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“Yo hice la herramienta psicológica de guerra de Bannon”

Por más de un año hemos estado investigando Cambridge Analytica y sus vínculos a la campaña de Brexit Leave en el Reino Unido y el equipo de Trump en la elección presidencial de Estados Unidos. Ahora, Christopher Wylie de 28 años discute públicamente su rol en la apropiación de perfiles de millones de usuarios de Facebook para apuntar al electorado americano. Este es un texto exclusivo de The Guardian, una de las piezas que desató la peor pesadilla de Mark Zuckerberg. Esta es la historia:

La primera vez que conocí a Christopher Wylie, aún no tenía el cabello rosa. Eso viene después. Al igual que su misión de retroceder el tiempo. De poner al genio de vuelta en la lámpara.

Para el tiempo en el que nos conocimos en persona, ya había estado hablando con él a diario por horas. Al teléfono, era listo, chistoso, malintencionado, profundo, intelectualmente voraz, convincente. Un maestro de la narrativa. Un busca votos. Un nerd de la ciencia.

Dos mese más tarde, cuando llegó a Londres de Canadá, era todo eso en carne. Y aún la carne era imposiblemente joven. Entonces tenía 27 (ahora tiene 28), un hecho que siempre ha parecido evidentemente en desacuerdo con lo que ha hecho. Puede que haya jugado un papel central en las trascendentales conmociones políticas del 2016. Por lo menos, jugó un rol influyente. A los 24, tuvo una idea que llevó a la fundación de una compañía llamada Cambridge Analytica, una compañía de información analítica que llegó a reclamar un rol importante en la campaña Leave por el referéndum de membresía de la UE de Gran Bretaña, y después se volvió una figura clave en las operaciones digitales durante la campaña de elección de Donald Trump.

O, como Wyler describe, el era el canadiense gay, vegano que de alguna manera terminó creando la “herramienta psicológica de guerra jode mentes de Steve Bannon”.

En 2014, Steve Bannon —el entonces director ejecutivo del canal de noticias “derechista” Breitbart— era el jefe de Wylie. Y Robert Mercer, el multimillonario de fondos de cobertura de EU y donante republicano, fue el inversionista de Cambridge Analytica. Y la idea que les vendieron era llevar los grandes datos y las redes sociales a una metodología militar establecida – “operaciones de información” – y luego ponerla en manos del electorado estadounidense.

Fue Wylie el que tuvo la idea y el que monitoreo la realización. Y fue Wylie quien, la primavera pasada, se volvió mi fuente.

En Mayo del 2017, escribí un artículo titulado “The great British Brexit robbery”, que trazaron una madeja de hilos que vinculaba el Brexit con Trump y con Rusia. Wylie fue uno del puñado de individuos que proporcionaron la evidencia detrás de él. Lo encontré, a través de otro ex-empleado de Cambridge Analytica, que se escondía en Canadá: culpable, meditabundo, indignado, confundido. “No le he hablado de esto a nadie”, dijo en aquel entonces. Y no podía parar de hablar.

Para ese entonces, Steve Bannon se había convertido en el jefe de estrategias de Trump. La compañía madre de Cambridge Analytica, SCL, había ganado contratos con el Departamento de Estado de Estados Unidos y estaba lanzándose hacia el Pentágono, y Wylie estaba genuinamente asustado. “Es una locura”, me dijo una noche. “La compañía ha creado perfiles psicológicos de 230 millones de americanos. ¿Y ahora quieren trabajar con el Pentágono? Es como Nixon en esteroides”.

Terminó mostrándome un tramo de documentos que presentaban el funcionamiento secreto detrás de Cambridge Analytica. Y en los meses siguientes a la publicación de mi artículo en Mayo, se reveló que la compañía había “contactado” a WikiLeaks para ayudar a distribuir los emails robados de Hillary Clinton en 2016. Y después vimos cómo se convirtió en un tema de la investigación del abogado especial Robert Mueller sobre la posible colusión rusa en las elecciones de EU.

El Observer también recibió la primera de tres cartas de Cambridge Analytica amenazando demandar a The Guardian News and Media por difamación. Aún estamos comenzando a comprender el torbellino de fuerzas que se unieron para crear las condiciones para lo que Mueller confirmó el mes pasado como “guerra de información”. Pero Wylie ofrece un punto de vista interno y único de los eventos del 2016. Sobre cómo Facebook fue tomado, readaptado para convertirse en un teatro de guerra: como se convirtió en una plataforma de lanzamiento para lo que parece ser un ataque extraordinario en el proceso democrático americano.

