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La juventud, no es necesariamente un tema de inexperiencia: Patricia Ortiz

Patricia Ortiz, quien se convertirá en la alcaldesa más joven en la Ciudad de México, afirma que el principal problema en su bastión, la Magdalena Contreras, es la polarización, pues dentro de ella convergen dos tipos de sociedades: los que viven en la fastuosa San Gerónimo Lídice y aquellos, como los de Tierra Colorada, donde el agua corre por medio de mangueras…en el mejor de los casos.

Inseguridad, violencia, pobreza y letargo educativo serán el tema a contrarrestar en la demarcación y para ella, la edad no es un impedimento.

Con 2 a 1 de preferencia en la votación del 1 de julio, Ortiz reconoce que su triunfo, así como el de Andrés Manuel López Obrador fue un tsunami, en especial para el PRI, el partido que quedó en segundo puesto en la demarcación y en tercero a nivel nacional.

Después de 6 años de construcción territorial y de partido, la futura alcaldesa celebra, en entrevista para #Alternación101, que ahora se ven los resultados del trabajo; además ve con buenos ojos que la gente saliera a decir ya basta y a votar en los pasados comicios “con tal de sacar al viejo régimen”.

En su trayectoria resaltan sus cargos como diputada constituyente, presidenta de Morena en Magdalena Contreras y Secretaria Nacional de juventudes -por mencionar algunas-,  que advierten que no es una candidata sacada de la manga.

Un trabajo de cuatro años, casa por casa, conociendo a los vecinos, colocó a Ortiz, licenciada en política y gestión social de la UAM Xochimilco, en la mira de la gente de la delegación.

“Empezar a demostrar que hay nuevas formas de hacer política y plantear que hay nuevos cuadros y nuevos rostros” fue parte importante, especialmente porque los caciques locales habían hecho mucho daño, recuerda.

Con un gabinete donde predomina la gente mayor, la juventud morenista comienza a brillar: la futura secretaria del trabajo, Luisa Alcalde y Román Meyer, propuesto para dirigir la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) coinciden en edad y generación con Ortiz Couturier, y han demostrado que su experiencia política no es casual ni reciente.

“El tema de la juventud, no es necesariamente un tema de inexperiencia”, sentenció.

Promete tres años de mucho trabajo, de motivar la participación ciudadana y recuperar los programas sociales, de un gobierno que dejé de estar atrás de un escritorio y que pueda dialogar con la gente, en resumen: “un gobierno más humano”, que deje atrás a los ciudadanos de primera y de segunda, los déspotas pues.

Sobre el tema de la austeridad, confía en que sí se beneficiará la población. En respuesta a quien dice que esta política pueda dañar la operación de los gobiernos, Ortiz sostiene que el entenderse como funcionario público es comprender que la función es servir no servirse.

Indica que los nuevos cuadros críticos dentro de la administración pública son los que deben hacer entender que los excesos eran algo incorrecto, algo que no va con la condición política, y social que vive el país.

En cuanto a la multa que impuso el Instituto Nacional Electoral (INE) por 197 millones de pesos a Morena por presunto desvío de recursos de un fideicomiso indica que las definiciones de la autoridad electoral fueron un mal juego.

“Se fue a la gente, de eso no tengo duda”, apuntó.

 

Operación cicatriz

Existen entre nosotros monstruos y diablos que habitan los sótanos de nuestras sociedades y culturas. Monstruos y diablos que permanentemente están al acecho para apoderarse de nosotros. Rondan nuestros pensamientos cotidianos, permean a veces en nuestras íntimas conversaciones de café. En ocasiones se exhiben descarada y públicamente trepados en la furia que provoca la frustración ante los obstáculos cotidianos. Habitan en los sótanos de nuestras sociedades y culturas porque la sabiduría centenaria de los dolorosos procesos hacia nuestra civilización ahí los ha guardado. Liberados en distintos momentos de nuestra historia, son capaces de tomar el control de nuestra cotidianeidad y transformar eras completas de la civilización humana para convertirlas en estrepitosas muestras de crueldad, desprecio y destrucción colectivos. Los distintos momentos en la historia en que esos monstruos y diablos han dejado la soledad de los pensamientos cotidianos para convertirse en manifestaciones altisonantes aceptadas públicamente, se han convertido en voces estridentes que rebasan la discreción de la conversación de café, y han convertido la furia por la frustración cotidiana en manifestaciones elocuentes de violencia física, real, destructiva y cruel, el género humano ha sufrido profundamente.

