hi

Disney vs. Disney: La polémica detrás del emporio

Para todos fue motivo de sorpresa el anuncio del año pasado en el que Disney compraría la 20th Century Fox. Muchos tomaron la noticia como algo positivo, puesto que varias licencias de Marvel como los X-Men o los Cuatro Fantásticos ya podrían ser parte del Universo Cinematográfico de “La casa de las ideas” junto al entonces reciente trato al que se había llegado con Sony para poder usar a Spider-Man en ambas casas productoras. Para otros, por el contrario, la adquisición de Fox cantaba la posible censura del canal, quitándole su esencia a producciones como Los Simpson o Deadpool.

Sin embargo, centrarnos en ambas ideas es ver de manera estrecha el panorama: en el momento en que las negociaciones se concreten, Disney tendrá el 28% del mercado centrado en la producción de películas, superando a Warner Bros., Sony, Universal y Paramount. Por si eso fuera poco, a su cadena televisiva se agregarán toda la barra de programación de Fox, desde canales como FX y NatGeo hasta los noticieros bajo el nombre de “New Fox”, teniendo que vender todos los canales deportivos y desligarse de sus correspondientes ligas regionales. Esto determinado por la corte el año pasado, ya que si no Disney entraría en la definición de monopolio, sin dejar cabida a la competencia.

La pregunta realmente debería ser ¿qué precios han pagado ambas compañías para poder concluir las negociaciones?, se habla de 70 millones de dólares, pero la compra incluye más que dinero. A principios de año Ryan Reynolds, encargado de dar vida a Deadpool, mencionaba que tuvo que retirar un chiste sobre Disney del guión de la secuela a petición de Fox. Asimismo, el actor ha señalado que posiblemente no haya una tercera entrega y una serie animada del personaje (dirigida por Donald Glover) fue cancelada. También existe la posibilidad de que, por diferencias creativas con sus directores, The New Mutants y Dark Phoenix sean canceladas a pesar de ya haber tenido un retraso en su estreno y que la primera ya cuenta con un tráiler. Lo cierto es que la tonalidad de todas estas producciones desencaja completamente de Disney, por lo que disfrazar estas decisiones con cancelaciones a decir que no se les financiará, tacharían a la casa del ratón de censura.

Por otro lado, las acciones de Disney han sido más severas: Después del movimiento “Me Too” y las declaraciones de diversas trabajadoras de Pixar en las que condenaban a John Lasseter, director creativo de la compañía, de comportamiento inadecuado y de discriminación laboral, tras una suspensión indefinida a finales de año, el pasado mes de julio se dio a conocer que Lasseter sería despedido a finales de 2018. Una de las mentes causantes de la fundación de Pixar, creador de éxitos como Toy Story (1996) y pionera de la animación a computadora, hoy es desempleado.

También Disney ha retirado de sus filas a James Gunn, escritor y director de las dos películas de Guardianes de la Galaxia y cabeza importante de la fase 4 del Universo Cinematográfico Marvel, por varios tuits con chistes de humor negro y sobre pedofilia. La compañía ha declarado que las ofensivas actitudes y declaraciones apenas descubiertas en el perfil de James Gunn son indefendibles e inconsistentes con los valores de la empresa, a lo que respondió el director con entender las razones de su despido.

Lloyd Kaufman, fundador de The Troma Studios y amigo de Gunn, salió a la defensiva del director: “Si Disney quiere echar a alguien, deberían mirar sus propias películas, sus películas sexistas y racistas que han influenciado a toda una generación de estadounidenses. ¿Por qué tenemos tanto racismo y sexismo? Bien puede tener que ver con las películas de Disney. Así que tal vez Disney: Usted debería despedirse a sí mismo.” y eso fue justo lo que hizo la compañía.

Tras salir de nuevo a la luz un par de cortometrajes de la década de los cuarenta extremadamente racistas, en el que destaca “Der Füehrer’s face” en el que el pato Donald es nazi dentro de un sueño y termina con la frase “Qué bueno es ser ciudadano de los Estados Unidos” dentro de su cuarto lleno de banderas norteamericanas, Disney ha decidido despedir a Walt Disney porque no refleja la compañía que es hoy en día.

 

Ese es el último cuestionamiento: ¿Qué clase de compañía es Disney en la actualidad? John Lasseter llevaba más de una década trabajando para la compañía y las acusaciones contra él no son recientes; los últimos tuits ofensivos de Gunn son de 2012, dos años antes de estrenarse Guardianes de la Galaxia, además de ser creador de proyectos como el videojuego Lollipop Chainsaw y PG Porn, una serie en la que satiriza las situaciones presentadas dentro de la pornografía; las animaciones ofensivas de Walt Disney ya habían causado polémica alrededor de 2004 y el dicho cortometraje pro-nazi ganó en 1943 el premio Oscar a mejor cortometraje animado.

