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Interpol – Las luces se volvieron a encender

Fotografías: César Vicuña, cortesía OCESA

 

“Turn on the bright lights. Enciende las luces brillantes”… y fue lo que pasó. El Pepsi Center fue el escenario de un juego de luces externas e interiores de un ser humano que no paraba de gritar, cantar y hasta de llorar. Sin visuales que acompañaran sus canciones, Interpol se paró sobre el escenario rindiendo homenaje a su álbum debut y a un sinfín de tonos oscuros que justifican las historias de sus canciones.

Mujeres, Nueva York, citas, planes fallidos. Contextos que se acomodaron perfectamente la noche del 18 de octubre ante un público que apenas recupera la fuerza tras los siniestros ocurridos justo hace un mes.

La noche era cálida y el público digno de admirar dado que entre los ríos de gente se escuchaba lo que había sucedido una noche anterior. Si, muchos se dieron cita nuevamente esperando quizá una nueva sorpresa o simplemente por el amor a la música.

Pumarosa fue el proyecto londinense encargado de abrir la cita con la delicadeza y la elegancia. Solo faltaba el champagne. ‘Honey’ y ‘Priestess’ fueron dignas canciones para ganarse la confianza del público sin que exigieran ya la salida de Interpol pues el terreno aún no estaba repleto de asistentes.

Ya una vez instalados los minutos previos es como se pudo sentir el nervio y la emoción que se justificaban en pequeños bailes mientras sonaba música de fondo y cierto palpitar de muchos corazones y si, también los gritos de mujeres que exhortaban su amor por Paul Banks. Locura.

 

 

‘Untitled’ fue la apertura de un ejercicio de sincronización sonora que se vuelve la transición de una banda ordinaria a una atemporal, que no se distingue por su vigencia en las grabaciones sino en la fuerza que adquieren los discos a través del tiempo. ‘PDA’, ‘Say Hello to the Angels’ y ‘Roland’ son la viva voz de la adolescencia y del 2002; fue esta noche que el tiempo dejó de existir para revivir nuestros saltos y aplausos como si fuésemos eso, adolescentes y eternos. Y es que 15 años ya han pasado pero no la nostalgia, el miedo y las relaciones fortuitas.

Quizá eso justifique la intensidad con la que el público cantó ‘The New”, ‘Leif Erikson’ y ‘Specialist’, canciones con las que la banda se fue a descansar y dejar en modo reflexivo a su conglomerado.

La potente ‘Not Even Jail’ significó el regreso de la banda y el aplauso, así como el de múltiples vasos de cerveza sobre nuestros rostros que solo reflejaban alegría. Paul Banks nos entregó confianza y amor como un mexicano más, haciendo uso perfecto del español pues cabe recordar que gran parte de su adolescencia tuvo residencia en la Ciudad de México.

 

 

 

Justo merecíamos una cura en nuestras heridas, por los sismos, por la pausa de la música y por el tiempo que corre tan deprisa sin saber cuándo será que Interpol regrese de nuevo. Justo merecíamos ‘Slow Hands’ y ‘Evil’ y no, no nos defraudaron. Dichas canciones dieron fin a una noche en la que de nuevo brilló la importancia del disco eterno, de las historias entrelazadas y el poder del tiempo.

 

Banks regresará en noviembre junto a Robert Diggs para el Corona Capital. Banks seguirá esta semana en Monterrey y Guadalajara. Interpol nos provoca admiración,  difícilmente las nuevas generaciones lo pueden olvidar. Solo quedará en nuestras manos la oportunidad de privilegiar y rescatar el significado de escuchar un disco completo para tener noches como ésta.

Corona Capital 2015: Echando a perder se aprende

 

2015 fue un año tristemente marcado por atentados, sobre todo en Francia en donde se llevaron a cabo 2 de los más notables ataques terroristas y no porque fuesen más importantes que otros, sino porque los atentados se llevaron a cabo en lugares públicos como fueron las oficinas de la revista crítica de Charlie Hebdo, donde murieron 12 personas, el segundo se suscitó en el Teatro Le Bataclán donde durante una presentación de la banda Eagles of Death Metal, un grupo armado tomo la vida de decenas de personas. Esta situación añade un grado más de alerta ante el conflicto contra el Estado Islámico.

 

En Estados Unidos se legaliza el matrimonio homosexual, cuando apenas hacía un año que California legalizaba el uso lúdico de la mariguana. Pero cuando todo era risas y diversión para este país, Donald Trump anuncia su precandidatura a la presidencia de su país. En ese momento, cuando aún había algo por hacer.

 

Mientras el mundo se caía cada vez un poquito más a pedacitos, el festival Corona Capital había tomado una decisión trascendental: trasladar el tradicional rocktubre a noviembre, en primera, para dar lugar a la Fórmula 1 en su recién remodelado Autódromo y en segunda, para tratar de remendar un poco lo sucedido el año pasado.

 

 

Y vaya que lo hicieron bien. El festival Corona Capital emergió de sus cenizas como un Fénix con uno de los mejores carteles que haya tenido. Nombrado por algunos como el Corona para rucos, el 21 de noviembre y sin una sola nube que amenazara la paz de los asistentes pudimos contemplar el atardecer con la música de fondo de The Psychedelic Furs, quienes nos hicieron regresar a los ochenta bailando. Terminaron, pero enseguida llegó la nostalgia hecha fiesta gracias a Richard Aschcroft quien se echó varias canciones de The Verve así, al hilo y sin titubear como fueron Sonnet, Space and Time y On Your Own.

 

Me tuve que perder a Beirut una vez más por ir a ver por primera vez a The Libertines, y no me arrepentí nada, favorita entre favoritas, disfruté como muchos cada centímetro de su reciente regreso. Un Pete Doherty bonito y gordito, acompañado hasta el final por Carl Barat, sensual y oportuno que no pierde pista de nada, siempre atento y preciso. En ese acertijo perfecto que combina mugre, cerveza, gritos, desamores, más gritos, y más cerveza, así van los Libertines, los últimos guerreros del rock honesto y sin gel entregándonos clásicos como ‘Can’t Stand me Now’ y ‘Music When the Light Go Out’.

 

Corriendo alcanzamos a ver a Muse con su cada vez más imponente despliegue de tecnología y escenarios majestuosos. Los últimos hijos sobrevivientes del rock para masas en estadios, entregadísimos como siempre sin guardarse una sola gota de energía para ellos mismos. No por nada son los consentidos de los escenarios mexicanos.

 

 

22 de noviembre del 2015, segundo día del festival Corona Capital con dedicatoria a los años 80, 90 y más. Llegué a ver a los Charlatanes UK desde el principio con el cabello güero de Tim Burguess bailoteando a la par del público a ritmo de Weirdo  y North Country Boy. Una embarrada de sándwich de Mew para llegar a ver completito a Spoon, otro favorito entre favoritos. Y es que escuchar en vivo ‘Do You’ y ‘I Summon You’ tiene que ser uno de los placeres más gratos de la vida, de esos que te ponen a llorar y a sonreír al mismo tiempo.

 

Los planetas se alinearon para ver de principio a fin a Primal Scream, por primera vez también, y no sé si es la magia de las primeras veces pero vaya maravilla ante mis ojos.  Primal es una piñata llena de exquisitos excesos. Primal es esa fiesta que no quieres que se acabe nunca, es un beso interminable, un baile extravagante que nadie entiende pero termina contagiándote. Primal es purita pasión. 2013, ‘Jailbird’, ‘Accelerator’, ‘Kill All Hippies’ fueron tan solo algunas de las canciones que tocaron ese día. No te mueras nunca, Bobby Gillespie, por fa.

 

Y aunque Fatboy Slim le quedaba perfecto a esa noche estrellada y fresca de noviembre, tuvimos que pisar y correr, tras escuchar ‘Star 69’ y bailar como locos un poco más, corrimos para ver por segunda ocasión a Pixies, quienes estrenaban a Paz Lenchantin como bajista y quien quedó perfecta, pero no es Kim. Un toque de madurez  y sobriedad destacó frente a su presentación en 2010 donde todo era euforia, locura y estridencia.

 

Así concluyó un año más de festival Corona Capital. Esta semana hace un año cuando nuestro mundo aún tenía a un David Bowie, a un Prince, a un Leonard Cohen y a un Juan Gabriel. Un mundo que aún no tenía a Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Un mundo donde la ilusión de paz y tolerancia nos hacía pensar que aún teníamos esperanza.

