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“Los hispanos americanos inspiran a Estados Unidos”: Trump

El pasado lunes 17 de septiembre, el presidente Donald Trump se alejó de sus cotidianos ataques a la comunidad latina en Estados Unidos al encabezar su tercera recepción de honor en la Casa Blanca conmemorando el Mes de la Herencia Hispana.

 

De entrada, reconoció las contribuciones de empresarios de origen hispano, cuyas inversiones representan en EUA más del 10 por ciento. Como claro ejemplo destacó a la cadena de comida rápida Sonic, con presencia en 49 estados de la Unión Americana mediante tres mil 500 sucursales.

 

“Los hispanos-americanos inspiran a Estados Unidos”, dijo Trump durante el evento, luego de escuchar el discurso de dos empresarios latinos.

 

Trump FOTO: Especial

El mandatario estadounidense reconoció además a los 1.5 millones de hispanos veteranos de guerra y agradeció a los servidores públicos de origen hispano que, con su labor, han enriquecido las Fuerzas Armadas.

 

Asumió que durante su administración federal ha reducido el desempleo latino a su nivel más bajo en la historia de EUA, y exhortó a los asistentes a defender los símbolos patrios.

 

“Somos un solo pueblo, somos parte de una gran familia americana y estamos en esto juntos, saludando a una bandera, entonando un himno y jurando alianza a una nación bajo Dios”, exclamó Trump.

 

A dicha reunión asistieron Jovita Carranza, secretaria del Tesoro; Susana Martínez, gobernadora de Nuevo México y Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos. Entre los más de 100 invitados destacó la presencia del empresario mexicano Arturo Pérez Behr, reportó Lourdes Mendoza en su columna Sobremesa en el diario El Financiero.

 

El Mes de la Herencia Hispana se realiza cada año, del 15 de septiembre al 15 de octubre.

Hijo de funcionario de AMLO se reúne con Donald Trump

Miguel Torruco Garza es el golpe bajo que puede ser usado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para destrabar los conflictos políticos, comerciales, sociales y diplomáticos con Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

El hijo de Miguel Torruco Marqués, nombrado como secretario de Turismo (Sectur) de AMLO, fue parte de la comitiva que presenció como Donald Trump otorgó el perdón a Jack Johnson, el primer campeón de peso completo afroamericano condenado en 1913 por transportar a una mujer blanca a través de las fronteras estatales.

El joven mercadólogo egresado de la Universidad Iberoamericana, quien en 2012 apoyó en marchas al movimiento #YoSoy132, cruzaba las manos, aplaudía y oía con mucha atención cada una de las palabras del presidente de Estados Unidos.

Torruco Garza acompañó en primera fila a Linda Haywood, una sobrina nieta de Johnson, así como a los Lennox Lewis y Deontay Wilder, el actor Sylvester Stallone. A esa firma también estuvieron el presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), Mauricio Sulaimán, el presidente de Scholas Ocurrentes México, Héctor Sulaimán, entre otros.

El hijo de Miguel Torruco Marqués, secretario de Turismo de AMLO, está en la Casa Blanca con estrellas del boxeo y promotores.

Donald Trump, quien ha atacado desde hace dos años a los mexicanos y ha puesto contra la pared al gobierno de Enrique Peña Nieto, en algún momento de su vida promovió algunas peleas en sociedad con Don King, especialmente el enfrentamiento protagonizado por Mike Tyson y Michael Spinks, según el CMB.

“Previo al evento tuvimos una plática de boxeo extraordinaria”, dijo Mauricio Sulaimán a ESPN.

“Como un aficionado más (Trump) se puso a hablar con Lennox y con Wilder de diferentes épocas, fue algo increíble porque sus allegados nos dijeron que nunca había estado tan contento como el día de hoy”, destacó el encargado de organizar las mejores peleas de box en el mundo.

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En los últimos meses, antes de que fuera electo presidente de Estados Unidos, Trump se tomó fotos con Floyd Mayweather y Gennady Golovkin, aunque muchos años atrás su relación con el boxeo fue tan fuerte que fue inmortalizado en el Salón de la fama de Nueva Jersey por su apoyo a este deporte.

Montó algunas carteleras de Mike Tyson y algunas veces se le vio en los principales combates en Las Vegas.

De la Ibero a la Casa Blanca

“Me siento emocionado porque el boxeo dio hoy una vez más un paso por el bien de la humanidad, de la igualdad, de la inclusión, aún en momentos tan complicados, pero lo que sucedió hoy es por toda la gente que trabaja y vive para el boxeo, en especial para toda la gente que pone amor y pasión con el CMB”, dijo Mauricio Sulaimán, quien desde hace varios años es acompañado por Miguel Torruco Garza.

Donald Trump otorgó el perdón a Jack Johnson.

Hace 6 años, Torruco Garza estudiaba en la Universidad Iberoamericana en los días en que un grupo de jóvenes protestaban en contra de Enrique Peña Nieto, candidato del PRI y posteriormente presidente.