Wylie supervisó lo que parece haber sido la primera brecha crítica. Con 24 años, mientras estudiaba un doctorado en el pronóstico de tendencias de moda, se le ocurrió un plan para cosechar los perfiles de Facebook de millones de personas en los Estados Unidos , y usar su información personal y privada para crear perfiles psicológicos y políticos sofisticados. Y después apuntar a ellos con anuncios políticos diseñados para funcionar en su maquillaje psicológico particular.

“Nosotros ‘infiltramos’ Facebook”, dice.

Y lo hizo a nombre de su nuevo jefe, Steve Bannon.

“¿Es justo decir que ‘hackeaste’ Facebook?”, le pregunto una noche.

Duda. “Apuntaré que yo asumí que era completamente legal y legítimo”.

El mes pasado, el director de políticas de Facebook en el Reino Unido, Simon Milner, le dijo a los diputados británicos sobre una investigación del comité selecto respecto a noticias falsas, presidida por el parlamentario conservador Damian Collins, que Cambridge Analytica no tenía datos de Facebook. El extracto oficial de Hansard dice:

Christian Matheson (MP para Chester): “¿Alguna vez ha pasado cualquier información de usuario a Cambridge Analytica o a cualquiera de sus compañías asociadas?”

Simon Milner: “No”.

Matheson: “¿Pero ellos sí tienen una gran cantidad de información de usuarios de Facebook, no?”

Milner: “No. Puede que tengan mucha información, pero no será información de usuario de Facebook. Puede que sean datos de personas que están en Facebook que ellos mismos recopilaron, pero no es información que nosotros les proporcionamos”.

Dos semanas después, el 27 de febrero, como parte de la misma interrogación parlamentaria, Rebecca Pow, MP para Taunton Deane, le preguntó al CEO de Cambridge Analytica, Alexander Nix: “¿Alguna de la información viene de Facebook?” Nix respondió: “No trabajamos con información de Facebook data y no tenemos información de Facebook”.

Y, a pesar de todo, Wylie y yo, más un puñado de editores y un pequeño grupo internacional de académicos e investigadores, hemos sabido que, al menos en 2014, ese no era el caso, porque Wylie tiene los rastros en papel. En nuestra primera llamada telefónica, me dijo que tenía recibos, facturas, correos electrónicos y cartas legales, registros que mostraban cómo, entre junio y agosto de 2014, se habían recogido los perfiles de más de 50 millones de usuarios de Facebook. Lo peor de todo es que recibió una carta de los propios abogados de Facebook admitiendo que Cambridge Analytica había adquirido los datos de manera ilegítima.

Volver algo público implica una enorme cantidad de riesgo. Wylie está rompiendo un acuerdo de confidencialidad y corre el riesgo de ser demandado. Está rompiendo la confianza de Steve Bannon y Robert Mercer.

 

Ha sido una montaña rusa de un año para ayudar a Wylie a llegar a un lugar donde le sea posible avanzar finalmente. Un año en el que Cambridge Analytica ha sido objeto de investigaciones en ambos lados del Atlántico —Robert Mueller en EU, y consultas separadas de la Comisión Electoral y la Oficina del Comisionado de Información en el Reino Unido, ambas iniciadas en febrero de 2017, después del primer artículo del Observer respecto esta investigación.

Ha pasado un año, también, en el que Wylie ha estado haciendo todo lo posible para rebobinar —para deshacer los eventos que puso en marcha. A principios de este mes, presentó un dossier de evidencia a la Oficina del Comisionado de Información y la unidad de ciber-crimen de la Agencia Nacional del Crimen. Él ahora está en posición exponer: el nerd de la información que vino del frío.

Hay muchos puntos donde esta historia podría comenzar. Una es en 2012, cuando Wylie tenía 21 años y trabajaba para los Demócratas Liberales en el Reino Unido, luego en el gobierno como socio de la coalición juvenil. Su trayectoria profesional ha sido, como la mayoría de los aspectos de su vida hasta ahora, extraordinaria, descabellada e inverosímil.

Wylie creció en Columbia Británica y cuando era adolescente fue diagnosticado con TDAH y dislexia. Abandonó la escuela a los 16 años sin una sola calificación. Sin embargo, a los 17 años, estaba trabajando en la oficina del líder de la oposición canadiense; a los 18, fue a aprender todo sobre información con el director nacional de objetivos de Obama, que luego presentó a Canadá para el Partido Liberal. A los 19 años, aprendió solo a programar, y en 2010, a los 20 años, vino a Londres para estudiar derecho en la London School of Economics.