 

Pero para concluir felizmente, cabe destacar que recientemente la revista online Cosequence od Sound, acaba de poner en el lugar número 8 de 10 al Corona Capital como uno de los mejores festivales de música en el mundo.

Corona Capital 2014: El cambio climático no es imaginario

 

Como ha venido sucediendo desde hace cuatro años, el conflicto en Siria se agrava cada día, cada mes y cada año un poquito cada vez más. En 2014, Israel y Estados Unidos se entrometen de lleno al conflicto agrandando la cifra de muertes, inmigrantes, niños abandonados y un odio injustificado. Estados Unidos declara la guerra en contra del Estado Islámico, lo que provoca un repunte en los ataques y bombardeos sobre todo en estados de Oriente y Europa.

 

Un fenómeno polar acentúa las bajas temperaturas en América del Norte y nuevamente un sismo azota a Chile, mismo que a su vez provoca un tsunami. Un meteorito se estrella en Rusia sin que este reporte daños y lluvias de estrellas se presentan alrededor de todo el mundo. Se registran lluvias históricas en Afganistán, Serbia y Bosnia mismas que provocan decesos y daños diversos. Además, un enorme volcán en Islandia (cuyo nombre es impronunciable e imposible de transcribir) hace erupción sin provocar daños graves a su paso.

 

Gabriel García Márquez muere el 17 de abril y el 26 de septiembre en un enfrentamiento con el ejercito mexicano, 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa desaparecen misteriosamente, ninguno de los 43 ha sido encontrado hasta ahora y su caso no ha sido estudiado a profundidad por parte del gobierno mexicano, hecho que ha desatado movilizaciones además de poner en evidencia la poca sensibilidad de nuestros dirigentes para resolver y tratar ciertos temas.

 

 

Con este nuevo antecedente de arbitrariedad jurídica en nuestras cienes punzando, como vena a punto de estallar, apenas un par de semanas después se lleva a cabo la quinta edición del festival Corona Capital los días 11 y 12 de octubre, en donde, exactamente igual que en la edición anterior, no fueron incluidas actuaciones por parte de agrupaciones mexicanas o de habla hispana, acostumbrándonos un poco más a la idea de que este Festival sería exclusivamente de corte internacional.

 

Y bueno, es un hecho que todo evento por exitoso que sea, tiene en algún momento su Waterloo, su frijolito en el arroz, su excepción a la regla porque, de todo se aprende en esta vida y casi siempre se aprende mucho mejor de los errores ¿o no?

 

Este fue el año parteaguas de este festival. Estoy segura que a raíz de este octubre negro, los organizadores tuvieron que replantearse por completo el concepto de este evento, desde las fechas en las que se llevaría a cabo hasta cuestiones básicas de infraestructura, y es que una lluvia permanente de 72 horas toma por sorpresa a cualquiera.

 

También fue este año que el festival implementó el uso de unas pulseras precargadas con crédito (tu crédito, obviamente) para evitar el canje de dinero en efectivo y con esto, supuestamente, debía acortarse el tiempo que duran las transacciones de compra-venta de insumos ya sea de bebidas, alimentos o merchandising. Nadie contaba con la astucia de la tecnología que en momentos como este, suele dejarte solo y en crisis. Ya saben lo que dicen, la tecnología huele tu miedo y provoca caos, y justo así fue, algo caótico.

 

Bien. Había llegado el día y un día anterior no había parado de llover, por lo que, aunque el agua cedió una pequeña tregua de apenas unas cuantas horas, la tierra, el césped y todo ya estaba en su totalidad mojado y ligeramente enlodado. La temperatura se sentía fresca y húmeda pero los ánimos estaban curiosos y latentes, expectantes y ávidos por ver a nuestras bandas favoritas.

 

Comenzó a llover mas o menos como a las cinco de la tarde, justo cuando Hercules and Love Affair terminaba su actuación a ritmo de ‘Blind’ en una versión más electro de lo que ya de por sí es y nos puso a bailar a todos en medio de la ligera llovizna que ya nunca nos abandonó.

 

Luego llegó Weezer, toda su buena onda sirvió para no abandonar los mojados ánimos y con ellos llegaron clásicos como ‘My Name is Jonas’, ‘Hash Pipe’ y ‘Perfect Situation’.

 

 

Los islandeses de GusGus sonaban a lo lejos cuando la lluvia comenzó a caer más y cada vez más fuerte. Honestamente no daban muchas ganas de andar danzando de un escenario al otro, así que nos ubicamos donde Massive Attack que nos pusieron en onda con todo y la tupida lluvia con ‘Battle Box 001’, ‘United Snakes’, ‘Psyche’, ‘Future Proof’ y muchos como yo nos habíamos resignado y abandonado al placer de la lluvia cayendo en nuestros cuerpos cuando de pronto… paren las prensas… se anunciaba en los megáfonos la cancelación de esta y otras presentaciones debido a la tormenta eléctrica, por seguridad de las bandas y por supuesto, de los asistentes.

 

Así fue como las presentaciones de MGMT y SBTRKT también fueron canceladas. La leyenda cuenta que Jack White y The Horrors sí se animaron a salir al escenario pero yo no fui testigo.

 

Domingo 12 de octubre del año 2014. Una lluvia incesante, incómoda y tupida que no paró en 24 horas provocó que tierra y césped se fundieran en una sola solución viscosa y espesa de lodo. Lodo pesado y oscuro de ese que atrapa tus pies y dificulta el paso.

 

El acceso estuvo entorpecido por la lluvia y cientos de personas aguardaban el momento de acceder con boleto mojado en mano y así apenas alcanzar a ver algo de Kasabian y St. Vicent.

 

Aún más difícil que un día anterior resultaba el tránsito entre escenarios fue por eso que muchos decidimos estancarnos en un solo lugar para mojarnos bien y por completo de pies a la cabeza de lodo y agua. Hubo quienes se quedaron en Beck, dichosos aquellos que pudieron escuchar ‘Gamma Ray’ y ‘Loser’. Otros, los más jóvenes, supongo, se decidieron por Metronomy y Likke Li. Yo me quedé con mis pies entumidos y al borde de la histeria donde HAIM y Kings of Leon de quienes recuerdo una presentación calurosa y enérgica, que apenas alcanzaron para quitarnos un poco el cansancio de haber pasado horas por ese maldito via crusis que por cierto, estaba lejos de terminar pues aún faltaban las dos horas de lenta y lodosa caminata para poder salir.

 

Estoy segura de que como yo, muchos firmaron un pacto de no agresión prometiendo a los dioses nuevos y antiguos, no volver nunca más a ese lugar de dolor y perdición, pero muchos, como yo, no tardaron más que unos 10 meses en violar ese pacto.

Corona Capital 2013: El año de los conflictos internacionales

2013 fue el año donde vimos renunciar al Papa Benedicto XVI, sí, ese mismo Papa que tenía una cara tan siniestra que pudo ser el protagonista de una película de terror. En su lugar el Cónclave decidió otorgar el lugar del máximo dirigente de la Iglesia Católica al cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, conocido hoy como el Papa Francisco. Este Papa buena onda que dice querer a los gays, y a las mamás solteras pero cuidadito y vayas a guardar las cenizas de tu abuelita en casa porque eso no es de Dios.

También fue en este año que la paz mundial estuvo pendiendo del un hilo delgadito ya que Corea del Norte decidió poner fin al Tratado de No Agresión a su vecina Corea del Sur y a los metichitos de los Estados unidos, declarándoles Guerra Total.

Para empeorar el panorama Internacional, la Guerra Civil en Siria pasa por uno de sus peores momentos pues los numerosos y potentes bombardeos además de las armas químicas han provocado ya una gran cantidad de decesos, por lo que se reclama la intervención internacional.

En Venezuela, mientras tanto, Nicolás Maduro resulta presidente electo tras el deceso de Hugo Chávez, este acontecimiento divide al país en dos lo que provoca una serie de manifestaciones y movilizaciones de aquellos en contra del gobierno de izquierda que encabeza Maduro.

Para el festival Corona Capital tampoco fue un año fácil ya que por primera vez se habían excluido las presentaciones de artistas nacionales y de habla hispana, lo que provocó el descontento de algunos y el contento de otros.

Fue así que las tardes y noches del 12 y 13 de octubre de ese año, estuvieron plagadas de música en idioma anglosajón donde ante todo prevaleció la buena vibra; y como no hacerlo cuando el cartel contemplaba a Blondie, a los Dandy Warhols, The XX, Artic Monkeys, Sigur Rós, Deadmau5 entre otras bandas en letras chiquitas que hicieron de esta edición una de las más memorables gracias a su monumental cartel.