En ese momento, el hijo del secretario de Turismo de AMLO fue señalado de estar detrás de las manifestaciones en contra de Peña Nieto. Pero, el joven salió a desmentir tales filtraciones.

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Lo que sí hacía el actual director de Imagen Corporativa Grupo Alemán, una compañía del político priista Miguel Alemán Valdés, era entrenar con un ropa donde lucían el eslogan: Morena.

En ese año, el Movimiento de Regeneración Nacional era una asociación civil encargada de promover e impulsar a Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial en las elecciones de 2012.

Miguel Torruco Garza, el militante de Morena. Foto: ADN Político

La pasión política de Torruco Garza llegó hasta el ring de box y sus entrenamiento en uno de esos gimnasio donde se trazan los puños de los mejores pegadores en México.

“Yo creo en el candidato, creo en Andrés Manuel López Obrador, sé que es lo que México requiere, sé que es un líder; lo que México requiere es un líder como él”, dijo en entrevista con ADNPolítico.com.

Mike, como le dicen sus amigos, estrenará sus shorts con el logo del Movimiento de Regeneración Nacional este jueves a las 19:00 horas en Santa Fe, Ciudad de México, cuando enfrente al mexicano César Álvarez por el cinturón iberoamericano de box universitario, reconocido por el World Boxing Council.

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Torruco usó esos calzoncillos “políticos” al estilo de lo que hizo el boxeador Juan Manuel Márquez cuando, en noviembre de 2011, apareció con unos shorts con el logo del PRI en una pelea con el filipino Manny Pacquiao, un día antes de la elección para gobernador en Michoacán, lo que lo llevó hasta los tribunales. Las boxeadoras La Barbie Juárez apoya a Ricardo Anaya, mientras Esmeralda La Joya Moreno quiere ser diputada por el Partido Nueva Alianza y dio en marzo su respaldo a José Antonio Meade. 

“Simplemente es tiempo electoral, no es como un día antes de la elección ni está prohibido, yo lo estoy haciendo porque yo quiero y porque yo puedo poner lo que quiera en mis shorts”, dijo el hijo del secretario de Turismo de AMLO.

“Pero si no fuera tiempo electoral sí la pensaría dos veces porque no me gustaría pagar una multa”, reconoció Torruco Garza, quien se convirtió en el militante de Morena que más cerca ha estado de Donald Trump en el último.

Diario de una doña nadie nazi

La secretaria de Goebbels, antes de su muerte el año pasado, aún estaba orgullosa de la confianza que él había puesto en ella, escribe Max Hastings en The Times de Londres. A primera vista, esta memoria de una sirviente menor de Hitler es tan banal que podría ser propiamente subtitulada como Diario de una doña nadie nazi.

Brunhilde Pomsel era una secretaria en el ministerio de propaganda del Reich. “Para mí”, recuerda en extrema edad madura antes de su muerte el año pasado, “Goebbels era un político que tendía gritar un poco fuerte. Yo nunca escuchaba todas las bobadas, sus discursos”.

Ella era la hija de un decorador suburbano de Berlín, nacida en 1911, educada estrictamente y abrumadamente preocupada con su bien. Juzgando por la cantidad de palabrería que dedica a los salarios, incrementos de pago, precios de tienda, conocía los precios de todo, el valor de nada. Ella estaba incansablemente impresionada por las alfombras en las oficinas del ministro, “cosas que no teníamos en casa, Siempre aprecie esa clase de cosas.”

“Yo no era una de ellos”, dijo en una entrevista cuando ella tenía 102 años, detalles de intimidad profesional con los Nazis. “Debería de haber sabido más de lo que supe. Era mas o menos por inconsciencia que me uní a ese estúpido partido en el que la mayoría de la gente estaba. Todo estaba bien la mayoría del tiempo. Yo estaba muy, muy feliz… Pero a veces era un poco aburrido”.

Le caían bien los hijos de Goebbels, quienes ocasionalmente entraban a la oficina y jugaban con su máquina de escribir. Ella apreciaba cariñosamente las ventajas de trabajar para un caudillo, sobre todo la comida extra, aunque una noche cuando se sentó a su lado en la cena, se conmocionó por los malos modales de su jefe: Goebbels apenas le dirigía la palabra, nunca le preguntó nada sobre su vida. Tal vez no era lo suficientemente bella para él, ella se supuso.

Ella tenía una amiga judía cuya progresiva expulsión de la sociedad le provocó limitada simpatía, porque cuando ella y otros le daban dinero a la miserable Eva, la tonta chica se lo gastaba en cigarrillos, en lugar de alimentar a su familia. Sólo después de la guerra fue que Pomsel descubrió que su amiga había acabado como ceniza en Aushwitz. “Creíamos… Que si ella estaba en un campo de concentración ella estaba a salvo. Nadie sabía lo que estaba sucediendo en ellos. No queríamos saber mucho.”