“Sin embargo, la política es como la mafia”, dice. “Realmente nunca te vas. Recibí una llamada de los Demócratas Liberales. Querían actualizar sus bases de datos y los votantes meta. Entonces, combiné trabajar para ellos con estudiar mi carrera”.

La política es también donde se siente más cómodo. Odiaba la escuela, pero como pasante en el parlamento canadiense descubrió un mundo en el que podía hablar con adultos y ellos lo escuchaban. Era el niño que hacía las cosas de internet y en un año ya estaba trabajando para el líder de la oposición.

“Es una de las personas más brillantes que vas a conocer”, me dijo un alto político que conoce a Wylie desde que tenía 20. “A veces eso es una bendición y a veces una maldición”.

Mientras tanto, en el Centro de Psicometría de la Universidad de Cambridge, dos psicólogos, Michal Kosinski y David Stillwell, estaban experimentando con una forma de estudiar la personalidad, cuantificándola.

A partir de 2007, Stillwell, mientras era estudiante, había hecho varias apps para Facebook, una de las cuales, una prueba de personalidad llamada myPersonality, se había vuelto viral. Los usuarios obtenían puntajes en los “cinco grandes” rasgos de personalidad: Apertura, Conciencia, Extroversión, Simpatía y Neurosis, y a cambio, el 40% de ellos accedían a darle acceso a sus perfiles de Facebook. De pronto, había una manera de medir los rasgos de personalidad en la población y correlación con los puntajes con los “me gusta” de Facebook en millones de personas.

La investigación fue original, innovadora y tenía posibilidades obvias. “Tenían muchos enfoques de los servicios de seguridad”, me dijo un miembro del centro. “Hubo uno llamado You Are What You Like y fue demostrado a los servicios de inteligencia. Y mostraba estos patrones extraños; que, por ejemplo, a las personas que les gustaba “Odio a Israel” en Facebook también les gustaban los zapatos Nike y KitKats”.

“Hay agencias que financian investigaciones en nombre de los servicios de inteligencia. Y ellos fueron por toda esta investigación. Aquel fue apodado Operation KitKat.

El establecimiento militar y de defensa fueron los primeros en ver el potencial de la investigación. Boeing, un importante contratista de defensa de EU, financió el PhD de Kosinski, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del gobierno secreta de Estados Unidos, es citada en al menos dos documentos académicos que respaldan el trabajo de Kosinski.

Pero cuando, en 2013, se publicó el primer paper, otros también vieron este potencial, incluido Wylie. Había terminado su carrera y había comenzado su doctorado en pronóstico de tendencias de moda, y estaba pensando sobre los Demócratas Liberales. Es justo decir que no tenía ni idea de lo que estaba caminando.

“Quería saber por qué los Demócratas Liberales apestaban en ganar elecciones cuando gobernaron el país hasta finales del siglo XIX”, explica Wylie. “Y comencé a buscar datos demográficos y de consumo para ver qué unía a los votantes Demócratas Liberales, porque aparte de partes de Gales y las Shetland, son regiones extrañas y dispares. Y lo que encontré fue que no habían fuertes correlaciones. No había señal en los datos”.

“Y luego me encontré con un documento sobre cómo los rasgos de personalidad podrían ser un precursor del comportamiento político, y de pronto tuvo sentido. El liberalismo se correlaciona con una gran apertura y poca conciencia, y cuando piensas en Demócratas Liberales, son profesores distraídos y hippies. Son los primeros en adoptar … Están muy abiertos a nuevas ideas. Y simplemente hizo clic de repente”.

Aquí había una manera para que el partido identificara nuevos potenciales votantes. El único problema era que los Demócratas Liberales no estaban interesados.

“Hice esta presentación en la que les dije que perderían la mitad de sus 57 asientos, y ellos dijeron: ‘¿Por qué eres tan pesimista?’ De hecho, perdieron todos menos ocho de sus asientos, para tu información”.

Otra conexión de Demócratas Liberales introdujo a Wylie a una compañía llamada SCL Group, una de cuyas subsidiarias, SCL Elections, crearía Cambridge Analytica (una empresa incorporada entre SCL Elections y Robert Mercer, financiada por esta última). Para todos los efectos, SCL / Cambridge Analytica son uno y el mismo.

Alexander Nix, entonces CEO de SCL Elections, le hizo una oferta a Wylie que no pudo resistir. “Él dijo: ‘Te daremos libertad total. Experimentar. Ven y prueba todas tus ideas locas ‘”.