¡Había demasiado que ver! Así que tuviste que haber llegado temprano si querías ver la brillante y energética presentación de los Dandy Warhols, a los siempre serios White Lies, a Imagine Dragons y a Travis. Ver el atardecer a ritmo de ‘Bohemian Like You de los Warhols’, ‘There Goes Our Love Again’ de los White Lies, ‘Why Does it Always Rain on Me’ de Travis fue una auténtica delicia digna de congelarse en el tiempo, cabe mencionar que todas estas bandas ya se han vuelto recurrentes en escenarios mexicanos. Nos gusta su vibra y a ellos la de nosotros.

The XX, Phoenix, M.I.A, Blondie y Deadmau5 fueron los encargados de concluir aquella noche del 12 de octubre. Había polvos de euforia en el aire. En aquellos años, donde aun el clima tenía misericordia de nosotros y nos dejaba ver los cielos de octubre. The XX impecables con esa precisión capaz de calcular el lugar donde se encuentra tu herida más oculta y exprimirla. Pero de la oscuridad nos movimos a la luz que era cada vez mas intensa. Así pasamos de ‘Entertainment’ de Phoenix a los balazos de una M.I.A poderosa, auténtica, única. Una presentación donde imagen, música y discurso convergen en una verdadera obra de arte contemporánea, así con el escenario caliente llegó Deborah Harris con Blondie para entregarnos el momento mágico-nostálgico de la noche. Ok, Ok, no fue como aquella punk que rompía pantallas con su sensual oscuridad, pero su voz intacta nos llevó a aquellos años, que no eran los nuestros, con ‘Call Me’ y ‘Heart of Glass’. Finalmente llegó Deadmau5 y toda la millenializa con él. Beats y house amable que te invitaban a acostarte en el césped para gozar la noche.

Un fenómeno parecido se vivió el domingo 13. Todavía en la tarde llegaron los Black Angels y los Stereophonics con sus desgarradoras ‘Evil Angel’ y ‘Maybe Tomorrow’ para ponerle ese toque rasposo que se mantendría por el resto del festival.

Luego vino Miles Kane quien sorprendió ya que no era un número planeado pues entró motivado por algunas cancelaciones. Fue ideal para la puesta de sol. Mas tarde llegaron The Breeders, Sigur Rós, Artic Monkeys, Savages, Queens of the Stone Age, Grimes y Giorgio Mororder.

Escuchar ‘Cannonball’ de The Breeders en vivo por primera vez fue algo así como el golpe de bat en la cabeza. ¡Es en serio! Ahí estaban esa apología femenina al garaje noventero que acompañó tantas furias adolescentes. Fue sencillamente genial.

Un paréntesis new age, digo, post punk para fumar un porro, digo, para tomar un descanso vino con Sigur Rós quienes fueron sorprendidos con esos miles de fans que han cosechado en nuestro país. Enseguida llegaron los Artic Monkeys y a partir de ahí ya no pudimos sentarnos, ni tomar descansos, ni nada. Con un foro lleno y un Alex Turner preparado para matar llegaron ‘Do I Wanna Know’, ‘Brainstorm’ y ‘Dancing Shoes’ para rompernos la mente tan pronto como salieron al escenario.

Savages, esta genial banda de mujeres inglesas pasó desapercibida ya que también entraron par suplir los números cancelados y no entiendo aún como me las pude perder.

Llegaron luego los Queens of the Stone Age para romper lo que quedaba de escenario. Les dije que había sido una noche rasposa, llena de furia y gritos. Apenas unas notas de ‘No one Knows’ y todos enloquecimos.

El veterano Giorgio Mororder, quien es el líder moral detrás de Daft Punk, puso un toque ácido y bailable para concluir esta edición del festival Corona Capital que estoy segura, ha quedado en nuestro registro como una de nuestras favoritas debido a su imponente cartel.

Corona Capital: 2012, esperando el fin del mundo

Así fue que llegamos al 2012. Y nuestros ancestros mayas profetizaron el fin de una era, que además marcaba el fin de su calendario, rasgos que muchos interpretaron como catastrófico y hasta apocalíptico. Muchas personas alrededor del mundo dejándose llevar por estos rumores sobre el fin del mundo, crearon búnkers y comunidades alejadas en la selva en caso de una hecatombe mundial. Lo cierto es que no pasó absolutamente nada fuera de lo normal, al menos en el resto del mundo porque a México sí que nos llegó el fin de una era, la panista, para dar paso al priísmo recargado. Teman terrícolas mexicanos ¿Cómo fue que no hicimos caso a nuestros Mayas si esas pistas eran para nosotros? En fin.

 

Movimientos de indignación surgen en América Latina, Grecia y España haciendo que miles de personas vuelquen a las calles en contra del capitalismo salvaje y las economías injustas. En México surge el movimiento estudiantil #YoSoy132 cuando el todavía candidato a la presidencia, Enrique Peña Nieto hace una visita de campaña a la Universidad Iberoamericana en donde el estudiantado se pronuncia en un franco rechazo hacia lo que nombran el telegobierno. De ahí, 132 estudiantes videograban y viralizan un vídeo en donde exponen los motivos esenciales por los cuales Enqique Peña Nieto no debería ser presidente.

 

A ese movimiento se unen estudiantes de diferentes instituciones tanto públicas como privadas, sobre todo en la Ciudad de México, aunque las reacciones son replicadas en universidades de todo México. El objetivo último de sus peticiones es garantizar que los medios de comunicación se independicen completamente de los vicios, negocios y relaciones mantenidas por años con los gobiernos en turno, situación que a nublado y opacado la democracia en nuestro país y en el caso específico de las elecciones presidenciales de 2012 es evitar que Televisa ayude al candidato Enrique Peña Nieto arribe al poder. Finalmente el movimiento es desmantelado poco a poco cuando varios de sus líderes comienzan a formar parte de los medios de comunicación que pretendían cambiar.

 

En al mundo atentados en países europeos y de medio oriente son el desayuno de cada día, algunos temen el inicio de la Tercera Guerra Mundial y con esto certificar a los Mayas como los pronosticadores oficiales de los fines del mundo.

 

Tienen lugar los Juegos Olímpicos de Londres, y mientras en Venezuela gana las elecciones presidenciales Hugo Chávez, en México se inaugura la Línea 12 del metro que va de Mixcoac a Tláhuac, y con este acto se abre el maratón de limpiar la tierrita, llenar las bolsitas para dar paso al gobierno de Enrique Peña Nieto, quien quedara electo el 2 de julio en un ambiente de absoluta controversia.

 

 

La tercera edición del festival Corona Capital, por ende, se vio ligeramente afectado por toda esta agitación mundial. El mundo entero gritaba un fuerte ¡Basta ya de Capitalismo! Basta de precios injustos, de consumo irresponsable, de publicidad indiferente. Un grito en voz aguda que fue un primer llamado de atención a la humanidad pues nos estamos yendo al carajo y a nadie parece importarle.

 

Mucha gente decidió boicotear la asistencia al festival Corona y con ello generar algún tipo de llamado de atención a los monopolios de refresqueras, cerveceras, telefónicas y promotoras de espectáculos que llevan a cabo eventos como este. Fueron pocos los que hicieron caso al llamado del boicot, ya que el Festival Corona Capital para este, su tercer año, sería su consolidación como uno de los festivales masivos más importantes de México y Latinoamérica.

 

Fueron los Black Keys, New Order, Franz Ferdinand, Suede, The Hives, My Morning Jacket y Florence and the Machine los líderes del cartel de esta edición y también fue el último año en el que se incluyeron números de bandas nacionales de entre los que destacaron León Lárregui, Hello Seahorse!, Bufi y Vicente Gayo.

 

 

También fue este año cuando el formato del festival cambió a dos días, permitiendo una mejor distribución entre las bandas y escenarios. Aunque la verdad es que en ambas fechas hay más bandas y el anhelo anterior es prácticamente imposible.

 

Fueron los Black Keys y The Hives quienes se coronaron como reyes del festival, dejando claro como es que se debe tocar en un evento como estos: fuerte, contundente, estridente, llegando a un límite que roza la euforia.

 

Florence and the Machine y My Morning Jacket en cambio, entonaron esas canciones preciosas llenas de melancolía mezclada con felicidad que se quedan en los cofres de buenos recuerdos, esos en los que se esta rodeado de amigos una tarde de octubre homenajeando a los buenos momentos.

