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Historia de un bot sin toalla

Hay bandas que te enseñan a cantar a grito pelado en la madrugada golpeando el volante, Tom Petty and the Heartbreakers es una de ellas, al menos esa es mi primera reacción cuando aparece ‘American Girl’ en el radom de mi reproductor, aunque eso en la memoria colectiva nos lleve a la referencia de una noche en el ‘Silencio de los Inocentes’, en mi caso tiene final feliz, siempre conservo mi piel.

 

Hay grupos que te enseñan a hacer pogo dance como The Jam y The Clash, así como hay otros que te obligan a levantar un puño amenazador en el aire, como Rage Against The Machine y Anti-Flag, pero los que más aprecio son los que me enseñaron a escuchar y me llevaron a salirme de la música para explorar la extensión de las canciones en otros contextos.

 

En Sonic Arsenal de vez en cuando los invito a escuchar con audífonos y cerrar los ojos para descubrir la mezcla y el poder de algunos cortes que remueven las entrañas, un ejercicio que empecé a realizar en la adolescencia cuando apareció el primer discman en mi casa. Armada con unos audífonos empecé a apretar ese botón de dopamina que nos hace repetir constantemente las canciones por la satisfacción que provocan, de forma pausada descubrí que había diversas capas, algunas imperceptibles cuando ponía el disco en el sistema de sonido casero.

 

Desde esa burbuja creada por el ruido de uno, que se percibe extraño desde el exterior cuando se observan los movimientos sin música, empecé a desmenuzar capas con ‘Animals’ de Pink Floyd, que me volaba la cabeza cada vez que aparecía un solo de guitarra, pero también empecé a notar esa serie de sonidos que acoplados de forma perfecta se volvían imperceptibles. Lo mismo me ocurrió con una banda que después me otorgó el gusto por la ciencia ficción de línea enredada pero extremadamente simpática.

 

Conozco a Radiohead como todos, desde ‘Creep’, pero también lo conozco a través de las crónicas de mi hermano en ese concierto de Pachuca y otra ocasión que entrevistando a Camilo Lara me contó la travesía del grupo en su primera vez en México y aquella azotea de Guanajuato donde meditaban lo que le sucedería a la banda. Sin embargo conozco a Radiohead más por las exploraciones resultantes de escuchar demasiado tiempo con audífonos, analizando el arte de Stanley Donwood y los booklets ocultos, siguiendo los experimentos sonoros que fueron creciendo y analizando las letras que me llevaron a leer en varias ocasiones la historia donde levantar el dedo pulgar y acarrear una toalla se vuelve fundamental. Gracias a Radiohead me quedé con Douglas Adams, aunque mi disco favoritos siguen siendo ‘The Bends’, ‘Kid A’ y ‘Hail to the Thief’ (en ese orden).

 

Hay bandas con las que uno se conecta de forma emocional, pero que te obligan a observarlas de forma profesional, pero que debido a la conexión te hacen perder la objetividad, para mi Radiohead es una de esas bandas, la disfruto hasta que me lleva a ese glorioso estado gris que me hace enchufarme con la idea de que toda canción tiene un origen, de ahí salió la idea de realizar una columna en Rock Stage, donde mensualmente conté el contexto y las anécdotas que inspiraron una canción durante casi cuatro años.

 

Ya no escucho Radiohead con tanta frecuencia como lo hacía hace algunos años, incluso me perdí su última presentación en México, sin embargo sigo pendiente de lo que ocurre alrededor de sus integrantes, porqué sigo encontrando inspiración y me vuelven a llevar a donde no he estado, porqué hay bandas que te transportan sin separar los pies del suelo.

La verdad es que yo fui otra victima de Creep

En el inicio de 1994 la situación de Rock 101 se desgajó y la consecuencia directa en mi vida cotidiana fue padecer una especie de estrés postraumático que me impedía estar cerca de la música que sonara a Rock 101. Desde ese inicio de 1994 hasta 1996 mi refugio fue el jazz. Siempre había querido tener el tiempo de adentrarme en el mundo del jazz, pero la exigencia diaria de un grupo radiofónico no dejaba tiempo para escuchar algo ajeno a nuestros propios contenidos.

 

Asi que, desapegado –físicamente- de la responsabilidad del grupo, al jazz me metí y es una época de recuerdo entre azules y grises descontrolados en donde la estridencia delicadamente brutal del jazz envolvió mis sentidos, incrementando la barrera emocional que me separaba de cualquier cosa que oliera a rock´n roll.

 

Fue hasta 1996 cuando Martín Hernández me invitó a colaborar en WFM, me reincorporé a un nuevo mundo de música que, en 2 años, había cambiado muchisimo. En un proceso de reprogramación de la estacion fui descubriendo nuevos sonidos, acercándome con cautela a los viejos.

