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Es solo rock and roll, pero me gusta

 

Así resuelven los Rolling Stones una gran incertidumbre humana ¿Para qué tanto alboroto alrededor de solo música? Y es que habemos locos a los que en serio no nos importa dejar sudor, lágrimas y algunos miles de pesos solo por el rock.

 

Y es aquí donde lanzo un atento aviso a los trolls, haters e inconformes con lo sucedido en días pasados en el Centro Dinámico Pegaso con la cancelación del Festival Ceremonia en su edición 2017, que son por lo general aquellos que odian los retrasos, los precios altos, las largas filas, la mala organización, la lluvia, el calor y casi todo en el mundo: Señores, los humanos se equivocan, los errores suceden y los imprevistos ocurren, se llama vida y todos, absolutamente todos somos vulnerables de caer en su insoportable levedad.

 

Hasta los dioses griegos cometieron un millón de equivocaciones para culminar en su máxima obra ¿Qué nos hace pensar que nosotros, humildes mortales, seremos capaces de crear obras perfectas?

 

A lo mucho lograremos dejar algún tipo de rastro en este mundo esperando que sea lo más benéfico posible, algunos otros, a los que llamamos locos, capaces de cargar con todos los dolores físicos y las penas del alma. Los que se desvelan guiados por una musa infame, esos que no se conforman con la realidad en segunda dimensión y necesitan abrir cada vez más puertas para saciar su curiosidad. Esos seres inquietos capaces de sangrar por un factor emocional y a quienes veremos todo el tiempo moviéndose y moviéndonos hacia lugares incómodos y desconocidos, tristes, eufóricos tal vez.

 

Esos que merecen ser despellejados en un escenario ante los ojos extasiados de un público insaciable… la noticia es que si no estás dispuesto a pagar ese precio, pues quiere decir que solo eres un espectador, lo cual no está mal tampoco y además, como tal, adquieres otro tipo de poderes y responsabilidades. Ser espectador te obliga a ser cada vez más exigente para tener un segmento de comparación, como espectador también deberás ser disciplinado y ordenado para darle sentido al conocimiento adquirido; deberás conocer otros ámbitos del arte para entender las referencias de aquello que estás presenciando y por supuesto, esto te compromete a hacer sacrificios de tiempo y dinero motivado siempre por pasión.

 

La cosa es que si no estás en ninguno de esos dos bandos y andas por la vida ajusticiando, criticando y vociferando sin conocimiento de causa, eres parte, entonces,  de esa masa inerte que solo replica la violencia, el desconocimiento y la ignorancia.

 

En estos días hemos visto ir y venir informaciones, juicios, amenazas y opiniones sobre diversos temas que han polarizado y han dividido al mundo en dos: los buenos y los malos, los liberales y los conservadores, los que saben y los que no saben el meollo, los que han leído y los que no, los ricos y los pobres, los privilegiados y los desprotegidos, las víctimas y los verdugos. En realidad es la lucha de toda la vida y aunque sé muy bien que anhelar la unidad de pensamiento y emociones además de utópico resulta una idea aburridísima, considero que no estaría nada mal que una deidad ultrasensorial, omnipoderosa y megasabia pudiera de pronto poner alto al ego desbordado que a otorgado la libertad de opinión en las redes sociales, ya que este poder desmedido lo único que provoca es polaridad, desconocimiento y violencia, mucha violencia, como si no ya tuviéramos suficiente.

 

Un ejemplo de esto son los acontecimientos más recientes, apenas el sábado pasado en Coachella cuando Radiohead ascendió al escenario en medio de un montón de fallas de sonido por lo que en pleno show tuvieron que parar una y otra vez hasta que el sonido quedó listo para ser dignamente escuchado.

 

 

Y otro gran momento lo vivimos, como mencioné arriba, en el  festival Ceremonia cuando este se pudo llevar a cabo tan solo un día después gracias al apoyo de esos soñadores quienes no dudaron en mover un poco sus agendas para poder quedarse un día más y esos amorosos espectadores de los que les hablaba hace un rato quienes también tuvieron que llegar tarde al trabajo y mover cielo mar y tierra para poder estar ahí esa noche; esos, tanto unos como otros que hacemos de todo por el rock and roll solo porque nos gusta.

