones, es un paradigma que merece un nuevo cambio, aquí y en Europa. Nadie pone en tela de juicio la voluntad de ello pero si el conocimiento que se requiere. Ante eso han crecido y nacido nuevos grupos de opinión, manifestando, en la mayoría de las veces, emociones más que ideas. Parece este, el camino de la música y la literatura, un camino ideal para justificar nuevas formas de comprender el mundo y de explicarlo.

Sin más, acá algunas reglas para romper las reglas:
1.- “Sal en busca de una verdad que derrumbe los límites y las definiciones existentes”.
2.- “Si quieres lograr algún cambio, antes tienes que aprender cómo funcionan las cosas”.
3.- “Sonríe como acto de resistencia. Sonríe y manda a la mierda al mismo tiempo”.
4.- “Quienes tienen el poder han de vivir con miedo, con miedo al pueblo”.
5.- “Lo mágico del arte es que eleva y amplifica tu voz; algunas veces, de forma literal, con un micrófono y altavoces”.

El libro ya lo pueden encontrar en algunas librerías de México en forma digital y física.

The Wife, ¿detrás de todo gran hombre…?

La esposa, o La buena esposa (con el desafortunado título que se eligió para México), es la primera película en inglés del sueco Björn Runge y está basada en la novela The Wife de la escritora estadounidense Meg Wolitzer. El guión estuvo a cargo de Jane Anderson, la cinta por medio de flashbacks combinados con el tiempo presente, cuenta la historia de Joan, una joven y talentosa escritora que decide sacrificar su carrera para impulsar —de una manera muy masoquista y poco sensata— la de su esposo, Joe Castleman, y vivir bajo su sombra el resto de sus días.

La decisión de la joven Joan se explica en parte por el consejo que recibe de una escritora veterana, quien le augura que editores, editoriales y público la ignorarán por ser mujer, y la exhorta a elegir otro camino, ya que “lo más importante para un escritor es que lo lean”. Esto sumado a la obsesión de Joan por su maestro (y luego esposo) la llevan a sostener la carrera de un falso genio, que lo que le falta de talento lo compensa con vanidad.

Las supuestas novelas de Joe Castleman han revolucionado la literatura y lo hacen acreedor del premio Nobel. En ese momento, cuando Joan ve que su obra ha alcanzado tal grado de valoración, parece por fin despertar y autoreconocer su propio valor, lo que provoca que empiece a pesarle su papel de esposa mártir y sumisa. De esta manera comienza el conflicto de la trama, que lamentablemente no se logra desarrollar ni sostener.

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El guion de Anderson para The Wife pretende enfocarse en explotar los temas del sexismo en el ámbito profesional y marital, y de las dificultades que enfrentan las mujeres para sobrevivir en un mundo machista, pero descuida a los personajes y cae en el peligroso y común error de usar a los personajes como pretextos para transmitir un mensaje, en lugar de permitirles construirse y respetar su psicología.

Resulta curioso que en la película aparece una crítica a las novelas con personajes acartonados que no cobran vida, y paradójicamente, esa característica es de la que padecen los propios personajes de la cinta. Se desperdiciaron elementos que se encontraban latentes en la trama, listos para ser aprovechados, como el juego de la codependencia y el choque entre las dos personalidades, los cuales podían haber aportado gran profundidad y servido como base para que el espectador realmente “comprara” lo que resultó al llegar al extremo del machista dicho: “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”. ¿O será que el mensaje pretende ser una nueva interpretación del dicho?

 

Finalmente, The Wife puede interpretarse en el sentido típico de que detrás de un hombre exitoso, está la esposa que lo apoya incondicionalmente, procura que nada le falte, lo mima como a un hijo más y lo alienta a gobernar países, componer música, pintar cuadros, escribir libros…, pero también podríamos entender el simpático dicho en el sentido de que en ocasiones esa gran mujer es la que en realidad gobierna países, compone música, pinta los cuadros o escribe los libros desde las sombras.

Todo se queda en interpretación, ya que las acciones de los personajes no se sustentan ni resultan verosímiles por más esfuerzo que hagan los actores debido a que las deficiencias vienen desde el guión, que sin duda hay que decir que les quedó chico a Glenn Close y a Jonathan Pryce cuyas actuaciones terminan sosteniendo la película y regalándole al espectador momentos entretenidos, pero no más. Incluso las poderosas emociones que Glenn Close pretende expresar a través de su actuación madura se ven frustradas por la caricaturización que desafortunadamente sufrieron los personajes. En el desenlace, de nuevo se desaprovechan las oportunidades y la historia opta por la salida fácil, característica que comparten ambos, libro y filme.