Si realmente este tipo de actitudes no definieran a la compañía, se hubieran tomado acciones desde hace años pero el acuerdo para convertirse en casi un monopolio de entretenimiento apenas se dio hace un año. Una muestra más de que Disney no práctica lo que predica, siendo hipocresía la palabra que define el valor tanto de la compañía como el de un Hollywood reformado bajo la falsedad de ser políticamente correcto.

 

 

Mowgli, una historia sobre las diferencias

Al escuchar el título El libro de la selva, tal vez lo primero que nos viene a la mente es la adaptación animada de Disney de 1967, con las pegajosas e inolvidables canciones de Baloo y el Rey Louie, que en el doblaje al español fueron interpretadas por Germán Valdés “Tin Tan” y Flavio Ramírez Farfán respectivamente. Los más jóvenes o los más desmemoriados quizá piensen primero en la versión de 2016, también de Disney, dirigida por Jon Favreau, en la que Héctor Bonilla y Francisco Céspedes fueron los elegidos para recordarnos las ya clásicas canciones. Sin embargo, vale la pena recordar el origen del asunto…

 

 

Rudyard Kipling fue un escritor inglés nacido en Bombay, que no sólo ganó el premio Nobel de Literatura, sino que también escribió El libro de la selva. Tal fue el éxito de sus cuentos, novelas y poemas que desde finales del siglo XIX, Kipling alcanzó el nivel de celebridad en Inglaterra. Desde su tiempo y hasta nuestros días, se le ha considerado un escritor polémico.

Simpatizó con los opositores a la independencia de Irlanda, escribió poesía a favor de la dominación del Reino Unido en el sur de África y redactó propaganda para el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. A algunos les sorprende que alguien con una visión imperialista y racista haya escrito una historia sobre ser diferente, pero la explicación se encuentra en la niñez de Kipling.

En los primeros seis años de su vida aprendió a vivir en armonía entre dos culturas: sus padres le daban una educación británica y su niñera hindú le enseñó su lengua y lo animó a explorar lo que para él era un mundo lleno de maravillas. Cuando fue enviado a Inglaterra a estudiar, experimentó el bullying y el rechazo por venir de fuera, de ahí que haya quedado impresa en él, en un nivel muy personal, la experiencia de crecer con quienes son distintos a ti y luego ser rechazado por aquellos a los que se supone que perteneces.

De eso se trata la historia de Mowgli, el protagonista de los cuentos que integran El libro de la selva, quien creció creyéndose uno más de la manada de lobos con los que se crío, y que más tarde, cuando emergió su verdadera naturaleza y utilizó el fuego para proteger a su “familia adoptiva” del tigre Shere Khan, comprendió que no podía permanecer en la selva porque era un hombre. Sufrió rechazo de humanos y de animales, y le quedó claro que él era diferente, que no pertenecía ni a unos ni a los otros.

Resulta bastante lógico que la adaptación de 2016 haya sido muy bien recibida, pues casi medio siglo la separa de la película del 67, por lo que ya hacía falta una renovación tanto de la estética como de los efectos visuales, lo cual se logró con creces. No obstante, aunque el director y los productores insisten en que combinaron elementos de la primera película con el libro para acercarse más a la historia original, esta versión actualizada sigue siendo demasiado Disney en comparación con la historia original.

La buena noticia es que este año veremos una nueva propuesta, dirigida por Andy Serkis, quien nos asegura que en esta película no habrá canciones ni bailes. Será una versión sobria y oscura, enfocada en el tema de la búsqueda de la identidad y será la adaptación más cercana al libro original hasta ahora. Mowgli contará con un distinguido elenco: Christian Bale, Cate Blanchett, Benedict Cumberbatch, Naomie Harris y Tom Hollander, quienes no sólo prestaron su voz a los animales, sino también sus expresiones faciales, ya que a diferencia de la película de 2016, donde los animales fueron hechos con animación por computadora, en esta nueva versión utilizaron captura de movimiento, técnica en la que Serkis fue pionero y es autoridad, después de haberla utilizado con Gollum en la trilogía El señor de los anillos, con King Kong y con César en El planeta de los simios.

Según el director, quien además interpretará a Baloo, esta adaptación cambiará la percepción que el público se ha formado hasta ahora de esta clásica historia. Se centrará en el viaje de auto descubrimiento de Mowgli, desde que nace en India hasta que llega a Inglaterra, ya adolescente, y se ve obligado a mezclarse con los humanos y a intentar adaptarse a las costumbres de su especie. Serkis explica que el protagonista se dará cuenta de que no pertenece a un mundo ni a otro y tendrá que aceptar que su identidad es ser el otro.

