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Parte sermón, parte concierto de rock

Por: MONOCLE

Los niños cool caminando hacia el auditorio lucen como si acabaran de salir de las calles de Brooklyn. Vestidos con pantalones de mezclilla entubados rotos, playeras largas y tennis, difícilmente alguno parece mayor de 25. A pesar de la lluvia torrencial de casi proporciones bíblicas sucediendo afuera, ellos se las arreglaron para casi llenar el espacio de 800 asientos. Pero no se mantienen sentados por mucho. De hecho, tan pronto como las luces aparecen ellos ya están de pie, con las manos levantadas sobre sus cabezas. Pero este no es un concierto de rock, de hecho es un martes de servicio eclesiástico semanal liderado por The Belonging Co en Nashville.

Mundos chocan en la capital en auge de Tennessee. Mientras que todos en Los Ángeles parecen ser actores sufriendo, aquí en el eterno feudo de la música country todos aspiran ser compositores o productores.

A pesar del flujo del alcohol a lo largo de la calle Broadway, en las trampas turísticas conocidas como bares de música, Nashville también es uno de los monopolios estadunidenses más devotos, una hebilla en el cinturón de la Biblia donde los residentes bromearán con que hay una iglesia en cada esquina. The Belonging Co –fundada por los australianos Henry y Alex Seeley hace tres años y medio– fusiona estos dos mundos.

“Se mudaron aquí porque sintieron que Dios les decía que fueran a Nashville”, dice el pastor devoto de 24 años Andrew Holt, como preparador de los músicos. “Ellos comenzaron a conocer músicos que no iban a la iglesia en domingo porque estaban en tour. La iglesia comenzó en el sótano de su casa.”

Con el servicio de dos horas a reventar –llevado a cabo en martes junto con el tradicional del domingo para que los músicos de vuelta de sus conciertos en fin de semana puedan atender– Holt se mueve al frente de la congregación al lado del escenario levantado. The Belonging Co –con su “carismática” devoción que toma prestado del evangelismo– está claramente influenciada por la mega iglesia australiana Hillsong. Habrá lecturas bíblicas después, pero por ahora es sobre la música, mientras un devoto cerca de Holt se cae de rodillas en un trance, comienza a mecerse suavemente para atrás y para adelante. Los dos músicos que ayudan a provocar dicha comunión son un duo de marido y mujer Kari Jobe y Coby Carnes. El par lidera lo que se conoce como “música devota”: una manera de alabar a Dios por medio de letras proyectadas en una pantalla gigante detrás de los músicos. “Nunca me defraudarás”, grita Carnes, su cara arrugada de concentración, mientras la gente canta. Pero este no es cualquier hippie que se parece a Jesús tocando una guitarra, ni son himnos tediosos acompañados de pastel cubierto de limón. Es pop puro, con el razzmatazz de un estadio.

Jobe y Carnes están firmados con CCMG (Capitol Christian Music Group), el conglomerado musical cristiano más grande del mundo, responsables de más del 40 por ciento del producto generado en Estados Unidos por este género. La compañía discográfica tiene su sede principal en un edificio de ladrillos rojos al sur del auditorio del centro de The Belonging Co en el suburbio de Brentwood. Puede que el grupo ahora pertenezca a Universal, pero la misma familia ha estado al mando desde su nacimiento como Sparrow Records (aún la marca emblemática) desde 1976. Originalmente estaba establecida en Los Ángeles, pero la combinación de iglesias, cristianos y músicos significaba que Nashville sería un movimiento logístico en 1991.

Sentado en alguno de las salas de juntas, el CEO Bill Hearn está describiendo a su padre –y fundador- – Billy Ray, cuya presencia aún está muy entrelazada con la compañía a pesar de su muerte hace algunos años. “Usaba su cabello un poco largo, era progresivo y los niños lo amaban”, dice Hearn con una sonrisa. Billy Ray fundó la primera disquera contemporánea cristiana a nivel mundial, Myrrh, antes de forjar su propio camino. No significa que siempre fue fácil. “Mi padre fue el primer ministro de la música en traer baterías y guitarras eléctricas a las iglesias bautistas en 1960”, agrega. “Se resistieron pero eventualmente vieron que atraía gente joven, entonces se dieron cuenta que debían adoptarla aunque no les gustara. Creían que era secular en la naturaleza y el ritmo del demonio.”

Saltando hacia la música cristiana contemporánea del presente, ahora tiene una firme posición establecida en el mercado. Pero ambos Hearn y el presidente de CCMG Peter York –se sientan en frente de Hearn y parte de la compañía casi desde la concepción– recuerdan cuando la música cristiana contemporánea estaba prácticamente relegada al estatus de contrabando.  Dicen que no fue hasta mitades de 1970 que las librerías dejaron de vender CD’s clandestinamente en bolsas de papel, la clientela mayor se asustaría y dejaría de comprar en esas tiendas si se dieran cuenta de lo que estaba sucediendo. Mucho ha cambiado desde entonces, ninguno más que la relación del músico. “Nuestra meta es hacer la mejor calidad de música cristiana que podamos hacer”, dice York.

Aún la música cristiana –que representa casi tres por ciento de la consumo auditivo y vende más que el jazz y la música latina combinada– continúa siendo única. Porque mientras puede hacer cualquier cosa desde pop y rock hasta hip-hop, aún es clasificada como un solo género. “La música cristiana es el único género categorizado en el contenido lírico y estilo de vida de los artistas, oponiéndose a la música”, dice Hearn. lo que significa vivir limpiamente y cantar sobre Dios, ya sea en un punto de vista de vida (rock, pop et al) o en alabanzas exultantes (música de devoción).