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Sonic Arsenal – mujeres visibles

El hacktivismo tiene sus críticos, siempre que se involucra una silla o un sillón en la labor de levantar el puño virtualmente o involucrarse en un movimiento algunos consideran que pierde toda validez, no creo necesario hablar de como los bots han tratado de contrarrestar ideas precisamente por su fuerza o la manera en que muchos hashtags han logrado modificar la manera en que nos organizamos como ciudadanos, por lo que me voy a saltar hasta la manera en que en los últimos años se han logrado mujeres visibles.

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Las redes sociales han moldeado conversaciones, desde el 2013 notamos que han puesto la lupa en ideas y han logrado que diversos movimientos encuentren una voz, tal vez se les trata de silenciar con cruce de etiquetas o campañas de odio, pero afortunadamente el mensaje siempre se amplifica y así se ha empezado a crear conciencia de que existe una cultura de la violencia contra las mujeres, que los techos de cristal a veces se cruzan para convertirse en cajas transparentes de desigualdad, con campañas que también buscan mostrar que no existe un solo formato de belleza y que los hombres no son enemigos, son aliados.

Lo que no se habla, no significa que no exista, podría crear una larga lista de hashtags que me han movido y conmovido, cada uno de ellos responde a una problemática que va más allá de las palabras, la violencia existe tanto como las frases condescendientes, así como los cambios de actitudes cuando se insinúa que las mujeres llegaron al poder, de la misma manera se otorgan los “calladita te ves más bonita” y el no haces nada hasta recibir una indicación.

Cuando los silencios que se le otorgan a muchas mujeres tienen como objetivo provocar sumisión pero sin dejar de realizar actos de brain-picking, es cuando debemos tomar inspiración en los múltiples hashtags que buscan crear visibilidad. Hay muchos, pero los que sigo con gran constancia son #FemaleFilmmakerFriday, #VisibleWoman y #WomensArt, que se suman a muchas pequeñas acciones como las de “Corro como Niña” y la inclusión de figuras de mujeres en las artes y las ciencias en Lego, un pequeño cambio en juguetes que podría encaminarnos a darle mayor importancia a los editatones que realiza el WikiProject Women Scientists.

La necesidad de hacer visibles a las mujeres en muchas áreas nos ha otorgado colecciones como ‘Girls in the Garage’, los libros de Alice Bag, Carrie Brownstein, Kim Gordon, Tere Estrada y Viv Albertine; ha permitido que se analice a detalle la importancia del movimiento Riot Grrrl en la década de los 90 y su impacto en la actualidad a través de Women’s March, nos brinda más documentales y películas protagonizadas por mujeres que no sigan la línea de la comedia romántica; nos lleva a buscar ‘Las chicas rudas del pasado’, un libro que recientemente editó Planeta con 52 relatos sobre destacadas mujeres que la historia hizo invisibles y a seguir con mucha atención #MujeresEnElRock, el festival que se llevará a cabo el próximo 7 de octubre en el Centro Cultural de España.

Lo más importante es el cambio de roles, la eliminación de las capas de invisibilidad para llevar a las mujeres al frente y por supuesto a un lado de sus aliados.

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El feminismo se puso de moda a la mala

Feminismo es una palabrita que desde hace unos años hace un ruido incómodo  en el oído de varios y varias (hasta aquí llegó mi flexibilidad lingüística incluyente) y más allá de ruido, es como un dolor molesto, como esa piedrita en el zapato que trastorna todo tu día y es que no, pareciera que un país como México aún está muy verde en materia de practicar sus feminismos.

Veamos, en primera, esa doble moral que nos caracteriza, que nos hace criticar las injusticias por corromper al poli; que nos hace hablar de lo huevones que son los demás pero que nos molesta cuando nos piden algo extra; esa hipocresía que pareciera nos dan en la leche o por vía intravenosa recién nacidos que nos hace buscar siempre sacar ventaja haciendo el mínimo esfuerzo y burlarnos de los abusos que cometemos. Esa que nos hace llamar lame huevos o puta a alguien que acaba de ascender de puesto, esa misma falsedad que nos hace ser fieles creyentes del santísimo matrimonio mientras tenemos relaciones falsas donde reina y prevalecen las infidelidades, las mentiras y la frustración.

