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El soundtrack de la vida: negro

Hay rolas que llegan a nuestra vida en momentos clave y quedan ancladas a una situación particular, haciendo que cada vez que escuchamos ese canción, no podamos evitar recordar ese momento, ese sentimiento, sacándonos por unos momentos de la realidad. En mi caso la lista es muy larga, pero en esta ocasión, únicamente me referiré a tres tracks que tienen un común denominador, el color negro.

El color negro ha sido mi favorito desde que tengo memoria, se lo atribuyo a mi infancia setentera y que mi ídolo era el mismísimo Lord Vader o tal vez nací punk y rebelde; cualquiera que sea la verdadera causa siempre he tenido un gusto particular por ese color y la música no ha sido la excepción.

No sé ustedes, pero yo a los 14 años era un resentido social que sentía que el mundo estaba en su contra (pensándolo bien, quién no es así a los 14), y entre esa furia hormonal desatada, uno de mis refugios del mundo cruel que me azoraba, era, por supuesto, la música. Fue en esos momentos en que descubrí ‘Paint It Black’ de los Rolling Stones, sin embargo yo llegué a ella a través del cover que hizo Echo and the Bunnymen en 1988: La letra sombría expresaba mis sentimientos hacia el mundo; ese mundo que brillaba de todos los colores y yo lo único que quería era pintarlo del negro más oscuro que pudiera encontrar.

Eventualmente superé esa etapa, pero hasta le fecha ‘Paint It Black’ sigue siendo mi rola favorita de los Stones, el uso del sitar de Brian Jones me parece un genialidad y es una melodía que me recuerda de dónde vengo y que a veces no está tan mal pasarse al lado oscuro de la fuerza.

Quien me conoce coincidirá en que Eddie Vedder y yo tenemos muy pocas cosas en común; sin embargo fuimos compañeros del mismo dolor, ambos fuimos vilmente desechados por quien creíamos sería el amor de nuestras vidas. ‘Black’ del álbum ‘Ten’ de Pearl Jam de 1992, es una “E ballad” compuesta por Vedder que fue considerada demasiado personal por la misma banda para ser lanzada como sencillo, sin embargo alcanzó el #3 de Billboard y fue incluida en la recopilación ‘Rearviewmirror’ y la revista Rolling Stone la eligió como la novena mejor balada de todos los tiempos.

Yo no haría el uso adecuado hasta unos años después, cuando en palabras del propio Vedder, sostendría entre mis manos los fragmentos de lo que lo había sido todo y mi mundo se iba (como en las películas) a negros.

 

Finalmente me referiré a una rola que no es rock, es R&B pero que era interpretada por una de las rockstars más grandes de todos los tiempos, Amy Winehouse y la rola es ‘Back to Black’. Teniendo corazón rockero, algunos otros apéndices siempre están cerca del jazz, el R&B y hasta el folk. Fue la primera rola que escuché de Amy y causó una gran impresión en mi, la letra es muy poderosa y la voz de Winehouse es como una sirena en alta mar llamando a marinos perdidos hacia lo que será su irremediable perdición.

El track es la descripción exacta de un corazón roto, sin embargo este sentimiento puede tener mucho matices, en mi caso cuando escucho esta canción, la mente no me refiere a un amor perdido ni tiempos mejores, la idea de morir mil veces es el sentimiento que me invade cada semana cuando tengo que entregar a mis hijos con su mamá, esos fatídicos domingos en los que con una sonrisa en la cara pero con el corazón destrozado les digo adiós y espero pacientemente, cuento los días para poder volverlos a ver y ser nuevamente feliz.

La vida es así nos da lecciones que nos hacen ver que siempre hay margen para mejorar y también para empeorar, pero sin duda no hay mal que no pueda ser tolerado si va acompañado de la música adecuada. Creo que se eso se trata tener el soundtrack de la vida.

 

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Banda Sonora 101: I’m Not There 

Dirigida por el estadounidense Todd Haynes (‘Velvet Goldmine’) en 2007, ‘I’m Not There’ (en español le pusieron ‘Mi historia sin mi’) es un filme biográfico en el que seis actores (Christian BaleCate BlanchettHeath LedgerRichard GereBen Wishaw y Marcus Carl Franklin) interpretan diferentes facetas y momentos en la vida de Bob Dylan.

Si bien es cierto que la película termina por naufragar en su propio mar de ambiciones, también es posible afirmar que el cineasta Todd Haynes, con el apoyo del supervisor musical Jim Dunbar, armó un impresionante soundtrack de 34 canciones, de las cuales 33 son versiones nuevas de rolas inmortales de Dylan realizadas ex profeso para la película (la restante es una versión de ‘I’m Not There’ interpretada por el propio Dylan, con el acompañamiento de The Band).

 

 

 

En el proyecto participaron músicos y bandas de la talla de Eddie VedderSonic YouthCalexicoCat PowerKaren OIron & WineLos LobosSufjan StevensYo La TengoThe Hold SteadyStephen MalkmusJim James y Jack Johnson.

