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The End of the F***ing World

Todos fuimos víctimas de aquel frenesí puberto en el que creíamos que las cosas eran más fáciles de lo que parecen. Cometíamos error tras error para al final llegar a esta madurez aburrida en la que varios de ustedes están leyendo esto. Es la base del “coming of age”, género en el que el protagonista va madurando ante los ojos del espectador, y que en los últimos años nos ha traído grandes experimentos como ‘Boyhood’(Dir. Richard Linklater, 2014) o ‘The Edge of Seventeen’ (Dir. Kelly Fremon, 2016).

Es el turno de Netflix junto al Channel 4 de Reino Unido para traernos ‘The End of the F***ing World’, adaptación del cómic homónimo de Charles S. Forsman que nos cuenta la vida de James (Alex Lawther) un joven de 17 años que se cree psicópata por su falta de empatía a los demás… y porque ha desollado a suficientes animales como para saberlo; es por eso que su nueva meta es asesinar a una persona para probarse a sí mismo lo que es capaz de hacer. Para su suerte, en su vida se cruzará Alyssa (Jessica Bardem) una chica de su edad que está enamorada de él y lo convence de que escape con ella ya que se siente desubicada dentro de su familia.

La serie está conformada por ocho capítulos de veinte minutos y la distribución de la trama está mal empleada: se toman cuatro capítulos para contarte la parte superficial de nuestros protagonistas, repitiendo una y otra vez situaciones redundantes que en su mayoría no llevan a nada, y los cuatro restantes para profundizar en ellos. Lo aconsejable sería verla en un maratón.

Tanto Alex Lawther (a quien vimos en ‘El Código Enigma’ y en el episodio de ‘Shut Up and Dance’ de Black Mirror’) y Jessica Bardem (‘Penny Dreadful’) están en el tono adecuado para esta comedia negra, haciendo que ambos personajes compaginen entre sí. A pesar de que los cambios en sus personajes son abruptos, ambos lo saben sobrellevar perfectamente. La edición con esos flashes desenfrenados de sangre complementan al personaje de James, lo que ayuda al actor ya que nunca refleja ese lado salvaje del que presume.

Al resto del cast hay un dialogo de la serie que los define: “Parece un adulto pero no lo es. Le faltan partes” Durante toda la serie vemos una parodia de gente mayor, escritos de esa forma porque están bajo la perspectiva de dos adolescentes. Eso no evita que parezcan reciclables dentro de la historia por la falta de énfasis que se les da, siendo el personaje de Gemma Whelan (una irreconocible Yara Grayjoy de Game of Thrones) uno de los pocos que se sienten completas dentro de la trama.

El guion podrá se podrá sentir torpe e inconsistente en algunos momentos claves de la serie pero ese es el punto: son adolescentes tratando de salir de un lío más grande del que planearon, escogiendo siempre los caminos fáciles. Las situaciones problemáticas son simples y un tanto parecidas, pero son escalones para que los protagonistas lleguen a conclusiones y comiencen a cuestionar sus acciones. Por otra parte, el final es débil pero da esperanza de una segunda temporada.

El soundtrack, a cargo de Graham Coxon (guitarrista de Blur), y la fotografía se conjugan para traernos un audiovisual muy al estilo de ‘Inside Llewyn Davis’ (Dir. Ethan y Joel Coen, 2013), sin terminar siendo un road trip tan entretenido como el de los Coen.

En conclusión, ‘The End of the F***ing World’ no es para todos. Esta versión millennial de ‘Bonnie y Clyde’ miente un poco en su trama, por lo que si esperas un ‘American Psycho’ o algo con guiños de Tarantino, la serie no es para ti. Sin embargo, si disfrutas del trabajo de cineastas como Seth Rogen o Edgar Wright, la producción inglesa te terminará complaciendo del todo buena. Muyad hoc para recordar tus (enfermos) años de juventud.

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