Luego viene la flojerita que nos mantiene a la expectativa de la información exprés que nos brindan las redes sociales. Textos de fácil digestión que nos hacen sentir informados, pero lo cierto es que es información vacía. Como si nos llenásemos de pura agua. Y es así que surgen nuevos líderes de opinión, ahora llamados influencers, jóvenes en su mayoría que, atiborrados de información vacía, usan YouTube como pódium para validar sus opiniones tan profundas como un chapoteadero.

Finalmente estas ganas infinitas mexicanas de querer tener la razón, o bien, de querer demostrar ser el chingón cunado lo cierto es que más bien ya te chingaron.

De este caldo de cultivo está alimentado el machismo que en el año de 2017 cobró la vida de cientos de mujeres cuyo peor pecado fue tan solo eso, ser mujeres que decidieron caminar solas por la noche, abordar un Uber o Cabify, vestirse con ropa ajustada o simplemente tomarse unas cubas la noche de un viernes. Esta cifra parece no molestarle a nadie pero a todo el mundo parece disgustarle la palabra feminismo. Y no es para menos, si el muy maldito nos ha robado la tranquilidad de los hogares ahora que las mujeres empoderadas buscan su independencia, salen de fiesta, abandonan a sus hijos, ¡o los crían solas! ¡vaya osadía!  A ellas se les llama luchonas por tratar de salir de adelante con el crío que le dejó su amorcito pero y que además se atreve a tomarse unas cervezas los viernes.

Y nos molesta la palabra feminismo porque su morfología supone una superioridad femenina. Algo así como las reinas de todo o pasar por encima de los hombres, y así de pronto nos comenzamos a preocupar por como suenan las palabras mientras en Toluca, en Puebla y en Ecatepec se siguen muriendo mujeres.

Hay quienes dicen, en un esfuerzo más lógico (que no teórico) que favorecer tal o cual ideología tarde o temprano provoca un caos irreversible en los tejidos más profundos de la sociedad; ruptura que favorece la desconfianza y la organización colectiva, y es que los seres solitarios y temerosos, esos que no salen a la calle después de las 8 pm porque es peligroso, o que no se entrometen en multitudes porque algo malo puede pasar, esos que no salen de su colonia porque podrían asaltarlos, esos son los favoritos de la Doctrina del Shock de la que habla Chomsky, el miedo del que se alimentan las ambiciones del sistema que nos rige. Pero las ideologías separatistas justamente se alimentan de egos engordados y lógica imprecisa y un sentido común sin sentido.

Hay que tratar de entender que las teorías como el feminismo nos muestran tan solo un mosaico del paisaje, misma que nos ayudará a comprender, más no a solucionar el problema de violencia de género en nuestro país, ya que para lograrlo hace falta algo mucho más allá del feminismo, algo como una nueva generación  de varones y mujeres educados bajo una conciencia de género para comprender que bajo el sol todos los humanos somos iguales.

Es por esto que llamarte a ti mismo como un varón feminista, no te salva de practicar el machismo, así mismo, el solo hecho de haber nacido mujer por biología, tampoco te exime de haber sido educada bajo estos estándares que pareciera vienen inmersos en nuestro código de barras sanguíneo.

Amigos y compañeros que buscan desesperadamente opinar y formar parte de una nueva forma de interrelacionarse con las mujeres sin ser violentos preguntan cómo pueden hacer para dejar de ser machistas, y buscan colarse a la fuerza en marchas separatistas y pretender saber más de los derechos de las mujeres que las propias mujeres. Desgraciadamente la única forma de romper con la cadena de violencia es precisamente negarse a sí mismo como varón privilegiado y comenzar a observarse como un ser humano. Esto se hace no siendo cómplice de prácticas machistas como solapamientos de violencia, clubes de Toby del sabroseo o enjuiciando a las  mujeres. Esto de hace denunciando al amigo violento o al familiar abusador. Esto se hace asumiendo que ningún otro ser humano está por debajo de nosotros.

El México violento exige de sus varones y mujeres relaciones equitativas, empáticas y conscientes que nos ayuden a conformar una sociedad que pueda recrear lo colectivo para retomar las calles, la confianza, las caminatas nocturnas y los juegos callejeros que alguien que se siente más poderoso que nosotros cree que nos puede quitar.