 

Configuré una nueva programación para WFM sin la especialización radical de Rock 101, aderezada con toques mas coloridos de ese momento, y que básicamente eran sonidos “antigrunge” o fusiones que trataban de relajar el ambiente pesado que habia impuesto el rock pesado de Seattle.

 

En 1997 regresé al NRM tratando de colaborar en el rescate de un barco que ya estaba a la deriva. Se propuso un proyecto que iba a llamarse ERA 101 en donde había estado Rock 101. Siempre me encantó el doble sentido del nombre. Hubiera sido un exitazo, pero nunca vio la luz consecuencia, precisamente, del rumbo equivocado por el que ya zurcaba la empresa. Pero bueno, Radiohead y ‘Creep’.

 

Fue en el regreso al NRM, y con la perspectiva de crear una nueva programación enfocada a la modernidad electrónica, incluyente de los nuevos sonidos alternativos, que me reencontré a Radiohead, cuando llegó a mis manos, entregado por un representante de la compañía discografica de la banda, un disco que venia acompañado de grandes reviews y con una pompa que me parecio exagerada en su momento, para una banda que habia hecho una cancion buena, ‘Creep’, pero sin ningun acto de magia sobresaliente. Recuerdo ver la portada de ‘Ok Computer’ y no darle mayor importancia, menos para la idea musical que tenia entonces en mente.

 

Para mi –recordemos que no había escuchado nada de la música de Radiohead, o culquier otra banda que hubiera producido nueva musica entre 1994 y 1996 en el postRock101 state of mind-, no era más que la continuación de una cancion pseudo hard rock, pseudo alternativa, pretensiosamente intelectual, llamada Creep. Como llego el disco lo guardé con los demás discos de mi oficina.

 

Se diseño ERA 101, se propuso su salida al aire, y todo quedo en un intento de medianía creativa llamado 100.Nueva Era. Medianía que nos llevó una vez más a  emigrar a nuevas tierras para 1998.

 

En 1999 lanzaríamos W Radical con el consiguiente éxito de presentar a México el gran movimiento de musica electrónica para el Siglo XXI. En ese lapso, entre enero 1998 y enero 1999 me propuse rescatar los sabores de la música que me habían arrebatado en 1994. Rescatar el placer de escuchar la produccion alternativa y conocer los nuevos caminos de esas bandas que había conocido y de las cuales me había negado seguir escuchando algo.

 

Así fue como, en la tranquilidad de mi casa, fui descubriendo a Massive Attack, Portishead, rescaté a Underworld, a Björk, a Fluke. Conoci lo que siguio haciendo Pearl Jam –medio desilusionante- el ‘Stripped’ de los Stones, Pink Floyd Pulse, y entre todos esos discos que habian quedado empacados. Un buen día abrí el ‘Ok Computer’ con el prejuicio durisimo de ir picando cada track y darme una idea del álbum, casi casi por compromiso.

 

Cuando comenzó el disco y recibi el primer guitarrazo de ‘Airbag’ me recrimine por unos segundos el esfuerzo inútil de intentar descubrir algo nuevo en esta banda que seguia haciendo un rock previsi… y repentinamente entra una batería que con una sincopa escondida cambia la sustancia del sonido y crea una mezcla que la voz del cantante vuelve compleja, dificil de explicar, asaltando los sentidos de esa forma extraña en la que asaltan los sentidos las sorpresas… desafiandolos a entender, a asimilar, a definir una idea distinta a la geometria auditiva, estetica a la que esperabamos, a la que imaginabamos.

 

Para ‘Paranoid Android’ entendí que estaba escuchando algo que no tenia nada que ver con ‘Creep’. Leer la etiqueta del album, su registro una y otra vez. ¿Era la misma banda? ¿Había aparecido otro Radiohead en mi ausencia auditiva?

 

El disco corrió, y llego el momento de ‘No Surprises’… Claramente recuerdo –como me ha pasado toda la vida en los momentos memorables- la luz de la sala, pasado medio día en el otoño de la Ciudad de Mexico, ese sol glorioso de tintes anaranjados que proyecta nostalgicas sombras sobre la rudeza de su construccion. Precisamente ese equilibrio, entre rudeza e iluminacion, fue la sensación de ‘No Surprises’ en el conjunto total del ‘Ok Computer’.

 

Al día siguiente fui a comprar lo que hubiera de Radiohead, que para entonces solo tenia un album adicional al ‘Pablo Honey’, llamado ‘The Bends’. Explosión incontenible de imaginacion, nuevos sonidos, sorprendentes sonidos, elocuentes sonidos que saben a tecnologia deconstructiva emocionantemente humana. Otra sesion de ‘Planet Telex’ a ‘Street Spirit’. Otra sesión enterita de Radiohead en dos días. La distancia que toma dejar muy atrás ‘Creep’.