En la historia de las malas ideas, esta resultó ser una de los peores. El trabajo era de director de investigación en todo el grupo SCL, un contratista privado que tenía a su mando operaciones de defensa y elecciones. Su brazo de defensa era contratista del Ministerio de Defensa del Reino Unido y del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, entre otros. Su especialidad era en “operaciones psicológicas” o “psyops”, cambiando las mentes de las personas no a través de la persuasión, sino a través del “dominio informativo”, un conjunto de técnicas que incluyen rumores, desinformación y noticias falsas.

SCL Elections había utilizado un conjunto similar de herramientas en más de 200 elecciones alrededor del mundo, en su mayoría en democracias subdesarrolladas que Wylie se daría cuenta, no estaban preparadas para defenderse.

Wylie tiene una visa británica de Nivel 1 de Talento Excepcional —una visa de trabajo del Reino Unido otorgada a solo 200 personas al año. Él estaba trabajando dentro del gobierno (con los demócratas liberales) como un estratega político con habilidades avanzadas de ciencia de datos. Pero nadie, y menos aún él, pudo haber predicho lo que vino después. Cuando entró en las oficinas de SCL en Mayfair, no tenía idea de que estaba entrando en medio de un nexo de proyectos de defensa e inteligencia, contratistas privados y ciber-defensa de vanguardia.

“Lo que pienso todo el tiempo es, ¿y si mejor hubiera tomado un trabajo en Deloitte? Ellos me ofrecieron uno. Solo creo que si hubiera tomado literalmente cualquier otro trabajo, Cambridge Analytica no existiría. No tienes idea de cuánto pienso en esto “.

Unos meses más tarde, en otoño de 2013, Wylie conoció a Steve Bannon. En ese momento, era editor en jefe de Breitbart, que había traído a Gran Bretaña para apoyar a su amigo Nigel Farage en su misión de sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea.

 

¿Cómo era él?

 

“Inteligente”, dice Wylie. “Interesante. Realmente interesado en ideas. Es el único hombre heterosexual con el que he hablado sobre la teoría feminista interseccional. Vio su relevancia directamente a las opresiones que sienten los hombres blancos conservadores y jóvenes”.

Wylie conociendo a Bannon fue el momento en que se derramó gasolina sobre una llama parpadeante. Wylie vive por ideas (…) Él tenía una teoría para probar. Y en ese momento, este era un problema puramente intelectual. La política era como la moda, le dijo a Bannon.

“Bannon lo recibió de inmediato. Él cree en toda la doctrina de Andrew Breitbart de que la política consecuencia de la cultura, por lo que para cambiar la política es necesario cambiar la cultura. Y las tendencias de la moda son un proxy útil para eso. Trump es como un par de Uggs, o Crocs, básicamente. Entonces, ¿cómo se llega a la gente que piensa ‘Ugh. ¿Totalmente feo hasta el momento en que todos los usan? Ese fue el punto de inflexión que estaba buscando “.

Pero Wylie no sólo estaba hablando de moda. Recientemente había estado expuesto a una nueva disciplina: “operaciones de información”, que se ubica junto a la tierra, el mar, el aire y el espacio en la doctrina del ejército estadounidense del “espacio de batalla en cinco dimensiones”. Su informe abarcó todo el Grupo SCL: el gobierno británico pagó a SCL para llevar a cabo operaciones de contra-extremismo en el Medio Oriente, y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos lo contrató para trabajar en Afganistán.

Le digo que otro ex empleado describió la empresa como “MI6 de alquiler”, y nunca lo entendí del todo.

“Es como un MI6 sucio porque no estás limitado. No hay necesidad de ir a un juez para solicitar el permiso. Es normal que una ‘compañía de investigación de mercado’ acumule datos sobre las poblaciones nacionales. Y si estás trabajando en algún país y hay un beneficio auxiliar para un cliente actual con intereses alineados, bueno, eso es sólo una ventaja “.

Cuando le pregunto a Bannon si ha encontrado a SCL, Wylie me cuenta lo que parece una historia fantástica, aunque puede respaldarlo con un correo electrónico sobre cómo Mark Block, un veterano estratega republicano, se sentó al lado de un experto en ciber-guerra para la fuerza aérea de Estados Unidos en un avión. “Y el tipo de la guerra cibernética me dice, ‘Oh, deberías conocer a SCL. Hacen guerra cibernética para las elecciones “.

Fue Bannon quien llevó esta idea a los Mercers: Robert Mercer, co-CEO del fondo de cobertura Renaissance Technologies, quien usó sus miles de millones para perseguir una agenda de derecha, donando a causas republicanas y apoyando candidatos republicanos, y su hija Rebekah.

Nix y Wylie volaron a Nueva York para encontrarse con los Mercers en el departamento de Rebekah en Manhattan.