En uno de los estudios de CCMG, Riley Clemmons de 17 años –criada en el norte de Nashville– está probando nuevas letras. Precoz y refinada, es la última y más reciente cantante y set del próximo año. Confesándose a si misma como una mega fan de Ariana Grande, dice que su estilo mezcla influencias pop y gospel sureñas. “Creo que la música cristiana tiene que mantenerse actualizada”, dice. “Ahora es el tiempo donde el momento comienza”.

Los ejecutivos en CCMG, mientras, esperan que pruebe un éxito cruzado. “Ella es una de esas artistas donde va a ser importante que la base más joven le ponga sello de aprobación –y por eso el disco tiene que sonar super progresivo–, pero también pensamos que podemos ponerla en la radio AC”, dice Hudson Plachy, vice presidente senior de marketing y con la compañía desde que dejó la universidad.

Lo que dice Plachty de la radio es clave. AC –o Adulto Contemporáneo– es el formato tradicional de radio cristiana y tiende ser dominado por las encarnaciones de rock y pop más seguras. La estructura demográfica de la música cristiana aún es dominada por la ama de casa “mamá del futbol” de América media y las 700 extrañas estaciones estadounidenses de radio siguen siendo el medio principal para acceder a ellas.

Las porteras de la radio –y sus donantes en lo que resta de una empresa en su mayoría sin fines de lucro– también tienden a ser el guardia viejo que forjó la música contemporánea cristiana y son más resistentes al cambio. La idea es que Clemmons aún puede ser un favorito familiar, como el exitoso Matthew West, pero también atraer al mercado joven. De hecho, ella ya es invitada en un sencillo con el duo del hip-hop cristiano de florida Social Club Misfits, un grupo que normalmente no lograría ser puesto en la radio cristiana porque el hip-hop aún es condenado como controversial por la multitud cristiana contemporánea.

Al final de la calle en la cafetería The Well –fundada por cristianos– otra artista de CCMG, Mandisa, está sentada en una mesa exterior y ya ha accedido a tomarse una foto con una fan. Un antiguo participante de un reality musical de televisión con un Grammy cristiano en camino, puede que ella obtenga una bolsa llena de música cristiana pero alega que ella es equitativamente desafiante de género porque es una afroamericana.

Mientras CCMG puede que tenga una huella pequeña –Motown Gospel– específicamente enfocada en música gospel negra, la mayoría de los artistas cubriendo música contemporánea cristiana son blancos. Ella dice que vinculando el espacio entre el gospel y lo contemporáneo “era una cosa terrorífica” pero ella no lo querría de una manera diferente ahora. “Las paredes en la música cristiana están siendo destruidas”.

Aún, el único momento en el que todos los estilos cristianos parecen juntarse es en los premios anuales del intercambio de Nashville –los Doves–, organizado por la Gospel Music Association (asociación de música de gospel) cada Octubre. Y los días donde haya una estación que ponga todo desde música urbana hasta de culto vía rock y pop parecen estar muy lejos, algo lamentado por Ben Glover, un escritor de música tan prolífico en el country (él compuso la canción de Lee Brice “Hard to Love”) como en la música cristiana y firmado por la armada de publicación de CCMG. Como muchos pequeños negocios de la música en Nashville, el estudio Glover Berry Hill opera desde una cabaña de madera. “Sería lindo que mis hijas tuvieran algo equivalente a una Taylor Swift de hip-hop en la radio,” dice.

Con el rock “muerto” de acuerdo a Glover, el lado rebelde de la música cristiana claramente es el hip-hop. Word Enterteinment, otra disquera cristiana, está viendo su futuro, preparando una huella de cuatro contra cinco específicamente para hip-hop cristiano.  Liderado por los productores Joseph Prielozny y Chris Mackey, alias “Dirty Rice” –ambos por– fruto de la disquera de hip-hop cristiana de Atlanta Reach, firmó al rapero Steve Malcolm el año pasado. El par claramente está en la parte liberal del espectro, con Mackey bromeando de que hacen música para “los hijos de las mamás del futbol”, agregando que el hip-hop representa a mucha gente que previamente no estaba incluida en la música cristiana. “En el hip-hop debes de ser atrevido,” dice Prielozny. “La naturaleza de esta permite que las letras sean más crudas”. Claro, sin ser profanas.

No lejos de ahí, en una casa similar a Glover, los estruendosos ritmos y estilo lírico fluido son prueba de que la escena del hip-hop cristiano está bien y viva. Derek Minor está escuchando su más reciente maratón de música, una colección de cuatro EP’s de diferentes estilos, mientras está parado al lado de su productor, Jonny Grande. Como muchos artistas cristianos empujando los límites está consciente que los niños ya no escuchan la radio –están en la transmisión, lo que significa que la intransigencia de la radio realmente no importa–. Artistas como Social Club Misfits, NF, los New Respects y Craig Mac –un alguna vez gángster de Nueva York convertido en rapero de Carolina del sur– están despegando, y no solamente entre los de fe. “La música se mantiene en pie por sí sola”, dice Minor  desafiadamente. “Solo ocurre que soy cristiano”.

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