Pomsel sintió un escalofrío de inquietud cuando los archivos de los guillotinados hermanos Scholl —miembros del grupo de resistencia de la Rosa blanca– pasaron por sus manos en 1943, pero cuando su jefe le dijo simpáticamente “¡Estoy confiando en que usted no va a espiar!”, ella obedeció. Ella le dijo a su entrevistador: “Aún estaba orgullosa de la confianza que él había puesto en mí. Eso era más importante que satisfacer mi curiosidad. Yo pensé que eso era algo muy noble de mi parte, nunca lo olvidaré”.

Sus padres huyeron a Postdam cuando su casa en Berlín fue bombardeada, mientras los rusos cerraban paso en la capital, uno de los consejeros de Goebbels le ofreció un aventón en su motocicleta. Después de este último encuentro, ella espero en vano al motociclista para que la llevara de vuelta a la ciudad, después descubrió que él se había llevado a su esposa y a su hija discapacitada a Wannsee, donde les disparó a ambas y después se sucidó.

Tan comprometida estaba con su trabajo que Pomsel abordó uno de los últimos trenes de vuelta a Berlín, para pasar días y noches terroríficas medio hambrienta en las oficinas subterráneas, en medio de la última batalla del Reich. “Cuando fui arrestada por los rusos pensé, ‘La guerra ha terminado’. Las cosas de alguna manera volverán a la normalidad. Los rusos que me interrogaron… Eran amables, yo pensé ‘ahora me dejarán ir a casa.’ En lugar de eso, fue encarcelada por cinco años, inicialmente en un antiguo campo de concentración: “Sentía que estaba siendo tratada muy mal y erróneamente… Porque todo lo que yo había hecho era redactar en la oficina de Herr Goebbels. No, entonces no me puedo hacer sentir alguna clase de culpa”.

Este es un libro que aparentemente no tiene ningún mérito literario o histórico. Una de las modas menos útiles en la historia de la edición, es la producción de memorias de personas cuya relevancia es puramente el haber vivido hasta una edad extremadamente adulta, convirtiéndose en “el último Tommy”. “el último Dambauster” o cualquier cosa. Habiendo entrevistado a cientos de sobrevivientes de guerra, puedo testificar que sus memorias se vuelven irremediablemente fragmentadas y poco fiables.

Quizás Pomsel hubiera ofrecido reflexiones más penetrantes si hubiera sido entrevistada muchas décadas atrás. No obstante, hoy, su ciento representa meramente los pensamientos de Fräulein Pooter’s (o mejor dicho, la falta de ellos) en uno de los eventos más terribles del siglo 20.

Y aún, y aún. El libro ha sido ensamblado por el periodista alemán. Thore Hansen, que contribuye con un largo epílogo. El traza en cuenta de Pomsel para advertir de los aterradores riesgos impuestos en el oeste moderno por “una tendencia hacia la apatía y pasividad política”. El nota que la mayoría de jóvenes que contestan las encuestas de opinión declaran una descarada falta de interés político, y una abrumadora preocupación por sus propias expectativas de vida.

Hansen escribe: “ Los esfuerzos egoístas e irreflexivos de Brunhilde Pomsel de asegurar su propia ventaja están teniendo lugar hoy en día en millares —en nosotros mismos—. Si la democracia se dobla tan profundamente en la economía, tanto que las personas piensan que ya no tienen influencia alguna en las instituciones, e incluso ven sus intereses traicionados, entonces los populistas y fascistas tendrán un camino fácil”.

Él ve el espíritu que está sofocando la democracia en Polonia, Hungría, Turquía como compartiendo mucho con el ambiente que ha producido el Brexit, y sobre el presidente estadounidense electo; “La retórica populista de Donald Trump… Revive las memorias de los tiempos más oscuros”. Hay peligro mortal en reconocer a un bruto como Trump como lo nuevo normal; sobre complacer su torrente de mentiras y de alguna manera una concesión necesaria a un punto de vista alternativo.

Este es el mensaje que Hansen deriva de las serenas recolecciones irracionales de Pomsel. Si esta en lo correcto, como me temo que lo esta, exponentes de los valores liberales del oeste deberían de estar más asustados de lo que estamos actualmente.

#SonicArsenal: Tool, el interior del ser humano en el exterior

La industria dicta que un grupo debe lanzar un disco cada año para no desaparecer, también dictaba en cierto momento del 2006 que debíamos inclinarnos por un sólo sonido, el indie. Afortunadamente Tool no se dejó llevar por esos rituales, siguió fiel a su propio estilo y ha lanzado una contundente producción cada cuatro o cinco años… o cada vez que lo necesiten sus integrantes… o cada vez que su situación legal se los permite.

Es cierto que muchas cosas pueden suceder en esos años de ausencia, pero lo más afortunado es que la última vez que escuchamos al grupo en un álbum de estudio, aumentó nuestro vocabulario musical respecto a Tool, revelando una gran precisión alrededor de los gustos de sus seguidores de culto.

