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Banda sonora 101: cine rock mexicano

Los tiempos que hoy corren en México son históricos –de cambios de fondo y forma en materia política– e inevitablemente nos invitan a reflexionar sobre los temas que nos identifican como un mexicano, más allá de nuestras diferencias.

Si hay algo que refleja con claridad la identidad de un pueblo es precisamente su cinematografía. Sí, el cine, sea ficción o documental, es el espejo de los pueblos y, de paso, un poderoso generador de identidad nacional.

Inmersos en esta idea de exploración de nuestro cine y por lo tanto de nuestra identidad, en @BandaSonora101 nos echamos un clavado en la historia del cine rock mexicano e hicimos una selección de 15 películas de diversa estirpe pero que comparten un elemento en común: el rock.

Aquí la selección de películas:

 

DEVERAS ME ATRAPASTE (1985)
Dirigida por Gerardo Pardo a partir de un cuento de René Avilés Fabila, DEVERAS ME ATRAPASTE se estrenó el 11 de julio de 1985. Esta película es un pilar del cine rock mexicano y cuenta la historia de una chica de familia conservadora que se enamora del fantasma de un roquero, el Humo, compa que toca en una banda de rock progresivo llamada Manchuria (en la que participa Gerardo Pardo), encargada de componer la música original de la película. Hace unos años tuve el gusto de programarla en copia de 35mm en una edición del ciclo “Rock en el cine” de la Cineteca Nacional. La música que hizo Manchuria para el filme está disponible en YouTube.

 

¿CÓMO VES? (1986)
Dirigida por Paul Leduc en 1986, ¿CÓMO VES? retrata el rostro marginal de la CDMX en los años 80. La cámara recorre las calles y recrea la vida nocturna de los barrios al ritmo de El Tri, Son de Merengue, Rockdrigo, Jaime López y Cecilia Toussaint. Leduc muestra a un sector de la sociedad, la juventud chilanga de los 80, enfrentado a la pobreza, la represión, la falta de oportunidades y la violencia.

 

UN TOKE DE ROC (1988)
Realizada por Sergio García Michel en súper 8 mm, UN TOKE DE ROC (1988), pequeña joya del cine rock mexicano, es una gran apología a la música y a la rebeldía feminista con la participación de Cecilia Toussaint, Jaime López, Rockdrigo, Chac-Mool, Three Souls in My Mind… La Filmoteca de la UNAM, en merecido homenaje a la generación de los llamados superocheros, lanzó un DVD de esta película hace unos cuantos años.

 

CIUDAD DE CIEGOS (1990)
En 1991 Alberto Cortés realizó CIUDAD DE CIEGOS, filme compuesto por 10 historias que al mezclarse forman una película muy sólida sobre la ruptura y la desazón. El escenario es un departamento de la colonia Condesa, en la CDMX, donde a lo largo de tres décadas sucede esta decena de historias. Los guionistas: José Agustín, Hermann Bellinghausen, Alberto Cortés, Marcela Fuentes-Berain, Paz Alicia Garciadiego y Silvia Tomasa Rivera. La música original es obra de José Elorza y el soundtrack trae una gran pieza: “Foto Finish” interpretada y musicalizada por Rita Guerrero (Santa Sabina) y Saúl Hernández (Caifanes).

 

AMORES PERROS (2000)
AMORES PERROS se estrenó el 14 de mayo de 2000 en el festival de Cannes. Esta película fue el trampolín con el que Alejandro González Iñárritu brincó a las grandes ligas del cine. También proyectó al escritor y cineasta Guillermo Arriaga. González Iñárritu y Arriaga trabajaron juntos en 21 GRAMOS y BABEL y luego se pelearon. De esta trilogía, AMORES PERROS es la que más rifa y la que tiene una banda sonora perrísima con piezas de Control machete, Nacha Pop, Gustavo Santaolalla, Titán, Los del garrote, Celia Cuz,… Un antes y un después en materia de soundtracks mexicanos.

