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A propósito de La Forma del Agua y la obra de Guillermo del Toro

No es gratuito que la pieza más reciente del artista mexicano Guillermo del Toro la haya galardonado el Festival de Cine de Venecia, uno de los encuentros fílmicos más reputados de la historia del cine, ni tampoco que fuera presentado el mismo año como padrino de la 50 edición del Festival de Sitges; no es sino el reconocimiento a una obra consistente que ha forjado el autor en el cine, la televisión y la literatura.

La obra de Del Toro es una constante de obsesiones, su formación autodidacta en ciencias biológicas es lo que lo ha llevado al diseño meticuloso de seres extraordinarios que se han convertido en sucesos fílmicos donde dimensionando lo verosímil de lo fantástico en lo cotidiano a través de un juego llamado imaginación, es como ha logrado generar rasgos distintivos en lenguajes audiovisuales y la literatura, replanteando la ciencia ficción, el terror y lo fantástico, hacia el cierre y el nacimiento de dos siglos.

Desde sus trabajos tempranos en su equipo de maquillaje Necropia, su incursión en la pantalla chica a través de cuatro episodios para la serie ‘La Hora Marcada’ y la realización de su opera prima como cineasta con ‘Cronos’ de 1993, fueron solo el preámbulo de lo que este creativo ofrecía al inicio de su carrera, donde su primer película lo ubicaría como uno de los jóvenes talentos de aquellos años noventa, exhibiendo a esta en la sección Una Cierta Mirada del festival de Cannes y siendo galardonado como mejor película y dirección en los Premios Ariel de nuestro país.

Si quisiéramos marcar tres vértices importantes en la configuración de la obra de Guillermo del Toro, subrayaríamos su pieza más reciente ‘La Forma del Agua’ de 2017, ‘El Laberinto del Fauno’ de 2006 y ‘Cronos’ de 1993; como un trinomio de piezas y momentos que han obligado a la crítica, al público cautivo y a los nuevos adeptos a mirar a través de la imaginería de este autor, que es una que a pesar de estar inmersa en el mainstream del cine después de su opera prima, no se ha contagiado de esas formulas gastadas y repetitivas que persisten en esos ámbitos de la industria fílmica, por el contrario, el tapatío continua ileso, adquiriendo una madurez que lo ha colocado entre los cineastas más interesantes del cine de género del nuevo milenio.

‘La Forma del Agua’ no solamente ofrece forma y técnicas muy estilizadas acompañadas de una banda sonora impresionante y precisa en aras del deleite de género, sino también abre la conversación acerca de un sector de la población encasillado como una minoría; donde la protagonista de esta historia está desprovista del habla y además empleada en el último escalafón de las pirámides laborales, lo que la presentan como un ser transparente que encuentra visibilidad al encuentro con un ente desprovisto de humanidad.

La manera en la que Del Toro inserta lo fantástico en sus historias, suele ser tan natural que a los espectadores no nos parece un suceso descabellado, por el contrario dota de una riqueza ausente a la cotidianidad, llevando a sus narrativas a la posibilidad de mostrarnos monstruos humanizados y lugares perdidos en el pensamiento agnóstico de lo fantástico.

Los dos personajes centrales de ésta última pieza del cineasta son opuestos y afines a la vez, donde el lenguaje y la especie no son limitantes para ejercer un acto comunicativo mucho más animal e instintivo que producto de la idealización rígida.

Sin duda Guillermo del Toro seguirá marcando otros momentos de la historia del séptimo arte, generando otras historias con un enorme despliegue estilístico, sin olvidar sus obsesiones temáticas en torno a lo humano y lo fantástico en un mismo plano racional.

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