Actualmente, la posición de Tool en el metal se divide en dos direcciones, parece tener la libertad para arrastrar su música hasta una dirección oscura, sin preocuparse por las estaciones de radio y su alta o nula rotación; por el otro siguen cultivado esa base fans que aprecia su concepto visual, que no sólo los reafirma con su particular punto de vista, pero que también irrita a aquellos que no están muy seguros de la importancia de Tool en la última década.

El grupo desafió la expectaciones con ‘Lateralus’, permitió que A Perfect Circle y Puscifer emergieran, nos tranquilizó con algunos DVDs y finalmente nos dejó ver un críptico mensaje a través de ‘10,000 Days’, que para no alejarse tanto del Tool que conocemos, nuevamente nos dejaba ver el interior del ser humano en el exterior. Esa visión se repitió en el arte del disco, tan revelador como ‘Lateralus’. El grupo insiste en que el empaque y el booklet rebasen los límites de lo que debía ser un disco compacto, tanto su diseño como su comercialización. Sin embargo esa era la perspectiva de hace 11 años, en tiempos de streaming, regreso de formatos y experiencias virtuales, cualquier cosa podría suceder

Es un hecho que el metal estadounidense ha cambiado mucho desde el 2006, queremos suponer que Tool todavía sabe como cautivar con un riff o que Maynard James Keenan sigue siendo el punto focal, su voz definitivamente es importante.

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— TOOL effing TOOL (@Tool) 7 de abril de 2017

Esperando un nuevo disco, que no llegará en junio de 2017 como esperábamos, recordemos en que estábamos en ‘10,000 Days’, era un material confesional, pero también crítico con la televisión-realidad (si, esa que llevó a Donald Trump a la presidencia), el exceso de información y la necesidad de muchos de vivir a través de las experiencias de otros. El vouyerismo desde el sillón crecía como un problema familiar, pero desde la visión de Keenan sucedía de una manera sensitiva y desgarradoramente honesta. Muchas de las canciones por eso eran una verdadera mordida, sobre todo al ser comparadas con la mayoría de los cortes de metal de la actualidad, pero Tool no es exactamente cualquier banda.

Depeche Mode y el paraguas para el clima global

 

No hay razón para no comenzar señalando que para el lanzamiento de ‘Where’s the Revolution’ Depeche Mode encontró un nicho virgen que no había sido siquiera sugerido o acariciado con la punta de una pértiga muy larga durante los primeros 15 días más tensos de 2017. Quizás lo intentó Gorillaz pero aparentemente sólo hizo el ridículo.

 

Sin adentrarnos demasiado en el sonido –cómodo y nada arriesgado– y la producción de James Ford –bastante mediocre–, DM tampoco rascó demasiado en las metáforas y David Gahan –quien por el momento debe tener su cuarto lleno de posters de Marylin Manson para alcanzar su registro desgañitado– escupe, con el tedio de quien recita su lista del supermercado, una seguidilla de frases tan cortas que aquello parece haiku o el contenido de un panfleto mal redactado que, sin embargo, parece cumplir con su tarea de informar. Ojo, sólo informar.

 

“¿Dónde está la revolución? Vamos, gente” es el grito de batalla que se repite hasta el cansancio y no alcanza ni por asomo el poder de convocatoria que se requiere para crear cambios emocionales y de actitud. Oh, sí, la gente sabe qué está sucediendo en Norteamérica pero aparentemente no lo comprende.

 

 

¿Oportunismo o casualidad? Es posible que, aunque suene contradictorio, hayan sido las dos cosas o quizás estoy equivocado, pero el cariz de la canción me remite a cualquier lado B de la banda. No emociona, aburre y aturde, precisamente tres aspectos de los que debe adolecer cualquier intento electro pop a menos que te llames Vómito Negro o Calva y Nada.

 

La música y las artes en el mundo tienen una oportunidad abierta para manifestar su posición y hacer llegar un mensaje concreto, como el de DM, pero, sin duda, con una mayor construcción sociopolítica porque además de entretener, el arte debe enseñar y motivar el pensamiento, la disertación.

 

No obstante, al mismo tiempo, resulta decepcionante que reconocidos paladines de los Derechos Humanos como Zack de la Rocha y Manu Chao estén más entretenidos en otras cosas, mientras que el actor Matthew McConaughey llamó a cerrar filas alrededor del presidente de Estados Unidos con un discurso preciso y bien documentado cuyo único fallo puede ser el no estar de acuerdo con su posición. Pero eso ya es algo personal.

 

Pareciera que los artistas aún no se reponen de la sorpresa y esa área de oportunidad sea saciada en meses posteriores, pero por lo visto el shock es de tal envergadura que no permite hallar una puerta de entrada para editorializar el clima global o al menos hilar algunas ideas coherentes. O quizás sobre el arte pesa esa máxima que sugiere no entrometerte en temas que no conoces o que pueden resultar demasiado ponzoñosos.