Como nunca, en el pasado proceso electoral mexicano 2018, esos monstruos y diablos estuvieron paseándose entre nosotros liberados peligrosamente por la ambición sin conciencia histórica, social o cultural, de los protagonistas de la contienda. Como nunca, la elección por la Presidencia de la Republica se convirtió en una lucha de clases que ha dejado de manifiesto las profundas divisiones que nos separan a los mexicanos y que estuvo a punto de desbordarse en un conflicto irreparable. La virulencia de los ataques personales buscando pertenencia de género, identificación de nivel socioeconómico, empatía en la antipatía a rasgos estereotipados físicos y folklóricos sin respeto a la palabra, al enorme valor de la palabra, usada esta de manera irresponsable adjetivando al adversario hasta convertirlo en enemigo, parecía permear eficientemente en nuestra sociedad, incrementada su penetración con el bombardeo insistente y vulgar de comunicadores y ‘periodistas’ que atinadamente retomaban las partes más morbosas de la contienda para exhibir, muchas veces bajo consigna, los dislates frecuentes en los que caían las arengas incontrolables de estos predicadores del odio y la confrontación, convirtiendo la narrativa de un proceso electoral en una especie de nota roja, amarillista, nota de escándalo.

Afortunadamente la sabiduría popular, la mecánica de supervivencia de la comunidad apoyada en la inteligencia emocional colectiva compartida en un dialogo permanente amplificado por el uso e influencia de las redes sociales y por una visión fresca y joven de la sociedad, reacciono oportuna y contundentemente. Ante la búsqueda de penetración del mensaje de odio y divisionismo -que en el pasado uso irresponsablemente por primera vez de manera descarada un candidato en el 2006 provocando la primera gran fractura de la sociedad mexicana en el México moderno-, en esta ocasión la permanente reacción compartida en nuevos y desconocidos contextos para la mayoría de los candidatos, fue anulando poco a poco cada mensaje de destrucción, hasta convertir el discurso profundo del proceso electoral en uno de cambio. Cada ataque, cada intento de violencia verbal fue transformado por esa sociedad joven, fresca que llega a su primer o segundo proceso electoral con una perspectiva protegida de los monstruos y diablos basada en la hiperinformación y la libertad de pensamiento consecuencia de un intercambio cultural abierto al mundo, que, sin los prejuicios arraigados en la esencia de los discursos trasnochados de divisionismo y polarización de candidatos en busca del poder a toda costa, están buscando la construcción de sus propias y nuevas relaciones de poder. El intento de volver a dividir a la sociedad que busco el establishment desesperadamente fue el motor para la auténtica revolución que ocurrió el 1 de julio 2018. Una revolución en el más civilizado estilo del siglo XXI: sin violencia, expresada en una abrumadora participación ciudadana reconociendo su auténtico poder en el sufragio, generando una masiva y contundente respuesta a favor del cambio.

Fueron los herederos de la esa sabiduría centenaria, la sociedad misma, no sus líderes, la que supo acallar, dominar y devolver a los monstruos y diablos a sus sótanos. La avalancha participativa en una dirección fue la que provoco la reacción madura y responsable de los participantes en el proceso, entregándonos, sin ningún regateo en el reconocimiento de cada uno de los protagonistas, el proceso electoral más terso y exitoso de la historia de México en donde cada quien ha hecho su parte desde el 1 de julio: contendientes que conceden dignamente la victoria, el Presidente que institucionalmente la reconoce, los empresarios que comienzan a incorporarse de manera dinámica en las nuevas propuestas y proyectos. Hasta los comunicadores y ‘periodistas’ que previsible y tristemente se exhiben cambiando radicalmente de perspectiva. Todos, todos los participantes reaccionando al mandato de la sociedad manifestado de manera contundente y clara a través de la herramienta más poderosa del proceso electoral: el voto y la participación.