 

Como buenos capitalinos haters, nada nos acaba de acomodar nunca, ¿acaso un espíritu perfeccionista? ¿acaso esas ganas siempre abundantes de estar criticando al otro? Lo cierto es que este (como otros festivales) han sido criticados por expertos y no tan expertos por estar plagado de música mainstream para chicos hipsters que no saben suficientemente de música. También están quienes lo tipifican como el festival para fresitas, para princesas con coronas de flores en la cabeza, para princesos que se gastan el dinero que les dan sus papás en paletas de mezcal saborizado.

 

Personalmente creo que cualquier escaparate que difunda proyectos culturales cuya propuesta provoque un beneficio que exalte valores y principios humanos como la convivencia armónica y la trascendencia a través de la música, es un evento que vale la pena.

 

Corona Capital: 2011, el año de las protestas

 

2011 en cambio, ya no lució tan festivo. México entró en fase pre electoral y con ello un sinnúmero de movilizaciones sociales se comenzaron a gestar. 2011 vio llegar al poder Dilma Rouseff en Brasil, aunque en el 2016 la vimos caer. Egipto vive lo que parece ser una primavera democrática y Japón es embestido por un sismo de 9.0 grados Richter, uno de los sismos más fuertes registrados en la historia del mundo. A su vez, este sismo provoca un tsunami que ocasiona miles de destrozos por todo el territorio asiático.

 

En Chile se lleva a cabo por primera vez el festival Lollapalooza y Camila Vallejo, una bella y joven estudiante lidera las movilizaciones en busca de la educación pública. Fidel Castro renuncia oficialmente al mandato de su país, por motivos de salud dejando a su hermano, Raúl Castro al frente del poder en Cuba. En el mundo, España entra en crisis económica misma que en Grecia se agrava. Persisten los atentados terroristas mientras que en algunos países de oriente medio las movilizaciones armamentistas no cesan.

 

Matan al cantante argentino Facundo Cabral y Steve Jobs, el fundador de Apple, muere a causa de cáncer. Leonard Cohen es galardonado con el premio Príncipe de Asturias a las letras por su obra poética. El 2011 vio nacer la serie ‘Game of Thrones’, basada en los libros de George Martin que cosecha año con año cada vez más hordas de fanáticos.

 

 

La segunda edición del festival Corona Capital tuvo lugar el 15 de octubre del 2011, aún en su formato de un día, también en la curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez. Los headliners fueron Portishead, The Strokes, Moby, The Rapture y The Editors. No perdió nada de esencia, al contrario, al parecer cada vez más gente se contagió de la euforia del festival y la única gran diferencia fue el número de gente que arribó al lugar.

 

Aún había un equilibrio entre bandas nacionales e internacionales, de esta forma fue que Disco Ruido, Austin TV, Quiero Club, Ximena Sariñana, Toy Selecta, Torreblanca, Bengala, Le Baron, Ruido Rosa, Madame Recaimer, Yellow Yesterday, Little Ethiopia, Black Fo y El Cuarto fueron las bandas y artistas mexicanos encargados de abrir los ahora cuatro escenarios. Creo que fue justo en esta edición que al festival se le ajusto, por voto mayoritario, el mote de “Corona Caminar” debido a los largos recorridos que hay que hacer no solo para trasladarse de escenario en escenario, sino para ir al baño, a comprar comida y prácticamente para cualquier cosa.

 

Pero ni los largos trayectos, ni la falta de señal han sido nunca un obstáculo para los amantes del fenómeno masivo. Ya es parte de un ritual incluir unas buenas botas que resistan al lodo y al agua, un impermeable y un buen suéter. Papel higiénico y alcohol en gel son parte del kit de supervivencia para un evento de esta especie.

 

Como mencioné en párrafos anteriores, el 2011 estuvo marcado por la gestación de diversos movimientos que buscaban alzar la voz en contra e la violencia que en esos años comenzaba a consolidarse como uso y costumbre en nuestro país. Este año también estuvo marcado por el asesinato del hijo del poeta mexicano Javier Sicilia, quien fue uno de los pioneros en encabezar una de las movilizaciones más simbólicas en contra de la violencia en México. Así inició la gira de su Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en la que se entrevistaba con familias víctimas de pérdidas que, así como él, seguían esperando que la justicia mexicana resolviera los casos de asesinatos y desapariciones. Y bueno, aunque no se ha logrado mucho al respecto, lo que si hubo durante ese año y los que siguieron fueron réplicas de esta y otras protestas.

 

Ahí mismo, en el festival algunos de los asistentes lucieron playeras con consignas y pancartas que denunciaban estos y otros acontecimientos aunque, en general pasaron de largo.

 

Vimos por primera vez a Mogwai quienes abrieron con ‘How to be a Werewolf’. Nunca olvidaré esa tarde de sol brillante. Y es que las tardes de octubre, ya saben como son. Pasamos unos minutos por donde estaba Moby a quien amamos, pero sabríamos que nos perdonaría tener que movernos a donde The Rapture porque queríamos bailar ‘House of Jelous Lovers’. Entonces aquello se volvió la fiesta más grande en la que haya estado.

 

La noche había cubierto por completo las paredes del cielo, haciendo de aquel el escenario perfecto para escuchar la inquietante voz de Beth Gibbons en Portishead, seductora y malévola como un ángel malvado que susurró en nuestros oídos ‘Glory Box’, ‘Silence’, ‘Machine Gun’, entre otras delicias perturbadoras.

 

Finalmente llegaría el momento de The Strokes. Nuestra mente ametrallada se pudo despabilar un poco a ritmo de ‘New York City Cops’ y ‘Heart in Cage’ que sonaron más poderosas que nunca, quizá por la noche, quizá por la euforia, quizá por nosotros. No sé, creo que hay bandas hechas para tocar en festivales y The Strokes definitivamente es una de ellas, además de ser una excelente elección para cerrar la noche, esa noche que si pudiera sintetizar en una palabra, sería luminosa, como las noches de octubre.

Corona Capital: 2010, el inicio de una eufórica necesidad

2010 fue un año fuera de lo común para un país como México, pues resulta que se conmemoraron cien años de la Revolución Mexicana y 200 años de Independencia. Alrededor de estas celebraciones, se amontonaron un millón de eventos fuera de lo común; desde la inauguración de circuitos viales, parques conmemorativos, monumentos falocentricos en homenaje a galletas suavecitas hasta conciertos y eventos conmemorativos a los que se sumó un largo etcétera. En México también, la denominada guerra contra el narcotráfico declarada por el presidente Felipe Calderón ya había cobrado algunas miles de vidas.

Países como Argentina, Chile y Colombia celebran también los bicentenarios de sus independencias y Uruguay celebraba el ascenso al poder del único presidente medio decente que ha tenido un país latino en los últimos años: José Mujica. Chile y Haití padecen los estragos de terribles terremotos y el peruano Mario Vargas Llosa gana el premio Nobel de Literatura, en aquellos años cuando los escritores ganaban estos premios.

En el mundo, Grecia se encuentra en una de las peores crisis económicas de su historia, misma que lleva a toda Europa a replantearse sus objetivos financieros. Rusia y varios países de Europa sufren atentados terroristas y se lleva a cabo la décimo novena Copa Mundial de Fútbol en Sudáfrica de la que España resulta ganador. Por primera vez una mujer gana el Oscar a mejor director: Kathryn Bigelow por ‘The Hurt Locker’.

De regreso en América, Estados Unidos pone fin a su intervención armamentista en Irak y en Chile (2010 no fue el año de este país, definitivamente) una mina en la ciudad de Cipiapó, Atacama se derrumba dejando atrapados en su interior a 33 trabajadores. Finalmente, en el mes de octubre de este año, son rescatados con éxito y mientras en España, José Luis Rodríguez Zapatero es elegido presidente, en México se celebra por primera vez, el Festival Corona Capital.

 

Recuerdo que el rumor de que Pixies tocaría en suelo mexicano se expandía cada vez más, y sé muy bien que a nadie tiene por qué importarle mi vida pero en ese año precisamente, quien suscribe comenzó a participar como integrante de un grupo de covers de la banda originaria de Boston. Mis amigos, aún más fanáticos que yo de estos, ya saboreaban, como niño en sobredosis de azúcar, la idea de ver en vivo a los interpretes del soundtrack de sus vidas. Y resulta que el rumor se materializó un 16 de octubre del año 2010. Pixies, Interpol, James y Echo and the Bunnymen fueron las joyas de la primera edición de este hoy tradicional Festival.