“Ella me amaba”. Ella estaba como, ‘¡Oh, necesitamos más de tu tipo de nuestro lado!’ ”

¿Tu tipo?

“Los homosexuales. Ella amaba a los homosexuales. Lo mismo hizo Steve [Bannon]. Él nos vio como primeros adoptantes. Pensó que, si logras unir a los homosexuales, todos los demás seguirán. Es por eso que estaba tan metido en todo el asunto de Milo [Yiannopoulos] “.

Robert Mercer fue un pionero en AI y traducción automática. Ayudó a inventar transacciones algorítmicas, que reemplazaron a los administradores de fondos de cobertura con programas de computadora, y escuchó el discurso de Wylie. Fue para un nuevo tipo de orientación de mensajes políticos basada en un influyente e innovador artículo de 2014 investigado en el Centro de Psicometría de Cambridge, llamado: “Los juicios de personalidad basados ​​en computadora son más precisos que los que son hechos por humanos”.

“En política, el hombre del dinero suele ser la persona más tonta de la sala. Considerando que es al revés con Mercer “, dice Wylie. “Dijo muy poco, pero realmente escuchó. Él quería entender la ciencia. Y quería pruebas de que funcionó “.

Y para hacer eso, Wylie necesitaba datos.

La forma en que Cambridge Analytica adquirió los datos ha sido objeto de revisiones internas en la Universidad de Cambridge, de muchos artículos periodísticos y mucha especulación y rumor.

Cuando Nix fue entrevistado por los diputados el mes pasado, Damian Collins le preguntó:

“¿Alguno de sus datos proviene de la compañía Global Science Research?”

Nix: “¿GSR?”

Collins: “Sí”.

Nix: “Tuvimos una relación con GSR. Nos hicieron una investigación en 2014. Esa investigación resultó infructuosa y la respuesta es no “.

Collins: “¿No te han proporcionado datos o información?”

Nix: “No”

Collins: “¿Tus conjuntos de datos no se basan en la información que has recibido de ellos?”

Nix: “No”

Collins: “¿En absoluto?”

Nix: “En absoluto”.

El problema con la respuesta de Nix a Collins es que Wylie tiene una copia de un contrato ejecutado, fechado el 4 de junio de 2014, que confirma que SCL, la empresa madre de Cambridge Analytica, entró en un acuerdo comercial con una empresa llamada Global Science Research (GSR) , propiedad del académico de Cambridge, Aleksandr Kogan, que se basa específicamente en la recolección y el procesamiento de los datos de Facebook, de modo que pueda combinarse con los rasgos de personalidad y las listas de votantes.

Tiene recibos demostrando que Cambridge Analytica gastó 7 millones de dólares para acumular estos datos, alrededor de 1 millón con GSR. Él tiene los registros bancarios y las transferencias bancarias. Los correos electrónicos revelan que Wylie negoció primero con Michal Kosinski, uno de los co-autores del documento de investigación myPersonality original, para utilizar la base de datos myPersonality. Pero cuando las negociaciones fracasaron, otro psicólogo, Aleksandr Kogan, ofreció una solución que muchos de sus colegas consideraban inmoral. Ofreció replicar la investigación de Kosinski y Stilwell y eliminarlos del trato. Para Wylie, parecía una solución perfecta. “Kosinski estaba pidiendo 500 mil dólares por el IP, pero Kogan dijo que podía replicarlo y simplemente cosechar su propio conjunto de datos”. (Kosinski dice que la tarifa era para financiar más investigaciones).

Kogan luego configuró el RSG para hacer el trabajo, y le propuso a Wylie que usaran la información para establecer un instituto interdisciplinario que trabajara a través de las ciencias sociales. “¿Qué pasó con esa idea?”, Le pregunto a Wylie. “Nunca sucedió. No sé por qué. Esa es una de las cosas que más me molesta “.

Fue el interés de Bannon en la cultura como guerra lo que encendió el concepto intelectual de Wylie. Pero fueron los millones de Robert Mercer los que crearon la tormenta de fuego. Kogan pudo inyectar dinero al difícil problema de la adquisición de datos personales: se promocionó con personas que estaban dispuestas a que se les pagara para realizar un examen de personalidad en Mechanical Turk y Qualtrics de Amazon. Al final de la cual la aplicación de Kogan, llamada thisismydigitallife, le dio permiso para acceder a sus perfiles de Facebook. Y no solo de ellos, sino de sus amigos también. En promedio, cada “sembrador” —las personas que habían realizado el examen de personalidad, eran alrededor de 320 mil en total— involuntariamente dieron acceso a al menos 160 perfiles de otras personas, ninguno de los cuales habría sabido o tenía motivos para sospechar.