 

Con un cartel reconformado al 80 por ciento y al 70 por ciento de la capacidad general, hubo un Festival Ceremonia feliz en domingo en el que todo mundo la pasó muy bien.

 

 

Y claro que el sistema apesta y con él toda la monstruosa infraestructura que conlleva tener que hacer filas infinitas, pagar precios injustos, comprar en preventas exclusivas o en reventas abusivas y tener que jugar a ese juego burocrático que nos hace soñar con el privilegio de ser parte de algo importante, más hay algo que el sistema jamás podrá robarnos: Nuestras experiencias.

 

Yo no pude quedarme y ser testigo del show plagado de poesía de Björk, ni de la adrenalina desenfrenada de Underworld, ni de la energía trip deep del guapo de Nicolas Jaar, otro error humano categorizado como “de fuerza mayor” me mandaron de regreso a la menos ventilada Ciudad de México, donde siguieron y seguirán ocurriendo errores humanos que me harán hacer bilis y vomitar amarillo, por los que estaré molesta tres horas o quizá tres días o hasta  tres meses, porque los humanos somos tremendamente vulnerables de caer, porque somos tremendamente torpes o porque simplemente Mercurio está retrogrado.

 

Pero quisiera jamás perder la habilidad de sorprenderme y sonreír con las pocas cosas que sí podemos hacer bien, como hacer y escuchar rock and roll.

 

Por un mundo con menos ego cibernético y más amor real.

Festival Ceremonia 2016

 

Por: Patricia Penaloza / @patipenaloza

 

Con una asistencia considerablemente mayor a la de sus tres primeras ediciones, el Festival Ceremonia 2016, auspiciado por la compañía independiente Tape, este año ayudado un poco por la operadora de conciertos OCESA, llevó a cabo este sábado 9 de abril en el Centro Dinámico Pegaso (Toluca, Estado de México), la que quizá haya sido su mejor edición hasta ahora, sobre todo por el nivel de producción, notoriamente superior a la de otros años, con una mucho mejor elección de temporada climática: día soleado, nada de lluvia ni lodazales, y mucho menos frío en la noche. Instalado ya de forma más clara como un festival esencialmente de música electrónica y géneros bailables afines (funk, soul, rap, entre otros), de inicio a fin, el ambiente fue de alegría festiva, ayudado por una mucha mejor organización en el transporte  (la mayoría de los asistentes son de la Ciudad de México) y en la logística toda.

 

 

Musicalmente, los momentos más altos se dieron con el magnífico productor y virtuoso del bajo, Thundercat (Stephen Bruner), seguido por el cantante de soul, rapper y baterista Anderson Paak & the Free Nationals, y el grupo mexicano de electrónica y rock Titán, que al actualizar viejos temas de culto y sorprender con un nuevo sonido que mezcla industrial con progresivo y psicodelia electrónica, deslumbró a la concurrencia.

 

 

En cuanto a fiesta y gran recibimiento, Disclosure y su house retro cumplió con las altas expectativas y enloqueció a los miles de asistentes con un show impecable, entre secuencias digitales e instrumentos ejecutados en vivo (bajo, teclado, baterías) y voces pop perfectas. Asimismo, el baile se mantuvo exacerbado en el escenario principal, sobre todo con Classixx, Bob Moses, el DJ set de Gessafelstein y el acto en vivo de Flume, quien se dejó acompañar por excitantes visuales.