Si rebasas el umbral de los 30 años de edad, a menos de que seas deportista o tengas una excelente condición física, comprenderás que es altamente probable terminar en ridículo nacional un maratón categoría masivo, si te atreves a llegar antes de las 4 de la tarde. Así fue como me perdí los números nacionales de las encantadoras Le Butcherettes, Dirty Karma, She’s a Tease, Dapuntobeat, 60 Tigres, Napoleón Solo, Rey Pila, Chikita Violenta y Furland, Adanowsky y a mis favoritos no tan nacionales Triángulo de Amor Bizarro. Varios de estos ya no existen hoy, otros están en pausa y los menos comenzaban a girar por escenarios de los que hoy se han apropiado con éxito.

Fueron tres escenarios con la mejor/peor distribución que haya tenido este festival. Mejor porque recuerdo no haber tenido que caminar obscenamente de un escenario a otro. Peor por que si las bandas se empalmaban, ya se imaginan la chula confusión de sonidos. Tampoco existía el despliegue capitalista de food trucks ni bebidas alcohólicas hechas paletas de hielo, mucho menos un pasillote dedicado al merchandising de marcas, porque el pasillo de mercancía oficial de bandas estuvo desde esta primera vez y parecía una gran idea pues encontrabas de todo tipo de cositas de tus bandas favoritas.

Guardo el primero de los festivales Corona Capital en un lugar muy especial, no sólo porque trajo por primera vez a mi grupo favorito, sino porque además, en su primera edición supo interpretar los deseos de un sector ávido por un evento como este. El 16 de octubre de 2010 fue una tarde soleada y calurosa que se fue tornando fresca hacia la noche, el ambiente se saboreaba dulce, lleno de camaradería y paz. El público coreaba las canciones de las bandas y convivía armónicamente, sin empujones ni enojos. Por un instante podías cerrar los ojos e imaginar que estabas en los años sesenta rodeado de hippies buena onda.

En el fondo mientras caía el sol, el fondo musical era una canción de Regina Spektor que te llevaba a quien sabe qué lugar bien lejos de cualquiera que fuera el dolor que te aquejara, quizá era ‘Two Birds’, quizá por un segundo fuiste feliz.

Luego vinieron los de James, y tal vez como yo, recordaste en ellos tus canciones de cuna. ‘She is a star’ y luego ‘Say Something’, esa canción que te recuerda a todas las cosas más tristes del mundo. Lo bueno es que no vas solo, vas con tus mejores amigos que lloran contigo por las mismas cosas tristes.

Apenas a unos pasos hacia la derecha estaba el siguiente escenario donde ya sonaba Echo and the Bunnymen y con ellos la película de toda una vida, corta o media, pero la recorriste en una canción de apenas cinco minutos: ‘Killing Moon’ ametrallando tus más sórdidos recuerdos y solo que estuvieras aún sobrio pudiste contener tus ganas de llamarle a alguien, aunque afortunadamente en ese año la telefónica de confianza aún no podía sostener su señal en un evento masivo.

Enseguida vinieron los de Interpol que para entonces ya habían cosechado un buen numero de seguidores en México, lo que les permitió tener un escenario casi lleno. Sonaba aún el ‘Our Love to Admire’ y la banda en vivo tocaba bastante duro. A mi aún me gustaban y emocionaban. Escuchar ‘Evil y ‘Slow Hands’ fue todo un acontecimiento efervescente que tristemente se ha ido desvaneciendo con los años. Recuerdo aún sonaba ‘Obstacle 1’ cuando comenzaron a tocar los Pixies. Una canción después, Interpol habiendo concluido o no su set, decidieron callar para dar paso a los de Boston.

Pixies, fotografía Karina Cabrera

Abrieron con ‘Bone Machine’ y continuaron con ‘Wave of Mutilation’. Luego ‘Holiday Song’, ‘Nimrod’s Son’, ‘Here Comes Your Man’ y después un largo etcétera de hits. No paré de llorar como quien contempla un milagro ante sus ojos. Todos a mi alrededor estaban igual. No hay como ver a tu banda favorita en vivo. No hay sensación como contemplarla acompañado de miles de sujetos que están tan emocionados como tú. Había perdido a la mayoría de mis amigos esa tarde porque nos fuimos dispersando de escenario en escenario, caminé por horas para encontrar transporte de regreso a casa pero todo había valido la pena.

Definitivamente, la primera edición de este festival forma parte del álbum de recuerdos imborrables.

Crónicas cientoúnicas presenta: Corona Capital. Capítulo uno.

El Festival internacional que a México le costó parir cuarenta años.

Hace algunas semanas ya hablábamos acerca de la trascendencia de Avándaro como el antecedente primario de los festivales masivos en nuestro país el cual tuvo lugar en un momento muy peculiar del mismo, ya que, en medio de una serie de movimientos sociales a nivel mundial, se encontraba la joven sociedad mexicana con una herida punzante tapada con un curita sobrepuesto, expectante, paciente, ansiosa por un poco de aire que dejara fluir sus más profundas frustraciones pues sin explicaciones, sin argumentos y sin justificación alguna, los ojos de nuestros antepasados presenciaron ante sus ojos cómo se entreteje el guión del telegobierno y así fue que a partir de entonces comenzamos a transitar por casi cuatro décadas de oscurantismo cultural.

Recapacito mientras escribo estas líneas. Siglo veintiuno, tecnología de punta, sistemas de seguridad en red apoyados por ciberetrategias y México, un país en vías de desarrollo colocado geográficamente en un punto lo suficientemente estratégico como para gozar de todos los privilegios de un país desarrollado, a través de la televisión. Qué gran fiasco.

Una vez inmersos en la nada cultural, cuando del mundo sabíamos apenas lo que algunos querían que supiéramos, existían los hoyos funky y los cafés existencialistas donde algunos comunistas rijosos insistían en escuchar propuestas musicales que tuvieran que ver con manifiestos y protesta y de esto apenas existían algunas apuestas de blues y trova. Pero fue hasta ya bien entrada la década de los ochenta cuando de por debajo de las piedras comenzaron a surgir jóvenes entusiastas que organizaban toquines de rock y punk masivos en prepas populares, en territorios baldíos del Estado de México, vocacionales y en la UNAM.

Algunos menos clandestinos que otros, la realidad es que en esos eventos no se podía beber (claro que te las podías ingeniar para llevar una chela en bolsita), y mucho menos andar fumando mota porque estabas al interior de una escuela (como si esto fuera un impedimento). En fin, la cosa es que a regañadientes de pronto comenzaron a abundar los pequeños eventos no tan masivos donde los únicos asistentes eran jóvenes ávidos de escuchar algo que sonara fresco y auténtico, música con la cual identificarse.

Las leyendas conspiranóicas illuminatis, cuentan que justo en esa década, la de los ochenta, un grupúsculo de jóvenes con presupuesto, dominio del idioma inglés, algo de bagaje cultural, mucha ambición y ganas de destacar en la vida, fueron los encargados, dentro de los parámetros de lo socialmente controlable, de “seleccionar” a las bandas que conformarían esta nueva ola de rock hecho en México, un rock guapo y despeinado que no dejara de ser rock en la forma, pero cuyo fondo estuviese políticamente vacío. Lo cierto es que la leyenda cuenta es que fue también gracias a este grupo de jóvenes, que el veto a los conciertos masivos e internacionales en México, al fin hallaría una luz dentro de la cueva casi veinte años después de Avándaro.

Hacia finales de los años setenta y principios de los ochenta, se popularizó un formato de auditorio-restaurante donde uno podía ir a ver a su artista favorito (claro si este solo era Emmanuel o José José) al mismo tiempo de degustar alimentos y bebidas. Fue en ese momento que proliferaron lugares como “El Patio” o el mismo Hotel de México, ahora World Trade Center, donde alguna vez se llegó a presentar nada menos que The Police.

Otras historias cuentan que otros jóvenes entusiastas, no sabemos si los mismos del párrafo anterior, comenzaron a juntarse en lugares que sufrieron una metamorfosis tipo transformer, pues ya no eran hoyos fonky de los setenta y tampoco el formato rarísimo de restaurante-bar-auditorio, sino que al fin el concepto de discoteca comenzó a expandirse dando paso a lugares de culto como el LUCC, el Magic Circus, el Bulldog Café o el Rock Stock donde las mismas leyendas cuentan que sí hubo presencia y avistamiento de toquines de artistas extranjeros tales como Jane’s Addiction, INXS e incluso Depeche Mode, aunque la mayoría de estos tuvieron lugar a inicios de 1990.

