hi

El círculo… no es tan redondo

Tomen Google, combínenla con Apple y agreguen un toque de Facebook: el resultado es El Círculo, una empresa que pretende desaparecer el concepto de privacidad.

Un Big Brother que vigila cada uno de nuestros movimientos; un mundo hiper conectado donde la tecnolatría (o culto a la tecnología) le ha dado un nuevo significado a lo que la sociedad entiende como ético; un poder oscuro que controla la información e impone una tiranía disfrazada de libertad; todos son temas que autores como George Orwell y Aldous Huxley han tratado en sus visionarias novelas ‘1984′ y ‘Un mundo feliz’, respectivamente. En 2013, Dave Eggers retoma y actualiza los temas en su novela ‘El Círculo’, que junto con James Ponsoldt adaptó para la pantalla grande. El resultado se proyecta ya en salas mexicanas.

Protagonizada por Emma Watson, Tom Hanks y John Boyega, y dirigida por el mismo Ponsoldt, ‘El Círculo’ cuenta la historia de Mae Holland, una joven con un insatisfactorio trabajo en atención a clientes en la compañía de agua, quien de pronto, gracias a su amiga Annie, consigue un puesto en El Círculo, la empresa de moda donde todos desearían trabajar, la empresa que tiene una gigantesca red social, la empresa que desarrolla su propia tecnología de punta, la empresa que tiene un túnel subterráneo listo para albergar los registros de hasta el más privado detalle de las vidas de los billones de personas a quienes persuadirá de que “los secretos son mentiras”, “compartir es ser consciente” y “la privacidad es robo”.

No es difícil imaginar que una empresa se adueñe de la privacidad de sus usuarios y controle prácticamente cada aspecto de las vidas de sus empleados; tampoco resulta descabellado pensar que en un futuro próximo fuera una obligación ciudadana tener una cuenta en una red social ni que una empresa tecnológica cobrara de pronto tal poder que suplantara al gobierno y obligara a sus usuarios a votar en las elecciones. En este sentido, ‘El Círculo’ presenta temas que a cualquiera le pueden parecer atractivos y que —con el tratamiento adecuado— pueden resultar en un filme intenso y perturbador. Sin embargo, esto no se logró y es evidente que las fallas recaen en el guion y en el cuarto de edición.

Se tomaron bastantes hilos narrativos de la novela, pero en la película se abandonan como cabos sueltos; la falta de desarrollo conduce a un suspenso fallido, así como a problemas de coherencia, como el repentino e injustificado cambio en Annie y la inconsistente psicología de Mae. Quizá en la novela haya suficiente coherencia argumentativa como para que se justifiquen, pero en el guion nada sustenta dichos cambios, que en el caso de Mae, terminan por convertirla en un personaje débil y desconciertan al espectador. El personaje de Boyega, Ty Lafitte, pudo haber ayudado a sostener y conectar varios elementos de la trama, pero fue desperdiciado y se convirtió en un cabo suelto más.

‘El Círculo’ no se consolida ni como una distopía tecnológica ni como utopía satírica. Incluso si tratáramos de justificar su vaguedad llamándola ambigüedad y argumentando que la película pretende poner sobre la mesa el problema de la pérdida de la privacidad y sus preocupantes implicaciones sin tomar una posición a favor o en contra, esto no justifica sus fallas estructurales y su edición parchada, por lo que si de paranoia tecnológica se trata, El Círculo queda por debajo de varios episodios de ‘Black Mirror’.

A pesar de lo anterior, ‘El Círculo’ entretiene y aporta buenas frases y secuencias estupendas, que lamentablemente se aprecian de forma aislada, pero no se aprovecharon para cerrar la circunferencia.

-->