La música del filme fue editada en un disco doble producido por el propio Todd Haynes y Randall Poster, el cual, digámoslo sin ambages, supera por mucho en calidad a la misma película. Se trata sin lugar a dudas de uno de los mejores soundtracks que se han producido en la historia del cine-rock.

Chequen la lista y dénse este soundtrack:

 

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‘Year of the Tiger’, el duelo de Myles Kennedy

Hay dos temas relevantes dentro de la música rock en nuestros días: el primero es su posible extinción, augurado por figuras como Gene Simmons (KISS), Julian Casablancas (The Strokes) y Matt Bellamy (MUSE); y otros eventos la bancarrota de Gibson o el cierre mental que tenemos algunos para expandirnos a todas sus variantes.

El segundo es todas leyendas que hemos perdido una tras otras durante los últimos tres años: David Bowie, Chris Cornell, Dolores O’Riordan, Chester Bennington, que si bien podría ser un pretexto para reforzar el primer tema, es la desmitificación de su inmortalidad que lo aparta.

Es por eso que, al menos desde mi perspectiva, los músicos intentan despegarse un poco del género para entregarnos “algo más: personal, excitante, único, fuera de un encasillamiento”, y el género escogido por excelencia es el country. Kid Rock dejó todo el bawitdaba para hacer dúos con Sheryl Crow y coverear ‘Sugar Pie Honey Bunch’; Steven Tyler dejaba su puesto del demonio de los gritos para regresar sus raíces a Sunapee, New Hampshire con ‘We’re All Somebody from Somewhere’, un disco que apenas es salvado por sus dos singles y un cover de ‘Peace of my Heart’; e inclusive recientemente Justin Timberlake trato de incursionar en él con ‘Man of the Woods’, un disco que prometía tener inclinaciones al folk y que terminó siendo más dubstep, calificado como el peor trabajo de su vida.

Chris Cornell decía que si no eres capaz de llenar un escenario sin una banda de respaldo, realmente no eres un artista. Cosa que tal vez sólo logró él o su amigo íntimo Eddie Vedder. Pero debemos de dejar de aferrarnos al pasado y abrirnos al presente, el cual nos ha entregado apenas hace unas semanas uno de los discos en solitario más completos de los últimos años: ‘Year of the Tiger’ de Myles Kennedy.

Kennedy es mejor conocido por ser el líder de Alter Bridge, colaborar con Slash y por tener una voz inigualable, tanto que en algún punto de su carrera se corría el rumor de que sería la nueva voz de Led Zeppelin.

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‘Year of the Tiger’ no está exenta de eso: Myles compone para explotar su voz como lo hemos escuchado en ‘Show me a Leader’ o en ‘The Dissident’, ambas canciones de sus más recientes materiales con Alter Bridge y Slash respectivamente. Sus agudos acentúan perfectamente cada verso más allá de ser un complemento, sino representando su marca personal y su esencia.

El concepto del disco no está de más: “en el año del tigre, no tengo tiempo que perder”, es una referencia al año de 1974, el año de la muerte de su padre. En algún punto de ese año, una noche su padre padeció apendicitis y lo dejó pasar hasta que se convirtió en gangrena y murió al amanecer. La decisión de no tratarse fue por ser parte de la ciencia cristiana, la cual no cree en la medicina sino en la voluntad de Dios. A partir de ahí, Kennedy toma la experiencia post-muerte de su padre y a lo que le deparaba a su familia, con temas como el homónimo, ‘Mother’, y a los senderos que ha recorrido como cantante: una batalla entre el bien y el mal, representada por versos feroces y con melodías de guitarra acústica que no se ensombrecen ante los arreglos de las eléctricas.

Todo el tiempo es Myles y su acústica: el hipnotismo de ‘Haunted by Design’ se logra con un trasteo sureño, hasta que nos sorprende con un solo vertiginoso el cual irrumpe, pero logra aterrizar de nuevo en ese sentido de somnolencia.

Devil on the Wall’ es su continuación: un tanto sucia, con coros vocales propios del góspel que no da espacio a la interpretación: es el seguimiento a su insomnio, pero más allá de ser producido por la cafeína (como ha declarado el propio Myles en algunas entrevistas), es su batalla interna contra la muerte de su padre. La canción habla del destino y nuestras elecciones.

El desglose de cada canción es posible pero, como todo buen disco, debe ser visto como un todo, una narración de cualquier evento que el autor decida. Myles logra entregar un disco cuyas canciones son integras, tanto al tema como al estilo, con una experimentación apenas palpable de instrumentos que no son precisamente country, algo que se verá en su gira europea siendo él y su guitarra acústica en mano, al igual que Cornell, al igual que Vedder. Inclusive hay un tributo involuntario con ‘Turning Stone’ y su similitud a ‘Dead Wishes’ del ‘Higher Truth’ de Chris Cornell. Una prueba más de que el rock aún tiene camino por recorrer.

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