Lo que muestra la correspondencia por correo electrónico entre los empleados de Cambridge Analytica y Kogan, es que Kogan había reunido millones de perfiles en cuestión de semanas. Pero ni Wylie ni nadie más en Cambridge Analytica habían verificado que fuera legal. Ciertamente no fue autorizado. Kogan sí tenía permiso para extraer datos de Facebook, pero solo con fines académicos. Además, según las leyes británicas de protección de datos, es ilegal que los datos personales se vendan a un tercero sin su consentimiento.

“Facebook podía ver que estaba sucediendo”, dice Wylie. “Sus protocolos de seguridad se activaron porque las aplicaciones de Kogan estaban sacando esta enorme cantidad de datos, pero aparentemente Kogan les dijo que era para uso académico. Entonces ellos dijeron, ‘Bien’ “.

Kogan sostiene que todo lo que hizo fue legal y que tenía una “relación de trabajo cercana” con Facebook, que le había otorgado permiso para sus aplicaciones.

Cambridge Analytica tenía su información. Esta fue la base de todo lo que hizo a continuación —cómo extrajo información psicológica de los “sembradores” y luego construyó un algoritmo para crear millones de perfiles más.

Por más de un año, el informe sobre lo que Cambridge Analytica hizo o dejó de hacer para Trump ha girado en torno a la cuestión de la “psicográfica”, pero Wylie señala: “Todo se construyó sobre la base de esos datos. Los modelos, el algoritmo. Todo. ¿Por qué no lo usarías en tu campaña más grande? ”

En diciembre de 2015, Harry Davies de The Guardian publicó el primer informe sobre la adquisición de datos de Facebook de Cambridge Analytica y su uso para apoyar a Ted Cruz en su campaña para ser el candidato republicano de Estados Unidos. Pero no fue hasta muchos meses después que Facebook tomó medidas. Y luego, todo lo que hicieron fue escribir una carta. En agosto de 2016, poco antes de las elecciones en Estados Unidos, y dos años después de la violación, los abogados de Facebook le escribieron a Wylie, que dejó Cambridge Analytica en 2014, y le dijeron que los datos habían sido obtenidos ilícitamente y que “GSR no estaba autorizado a compartirlos o venderlos “. Dijeron que debían ser eliminados de inmediato.

“Ya lo había hecho. Pero, literalmente, todo lo que tenía que hacer era marcar una casilla, firmarla y enviarla de regreso, y eso fue todo”, dice Wylie. “Facebook no hizo ningún esfuerzo para recuperar los datos”.

Habían varias copias de esto. Había sido enviado por correo electrónico en archivos no cifrados.

Cambridge Analytica rechazó todas las acusaciones que The Observer les hizo.

El Dr. Kogan, que más tarde cambió su nombre a Dr. Spectre, pero subsecuentemente lo volvió a cambiar por Dr. Kogan —sigue siendo un miembro de la facultad en la Universidad de Cambridge, un importante asociado de investigación. Pero lo que sus colegas académicos no sabían hasta que Kogan lo reveló en correos electrónicos a The Observer (aunque la Universidad de Cambridge dice que Kogan le dijo al jefe del departamento de psicología), es que también es profesor asociado en la Universidad de San Petersburgo. La investigación adicional reveló que recibió subvenciones del gobierno ruso para investigar “Estrés, salud y bienestar psicológico en las redes sociales”. La oportunidad surgió en un viaje a la ciudad para visitar a amigos y familiares, dijo.

Hay otros documentos dramáticos en el almacén de Wylie, incluyendo un lanzamiento hecho por Cambridge Analytica a Lukoil, el segundo mayor productor de petróleo de Rusia.

En un correo electrónico con fecha del 17 de julio de 2014, sobre las primarias presidenciales de EU, Nix le escribió a Wylie: “Nos han pedido que escribamos un memorando a Lukoil (la compañía rusa de petróleo y gas) para explicarles cómo nuestros servicios se van a aplicar a el negocio petrolero. Nix dijo que “entienden la micro-focalización conductual en el contexto de las elecciones”, pero que “no logran establecer la conexión entre los votantes y sus consumidores”. El trabajo, dijo, sería “compartido con el CEO del negocio”, un ex ministro de petróleo soviético y asociado de Putin, Vagit Alekperov.

“No tenía ningún sentido para mí”, dice Wylie. “No entendí ni el correo electrónico ni el discurso de presentación que hicimos. ¿Por qué una compañía petrolera rusa querría orientar la información sobre los votantes estadounidenses?