 

 

Por su parte, el escenario secundario ofreció guiños de menos alcance masivo pero mayor refinamiento sonoro, no sólo con Thundercat sino con el rapero guatemalteco (avecindado en México) Jesse Baez, el pop chileno de Marineros, los retruécanos grime-jungle-dubstep de RL Grime y por supuesto, el rap de vieja escuela de NAS. La carpa esférica Camp Roswell fue la delicia con filas larguísimas para acceder a ella, llena de motivos espaciales y alienígenas, con muchos artistas mexicanos de avanzada, tales como Theo Mago (nuevo alias de Bufi), Alemán, Finesse All Stars, Superstudio, Clumbers, o figuras como Alizzz (España), Gaika (UK), Anna Lunoe (Australia) y Total Freedom (EU). Sorpresa oscura y sucia, fue la mini carpa Spotify, que ofreció sonidos correosos, subterráneos, inesperados, con pinchadores alocados nacionales como DJ Chrysler, Damián Romero, Rosa Pistola, Niño Árbol o BBY Alone Soundsystem. El cierre con los mash-ups de Dj Z-Trip a las 3 de la mañana fue estruendoso y feliz, para los aferrados de la madrugada.

 

Globos, shorts, falditas, descamisados, colores.

 

Desde la una de la tarde, a diferencia de otros años, en que la gente solía llegar hasta cerca de las 6 de la tarde aproximadamente, la concurrencia, que oscilaba entre los 15 y los 30 años de edad, se fue agolpando en la entrada con el alboroto y algarabía propios de las hormonas en flor, mientras globos metálicos, insignias, banderas de colores, aros circenses, tiendas de ropa, productos orgánicos, publicaciones; stands de moda, dinámicas y juegos relacionados con la cultura skate, los recibían en un ánimo que equilibraba el consumismo con el disfrute y el posicionamiento de actitudes e imágenes. Carpas donde elaboraban tu propia máscara de animal en formas geométricas, donde te regalaban banderas de colores para agitar en lo alto,  juegos mecánicos intensos que te agitaban el cerebro y te hacían girar de cabeza, stands para probar la destreza y tino de los asistentes, mantenían de inicio a fin, la sensación de feria interactiva, de festejo celebratorio de la juventud desbordada.

 

 

La comodidad fue un rasgo singular en la edición de este año: las rutas para caminar estaban mejor diseñadas y señalizadas, los escenarios estaban muy cerca entre sí, y eso hacía que uno casi no se cansara, a pesar del calor. Las grandes carpas de sombra aliviaban a quien no quisiera estar bajo la inclemencia del sol atronador y brillante de primavera. Asimismo, resultó muy efectivo y bien instrumentado, sin fallas, el sistema de pre-pago: en pulseras individuales uno podía cargar efectivo para así agilizar la compra en los stands de  bebida; si sobraba dinero pre-pagado, uno podía recibir reembolso al final: una actualización digital de la antigua kermesse con boletitos.

 

De igual forma, las risas, los grupos de amigos abrazados, las falditas y los shorts coquetos, los varones descamisados, los bailes en grupo o en círculos con aros y máscaras, completaban el cuadro de chamacos gozando de la vida.

 

Tino musical

En cuanto a la curaduría de esta edición, los artistas fueron elegidos de una forma mucho mejor pensada y acorde con los gustos locales. Malas experiencias del pasado fueron cuando por ejemplo cerró Julian Casablancas and the Voidz (2014) y había muy poca gente viéndolo por evitar los grandes pantanos de lodo que dejó la lluvia por la tarde; o esa misma noche, en que Tyler the Creator tuvo muy poco eco. En cambio, los DJ’s y productores de música masiva bailable tienen más acogida en el público mexicano, de ahí que lo seleccionado esta vez, armó mucho mejor la fiesta e hizo que los ánimos, en vez de ir decayendo hacia el final como otras veces, al contrario, fuera creciendo hasta estallar con Disclosure. Sin duda, un gran gol.

 

 

Lo implacable del R&B, el soul, el dubstep, como tendencias arrasadoras actuales, también fueron rasgo atrayente y un cambio singular en la estafeta sonora de este año, no sólo en Ceremonia, sino como tendencia mundial, ya no sólo a nivel pop, sino también entre artistas un tanto más subterráneos y experimentales, cosa que el festival supo olfatear bastante bien, como para dar en el clavo al invitar a artistas de este perfil, haciendo que el cartel fuera mucho más cohesivo que otros años, menos de “dulce, chile y de manteca”. El mensaje fue tan bien manifestado, que resultó exitoso y harto divertido. De seguir así, se consolidará como una de las mejores experiencias musicales del año en México.

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