 

PIEDRAS VERDES (Ángel Torres Flores, 2000)
“Una pacheco road movie”… Así definió a PIEDRAS VERDES su director, Ángel Flores Torres, cuando lo entrevisté hace 18 años. Más por azares del destino que por decisión propia, una joven atribulada (Vanessa Bauche) emprende un viaje de autodescubrimiento. El cineasta se apega al guión de las road movies clásicas y acompaña el viaje de la joven protagonista con música de Botellita de Jerez, Café Tacvba, Oscar Chávez, Resorte, Tequio…

 

Y TU MAMÁ TAMBIÉN (2001)
Alfonso Cuarón, además de ser un gran cineasta, tiene muy buen gusto musical. Basta con darle una escuchada al soundtrack de Y TU MAMÁ TAMBIÉN (2001) para darnos una idea de sus preferencias musicales. Esta maravillosa road movie, interpretada por Maribel Verdú, Diego Luna y Gael García, inmortales charolastras desmadrosos, es recordada por sus grandes pasajes musicales. Inolvidable la escena del baile erótico de los tres protagonistas en la playa con “Si no te hubieras ido” de Marco Antonio Solís. El soundtrack incluye rolas de Molotov, Plastilina Mosh, Café Tacvba, La Revolución de Emiliano Zapata, Brian Eno, Frank Zappa, Mala Rodríguez, Titán…

 

PERFUME DE VIOLETAS (2001)
Realizado por Maryse Sistach, cineasta dotada de una gran sensibilidad social y humana, PERFUME DE VIOLETAS (2001) es un filme crudo que ubica a su joven personaje femenino (Ximena Ayala) en el centro de un entorno machista, violento, totalmente adverso (así como lo es hoy en día para una chavita de la secu en muchos barrios de la zona metropolitana de la CDMX). El rock funciona como traje a la medida en esta dramática historia que hasta se queda corta si la comparamos con la cruda realidad de los feminicidios en nuestro país.

 

ALEX LORA: ESCLAVO DEL ROCANROL (2003)
En octubre de 2003 se estrenó en la sala 3 de la Cineteca Nacional otro de los pocos rockumentales mexicanos de la historia: ALEX LORA: ESCLAVO DEL ROCANROL, dirigido por Luis Kelly. Esta película una apología absoluta al personaje, como si el cineasta le rindiera tributo a Lora en lugar de contar la historia de su carrera con objetividad. La música, no obstante, es lo más representativo de este trabajo ¡Qué viva el rocanrol!

 

NO TUVO TIEMPO. LA HURBANISTORIA DE ROCKDRIGO (2004)
Hacia finales de 2005 y principios de 2006 se estrenó en un puñado de salas de la CDMX el rockumental NO TUVO TIEMPO. LA HURBANISTORIA DE ROCKDRIGO (2004), de Rafael Montero. Retrato fílmico de Rockdrigo González, el Profeta del nopal, y del movimiento rupestre en la capital chilanga, esta película pasó casi inadvertida salvo por su exitosa exhibición en la Cineteca Nacional, donde se mantuvo más de un mes en cartelera. Hoy, a la luz de la historia, este filme se muestra como un documento fundamental del cine rock mexicano.

 

NACO ES CHIDO (2009)
Dirigida por Sergio Arau, NACO ES CHIDO (2009) es un autorretrato de la legendaria banda Botellita de Jerez como sólo ellos lo podrían hacer. Una película muy divertida, satírica a madres, 100% irreverente, con grandes momentos musicales y con la presencia de muchas personalidades del rock mexicano. Para el soundtrack invitaron a un montón de artistas a hacer versiones propias de sus rolas. María Emilia, Alex Otaola, El Gran Silencio, Kinky, Café Tacvba, Molotov, Yucatán A Go Go…

 

SEGUIR SIENDO (2010)
Los cineastas Ernesto Contreras y José Manuel Craviotto convivieron unos 700 días con los integrantes de Café Tacvba para realizar SEGUIR SIENDO (2010), un hermoso rockumental que resume los primeros 20 años de la banda y que los retrata en sus procesos creativos y tocadas en vivo. La música es el punto G de la película.

 

GIMME THE POWER (2012)
Rockumental de Olallo Rubio sobre Molotov, GIMME THE POWER (2012) es un grito contra el sistema político podrido (el mismo que acaba de pagar la factura en las urnas). Un alegato poderoso, desde el arte de la música, en contra de la corrupción y los abusos de la clase política mexicana. Molotov no es cualquier banda y en esta película queda bien claro.

 

TIJUANA, SONIDOS DEL NORTEC (2012)
Dirigido por Alberto Cortés y producido por Jorge Sánchez, actual director del Imcine, TIJUANA, SONIDOS DEL NORTEC es un documental que recorre las calles de la ciudad titular para descubrir su música. Así nos lleva a Nortec Collective: Pepe Mogt y Ramón Amescua de Bostich + Fusible; Jorge Verdín y Fritz Torres de Clorofila y Pedro Beas de Hiperboreal. Un documento fílmico que registra la vibrante vida musical de Tijuana, donde la fusión de sonidos generó una escena musical bien poderosa y que se mantiene viva.