La investigación de Mueller rastrea las primeras etapas de la operación rusa para interrumpir las elecciones estadounidenses del 2016 al año 2014, cuando el estado ruso hizo lo que parece ser su primer esfuerzo concertado para aprovechar el poder de las plataformas de las redes sociales de Estados Unidos, incluyendo Facebook. Y fue a finales del verano del mismo año que Cambridge Analytica presentó a la compañía petrolera rusa un resumen de su conjunto de datos, capacidades y metodología. La presentación tuvo poco que ver con los “consumidores”. En cambio, los documentos muestran que se centró en las técnicas de interrupción de las elecciones. La primera diapositiva ilustra cómo una “campaña de rumores” extendió el miedo en las elecciones nigerianas de 2007 —en las que la compañía trabajó— al difundir la idea de que “las elecciones serían manipuladas”. La última diapositiva, con el logo de Lukoil y la de SCL Group y SCL Elections, encabeza sus “entregables”: “mensajes psicográficos”.

Lukoil es una empresa privada, pero su CEO, Alekperov, responde a Putin, y ha sido utilizado como vehículo de influencia rusa en Europa y en otros lugares —incluyendo la República Checa, donde en 2016 se reveló que un asesor para el fuerte presidente pro-checo ruso estaba siendo pagado por la empresa.

Cuando le pregunté a Bill Browder —un empresario angloamericano que lidera una campaña mundial para la Ley Magnitsky para imponer sanciones contra las personas rusas— lo que hizo de él, dijo: “Todos en Rusia están subordinados a Putin. Uno debería ser muy desconfiado de cualquier empresa rusa que ofrezca algo fuera de sus actividades comerciales normales “.

El mes pasado, Nix le dijo a los miembros del parlamento en el comité parlamentario que investiga noticias falsas: “Nunca hemos trabajado con una organización rusa en Rusia ni en ninguna otra compañía. No tenemos ninguna relación con Rusia ni con individuos rusos “.

No hay evidencia de que Cambridge Analytica alguna vez haya trabajado para Lukoil. Lo que estos documentos muestran, sin embargo, es que en 2014 una de las mayores empresas de Rusia recibió información completa sobre: ​​Facebook, microtargeting, datos, interrupción de elecciones.

Cambridge Analytica es “El Frankenstein de Chris”, dice un amigo suyo. “Él lo creó. Son sus datos Frankenmonstruos. Y ahora está tratando de arreglarlo”.

Solo una vez, Wylie señaló que tenía 24 años en ese momento. Pero los tenía. Se emocionó con las posibilidades intelectuales de eso. No pensó en las consecuencias. Y me pregunto cuánto ha procesado su propio rol o responsabilidad en él. En su lugar, está decidido a declarar y deshacer lo que ha creado.

Porque los últimos meses han sido como ver una fuerza de reunión de tornado. Y cuando Wylie pone toda la fuerza de su atención en algo —su cerebro estratégico, su atención al detalle, su habilidad para planear 12 movimientos adelante— a veces es algo terrorífico de contemplar. Tratar con alguien entrenado en la guerra de la información tiene sus propios desafíos, y su conjunto de talentos extraordinarios incluye el tipo de habilidades políticas de alto nivel que hacen que House of Cards parezca The Great British Bake Off. Y no todos son fanáticos. Cualquier número de ex colegas —incluso los que lo aman— lo llaman “maquiavélico”. Otro describió las peleas a gritos que él y Nix tendrían.

 

“¿Qué piensan tus padres de tu decisión de declarar?”, le pregunto.

 

“Ellos lo entienden. Mi papá me envió una caricatura hoy, que tenía dos personajes colgando de un acantilado, y la primera dice “Quédate ahí”. Y la otra dice: “Jódete”.

 

¿Cuál de las dos eres?

 

“Probablemente las dos”.

 

Lo que no está en duda es lo largo y difícil que ha sido llegar a esta etapa. Y qué valiente que es.

 

Después de muchos meses, conocí la terrible y oscura historia de fondo que arroja algo de luz en su determinación y que discute cándidamente. A los seis años, mientras estaba en la escuela, Wylie fue abusada por una persona mentalmente inestable. La escuela trató de encubrirlo, culpando a sus padres, y una larga batalla judicial siguió. La infancia y la carrera escolar de Wylie nunca se recuperaron. Sus padres —su padre es médico y su madre es psiquiatra— fueron maravillosos, dice. “Pero ellos conocían la trayectoria de las personas que se encuentran en esa situación, por lo que creo que fue particularmente difícil para ellos, porque tenían una comprensión más profunda de lo que eso le causa a una persona a largo plazo”.

