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Las siete vidas de Rock 101

El número siete está impregnado de magia y misticismo. El siete bíblico que nos acerca a la idea de perfección, incluso se le conoce como el número de Dios ya que, en el séptimo día, Dios descansó para contemplar su obra perfecta.  En la sabiduría labró sus siete columnas, y en la Roca Eterna esculpió siete ojos, mismos que aseguran su omnipresencia.

 

En la mayoría de las religiones, el número siete imprime la Ley Sagrada del Universo. Los siete días de la semana, los siete planetas (explorados y conocidos hasta hace unos días) son siete también los colores en el arcoíris, siete son las maravillas del mundo y siete las notas musicales. Y dentro de ese largo etcétera de misteriosos sietes, embona perfecto el siete de Rock 101.

 

Siete años de trabajo se dicen fácil, pero cuando cargas en tu espalda el peso de la historia, la cosa cambia un poco. Acomodar en una caja musical la mezcla perfecta de pensamiento nostálgico pero a la vez vanguardista, un corazón análogo y al mismo tiempo digital, una actitud madura y crítica pero también dispuesta al cambio, resulta a final el experimento radiofónico ideal para el oído moderno.

 

Siete son las reencarnaciones por las que debía atravesar un gato para llegar a ser humano, según los antiguos egipcios. Estos animalitos excepcionales nos enseñan que no existe reto insuperable ya sea físico, espiritual o mental siempre que estes dispuesto a atreverte.

 

Rock 101 a siete años de haber sobrevivido a la historia, ha resistido, reencarnado, trascendido y transgredido las barreras del tiempo solo con la intención fiel y persistente de hacer del tuyo, el mejor soundtrack de vida.

 

Así transcurrió un año más para esta legendaria estación de radio. La aventura comenzó el pasado 4 de enero donde, de una forma casi cabalística, comenzaba el #GreatAgain101 a la par del #MakeAmericaGreatAgain. Rock 101 se aventuró en un recorrido musical a través de la historia norteamericana y su fuerte e inminente legado e influencia en nuestro país y cultura, no sin dejar claro que para hacer historia, en necesario hacer también una revolución.

 

Como parte final de la vuelta a las 7 vidas de Rock 101 en 30 días, anclamos al fin en la noche del 25 de febrero, donde todos los planetas, los nuevos y viejos, se alinearon para cerrar con broche de oro la celebración de un año más de hacer historia de la única forma posible: proponiendo.

 

Fotografía Alex Salas

 

Fotografía Alex Salas

 

Nada mejor que conocer a una banda en vivo, sin pretensiones, sin recomendaciones. Aunque ya llevábamos una semana escuchando algo de su nuevo material El Futuro, fue en realidad una grata sorpresa enfrentarse a ese fenómeno inusual denominado rock latino. Y digo grato porque (venga el linchamiento) es realmente difícil toparse con una banda de rock en español. Pero eso es harina de otro costal que desmenusaremos luego. Hoy vengo a conarles que AJ Dávila en un estilo muy sui generis, nos narró historias de cómo el amor es lo más agridulce, de cómo es que se siente ser el boricua más chilango y de cómo brillar en la oscuridad.

 

Con @ajdavilasix:

Cristina Moreno- Bajo,

Pablo Mendía -Teclados,

Manu Charritton – Guitarra,

Aarón Bautista -Guitarra,

Manuel Lara – Bateria pic.twitter.com/ppvOYr9ZWD

— Rock101 (@r101ck) 26 de febrero de 2017

 

Sin un discurso propiamente político, AJ Dávila hizo continuas invitaciones a la unión latina en tiempos de opacidad. El caos es el corazón que une a los rebeldes que no creen ni en fronteras ni en los muros, el amor es la clave y hay que usarlo como arma hasta acabar con todo.