 

RITA, EL DOCUMENTAL (2017)
Realizado por Arturo Díaz Santana, RITA, EL DOCUMENTAL (2017) es un filme biográfico sobre la gran Rita Guerrero, actriz, compositora y voz inconfundible de Santa Sabina. El filme registra desde su infancia en Guadalajara, su paso por el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, los tiempos gloriosos al frente de Santa Sabina hasta sus últimos días de vida, antes de morir víctima de cáncer de mama.

 

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Aprendiendo des-pa-ci-to

Leía en un meme por demás ingenioso que las nuevas generaciones no tienen tanto derecho a quejarse por la constante invasión auditiva del horrendo reguetón de Luis Fonsi porque los más viejos tuvimos que tolerar, con el mismo hartazgo, otras canciones tanto o peor de horribles que ‘Despacito’ como ‘Lambada
(Llorando se fue)’, ‘Sopa de caracol’, ‘La Macarena’, ‘Aserejé’, etcétera. El meme tiene un punto.

No obstante, dentro del subgénero del rock también hemos tenido que soportar canciones mediáticas y horrorosas, algunas fabricadas ex profeso para alcanzar estándares más globales y otras que lentamente fueron acomodándose en el imaginario de la sociedad como si fuesen necesarias para el goce perpetuo en un cantabar o algún antro de covers en Villa Coapa. Algunas en inglés y otras en español.

Por ello, me resulta por demás jocoso, y hasta cierto punto indignante, que algunos “rockers” (sí, entrecomillo) detesten ‘Despacito’ cuando, en completo estado burro en cualquier bar de tres pesos se lastiman la garganta cantando a toda voz ‘Kumbala’ o ‘La célula que explota’. Y seguramente son los mismos que en el coro de El final agregan “¡Qué poca madre!” evidenciando así sus orígenes ramplones, su pedestre gusto musical y todo lo malo que hay en sus genes y sin duda heredarán a su descendencia.

Los dos primeros ejemplos que coloqué en el párrafo de arriba fueron un estertor natural provocado por el mercado del rock en español que cada vez sonaba más mexicanista y necesitaba de trompetitas de arrabal para tratar de dotar el concepto de cierta identidad nacionalista cuando, en realidad, no era necesario. Ambas canciones, junto con ‘La Negra Tomasa’, la cual fue más bien una epifanía sumamente agradable, libraron la frontera de los géneros –algo plausible– y se acomodaron en cualquier estación de radio, fiesta, colonia, barrio, CERESO, banqueta, pesero, etcétera.

Ojo, con esto no quiero decir que sean malas canciones (aunque yo no las soporte porque me parecen horribles) sino que su reguero fue tan mediático como el del éxito de Luis Fonsi y alcanzó los mismos niveles de fastidio y hoy, ¡válgame Dios!, son considerados indispensables para la historia de la música pop en México. Cada quien sus vicios, francamente.

Otros horripilantes ejemplos en español de similar oprobio son: ‘Florecita rockera’, ‘Lamento boliviano’, ‘La chispa adecuada’ y ‘Beber de tu sangre’ (ésta la de mejor cocción musical pero que sufrió del mismo virus). Alguien me decía respecto a estas canciones enlistadas que, en efecto, son clásicos para poner ambiente, pero si nos damos cuenta, si somos un poco analíticos, podremos comprobar que son programadas en un bar cuando quieren que los parroquianos dejen de bailar y se sienten a chillar en su mesa porque ya va a cerrar el antro. Lo mismo sucedía en News cuando el DJ ponía mariachis. Los mariachis eran la señal para ir pidiendo la cuenta.

En inglés, y dentro del rock, también existen esos chispazos de mezquindad musical capitaneados por ‘Life is life’, ‘Winds of change’ y ‘We’re not gonna take it’ por mencionar sólo algunos.

De ahí que no entienda la pretendida e hipocondríaca superioridad del “rocker” que se queja de un sonsonete muy bien payoleado como ‘Despacito’ cuando su idiosincrasia musical viene del mismo abrevadero.

