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Aprendiendo des-pa-ci-to

Leía en un meme por demás ingenioso que las nuevas generaciones no tienen tanto derecho a quejarse por la constante invasión auditiva del horrendo reguetón de Luis Fonsi porque los más viejos tuvimos que tolerar, con el mismo hartazgo, otras canciones tanto o peor de horribles que ‘Despacito’ como ‘Lambada
(Llorando se fue)’, ‘Sopa de caracol’, ‘La Macarena’, ‘Aserejé’, etcétera. El meme tiene un punto.

No obstante, dentro del subgénero del rock también hemos tenido que soportar canciones mediáticas y horrorosas, algunas fabricadas ex profeso para alcanzar estándares más globales y otras que lentamente fueron acomodándose en el imaginario de la sociedad como si fuesen necesarias para el goce perpetuo en un cantabar o algún antro de covers en Villa Coapa. Algunas en inglés y otras en español.

Por ello, me resulta por demás jocoso, y hasta cierto punto indignante, que algunos “rockers” (sí, entrecomillo) detesten ‘Despacito’ cuando, en completo estado burro en cualquier bar de tres pesos se lastiman la garganta cantando a toda voz ‘Kumbala’ o ‘La célula que explota’. Y seguramente son los mismos que en el coro de El final agregan “¡Qué poca madre!” evidenciando así sus orígenes ramplones, su pedestre gusto musical y todo lo malo que hay en sus genes y sin duda heredarán a su descendencia.

Los dos primeros ejemplos que coloqué en el párrafo de arriba fueron un estertor natural provocado por el mercado del rock en español que cada vez sonaba más mexicanista y necesitaba de trompetitas de arrabal para tratar de dotar el concepto de cierta identidad nacionalista cuando, en realidad, no era necesario. Ambas canciones, junto con ‘La Negra Tomasa’, la cual fue más bien una epifanía sumamente agradable, libraron la frontera de los géneros –algo plausible– y se acomodaron en cualquier estación de radio, fiesta, colonia, barrio, CERESO, banqueta, pesero, etcétera.

Ojo, con esto no quiero decir que sean malas canciones (aunque yo no las soporte porque me parecen horribles) sino que su reguero fue tan mediático como el del éxito de Luis Fonsi y alcanzó los mismos niveles de fastidio y hoy, ¡válgame Dios!, son considerados indispensables para la historia de la música pop en México. Cada quien sus vicios, francamente.

Otros horripilantes ejemplos en español de similar oprobio son: ‘Florecita rockera’, ‘Lamento boliviano’, ‘La chispa adecuada’ y ‘Beber de tu sangre’ (ésta la de mejor cocción musical pero que sufrió del mismo virus). Alguien me decía respecto a estas canciones enlistadas que, en efecto, son clásicos para poner ambiente, pero si nos damos cuenta, si somos un poco analíticos, podremos comprobar que son programadas en un bar cuando quieren que los parroquianos dejen de bailar y se sienten a chillar en su mesa porque ya va a cerrar el antro. Lo mismo sucedía en News cuando el DJ ponía mariachis. Los mariachis eran la señal para ir pidiendo la cuenta.

En inglés, y dentro del rock, también existen esos chispazos de mezquindad musical capitaneados por ‘Life is life’, ‘Winds of change’ y ‘We’re not gonna take it’ por mencionar sólo algunos.

De ahí que no entienda la pretendida e hipocondríaca superioridad del “rocker” que se queja de un sonsonete muy bien payoleado como ‘Despacito’ cuando su idiosincrasia musical viene del mismo abrevadero.

Ahora bien, en su defensa diré que, si bien los éxitos pop que he mencionado líneas arriba guardan mucha más sustancia musical que su contraparte reguetonera, lo cierto es que no dejan de ser un fastidio y un cliché. No obstante, tenemos que agradecer algo a Luis Fonsi, y es que a partir de su más grade éxito se advierte que, al menos en México que es el territorio que nos compete, los oídos musicales cada vez son menos exigentes, sin importar el género. Ya está en uno tomar decisiones informadas, pues.

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