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Fatídico mes de mayo: asesinatos a sangre fría contra periodistas

Mayo del 2018, ha sido uno de los peores meses para los y las periodistas en México: seis colegas han perdido la vida. Nos hemos enterado de sus muertes, mejor dicho; de sus ejecuciones ya sea acuchilladas, a golpes o acribillados a quemarropa. Ningún autor intelectual detenido aunque, como siempre, nos han hablado de hipótesis respecto al ambiente en que desarrollaban su trabajo, las cuales nunca se cierran, jamás concluyen.

La mañana del 29 de mayo del 2018, fue hallado el cuerpo del periodista Héctor González Antonio, corresponsal del diario Excélsior y Grupo Imagen en Tamaulipas, una de las entidades más violentas de México. Los primeros informes de las autoridades locales confirmaron que el reportero posiblemente fue asesinado a golpes. Hasta el momento, no se sabe de alguna amenaza en su contra y tampoco si alguno de sus últimos trabajos pudo desencadenar esta ejecución. La único seguro, es que se trató del sexto reportero muerto en 2018.

Desde el año 2010 hasta hoy, ya van más de 100 periodistas asesinados en México ¿Cuántas reporteras perderán la vida mientras escribo esta columna y usted pueda leerla?  Esperemos que ninguna, pero desafortunadamente, en este país, eso depende del azar.

Cinco días antes de que fuera encontrado el cuerpo de Héctor González, el jueves 24 de mayo en Monterrey, Nuevo León, asesinaron a Alicia Díaz González periodista que colaboraba con el diario El Financiero. La comunicadora fue encontrada ya sin vida dentro de su casa en la colonia Paseo Residencial. La prensa local ha reportado que murió por una puñalada en la base del cráneo.

El móvil del crimen todavía no lo sabemos aunque, por lo pronto, está descartada la posibilidad de un asalto. Los trabajos periodísticos más recientes de ella fueron sobre hipotecas y el problema de las viviendas abandonadas, un tema espinoso desatendido por los últimos gobiernos.

Las autoridades, tanto locales como federales, investigan si este asesinato está relacionado con sus reportajes. Como siempre, han dicho que se trata de una hipótesis que no se puede descartar.  El problema ha sido, justamente, que estamos llenos de posibilidades que no se pueden desechar. Hasta el momento, hay solo tres casos resueltos en los últimos años entre más de 110 muertes.

La noche del domingo fue detenido en Guanajuato el ex esposo de Alicia Díaz. Las autoridades lo involucran en el asesinato pero no se dieron más detalles sobre su presunta participación.

El 16 de mayo en Tabasco asesinaron a otro colega: Carlos Huerta fue ejecutado cuando salía de su casa ubicada en el fraccionamiento Flor del Trópico, residencial El Country, en Villahermosa.

La policía local manejó la versión de un asalto ya que este reportero así como conductor de radio y televisión tripulaba un automóvil BMW  -algo de muy difícil acceso para la mayoría de los periodistas-. Pero esto duró tan solo unos momentos. El gobernador, Arturo Núñez, dijo que fueron directo a matarlo. No hubo atraco.

Un automóvil se le emparejo golpeando la parte delantera del suyo para obligarlo a detenerse. De inmediato, un sujeto bajó y disparó a quemarropa. Una ejecución a plena luz del día. Las autoridades locales, en ese momento, aseguraron que, a través de las cámaras instaladas en las calles, podrían dar con los responsables. Desde entonces han pasado ya más de dos semanas y no hay un detenido.

En México han coexistido dos instancias para esta difícil situación: La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (dependiente de la Procuraduría General de la República) y el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas (vinculado a la Secretaría de Gobernación).

La primera de ellas ha tenido magros resultados: tres casos resueltos entre más de 100. La segunda, ha funcionado cuando algún colega o reportera ha sido amenazada, es decir, han proporcionado seguridad y otras medidas para protegerlos.

Pero cuando no hay amenazas de por medio, poco o nada se puede hacer. Los asesinos llegan siempre antes que el mecanismo de protección y, cuando los hechos están consumados, la impunidad campea.

El 13 de enero en Nuevo Laredo, Tamaulipas, fue asesinado el columnista político Carlos Domínguez.  Al menos dos sujetos lo bajaron por la fuerza de su automóvil y le propinaron 24 puñaladas, a sangre fría.