Fue hasta el año de 1989 cuando en la aún pequeña ciudad de Querétaro de Arteaga, Rod Stewart se presentó en el estadio Corregidora; la euforia era tal, que gente de todo México se dio cita en ese lugar todavía alejado de la mano de Dios para presenciar algo que no había sucedido nunca en México: un artista internacional ante miles de personas. Simplemente épico. Este concierto puede considerarse como el parteaguas de lo que en adelante se ha convertido en una tradición para los artistas extranjeros, ya que lo que suena aquí, hace eco en todo el mundo. Extraño fenómeno para un país que emergió de las cenizas oscurantistas de la represión cultural.

A partir de la década de los noventa, el sol salió y con él una larga, larga lista de bandas y solistas de todas partes del mundo comenzaron a girar por escenarios mexicanos: U2, Smashing Pumpkins, Michael Jackson, Peter Gabriel, Metallica, solo por mencionar algunos, fueron los primeros en pasar lista en este fenómeno taquillero inusual llamado México, y digo inusual, porque no importa lo pobres que estemos, siempre habrá Sold Outs.

Hay que mencionar, que antes de que comenzara a proliferar el concepto de festival masivo, fue el boom de la música electrónica el gran pionero explorador de este formato con eventos como el Aca Sound Festival en Acapulco o el Love Parade en la Ciudad de México, donde DJs de todo el mundo ya comenzaban a aglomerar multitudes.

Pero fue hasta que la taquillera de confianza agarró confianza y supo que el público mexicano era noble y que quizá su ánimo y bolsillo estaba listo para el reto del festival masivo. Así, el festival Vive Latino inició sus primeros ensayos en el año de 1998, para entonces, otros eventos ya concentraban a diversas bandas nacionales en escenarios únicos que concentraban a miles de espectadores. Lugares como el toreo de Cuatro Caminos, el Salón 21, el Deportivo Mixhuca y la Plaza de Toros México fueron tan solo algunos escenarios improvisados que vieron crecer y pasar a algunas bandas tanto nacionales como internacionales.

Justo cuando Coachella y Glastonbury comenzaron a reventar como fenómenos sociales y masivos, México empezó a experimentar sus primeros pasos hacia los macroformatos como el Manifest, Coca-Cola Zero Fest, MotoRokr, MXBeat o el Festival Corona.

Más adelante otras ciudades y estados de la República como Guadalajara, Monterrey, Puebla, el Estado de México y Veracruz se contagiaron de la euforia masiva y algunas productoras independientes se lucieron con primeras y únicas ediciones de festivales que, aunque mal organizados, se agradeció en su momento la pluralidad y concepto distinto a lo que habíamos visto hasta entonces, tales fueron los casos del los festivales como Colmena, 72810, el Goliath, el Sonofilia y el Festival Extremo en donde tuvimos la oportunidad de ver a Moby, Björk, Sigur Rós, Peter Murphy y Modest Mouse entre otros.

Finalmente, en el año 2010 tiene lugar por primera vez el Festival Corona Capital asentándose desde entonces como uno de los eventos internacionales más esperados del país que debido a su concepto, es único en su tipo en la Ciudad de México, pero eso lo leeran en otro capítulo de esta crónica cientoúnica.

Segundo día Corona Capital 2015 . Actos e impresiones.

Por: Alejandra Avilés / @winycuper, Mitzi Hernández / @mitziher, Fredy Herrera / @Stereofredy

El domingo 22 de noviembre fue una noche como cualquier otra salvo dos situaciones relevantes; en primera me refiero a la conmemoración anual del día del músico, y la otra, la concentración masiva que produjo el segundo día del Corona Capital. Hermosa coincidencia casi metafórica.

 

El domingo estuvo condicionado durante toda la semana a los cambios del pronóstico del tiempo. Días previos sugerían lluvia y los participantes eran invitados a protegerse de las inclemencias, pero el 22 de noviembre, guardó durante toda la velada una temperatura agradable.

 

Dio comienzo Milo Greene, quinteto con 4 vocalistas que intercalaban sus actos o que al unísono coreaban estrofas completas. El público los recibió muy bien y para ser la primer banda, la audiencia fue considerable en el escenario principal.

 

Los más sorprendidos fueron los californianos, quienes agradecidos hablaron en español en varios momentos. Si bien los asistentes en general estaban contentos, había un grupo de unas 100 personas que estaban eufóricas y como verdaderos fans, gritaban a cada movimiento de los integrantes.

 

Andrew Heringer, guitarrista y uno de los vocalistas de Milo Greene lo mencionó: “Todos son increíbles, pero ustedes aquí al frente son asombrosos como público, muchas gracias”. Con ritmos que coqueteaban con el calipso o coros etéreos, solo dos discos editados, un homónimo de 2012 y “Control” de 2015, demostraron que son buenos ejecutantes en el escenario, agradables y sobre todo muy agradecidos.

 

Bronze Whale es el duo conformado por Aaron Jaques y Benny Alley de Austin. Ellos fueron quienes abrieron con la carpa electrónica (Claro Musica Tent). Si eran conocidos por varias colaboraciones músicales (ejemplo Miike Snow) y adaptándose a lo que les pedían en remixes u otro tipo de trabajos mientras se iban apropiando de un sonido particular, el resultado mostrado fue sorprendente.

 

Para el Corona Capital presentaron un set armado específicamente para que la gente no dejara de bailar, hilando las canciones, los tejanos dieron 40 minutos de baile continuo y haciendo gala de la experiencia les ha dado. Mucho más complejos al hacer su propia música, un tanto oscuros, pero no perdieron el ritmo y variación que iba del techno al dubstep.

 

Su primer trabajo original fue presentado este 2015 bajo el nombre de War Of Art, un EP y pudimos ser parte de ello en vivo.

 

 

Este año Shamir ha llegado a la mayoría de edad en su país. Sí, apenas 21 años, el originario de Las Vegas ha tenido un éxito en youtube insospechado tras un talante musical con mucha energía. Abrió su participación en el Corona Capital con “On The Regular”, incluida en el EP “Northtown” del 2014, la cuál el público que abarrotó el escenarios Doritos, bailó con júbilo, siendo una de las canciones más conocidas del músico.

 

En realidad hay que mencionar que todas sus canciones fueron bien recibidas, incluso había al frente un grupo disfrazado de Santa Clauses que celebró que incluyera en su set el cover que hace a Joyce Manor: “Christmas Card”, que cuando fue anunciada, se señalaban y agitaban sus sombreros decembrinos.

 

Shamir mostró ligereza, tablas y propuesta. Fue notorio que tiene influencia de otras generaciones en su música y ni hablar en su vestimenta y arte visual que gritaba “años 80”. Pantalón a la altura del obligo de mezclilla deslavada sujetado con un cinturón delgado negro, camisa floreada y un peinado que recuerda al Principe del Rap, mientras su música va de los atrevidos juegos semejantes al carnaval con electrónica a música donde demuestra que voz no le falta. Ha dicho que dentro de sus influencias está Outkast y Nina Simone, lo cual lo explica todo.

 

Fue a esa hora donde comenzó a llegar mucha gente, que abarrotó los accesos y movilidad para lo consecuente y por tanto el show que hasta esa hora tuvo más audiencia, quizá por eso se escuchaba durante los recorridos que había sido una de las presentaciones más agradables.

 

Les dejamos el video de “Sometimes a Man” de esa presentación en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

 

El desplazamiento entre escenarios hizo que el inicio de Miami Horror, estuviera con menos gente que con la que terminó. Originarios de Melbourne son admiradores de la música electrónica de los años 70 y 80, por lo que querían hacer bailar desde que llegaron. Se presentaba el crepúsculo frente a nosotros y Benjamin Plant se mostró como un frontman kinésico que no pudo detenerse ni un solo segundo y con gala al nombre de la banda, vestía un saco blanco típico de Florida.

 

Desde el comienzo el baile se hizo presente y el público una vez más demostró cariño con muestras como saltos, brazos arriba o coros a las canciones. Plant en su euforia, trepó por una de las estructuras que sostenían el escenario y desde las alturas saludó mientras los presentes tomaban fotos y video del hecho masivamente.

 

Cerraron con “Love Like Mine” del disco “All Possible Futures” (2015), el cual tuvimos oportunidad de grabar y aquí se los compartimos, para que sean testigos del ambiente que lograron.

 

Tocaba el turno para los legendarios The Charlatans, quienes siempre fueron considerados los alumnos más aventajados de los Stone Roses y del sonido Madchester, gracias al carisma y talento de su líder Tim Burgess cual clon de Ian Brown.