Dice que creció escuchando a psicólogos hablar sobre él en tercera persona, y, a la edad de 14 años, demandó exitosamente al Ministerio de Educación de Columbia Británica y lo obligó a cambiar sus políticas de inclusión en torno al bullying. Lo que veo ahora es cuánto ama la ley, los abogados, la precisión, el orden. Pienso en su cabello rosado como una operación de bandera falsa. Lo que no puede tolerar es el bullying.

¿Lo que Cambridge Analytica es hace similar al bullying?

“Creo que es peor que el bullying”, dice Wylie. “Porque las personas no saben necesariamente que se les está haciendo. Al menos el bullying respeta la agencia de las personas porque saben. Entonces, es peor, porque si no respetas la agencia de las personas, cualquier cosa que hagas después de ese punto no es conducente a una democracia. Y, fundamentalmente, la guerra de información no es propicia para la democracia “.

Rusia, Facebook, Trump, Mercer, Bannon, Brexit. Cada uno de estos hilos se ejecuta a través de Cambridge Analytica. Incluso en las últimas semanas, parece como si la comprensión del papel de Facebook se hubiera ampliado y profundizado. Las acusaciones de Mueller fueron parte de eso, pero Paul-Olivier Dehaye —un experto en datos y académico con sede en Suiza, que publicó algunas de las primeras investigaciones sobre los procesos de Cambridge Analytica— dice que cada vez es más evidente que Facebook es “abusivo por diseño”. Si hay evidencia de colusión entre la campaña de Trump y Rusia, estará en los flujos de datos de la plataforma, dice. Y las revelaciones de Wylie sólo lo vuelven a activar.

“Facebook ha negado, negado y negado esto”, dice Dehaye cuando le cuentan las nuevas pruebas de The Observer. “Ha engañado a los diputados y a los investigadores del Congreso y ha fallado en sus deberes de respetar la ley. Tiene la obligación legal de informar a los reguladores y a las personas sobre esta brecha de datos, y no lo ha hecho. Ha fallado una y otra vez en ser abierto y transparente“.

Facebook niega que la transferencia de datos haya sido una violación. Además, un vocero dijo: “Proteger la información de las personas es el corazón de todo lo que hacemos, y requerimos lo mismo de las personas que operan las aplicaciones en Facebook. Si estos informes son ciertos, es un abuso grave de nuestras reglas. Tanto Aleksandr Kogan como SCL Group y Cambridge Analytica nos certificaron que destruyeron la información en cuestión “.

La información personal de millones de personas fue robada y utilizada para atacarlas de maneras que no habrían visto, y no podrían haber sabido, por un equipo mercenario, Cambridge Analytica, que, según Wylie, “funcionaría para cualquiera”. ¿Quién lanzaría a las compañías petroleras rusas? ¿Subvertirían las elecciones en el extranjero en nombre de gobiernos extranjeros?, se me ocurre preguntarle a Wylie una noche.

“Sí.”

¿Nato o no Nato?

“Cualquiera. Quiero decir que son mercenarios. Trabajarán para casi cualquiera que pague”.

Es una revelación increíble. También encapsula todos los problemas de la subcontratación —a escala global, con nuevas armas cibernéticas. Y en medio de todo eso está el público— nuestras conexiones familiares íntimas, nuestros “me gusta”, nuestras migajas de datos personales, todos atrapados en un vertiginoso agujero negro que se expande y crece y que ahora es propiedad de un multimillonario motivado políticamente.

Los datos de Facebook están en libertad. Y a pesar de todos los esfuerzos de Wylie, no hay vuelta atrás en el reloj.

Tamsin Shaw, profesor de filosofía en la Universidad de Nueva York y autor de un reciente artículo de New York Review of Books sobre ciber-guerra y la economía de Silicon Valley, me dijo que había señalado la posibilidad de que los contratistas privados obtuvieran armas cibernéticas que habían sido financiadas al menos en parte por la defensa de los EU.

Ella dice que las revelaciones de Wylie son “alocadas” y señala que “todo el proyecto de Facebook” solo se le ha permitido ser tan vasto y poderoso como lo ha sido debido al establecimiento de seguridad nacional de los EU.

“Es una forma de poder profunda pero suave que se ha visto como una ventaja para EU. Rusia ha sido tan explícita al respecto, pagando por los anuncios en rublos y demás. Está haciendo este punto, ¿no? Que Silicon Valley es un recurso de seguridad nacional de los Estados Unidos que se han vuelto contra sí mismo”.

O, más simple: un retroceso.

 

 

 

Traducción libre de un texto originalmente publicado en The Guardian

 

 

 

 

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