Nos queremos vivas

Nos queremos vivos

Nos queremos juntos

Muy Macho

En la semana fue día internacional del hombre, y yo me pregunto si en serio necesitamos eso?  A la redacción de esta humilde columna (o sea a mi compu) llego un mail felicitándome por el susodicho día internacional del hombre, de momento como por dos milisegundos pensé jaja que bien, pero luego me dije esa pequeña frase que ahora esta tan de moda “¿eso quééé?”

 

En estos tiempos ya hay día de todo, Día del limpiavidrios, Día del gato, Día del cajero del Oxxo, Día del Diurex, Día de los Cheetos, en fin cada vez hay más días de algo que son más y mas absurdos. Los hombres son simples, así de sencillo, no precisamos de mucha atención, si de veras quieren instituir el día internacional del hombre solo déjennos ver TV, estar con los amigos, platicar de autos, ver un concierto con hartas guitarras, cerveza, un corte de carne o algo similar a todo lo anterior, esto puede suceder cualquier día sin tener que ser un día especial, quizá estoy generalizando y habrá quien le salga su lado metrosexual y brinque de alegría con grititos como los de Flanders al ver su mail del día del hombre, no es el caso de ninguno de mis conocidos.

 

Creo que si de verás se quiere festejar ser hombre  (o mujer, niño, abuelo o lo que sea) hay que hacerlo cada día siendo uno mismo el ejemplo de lo que debería ser eso que tratamos de promover, no necesitamos un día, una celebración o que momentáneamente nos presten atención, hay que ser la mejor versión de uno, aunque suene a cliché, siempre, dar ejemplo y ser punto de referencia, no portarnos bien solo un dia para salir en la foto como los políticos que promueven buenas causas y solo lo hacen para salir en las noticias, claro hay formas de ser punto de referencia, como cuando te usan de referencia para algo no tan bueno como “si mira esta allá junto al gordito cajeto”.

 

El titulo que quieras llevar, tienes que honrarlo, ya sea algún profesionista, alguna persona que trabaje honorablemente de cualquier tipo de oficio, cualquier deportista o hasta alguna forma de ser, como por ejemplo ser rocker implica cultivarte un poco en ese género, escuchar mucho y definir tu subgénero (metal, punk, prog, etcétera), incluso hasta lo que ahorita es el mainstream que es ser hípster presupone no solo el look sino también toda la supuesta cultura subterránea y nueva ola de arte, así entonces llamarte hombre presupone no solo portar un pene, dejarse la barba o morir antes que la mujer de un infarto.

 

Ser un hombre no significa ser un macho, no significa silbar o gritar estupideces vulgares a una mujer que pasa en la calle, tampoco andar con muchas mujeres (y no mantener a ninguna), tampoco es preservar la absurda idea de andar de parranda alcoholizado y cantando con mariachis o banda como nos fue vendida esa imagen con películas de la erróneamente llamada Era Dorada del Cine Mexicano con nuestro entrañable Pedro Infante u otros charritos mexicanos.

 

Ser hombre es no tenerle miedo a los quehaceres caseros, cocinar, ser papá, ser el amo de la casa, ser caballeroso, abrirle la puerta no solo a la que le traemos ganas, si no a cualquier mujer, darle de comer a las mascotas o llevar a los niños al colegio, es hacerse cargo de lo que haga falta sin importar los estereotipos de si es un rol destinado a uno u otro género, no se te van a caer los testículos y huirán rodando si tienes que peinar a tu hija o lavar los trastes, ser hombre es respetar a la mujer y ser respetado por ella.

 

En este último punto hay que mencionar que tampoco hay que ser extremistas, tanto mal hace el machismo como el feminismo, un caso que puedo mencionar es que tuve la fortuna de vivir un tiempo en Suecia, allá el feminismo extremo esta cañón, yo lo comparaba con el machismo mexicano: allá supuestamente la virilidad se está perdiendo o diluyendo tanto que anuncian en la TV cursos para recuperar la hombría, donde se llevan a un grupito de tipos que sienten que han perdido sus poderes para estar unos días en el bosque, cortando leña, haciendo fogatas, cazando la comida etc etc etc, en fin, ni tan tan ni muy muy.

Creo no necesitamos otro día especial, así como tampoco, todos los días son del hombre o la mujer o del gato o de lo que sea que gusten, mejor vayan y denle un abrazo a su pareja o parejo, una buena palmada a su perro, festejar esta en nosotros no en un calendario impuesto por el consumismo.

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