 

Pienso que esa dedicacion al jazz y sus laberitnos, en esos dos años, con los oídos abiertos a nuevos aires, me hicieron click con la opción creativa de Radiohead, demoledora de barreras conceptuales. Desde entonces me declaro fan recalcitrante de Radiohead, una de las propuestas mas descabelladas y asimétricas que pudo generar la música en estos 22 años. 20 años desde el lanzamiento de ‘The Bends’ y en donde, desde mi perspsectiva, inicia la propuesta estetica comprometida de la banda. Tecnología deconstructiva emocionalmente humana cargada de sensaciones memorables que celebramos este jueves en Rock 101.

Radiohead y un pensamiento sonoro

La primera vez que escuche a Radiohead fue por una mera coincidencia del destino y el lenguaje. Recorriendo una tienda de discos, ahora desaparecida, en las ofertas infravaloradas (discos que nadie escucha) me encontré una carátula con un bebé/girasol y la leyenda ‘Pablo Honey’. Compré el disco por una inexplicable reacción al ver mi nombre en un disco extranjero.

 

De Radiohead conocía como muchos ‘Creep’ canción que un tiempo fue un himno entre mis compañeros de escuela: niños clase medieros, alienados, Montessori, con problemas de lenguaje. Era nuestro único referente de la banda y tal vez un poco el símil que hacían de mí y de York por tener, ambos, el párpado caído. Escuché el disco entero y de ahí salía entre muchas joyas crudas ‘Creep’ y al fin encontraba un nuevo sentido a la letra, para ese momento. Leí el booklet, canción por canción, y me sumergí en la textura de las letras, luego en la música como un todo y al final quise más de ellos.

 

Con amigos más grandes de edad (y tamaño) con gustos musicales perversos como Premiata Forneira Marconi, Gong, Magma, Pink Floyd (la etapa ácida y perturbadora del A Saucerfull of Secrets), Oliver Messiaen o la experimentación de Tangerine Dream era poca la música que escuchaba en la radio “juvenil” que lograba meterme en lo que escuchaba y Radiohead sonaba demasiado, sin sentido.

 

Se hablaba mucho de ellos, con tropiezos en lugares comunes robados de páginas especializadas mal comprendidas y nunca tomándolos como un grupo experimental, independiente a gustos y géneros musicales.

 

Las percusiones y el bajo son dos personajes importantes en mi formación auditiva. Para bien o mal crecí con música clásica a diestra y siniestra, metido en clases de composición y orquestación, solfeo, apreciación estética y artística, matemática musical y estos dos elementos eran la columna vertebral de la personalidad de una banda. Radiohead los sacaba del lugar común (de la época) y con inteligencia sonora y musical los trasladaba a un concepto propio. No buscaban emular a otras bandas, al final una honestidad pretenciosa que sólo la genialidad puede manejar.

 

En ese mismo periodo histórico ‘High and Dry’ sonaba con bastante frecuencia en los horarios vespertinos de las ya desaparecidas estaciones de radio. Tanta melancolía contenida en 4:25 minutos no los pude superar sin llorar la primera vez que la grabe en un cassette, y la reproduje hasta memorizarla, luego cada disco conceptual se tornó en un asombro  y confrontación continua con el ser escucha.

 

Desde el ‘Ok Computer’ no puedo escuchar canciones aleatorias de Radiohead, me es imposible separarlas de su contexto, de su útero musical. No son “singles” son piezas interdependientes de un concepto, de un discurso complejo, que además es polisémico, es decir contiene un mundo de posibilidades de apreciación y significados para quien lo escucha. Cada disco es arte por su capacidad de interdisciplinar.

 

Con el ‘Kid A’, me encontré con el diseño gráfico y sonoro, la composición, la matemática electrónica, la naturaleza orgánica de la voz, la lírica, el manejo de múltiples capas sonoras que nunca se invaden, la ingeniería en audio y un sin fin de elementos que podría ser ejemplos para clases de arte y análisis contenidos que me permitieron aventurarme y correr riesgos sonoros. Fue mi puerta de entrada John Zorn y al avant garde actual.

 

Cuando se presentaron en vivo en un estadio me sorprendí y bajo reservas fui; fue una experiencia irreverente, distópica. No había relación con lo que sucedía en el escenario y las gradas, Kraftwerk servía de introducción y no había ninguna reacción en el público, pedían las canciones repetidas mil veces y el ‘In Rainbows’ sonaba lejano sobre una audiencia con oídos de pescado esperando en momento ‘Creep’ de la noche para cantar y desfogarse. Solo bajo el influjo de los audífonos pude transitar por el arcoíris sin volver a esperar verlos en las mismas circunstancias y seguir creyendo que son una de las bandas más grandes, honestas y de genio inagotable en activo.

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