 

Por primera vez, el arte parece estar a la expectativa. Ya llegará el momento del estrés; esperemos.

100 días de NOPE

Frank Zappa tenía aspiraciones políticas, deseaba ser presidente de Estados Unidos. Había considerado toda su plataforma, pero no al estilo Richard Pryor con su lema “none of the above” en la película ‘Brewster’s Millions’, el mùsico pensaba en satirizar el sueño americano.

Lo que explica en el documental ‘Eat That Question’, que llegará a México a través de FICUNAM en el 2017, es una incisiva propuesta que responde a muchas preguntas un día después de la toma de posesión del presidente número 45 de Estados Unidos. Empezaría con no deberle nada a nadie y entrar en contacto inmediatamente con los medios, además de atacar continuamente el concepto del político y mantenerse fuera de las reglas de ese sistema, pero a diferencia de Trump, que utilizó palabras similares durante su campaña, para Zappa se trataba de realizar cambios a través de la contracultura.

En la generación de respuestas para cada época, en los próximos 100 días encontraremos diversas manifestaciones de la contracultura que probablemente definirán los siguientes 10 años. La observamos en las primeras horas del viernes 20 de enero, la podemos seguir en los siguientes 4 años en livestream en el Museum of the Moving Image en Nueva York en el performance HE WILL NOT DIVIDE US de Shia LaBeouf y la podremos escuchar en una recopilación de música que tiene como objetivo inspirar progreso a través de canciones.

https://t.co/7y83TPB4d1

NOW LIVE

Museum of the Moving Image, New York pic.twitter.com/uhaqLufjo2

— Shia LaBeouf (@thecampaignbook) 20 de enero de 2017

El arte contra Trump emerge a través de fotografías en cuerpos desnudos con frases sexistas, en baños donde la icónica boca de los Rolling Stones se transformó en una broma privada en París y en la nueva campaña de Shepard Fairey, el controvertido artista callejero que se toma muy en serio la frase de Picasso de “los buenos artistas copian, los grandes artistas roban”.

El creador de OBEY y de la obra ‘This Is a Poster’ inspirada en la portada del disco ‘Go 2’ de XTC diseñada por Hipgnosis, lanzó hace varias semanas una campaña en Kickstarter para apoyar el movimiento We The People, que inspirado en su famoso poster Hope de Barack Obama busca revitalizar el descontento a través del NOPE.

Con texturas y tonos similares a los que utilizó para transformar la fotografía de AP que encontró en Google, Shepard Fairey creó para la Amplifier Foundation una nueva serie de posters que dicen no al odio, al miedo y al racismo promovido por Donald Trump y sus seguidores, fueron puestos a disposición de cualquiera que se encontrara en Washington, D.C. y pudiera comprar el periódico Washington Post el viernes. Con más de un millón recaudo para la compra de espacios publicitarios, We The People se convirtió en una de las protestas más visibles del primer día de Trump en la presidencia.

Vienen en camino más protestas, 100 días de activismo en Estados Unidos, se preparan muchos NOPE en el arte formal y el callejero, la guerrilla de stickers promete mucho.

Primal Scream – Plaza Condesa

 

Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

 

La madrugada del 9 de noviembre salieron al campus de Yale múltiples estudiantes a gritar de forma primitiva mientras quemaban parafernalia de una campaña electoral que no solo cansó a los estadounideenses, nos dejó estupefactos al resto del mundo. Ese mismo día, algún político también uso el término Primal Scream para referirse al candidato republicano y a la selección final de los votantes; esa noche mientras bailábamos con ‘Swastika Eyes’ y nos dejábamos llevar por el gospel de ‘Come Together’, el dueño de ese alarido como grupo repetía una consigna que se escuchaba al mismo tiempo en protestas de diversas ciudades de la Unión Americana: “Fuck Trump!”

 

Como en muchos conciertos que se realizaron esa noche en el mundo, además de los antecedentes desde el 2015, la estupefacción fue acompañda por alguna dedicatoria al presidente electo más allá del tuit, en este caso Bobby Gillespie no olvidó que en algún momento de la campaña por la presidencia aparecieron graffitis racistas y en favor de Donald Trump utilizando el símbolo que marcó el miedo en la Segunda Guerra Mundial. La canción escrita en 1999, que es parte habitual del set en vivo de Primal Scream, anuncia un estado militarizado bajo la ilusión de la democracia.

 

Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

 

Sin embargo lo que podría haber sido un concierto sumamente politizado, en realidad brindó ese remanso a la cruda y ruido electoral, como repitió en diversas ocasiones el vocalista, estábamos en el Plaza Condesa buscando diversión, era la noche para decir “we wanna get loaded and have a good time. We wanna have a party (Yeah!)”. Por el estado general de incredulidad, el público mexicano obtuvo un extra de Primal Scream, ‘I’m Losing More Than I’ll Ever Had’, la canción que se convirtió posteriormente en ‘Loaded’, que habla sobre el reconocimiento de la mentira y la traición, una caricia donde se mezcla la euforia, la esperanza y cierta depresión dirigida por Gillespie.