 

Los fieles fanáticos que esperaron más de dos décadas para ver por vez primera a The Charlatans en suelo mexicano vieron realizado ese sueño al iniciar los acordes de la clásica ‘Weirdo’ la cual lleno de éxtasis a los seguidores más aguerridos de la banda inglesa, así como a los más jóvenes quienes presenciaban el acto  movidos por la curiosidad marcada por el boca en boca de que en ese momento se estaba presentando una banda legendaria en el Escenario Corona Light.

 

Dando un recorrido musical por su extensa y prolifera discografía, Burgess y sus secuaces entregaron uno de los actos de mas nostalgia dentro del Festival, siendo ‘Weirdo’, ‘One To Another’ y ‘The Only One I Know’ las rolas más celebradas, demostrando que los clásicos siempre estarán vigentes. Después

 

Uno de los grupos pilares de la escena indie de la década pasada y actual. Con la escenografía de su más reciente y celebrada placa ‘They Want My Soul’, Spoon se posicionaba como uno de los actos que mas expectativa generaba gracias a su casi perfecta e impecable discografía.

Temas clásicos como ‘I Turn My Camera On’, ‘Don´t You Evah’, ‘You Got Yr. Cherry Bomb’, y ‘The Underdog’ de los grandiosos ‘Gimme Fiction’ y ‘Ga Ga Ga Ga Ga’, así como ‘Do You’ e ‘Inside Out’ de su último disco fueron los que más elevaron el ánimo de los miles de asistentes que fueron testigos de cómo John Britt Daniel y demás miembros de Spoon daban una cátedra sonora, demostrando además el por qué es uno de los grupos más finos de su generación.

 

La fuerza del riot grrrl se dejó escuchar con los guitarrazos y el postpunk de las originarias de Washington, Sleater Kinney. Es de notarse que su audio fue mucho mejor que el de otras bandas, quizá porque tuvieron menos gente o por que la furia con la que interpretaron canciones de toda su historia, perpetuó de forma distinta.

 

Ya caía la noche y bajo una luna que se despejaba se hicieron intensas las luces deslumbrantes que iban al ritmo de las estrofas cantadas por la voz potente y ronca de Corin Tucker y la alternancia con Carrie Brownstein. La baterista Janet Weiss también estuvo incontenible, la fuerza del trío, que para sorpresa a ratos fue cuarteto (tienen en esta gira de invitada a la inglesa Katie Harkin, que les ayudó en el bajo y con algunos otros instrumentos). Es la primera vez que la banda decide tener bajista y funcionó muy bien la integración, esto le dio más libertad a las guitarristas/vocalistas de hacer cambio de instrumentos.

 

Los mujerones de Sleater Kinney intercambiaban cómplices miradas de satisfacción para cambiar el gesto, contorsionarse y sacudir la cabellera como solo el post punk lo puede hacer. Si para las nuevas generaciones Carrie Brownstein es la cara más conocida por el programa de televisión Portlandia, seguro se cuestionaron ese hecho si vieron el show en el festival.

 

La música de todas sus etapas sigue tan vigente que lo comprobamos con la unión de una canción del 2005 con una del 2015. En el vídeo pueden ver “What’s Mine Is Yours” del disco “The Woods” y “Surface Envy” del disco “No Cities to Love”. El público coreo todo el set por igual con esas letras que son pensadas, llegadoras y rotundas desde el alma femenina rockera e imparable.

 

 

A las 8:10 de la noche salió Primal Scream haciendo tremendo ruido. Luego del momento revival con los Charlatans UK, a lo lejos se escuchaba lo que parecían ser los primeros acordes de 2013 y luego no pudimos detenernos ni un segundo como  en una vertiginosa caída libre.

 

Un señor Bobby Gillespie  y sus maracas, por el que no pasan ni los años ni las drogas, ha sido siempre el líder de la manada. Decide quien entra, quien sale y en qué momento. Su energía es completamente enigmática, no sabemos si lo está disfrutando, no sabemos si está contento o muy borracho, pero lo que sí sabemos es que su voz es la moneda de cambio que llena de energía a ese monstruo poderosísimo llamado Primal Scream. Vinieron entonces Jailbird y Accelerator donde de plano perdimos el cerebro con los  puntiagudos riffs de Andrew Innes. En seguida, sin dar un segundo de respiro continuaron con Kill all hippies, Shoot speed, Kill light y Swastika eyes, momento en donde quien no haya brincado con ganas de arrancarse el cabello, seguro está algo parecido a muerto; fue aquí que Simone Butler también se despeinó un poco y nos hipnotizó con su bajo cual flautista a las ratas. Cuando comenzaron a tocar I’m losing more tan i’ll ever have, nosotros ya habíamos perdido a la par algo de pudor y sudor, justo para entrar a la parte final de este muy preciso setlist que no solo recorrió cuánticamente la historia de la banda, sino que además dio para volvernos un poco locos. Loaded, Country girl, Movin’ on up y Rocks, fueron la parte clásica (pero no por eso menos eufórica) del set con las que cerraron la noche. Aquí Martin Duffy brilló poderosamente con el teclado que caracteriza a los escoceses a la par de las percusiones de Darrin Mooney a quien debemos el baile perpetuo. Lo único que pido a los dioses es llegar a la edad de estos señores con esa energía capaz de iluminar ciudades y miles de rostros.

 

Pixies

 

Algunas veces, la única cualidad necesaria para fascinar a alguien o a miles, es ser honesto.

Resulta refrescante ver a cuatro vatos que no parecen haber pasado horas frente a sus guardaropas eligiendo el outfit para salir a tocar. Más reconfortante aún resulta que esos cuatro individuos no se vean forzados a saludar en español solo para caer bien y “hacer contacto con el público”. No señores, no es necesario. Un auténtico fan va a ver a su banda favorita tocar las canciones que le han acompañado desde hace quien sabe cuantos años por los momentos más felices o más tristes, no a recibir un saludo en español; pero lo que sí será necesario es que estos cuatro sujetos estén dispuestos a tocar como si fuera la última vez que lo hicieran en sus vidas.

 

Algo así son los poderosos Pixies que han cruzado montañas y trascendido los umbrales del tiempo solo para tocar esa música que forma parte del soundtrack de nuestras vidas. Y no es que sus letras sean precisamente un tratado filosófico, es algo que tiene que ver precisamente con lo visceral, con tener una actitud punk y hacer de esto un manifiesto.  Ya lo veíamos en loudQuietloud, donde rozamos algo de su intimidad solo para enterarnos que Pixies son antipáticos, mal geniudos, que incluso pueden llevarse mal entre ellos, pero antes de eso son personas, personas que aman su trabajo que es nada menos que hacer música.

 

9:25 en punto, algo que parece Gouge Away nace en forma de un grito agónico por parte de la mayoría de los asistentes. Enseguida Something against you, Isla de Encanta, U-mass, Velouria y Planet of Sound. ¿Alguna queja? El problema para algunos aquí es que a diferencia del 2010, el set que eligieron para la noche del 22 de noviembre estaba dirigido a los fans de antaño, esos seres extraños que conocieron a los de Boston desde mucho tiempo antes de que estrenaran The Fight Club.

 

Una probadita de Indie Cindy: Magdalena 318 y luego otro banco de hits: Bone Machine, Monkey gone to heaven, Wave of Mutilation, ¡¡¡Caribou, Havalina y Ana!!! Joyas invaluables para verdaderos amantes de los Pixies.

 

La sorpresa para algunos, fue la ausencia de Kim Deal, que poco tiempo después de haberse reunido, decidió dejar a la banda (por enésima vez). Siempre se extrañará su presencia, que era como un pulmón que otorgaba algo de exotismo y sensibilidad a ésta. Sus coros estudiadamente indiferentes, su bajo preciso ¿Dónde estás Kim?

 

En su lugar tuvimos la bella presencia de Paz Lenchantin (véase también A Perfect Circle, Zwan, Queens of the Stone Age) y su bajo impresionante acompañando con su voz los adorables gritos de Black Francis, vamos, no es Kim, a Kim siempre la vamos a extrañar, pero Paz no lo hizo mal, nada mal.

 

Muestra de ello fueron River Euphrates, The Sad Punk, Ed is dead, Holiday Song y I’ve been tired.

 

Un poquito más de Indie Cindy para luego dar paso al gran final con Hey, Crackity Jones, Mr. Grives, Subbacultcha, una versión muy cortita de Vamos (porque el tiempo es dinero) y Where is my mind? como triste conclusión, que fue lo único que no me gustó tanto pero había que complacer a todos los presentes.