 

Salvajes, 17, Es verano ya, Beautiful, Post Tenbras Lux, fueron los primeros cuatro temas con los que AJ Davila se abria camino entre ese nuevo público feroz y hambriento. Luego vinieron, Dura como piedra, 2333, Ya sé, Nena Botella y finalmente, El Futuro y en cada una de ellas, una pequeña chispa de gratitud al invitar a integrantes de distintas bandas de la escena nacional tales como Quiero Club, Candy, La Banderville, División Minúscula y los mismos Crocodriles, con quienes comparten escenario y cuarto desde hace ya varios meses, justo aquí, en la Ciudad de México.

 

Fotografía Karina Cabrera

 

Algo de honestidad y cinísmo es justo esa chispa que te atrapa de AJ Davila y es un fenómeno exquisito ese de dejarte sorprender por sonidos no archivados en tu registro cerebral. Un inesperado punk melódico y contagioso entre Pixies, Nirvana y Velvet Underground pero ¡paren todo! ¿de dónde proviene ese acento? Es AJ Davila contando y cantando una mala historia de amor.

 

Luego de una breve pausa, arrivaron los Crocodriles al escenario, mucho más maduros que hace ocho años en el Salón Caribe, pero mucho más enérgicos y contundentes. Aún recuerdo el escenario semi vacío en el que los Crocodriles se daban a conocer en escenarios mexicanos. Muy extraño, por cierto aquel solón lleno de espejos y luces neón que ambientan muy bien al cine de ficheras y de paso al pop noise de los recién nacidos Crocodriles.

 

Fotografía Karina Cabrera

 

En esta ocasión, con una audiencia mucho más enriquecida, Teardrop Guitar, Neon Jesus, Crybaby Demon, Mirrors, Billy Speed, Heavy Metal Clouds, Marquis de Sade, Telepathic Lover, I Wanna Kill, Jet Boy sonaron como nuevas, como enardecidas por una fiebre contenida. ¿Acaso los Crocodriles se han dejado seducir por el calor mexicano?. Oscuros y radiantes, Crocodriles presentan un setlist sobrio pero nutrido lleno de hits por los que recorren sus casi diez años de carrera musical.

Así concluye e inicia esa espiral infinita de la música. Concluye pues, un año de celebraciones para Rock 101 pero a su vez, inicia un año que se pretende intrépido y voráz en cuanto a rock se refiere y ahí estará una estación de radio que no es una entre muchas, sino aquella que es testigo, parte y protagonista del sountrack más importante, el de tu vida.

 

#GreatAgain101 7 años de Rock 101

Celebrando 7 años en el planeta WWW, Rock 101 presenta a Crocodiles y AJ Dávila en concierto, actos que desde E.E.U.U y Puerto Rico reúnen los sonidos cosmopolitas de la Ciudad de México.

El grupo originario de San Diego presentará por primera vez en nuestro país ‘Dreamless’ (2016), álbum producido por Martin Thulin (Exploded View) en la CDMX y que refleja tiempos difíciles en la vida diaria de los integrantes de Crocodiles.

Por su parte AJ Dávila estrenará en vivo en nuestro país ‘El Futuro’, álbum producido por Sergio Acosta (Zoé) y en el que no solo refleja los años vagando por la capital mexicana, también demuestra el encuentro con otros viajeros como La Vida Bohéme, Carmen Costa y Crocodiles.

Claramente conscientes de sus influencias, Brian Welchez y Charles Rowell realizan homenajes a diversos géneros a través de su música, desde el new wave hasta el noise pop, el sonido lo-fi y la reverberante presencia del shoegaze, el punk y la psicodélia están presentes en sus canciones.

Es evidente su fórmula, se mueve por parámetros bien definidos, por tal razón siempre notamos como evolucionan a través de su discografía: entre ‘Summer Of Hate’ (2009) y ‘Sleep Forever’ (2010) se alejaban poco a poco del lo-fi, para ‘Endless Flowers’ (2012) notamos mayor calidez, mientras que en ‘Crimes of Passion’ (2013) y ‘Boys’ (2015) nos llevan por una zona de claroscuros guiados persistentemente por la guitarra.