 

Con un set inclinado a los éxitos, con pocas variaciones de lo que presentaron en las otras tres ocasiones que el grupo visitó México, el Primal Scream de la noche del 9 de noviembre nos mostró una  base que no satisface a algunos, nos falta algo en el sonido, tal vez no terminamos de adaptarnos a los constantes cambios de integrantes, pero no podemos decepcionarnos de la cadencia delicada de Bobby Gillespie, sus movimientos suaves, la figura en traje rojo que parece siempre estar conectada con otro plano mientras canta.

 

Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

 

Mucho ‘Screamadelica’, un poco de ‘XTRMNTR’, ‘Give Out But Don’t Give Up’ y ‘Riot City Blues’, además de algunos detalles de su nuevo disco ‘Chaosmosis’, Primal Scream sabe muy bien cuales fueron sus discos más fuertes, no dejó fuera ninguna canción que nos lo recordara. En un concierto de no más de 2 horas, el grupo nos llevó del inspirador blues de ‘(I’m Gonna) Cry Myself Blind’, al instante de euforia de brincos del público con ‘Country Girl’, pero la mayor parte del tiempo nos mantuvieron en movimiento.

 

El viaje de los 90 partió con ‘Movin’ On Up’, canción a canción fue unificando al público, con un Bobby Gillespie que continuamente levantaba los brazos para recibir una respuesta de espejo, sobre todo en aquellos instantes en que el gospel nos mantenía coreando “my light shines on” y “Come together as one”, es fácil unirse al olvido al estilo Curtis Mayfield, solo basta dejarse llevar por el sonido de las maracas y los ojos continuamente cerrados de Bobby Gillespie.

 

Primal Scream en el Plaza Condesa / 9 de noviembre de 2016

Movin’ On Up

Where the Light Gets In

Jailbird

Accelerator

(Feeling Like a) Demon Again

Shoot Speed/Kill Light

Higher Than the Sun

Trippin’ on Your Love

100% or Nothing

Swastika Eyes

Loaded

Country Girl

Rocks

Encore:

I’m Losing More Than I’ll Ever Have

Kill All Hippies

Come Together

México, antes y después de Waters

 

“Así sucede con la estetización de la política que propugna el fascismo. Y el comunismo le responde por medio de la politización del arte”
– Walter Benjamin 

 

Es duro, lo sé, despertar digamos un 27 de septiembre de cualquier año y darse cuenta que eres parte del sistema; de un sistema cruel que te hace pensar que eres libre, que puedes hacer lo que quieras, claro, siempre que tengas algo de dinero. De un sistema que te obliga a levantarte, cepillarte los dientes y comer una manzana diaria porque es lo más sano. Un sistema que te hace sentir que a bordo de un auto estás más seguro que en el subsuelo a lado de todas esas bestias que van a hacer nada más y nada menos que tú: mantener vivo el sistema. El SISTEMA, un reloj de engranaje tan perfecto que incluso la revolución forma parte de él, de tal forma que, si tu ingenuidad crítica por un momento cree que retwitteando un mensaje de protesta o gritando una consigna en una manifestación te hace estar fuera de este sistema, temo que has vivido en un error.

 

Después de leer tanta méndiga opinión de expertos y no tan expertos, me han puesto muy incómoda esas ganas de unos que, por sentirse poseedores de ciertos conocimientos, creen que pueden, justificados siempre por la fantasmagórica y cada vez más abaratada libertad de expresión, pasar por encima de la sensibilidad de las personas. Me pregunto si aquellos que critican la megalomanía de Roger Waters, así como su demagogia y falsa protesta se han puesto a pensar por un segundo que eso que tanto se esmeran en derrumbar, son las ilusiones de una madre que llora por su hijo cuando escucha las canciones de Pink Floyd porque éste ya no está; me pregunto si conocen sobre la soledad de un hijo que anhela platicar con su padre cuando escucha ‘In The Flesh’. Me pregunto si su afán por tener la razón puede más que aquel beso apasionado bajo la luz de la luna escuchando ‘Wish You Were Here’.

 

Debo confesar que antes de asistir a los conciertos de Roger Waters la semana  pasada, yo también tuve miedo. Miedo de enfrentarme a lo obvio; que el ex Pink Floyd es ya un sujeto avanzado en edad que también forma parte del sistema que tanto critica, que tal vez y sólo tal vez, el enorme ego que algunos le subrayan  (como si no tuvieran uno igual) lo mantenga viviendo de glorias pasadas. Tuve miedo de que la música que acompañó mi infancia gracias a la influencia de mi hermano y que posteriormente formó parte de mi personalidad fuera una completa farsa y que ese discurso anticapitalista fuera tan solo aire musicalizado.