 

A Black Francis, a el gran Joey Santiago, a Dave Lovering a Kim Deal y ahora a Paz Lenchanin agradezco su honestidad sin límites, su entrega, el escrupuloso fan setlist pero sobre todo, agradezco a su entrañable música por endulzar este mundo a veces tan difícil de sobrellevar.

 

Me hubiera encantado escuchar: Gigantic, Here comes your man, Dibaser y Tame. Aunque me tranquiliza la posibilidad de volverlos a ver, solo puedo concluir diciendo: Larga vida a Pixies.

 

 

El cierre de la Claro Music Tent fue por parte del dúo canadiense Chromeo. P-Thugg y Dave 1 lograron que el cansancio no fuera pretexto para que los asistentes brincaran y bailaran. Aún más, fue un momento de reto cuando Dave 1, pidió de forma bilingüe que las mujeres se subieran a los hombros de alguien. Luego de que un considerable número de asistentes lo hiciera, interpretaron “Over Your Shoulder” del disco “White Women” de 2014.  Y los asistentes seguían bailando.

 

Todo el festival se caracterizó por puntualidad y limpieza. Las redes fallaron el segundo día, seguramente por que la concurrencia fue mayor. Nos queda un buen sabor de lo vivido y una especie de amor-odio con los vendedores de papitas y cervezas, que merecen una mención por salir en varios de los videos, nos hicieron repetir muchas fotos o nos empujaron en los sets para lograr pasar, aún con todo se agradece su labor y el buen comportamiento de las masas.

 

The Libertines – ‘Anthems For Doomed Youth’

“Una de las últimas bandas de rock”, así podríamos describir a The Libertines. Dos discos aclamados ‘Up the Bracket’ (2002) y ‘The Libertines’ (2004). En sus filas dos líderes carismáticos y rockstars en toda la extensión de la palabra, Carl Barat y Pete Doherty, confrontaciones, peleas, sexo, adicciones, desintegración y el culto inmediato marcando así una época.

 

Infinidad de imitadores y bandas influenciadas por The Libertines brotaron por todo el Reino Unido además de otras partes del mundo (Arctic Monkeys, The Vaccines, Palma Violets, etcétera). Una reunión parecía imposible sobre todo por las adicciones de Doherty, las constantes peleas con Barat, además de la creación de proyectos musicales por separado por parte de ambos (Babyshambles, Dirty Pretty Things).

 

Después de 6 años de separación, regresaron en 2010 para tocar por última vez  en el aclamado festival de Reading-Leeds. Se dijo que The Libertines se desintegraban de forma definitiva o por lo menos parecía un hecho irreversible. Pero Pete Doherty, Carl Barat, Gary Powell y John Hassall aún tenían capítulos e historias que contarnos, esta vez ya no de drogas, sexo, o historias sucias de Londres, ahora tocaba el turno de hablarnos de las cicatrices mentales de su presente y pasado.

 

Es así como después de algunas presentaciones el año pasado, estaban de vuelta con su primer material en 11 años, el esperado ‘Anthems For Doomed Youth’, disco que cuenta con 12 tracks que nos transportan de forma nostálgica a mediados de la década pasada.

 

‘Barbarians’ abre el disco y de inmediato se nota el estilo clásico del cuarteto, coros gloriosos, cambios de ritmo sello de la casa y con ciertos toques oscuros, un sencillo inmediato. ‘Gunga Din’ un tema donde la ironía sobre su reunión, sus peleas y sus noches frenéticas esta presente en todo momento, donde las guitarras de Barat y Doherty se conjugan como en sus buenos tiempos. ‘Fame And Fortune’ con sonidos circenses muy al estilo de Blur.

 

‘Anthem for Doomed Youth’, el track que da título al disco, es sin duda la más representativa, la que más nos recuerda los mejores momentos de la banda, himno inmediato. El asunto sigue emocional con ‘You´re My Waterloo’ otra baladita muy al estilo de The Libertines. ‘Belly of the Beast’ cambia un poco el estado de ánimo, mostrando un poco de irreverencia, pero contenida.

 

La acústica ‘Iceman’ baja de nueva cuenta el tono del disco, tono que se recupera de inmediato con la  juguetona y por momentos punk ‘Heart of the Matter’. ‘Fury of Chonburi’ y ‘The Milkman´s Horse’, aunque con cierto encanto, son el claro ejemplo del porqué el regreso de The Libertines bien pudo redondearse con un álbum de 10 tracks.

 

‘Glasgow Coma Scale’ pone de nuevo a tono el disco, con un estilo garaje post punk que nos recuerda por momentos a Wire y Pixies. ‘Dead for Love’ se encarga de cerrar el esperado regreso de The Libertines, un disco cargado de nostalgia, un álbum que llega a tiempo pero tarde y que nos recuerda que aunque Doherty, Barat y compañía se fueron, realmente todo este tiempo seguían con nosotros a través de sus canciones y su legado.

 

‘Anthems For Doomed Youth’ no es el gran disco de The Libertines, pero su honestidad y valentía están presentes en los 12 tracks que conforman el álbum, dignísimo regreso que nos prepara para su próxima presentación en el Festival Capital como uno de los actos estelares.

 

Canciones Indispensables: ‘Barbarians’, ‘Fame And Fortune’, ‘Anthem for Doomed Youth’ y ‘Glasgow Coma Scale’.

#Capital101: De la carestía de conciertos al masivo anual

 

La historia de los festivales es bastante larga, sólo basta decir que el concepto se remonta hasta el siglo XVI, donde además de las justas deportivas se incluían competencias musicales de acuerdo al tema elegido ese año, claro que el sonido era bastante diferente en esa época. La mayoría de los festivales, aún algunos que se realizan en la actualidad, son descendientes directos de competencias de música clásica, pero el concepto, las formas y los objetivos provienen directamente de Glastonbury, el padrino de la increíble oferta y expectación que provocan todos los eventos masivos.

 

Algunas de las bases de los festivales se han modificado, al menos ya no existe ese duelo de compositores en nombre de un rey. La posición de la música también ha cambiado, ahora es el centro del festival y el resto de las actividades son atractivos menores y todo eso se debe en parte a Michael Eavis, quien recibirá el Lifetime Achievement Award otorgado por European Festival Awards por ser la fuente de inspiración de todos los organizadores de festivales de los últimos 40 años.

 

A pesar de las grandes aportaciones de Woodstock y las múltiples concentraciones hippies de música de los 60 entre Estados Unidos e Inglaterra, solo Glastonbury logró establecer el espíritu y la organización que le permitieron realizarse año con año, logrando que se vendan boletos aún sin conocer el cartel, propiciando con su estructura que de marzo a octubre en todo el mundo aparezcan pretextos para realizar un festival, haciendo que las épocas de calor y lluvia se presten perfectamente para esas orgías de lodo que casi casi Glastonbury patentó.

 

Al igual que el movimiento de rock and roll crecía en el mundo, en México resonó con la necesidad de organizar conciertos masivos fuera de los cafés cantantes. Conocemos de sobra las manifestaciones de la opresión que impidieron la realización de festivales en nuestro país, las razones por las que la idea se detuvo en Avándaro y continuó con jóvenes refugiados en peñas, hoyos funky y la manera en que durante la década de los 80 el apañón fue una consecuencia del sismo de 1985, de ahí desembocaron diversas manifestaciones culturales que ahora tienen como consecuencia la posibilidad de disfrutar junto a miles de personas de la música en vivo.

 

Tan simple como esperar el lanzamiento de los boletos, una generación creció con la oferta continua de conciertos, mientras otra vivió a la espera de que algo ocurriera (llámese The Police, Miguel Ríos o Rod Stewart), nos encontramos con las Serpientes sobre Ruedas, los breves conciertos en el Polyforum Cultural Siqueiros y la posterior oferta de festivales a partir de 1998 con Vive Latino, desde Creamfields y Sonar hasta Manifest y Corona Music Fest, todos experimentos que lograron sobrevivir un tiempo y que indudablemnte nos depositan en la idea de Corona Capital, cuya sexta edición nos mantendrá ocupados en Rock 101 durante 10 horas, cuando hablemos de masivos, la evolución del festival, el concierto como mejor fuente de expresión de un grupo y nuestras recomendaciones para tomar diferentes rutas que vayan más allá de Muse, Pixies y The Libertines.

 

#12EspecialesMás1

Jueves 19 de noviembre

10:00 a 20:00 horas

#Capital101

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