Los expedientes secretos X, reabiertos

Una de las sorpresas de este inicio de año es el regreso de la legendaria serie de culto ‘Los expedientes secretos X’ (The X-Files) con su temporada once. Este verdadero fenómeno cultural, creado por Chris Carter, combinaba episodios que seguían el hilo de una conspiración alienígena-gubernamental de proporciones globales que no estuvo lejos de destruir las vidas de los icónicos agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scully, intercalándolos con capítulos de tramas independientes inscritas en géneros como horror, drama, suspenso, policiaco y ciencia ficción.

Después de la era dorada de las series clásicas, la TV experimentó estancamiento y desprestigio. En los 90, esta serie de calidad casi cinematográfica, efectivos guiones y dirección impecable dejó claro que sí puede haber calidad en la TV y abrió las puertas al auge de la producción televisiva, que en la última década nos ha entregado series de gran calidad que hacen palidecer a las oleadas de producciones cinematográficas mediocres y que llevó a muchos actores de cine a voltear a la pantalla chica en busca de mejores propuestas. Basta recorrer los canales o la oferta de streaming para encontrar incontables ejemplos de la abrumadora influencia del legado de Carter.

Con nueve temporadas, la serie concluyó en 2002, con los protagonistas fugitivos, escondiéndose del gobierno secreto, después de haber dado en adopción a su hijo, William, para protegerlo de quienes lo buscaban por sus aparentes poderes psíquicos. Seis años después, tuvimos un breve vistazo del rumbo que habían tomado las vidas de los ex agentes, con la entrega cinematográfica ‘Quiero creer’ (2008), que lejos de ser un blockbuster con naves extraterrestres e impactantes efectos especiales que resolviera por fin la intrincada conspiración tejida a lo largo de nueve años, fue una historia independiente que no abordó la mitología de la serie y decepcionó a muchos fanáticos, más que por los méritos de la propia cinta, por las enormes expectativas que tenían de ella después de tantos años. Fue un pequeño filme oscuro, íntimo y sombrío que, colocado como un episodio más de los veintitantos que solía tener cada temporada, seguramente hubiera sido aclamado por los fans, pero arrojado a la pantalla grande en medio de una larguísima espera de 14 años —comprendida entre el final de la serie en 2002 y el estreno del llamado ‘Revival’ en 2016— fue más bien repudiado.

La décima temporada consistió en seis episodios, de los cuales sólo el primero y el último abordaron la mitología, mientras que los restantes funcionaron como una muestra de los distintos tipos de episodios independientes, con el fin de reactivar la nostalgia y el entusiasmo de los fieles seguidores, y despertar el interés de nuevo público.

‘Mi lucha’ y ‘Mi lucha II’ son los sugerentes títulos de los episodios que retomaron el hilo argumentativo que pendía abandonado desde 2002. Si bien se trata de capítulos intensos que no defraudan al insertarse en la TV de hoy, la falla recayó en la saturación de los guiones. Escritos y dirigidos por Chris Carter, ambos capítulos revelan un esfuerzo por introducir demasiada información en muy poco tiempo. Con un ritmo vertiginoso, combinan acción y exposición, y recurren a repetidosflashbacks para situar en contexto al nuevo espectador y refrescar la memoria del ya iniciado.

Mi lucha II’ cerró la temporada de forma demoledora no sólo por la calidad de los efectos especiales ni por el ritmo y la tensión in crescendo, sino porque fue todo menos un verdadero final. Para muchos podía tratarse del adiós definitivo de la serie, por lo que el cliffhanger causó conmoción: Mulder, al igual que gran parte de la población, agoniza infectado por un virus extraterrestre del cual sólo puede salvarlo el gen alienígena que posee su hijo desaparecido; Scully deberá encontrarlo en medio del apocalípsis, pero justo antes de emprender la búsqueda, una nave no identificada se detiene sobre ella; la luz ilumina su rostro y… los espectadores quisieron creer que no era el fin, que pronto se anunciaría una continuación. Tras catorce meses de incertidumbre, la confirmación llegó.

¿Se resolverán finalmente los misterios? ¿La undécima temporada será la última o las agendas de los actores y 20th Century Fox (ahora Disney) nos permitirán seguir acompañando a Mulder y Scully unos años más? ¿La conspiración quedará al fin expuesta? A lo largo de diez episodios lo averiguaremos… o quizá —siguiendo la tradiciónxfilesca— no se resuelva nada y tengamos que seguir creyendo que la verdad está allá afuera.

-->