 

Tuve miedo de que después de escuchar todo lo que Roger Waters tenía que decir y tocar, todas esas miles de almas quedáramos perfectamente igual que antes de escucharlo, sin experimentar cambio alguno. Puedo decir con alegría que no fue así, ya que su discurso que antes de ser político, es más bien un discurso de amor que sigue más vivo que nunca y deberíamos hacer hasta lo imposible por replicar.

 

Roger Waters tiene algo que decir, algo importante y ha defendido su derecho a decirlo desde que comenzó con su carrera. Supo que no lograría decirlo al lado de Syd Barret. Supo que no lograría hacerlo tocando junto a Pink Floyd. Supo incluso que eso que tiene que decir quizá no sería comprendido en los años setenta y ni siquiera en décadas posteriores. Supo que sería criticado. Supo que tendría que hacer de todo para lograrlo. Supo que tendría que gastar mucho dinero. Supo también que perdería amigos y ganaría enemigos. Supo también que el mundo aún no estaba del todo listo para entender que la guerra no es la solución porque todos somos hermanos. Quizá el mundo aún no esté listo para entender que no necesitamos muros ni fronteras, sin embargo, ahí va el hombre, pregonando su mensaje cual evangelista, anciano, enérgico, alegre pero sobre todo, muy convencido de eso que vino al mundo a decir.

 

 

Jueves 29 de septiembre. Una noche previa, el originario de Cambridge ya había sentado antecedentes del primer capítulo de su temporada México 2016 y fue de lo más increíble. Ya para entonces los que no habíamos asistido la noche del 28 sabíamos bien que Algie había sobrevolado por los ácidos cielos mexicanos con consignas en contra de Donald Trump y pronunciándose por los 43. También ya sabíamos que en esa enorme pantalla de ensueño había aparecido en grande: RENUNCIA YA y por supuesto también sabíamos acerca del pronunciamiento hacia el gobierno mexicano. Lo que no sabíamos era que esas canciones que nos han acompañado desde hace ya varias décadas sonarían tan únicas, tan exactas, tan precisas, tan nuestras. Algo así como si las hubieran hecho ayer solo para ese momento.

 

Como todo concierto organizado por su promotora musical de confianza, resultó todo muy bien como una cabeza con cabello engomado. Nada fuera de lugar; un jueves cálido y sin tormentas que permitió que la gente entrara y saliera en completo orden. Apenas nos habíamos acomodado en nuestros lugares cuando un sujeto y una sujeta de seguridad se atrevieron a revisar nuestros cigarros porque bueno, el lugar (no solo el de nosotros) olía muy sospechoso.

 

 

Esta noche Algie no voló, tal vez la lluvia química de la experiencia anterior hizo estragos en su pachona figura. Así, en completa armonía sonaron ‘Speak to Me’, ‘Breathe’, ‘Set the Controls for the Heart of the Sun’, ‘One of These Days’ (primera vez tocada por Waters), ‘Time’, ‘Breathe (Reprise)’, ‘The Great Gig in the Sky’, ‘Money’, ‘Us and Them’ y ‘Fearless’ extraída del ‘Meddle’ y, según los expertos, nunca antes tocada por un miembro de Pink Floyd después de 1971, mientras sonaba, la imponente pantalla mostraba pintas en paredes y frases en carteles que hablaban de la hermandad, de la conciencia, de la libertad, la humanidad, de la comunidad, el sentido común y la solidaridad para finalizar con una enorme pinta que decía “If you are not angry, you are not paying attention” cerrando con una gran imagen plagada de pequeñas banderas de Palestina en una manifestación. Se registran para entonces varias pieles chinas y las primeras lágrimas de la noche.

 

Siguieron entonces ‘You’ll Never Walk Alone’ de Gerry & The Pacemakers, ‘Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V)’, mi favorita del mundo y la temible ‘Welcome to the Machine’, ese soundtrack perfecto para el apocalípsis. Luego vino ‘Have a Cigar’ y ‘Wish You Were Here’, y aunque fue un momento cumbre, yo creí que ese sería el momento del encendedor, pero me parece que ya estoy muy fuera de onda. Continuaron con ‘Pigs on the Wing (Part 1)’, ‘Dogs’, ‘Pigs (Three Different Ones)’, y el fabuloso recorrido visual de Trump satirizado de todas las formas posibles que culminaban en un enorme “Trump eres un pendejo”.

 

‘The Happiest Days of Our Lives’, ‘Another Brick in the Wall (Part 2)’, y el feliz momento del encendedor que me hizo sentir ya no tan fuera de onda, aunque fue con ‘Mother ‘ donde me atrevo a decir que todos necesitamos un Kleenex. Vaya que era la canción que todos los mexicanos necesitábamos escuchar en ese momento, pues hasta el mas macho se rinde ante un “Confía en ti, tranquilo, todo estará bien” en ese dulce resonar de canción de cuna; una dulzura enmarcada por la increíble voz de Holly Laessig y Jess Wolfe, a muchos nos hubiera gustado quedarnos a vivir en ese momento, pero era tiempo de ‘Run Like Hell’, ‘Brain Damage’, y ‘Eclipse’ y fue entonces que todas esas imágenes ochenteras en las cabezotas de los millennials al fin tuvieron sentido.