Las autoridades en Tamaulipas –a diferencia de los casos aquí relatados- han detenido a seis posibles implicados como autores materiales. Entre los detenidos, se encuentran tres reporteros de la región: Gabriel Garza, Jesús Zúñiga y  Luis Valtierra. Actualmente, se ha descartado la posibilidad de que esté de por medio la delincuencia organizada pero se mantiene abierta –nuevamente, como en los otros casos- la posibilidad de algún vínculo con las opiniones publicadas por Carlos Domínguez.

¿Qué hicieron esos tres periodistas? ¿Por qué tendrían que asesinarlo? ¿Cuánto tiempo se van a tardar en la investigación? ¿Y los actores intelectuales? Durante mucho tiempo hemos leído en columnas o en filtraciones que algunos de los asesinatos de periodistas están vinculados con la delincuencia organizada. Si esto fuera cierto, que lo demuestren.

Desde luego, habrá que aceptarlo cuando ello suceda. El problema radica en la incapacidad para esclarecer los casos. Tenemos muy poco o, casi nada, para saber por qué nos están matando.

En México, una periodista puede estar en una cena con su esposo, en cualquier restaurante, y morir acribillada. A los asesinos no les importará si su víctima está acompañada o el sitio está lleno de otras familias. No importa si alguien los mira a la cara, ellos se saben impunes.

Esto fue lo que le sucedió a Pamika Montenegro. El 5 de febrero de este año fue ejecutada frente a su esposo. Ella era una video bloguera popular en el puerto de Acapulco, en Guerrero, en donde fue asesinada. A través de su canal lanzaba críticas a la clase política local.  El fiscal Javier Olea Peláez dijo que una banda del crimen organizado ejecutó a “Nana Pelucas”, como se le conocía en las redes sociales, no obstante, no explicó qué razones supuestamente los llevaron a ello.

“La víctima fue amenazada por un sujeto, que hasta donde tenemos conocimiento es servidor público municipal, que precisamente tiene una posible relación con la célula que privó de la vida a la periodista”, dijo el fiscal Xavier Olea en declaraciones a la prensa local.

El nombre del supuesto servidor público no ha sido revelado y, según la versión oficial, estaría vinculado con el Cartel Independiente de Acapulco (CIDA). Sin embargo, ella había denunciado en 2016 que Jesús Evodio Velázquez, alcalde de Acapulco, estaba tras las amenazas en su contra recibidas en ‘narcomantas’.  Hasta el momento, no hay un sólo detenido.

El 21 de marzo del 2016, en el municipio de Zamora, Veracruz, el periodista Leobardo Vázquez Atzin fue asesinado dentro de su casa a manos de por lo menos una persona. Alrededor de las 20:00 horas de ese día, una llamada alertó a la policía sobre el homicidio del reportero.

Leobardo Vázquez trabajó para medios locales como La Opinión de Poza Rica y Vanguardia. Actualmente, tenía una página web llamada ‘Enlace Gutiérrez Zamora’, en la que publicaba noticias sobre ese municipio de la región del Totonacapan. Antes, había sido editor y diagramador en el diario Noreste, cofundador de la revista El Portal, y director de comunicación social del Ayuntamiento de Papantla.

Según las autoridades las investigaciones siguen abiertas pero no hay resultado.

Aún no terminaba de escribir sobre este fatídico mayo del 2018 para el periodismo, cuando en las redes sociales ya circulaba información sobre el homicidio de Pamela Terán, candidata a Concejal en Juchitán, Oaxaca, por la coalición PRI-PVEM-Nueva Alianza. A ella la emboscaron personas aún no identificadas. En este ataque murió la fotógrafa María del Sol Cruz.

Falta un mes para las elecciones presidenciales y los candidatos mandan condolencias a los reporteros, al gremio. Ignoro si las familias afectadas aceptarán las palabras de los candidatos, pero entre los periodistas no será así. Esas frases hechas, los lugares comunes, los hemos escuchado desde que se desató la violencia contra todos. Lo que necesitamos es que atrapen a los culpables, tanto los autores materiales como los intelectuales.

Los candidatos no han hecho una sola propuesta concreta para garantizar el ejercicio del periodismo en México. Sus planes para combatir la inseguridad serán, cuando menos, a mediano plazo. Mientras tanto, nos están matando. Mayo del 2018 ha sido uno de los peores; seis muertos. En México, los y las colegas quienes trabajan en las zonas de mayor riesgo, como Tamaulipas, duermen con el riesgo a un lado, pero aun así han salido a las calles a buscar información. Paradójicamente, en este clima, bajo amenaza, en este momento se hace el mejor periodismo de investigación en México. Y seguramente lo seguiremos haciendo gane quien gane la Presidencia, a pesar de que no saben qué hacer.

 

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