El dueto formado en San Diego en el 2008 nos ha llevado por el camino de la distorsión, de la misma manera ha ampliado su alineación para sus presentaciones en vivo, aunque el núcleo sigue siendo el mismo y en diferentes locaciones, incluyendo la Ciudad de México, que desde hace algunos años ha sido la base de Brian Welchez, donde ha trabajado con el productor Martin Thulin y ha lanzado el sello Zoo Music.

Su más reciente producción, ‘Dreamless’ (2016), es parte de la continua evolución de sonidos, la oscuridad y densidad de los anteriores cinco álbumes se han ido despejando debido al contacto con los ritmos latinos, la cumbia, la salsa y el ruido de la CDMX en este disco se traducen en arreglos que hacen menos énfasis en la guitarra y utilizan el teclado como acento de los otros instrumentos y armonías.

De Puerto Rico a México, pasando por la disolución del proyecto Dávila 666, AJ Dávila se ha convertido rápidamente en la recomendación constante de lo que debes escuchar para entender los sonidos que se están formando en la CDMX. Con ‘Terror/Amor’ (2014), la fusión de garage y pop con raíces doo-wop y punk logró fascinar al crear un ambiente juguetón de dientes afilados.

Hablando de enamoramiento y frustración, AJ Dávila colabora con Juan Cirerol, Mercedes Oller (Las Robertas) y Selma Oxor para crear una amalgama de cochambre, con influencias que van de The Velvet Undeground y The Stooges al glam y Iron Maiden. Con su debut tuvimos garage punk, free jazz, psicodelia y minimalismo, además del sencillo de enlace ‘Post Tenebras Lux’ que nos lleva a la promesa de ‘El Futuro’, álbum que lanzará en el 2017 con colaboraciones de Cardiel, La Vida Bohéme, O Tortuga, Carmen Costa y Crocodiles.

El suelo es el límite

Cuando “ya no lo hacen como antes” es el momento en el que agradecemos que el rock and roll desde su inicio haya sido una materia prima maleable, que exige evolución constante y requiere para su crecimiento alejarse con cada paso del origen. Tal vez los puristas extrañan el inicio, añoran el sonido que conocían, pero otros apreciamos sumergirnos en las profundidades de las etiquetas para descubrir géneros a través de su acercamiento al punto de partida desde las diferentes desviaciones en el camino. Algunos desprecian las etiquetas, otros descubren que esas mismas clasificaciones sirven para tomar diversas rutas sonoras, unos más nos enseñan que el origen de un género parte de otro lugar.

 

Así como The Echo Nest reunió cientos de clasificaciones para entender la raíz de muchos grupos y un artículo en The Guardianexploró el punto de partida de algunos géneros, descubro a través del libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston una breve pausa en su recorrido por la historia del sello discográfico para revelar el origen del shoegaze, ese mismo que alberga al new wave y el lo-fi en una misma gama. El punto de partida para ésta historia es la búsqueda del dueño de 4AD, Ivo Watts-Wallace, con casi una década formando un sonido para el sello, necesita darle un nuevo giro a la industria:

 

“No fue sino hasta el siguiente año, 1990, que a esta nueva camarilla de bandas parecidas a Cocteau (Twins) y (Jesus and) Mary Chain se les dio una etiqueta – la prensa musical se decidió por ‘shoegaze’, primero se acuñó en una reseña en Sounds sobre la banda Moose. Como el gótico, el shoegaze fue más una crítica que un sonido, basado en la forma en que los músicos jóvenes confiaban en gran medida en los pedales de efectos a sus pies, se vieron obligados a mirar hacia abajo en lugar de enfrentar a la audiencia. Ayudó a ocultar el hecho de que estas bandas no siempre mostraban personalidades agobiantes, vocalistas fuertes y rebosante confianza. 
Para utilizar todos los clichés que rodeaban al shoegaze, el sonido era borroso, narcótico, distorsionado y ondulante, de ensueño, era música escapista desempeñada por estudiantes de la opinión de Ivo sobre la música como un paisaje interior y no un punto de vista articulado. El shoegaze parecía casi la negación de la revolución cultural o musical que sucedía alrededor de esas bandas”.