 

No había otra forma de concluir un concierto de Roger Waters que no fuera ‘Comfortably Numb’, pero antes de el cierre colosal, Waters nos aplicó otra manita de puerco emocional con ‘Vera’ y ‘Bring the Boys Back Home’, y solo que tuvieras atole en las venas, hubieras podido no llorar.

 

El sábado primero de octubre la historia fue ligeramente distinta. Me ubiqué desde las 4:00 p.m en la esquina de 16 de septiembre e Isabel la Católica para observar el fenómeno. Logré ver la emoción de miles de personas, familias completas, ancianos acompañando a sus nietos, niños, vendedores dando informes: “van a tocar los de Pin Floi” decían.

 

Unas adolescentes japonesas perdidas enloquecieron cuando les dije que Roger Waters tocaría en la Plaza de la Constitución. Vi como la euforia y el anhelo por vivir una aventura derrumbaron por al menos tres veces el débil muro de la autoridad a la voz de “¡Portazo, portazo!”. No había muros, había hermandad. No había juicios, había solidaridad.

 

 

Ocho de la noche en punto y un escenario perfecto enmarcaron ese sueño donde Roger Waters no fue el protagonista. Bastaba con ver las miradas y sentir la ligerísima llovizna sincronizada con el vaivén de los cuerpos.

 

Lo que pasó esa noche ya forma parte del soundtrack de nuestras vidas. La noche del primero de octubre cuando Roger Waters, el maniático, obsesivo y egocéntrico causante de la separación de una de las bandas más enigmáticas y populares de la historia, vino a México y tocó en el Zócalo de nuestra Ciudad, donde además le solicitó al presidente que renunciara y escuchara a su gente, y no sé, me gusta pensar que tal vez, en sus desmedidas ganas por querer llamar la atención, logró sembrar una semilla de esperanza y hermandad en el lugar más infértil de la tierra para ese propósito: México.

 

‘Desierto’

Una película de acción pero con cierto fondo político, al menos para algunos mercados donde se distribuirá, ‘Desierto’ el debut como director de Jonás Cuarón (quien ya tiene bastantes antecedentes en el cine, entre ellos el guión de la galardonada ‘Gravity’) surge en un momento en que se promueven a lo largo del planetas ideas de odio contra el migrante. Aunque el filme se centra en la frontera México-Estados Unidos, la situación es similar a la de muchas fronteras en el mundo, donde la lucha por sobrevivir es parte de la esperanza de alcanzar una mejor vida.

 

Como en ‘Gravity’, Jonás Cuarón convierte el fondo en uno de los protagonistas, obviamente el espacio no proporcionó las mismas dificultades que el desierto (empezando por la realidad de la última locación), pero en ambos casos se trata de superar los elementos que rodean e imponen retos a los protagonistas.

 

Se trata de un filme de pocos diálogos, mucha acción, un grupo de migrantes ilegales que podrían morir por los pies, un perro rastreador y un Sam impacable. Del grupo inicial que cruza la frontera vemos poco, ‘Desierto’ nos deposita a los pocos minutos en la persecusión, las carreras entre las piedras y el polvo, la caída de los personajes uno a uno bajo los certeros tiros a distanccia del personaje caracterizado por Jeffrey Dean Morgan (Negan en ‘The Walking Dead’), Sam es tan perseverante en su cacería como es constante el sol en ese paraje donde las sombras y los lugares para esconderse son escasos.

 

 

Es poco lo que sabemos de los personajes, son escasos los elementos que obtenemos, de Sam sabemos que hay odio, Adela (Alondra Hidalgo) cruza porqué sus padres deseaban que tuviera una vida mejor y Moisés (Gael García Bernal) regresa a su familia después de ser deportado. En el caso de ‘Desierto’ los motivos no son tan importantes, sino el deseo de alcanzar un objetivo, ya sea asesinar o sobrevivir.

 

Jonás Cuarón nos muestra dos días de ese desierto de muchas historias, abordados desde la ficción que no siempre acierta, pero que en este caso no busca ser exacta, sino contar una anécdota sin grandes sorpresas, prácticamente sabemos que va a suceder en todo momento, pero debido al contexto en el que aparece la película, se suma a una extensa campaña contra la retórica de odio que cae sobre el que no tiene otra alternativa más que salir de su lugar de origen y caminar lo que sea necesario para tener derecho a una mejor vida.

 

A final de cuentas se trata de un viaje con Moisés, buscando la tierra prometida, que podría ser frustrado por Sam, ese tío que últimamente es la imagen de los supremacistas/racistas/nativistas que tienen a Donald Trump como líder.

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