La auténtica Operación Cicatriz la comenzó la sociedad misma el domingo. En contra de aquellos que predijeron la polarización profunda de la sociedad a partir de los discursos y los rumbos de las campañas, la auténtica naturaleza de la comunidad se manifestó el domingo 1 de julio 2018 demostrando que la convicción colectiva es mucho más poderosa que las ‘intelectualidades’ de war rooms de campaña o estudios de predictibilidad.

Estoy convencido que efectivamente los héroes de esta elección fuimos todos. Los que votaron a favor de los ganadores y los que no. Todos. Porque descubrimos que tenemos el auténtico poder de cambiar la narrativa de la historia por la pacifica vía de la participación y el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Desde el lunes 2 de julio el ambiente en la calle es otro. La distención social se ha logrado como primer paso de este proceso. Los comunicadores y ‘periodistas’ habituales se perciben incomodos, perdieron la fuerza de la palabra y están en la búsqueda de recuperarla. Los modos y los contextos han cambiado. No solo en los medios de comunicación. En las redes, en las oficinas, en el dialogo horizontal que ha creado nuevos códigos de intercambio. Más respetuosos entre nosotros. Reconociéndonos en los otros.

La potencia del mensaje del 1 de julio ha acallado por el momento a los monstruos y diablos de nuestros pensamientos cotidianos, los ha regresado a la discreta conversación de café y los breves momentos de furia. Los ha regresado al sótano del que de nosotros y nuestras acciones y aprecio por el momento que estamos construyendo, depende permanezcan ahí.

Estamos viendo y viviendo la experiencia de saber nuestro poder colectivo. Este momento histórico nos reintegró la conciencia de nuestra importancia individual en la construcción colectiva.

Al final, todos vamos en el mismo viaje.

Partidos políticos usan empresas fantasma: INE

Lizandro Núñez Picazo, titular de la Unidad Técnica de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral (INE), aseguró que 16 empresas fantasma fueron usadas por los partidos políticos para justificar los gastos de las campañas electorales de 2018.

“Se han identificado cerca de 16 empresas fantasma, que son del 69 B del código fiscal de la federación, y si no cumples con tus obligaciones fiscales no te permito que te contraten”, comentó el fiscalizador del órgano, que organiza la elección más grande de México.

Los proveedores se benefician del dinero público cuando son contratados por los partidos políticos, por lo cual es necesario declaren y paguen impuestos, agregó.

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El representante del INE recordó que las entidades políticas no pueden contratar a los proveedores, una vez que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) las publicó como empresas fantasma.

“Cuando el SAT publica (a las empresas fantasma) en automático les cancelan los sellos digitales y están impedidas para emitir facturas”, agregó.

“Establecimos como causa para cancelar el registro de estos proveedores, el hecho que no estuvieran al corriente de sus obligaciones fiscales”, declaró Núñez Picazo.

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En los últimos años se han creado empresas fantasma para que los partidos políticos justifiquen sus gastos de las campañas, afirmó Aristóteles Núñez, ex titular del Servicio de Administración Tributaria (SAT).

“La creación de las empresas fachada o fantasma fue resultado que hacían los partidos políticos usando facturas en papel apócrifas, cuando se hicieron facturas electrónicas eran reales y de empresas fachada“, el ex secretario de Finanzas del Estado de México.

Ahí están los informes de la Unidad de Fiscalización del INE y de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), que determinan y encuentran el abuso de la figura empresarial para comprobar gasto que no se realiza y llega a los electores “vía de compras de conciencias”.

El ex responsable de la agenda de fiscalización del gobierno de Enrique Peña Nieto agregó que más de 7 mil personas trabajan en el SAT para la búsqueda de empresas fantasma.

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