La etiqueta no tardó en extenderse como un recurso peyorativo en la prensa británica y aunque Moose no se convirtió en el grupo más importante, el género no tardó en mostrar propuestas cuya distorsión brindó una nueva desviación cercana y a la vez alejada del punto de origen, una nueva rama que incluye a Slowdive, Swervedriver, Ride, Lush, Pale Saints y My Bloody Valentine, incluso esa misma calle tiene una bifurcación de herederos de la misma raíz de la que partieron sus antecesores (The Velvet Underground, Sonic Youth, Hüsker Dü, The Chameleons, The Cure, Bauhaus y Galaxie 500) que prefieren utilizar los nombres chillwave o new gaze.

Para ser un género que tenía como único límite el suelo, el shoegaze no ha dejado de sentirse a pesar de la extinción de sus principales actos. Su herencia está más presente que nunca gracias a una versión actualizada, que prácticamente retoma muchos de los elementos de esa generación que liberaba su genialidad al mirar sus zapatos. De ese sonido de mediados de los 80 y principios de los 90, algunas bandas han recuperado el estilo y el sonido tan puro que se despreciaba a sí mismo y resultaba introspectivo, aunque sin una confrontación de sentimientos. La nueva versión, nombrada new gaze (nü gaze para aquellos que se quieran sentir más vanguardistas), surge de los restos y recuerdos de la primera oleada de bandas shoegaze, que después de moverse en diferentes direcciones se convirtió en un culto y la fuente de inspiración para nuevos grupos y nuevas audiencias.

 

El sonido de las guitarras fuertemente procesadas en la mezcla renació con “Ágætis Byrjun” de Sigur Rós. Aunque no es estrictamente shoegaze, el disco mostró muchos de sus elementos típicos y un “nuevo” nivel de exploración sonora que desató a una nueva generación, la cual se ha fortalecido en los últimos cuatro años alrededor de un estilo viejo que sigue pareciendo vanguardista.

 

 

Bandas como Asobi Seksu, Crocodiles, M83, Amusement Parks On Fire, The Fields y Radio Dept. se han enfocado más en los sintetizadores que en las guitarras del shoegaze, pero ha conservado su otra virtud: las voces sometidas en volumen y tono a las capas de sonidos, que otorgan un fuerte sentido de la melodía. A pesar que ninguno de los actos del new gaze y sus seguidores vivió el mejor momento del shoegaze, la nueva generación ha comprendido la fuerza que impedía que los integrantes de Lush, My Bloody Valentine, Slowdive y Pale Saints se movieran más allá del espacio marcado por sus pies.

 

Nuevo disco de Crocodiles en octubre

Practicamente mexiqueños, los integrantes de Crocodiles han pasado gran parte de los últimos meses en la Ciudad de México realizando conciertos y DJ sets, además de grabar el disco Dreamless, el cual saldrá a la venta el 21 de octubre a través de Zoo Music.

La sexta producción de Crocodiles parece libre de la distorsión de los anteriores discos, con Brandon Welchez y Charles Rowell brindándonos un sonido delicado, al menos eso nos hacen pensar con el primer sencillo “Telepathic Lover”.

Rock 101 tuvo la oportunidad de platicar hace algunos meses con el vocalista Brandon Welchez sobre el nuevo álbum, las razones para hacer de la CDMX su nueva recidencia y la manera en que la cumbia y la salsa se han filtrado en el sonido de Crocodiles en la actualidad.

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