Ahora bien, en su defensa diré que, si bien los éxitos pop que he mencionado líneas arriba guardan mucha más sustancia musical que su contraparte reguetonera, lo cierto es que no dejan de ser un fastidio y un cliché. No obstante, tenemos que agradecer algo a Luis Fonsi, y es que a partir de su más grade éxito se advierte que, al menos en México que es el territorio que nos compete, los oídos musicales cada vez son menos exigentes, sin importar el género. Ya está en uno tomar decisiones informadas, pues.

#GreatAgain101

 

El 26 de enero de 2010 iniciamos esta aventura. Exactamente este 26 de enero a las 14:36 horas sera el cumplimiento de 7 años en Internet. Tomando en cuenta que estuvimos 9 años 8 meses en FM, y 16 años en el imaginario colectivo, son un numero importante de años en nuestra biografia. Claro, en medio de esos 16 años tuvimos propuestas: 100.Nueva Era en el NRM.

 

Una propuesta que se presento originalmente como ‘Era 101’, un nombre delicioso por el doble sentido de la palabra ‘Era’ con relacion a la frecuencia 100.9 mhz. Un nombre y concepto que apuntaba hacia algo ya en el entorno de lo que despues fue el proyecto W Radical, pero que la nueva directiva de entonces del NRM no se entendio, y es que su papel no era entender como hacer radio trascendental como se habia hecho en el NRM desde 1942, sino administrar un negocio, solamente administrarlo, sin la vision creativa, propositiva y la responsabilidad social inherente a ser generadores de ideas.

 

El resultado de discusiones internas contra una pared fue 100.Nueva Era que fue un proyecto malogrado. Entre 1998 y 1999 produjimos para CNI Canal 40 los programas Entreversiones, Aullido y Todos Hablan. Programas propositivos en forma y en contenidos. En Aullido fuimos el primer medio en entrevistar, sin censura, a Molotov, a Plastilina Mosh. Los primeros en hacer un programa sobre los Raves y la cultura de la musica electronica.

 

En ese mismo 1999 lanzamos el proyecto W Radical en la frecuencia de lo que fue WFM. Una especie de efemeride que en otro momento hubiera tenido el sabor a conquista: llegar a WFM a proponer nuestras ideas de radio, las ideas que dieron vida a Rock 101, pero que en el contexto del cambio de siglo, solo significo un respetuoso y consecuente cambio del paradigma de la W en FM hacia la musica electronica.

 

El proyecto, que tenia los principios que habia desarrollado para ‘Era 101’, ejecutado con la libertad de creacion, construccion y produccion totales, tal y como habia sido concebido, fue un exito arrollador. Logramos, en un nuevo momento de la historia de la Ciudad de Mexico, un golpe de atencion y propuesta de nuevas referencias alrededor de una nueva cultura musical, que definio el sentido de la musica electronica en Mexico en el siglo XXI. W Radical abrio esa puerta con su progrmacion de alta calidad curada por mi y por el inmortal Roberto Escobar y la colaboracion de un nuevo equipo generacional que aporto frescura y nuevos conceptos y formas de entender la comunicacion y la musica.

 

Abrimos la puerta a estabilizar y profesionalizar los Raves con las producciones que hicimos en el Rimmel para presentar, entre 1999 y 2001 a BT, Oakenfold, Sasha, Digweed, Morales, Carl Cox, Deep Dish, Trevor Reilly, Paul Van Dyk, y un largo etcetera, teniendo su punto culminante en el Aca World Sound Festival en el año 2000. Asi como habiamos abierto la era de los conciertos masivos de rock en Mexico con las presentaciones de Miguel Rios, Lou Reed, Caifanes, Jethro Tull, Jon Anderson, et al, abrimos la era de los festivales de musica electronica con el festival que realizamos en Acapulco el fin de semana de muertos del año 2000. Tres noches fenomenales en la playa con Moby como figura estelar el sabado en la noche. Tres noches hasta sus amaneceres con la participacion de mas de 40,000 personas que participaron en la celebracion cada noche hasta el amanecer, sin un solo, UNO SOLO, incidente negativo. La costera, en aquellos años preCalderonistas de paz, era un espectaculo similar a Ibiza o a SXSW con jovenes por todos lados ataviados al estilo raver avidos de exposiciones musicales en los bares y restaurantes de Acapulco, preparando el terreno para la ceremonia de cada noche.

 

En el año 2007 comenzamos a fraguar la idea de una estacion de radio por internet al ver el avance que estaba teniendo al conectividad con el desarrollo del wifi y la portabilidad limitada. En 2009 iniciamos el trabajo serio con el objetivo de salir al aire, y por fin en 2010, hace exactamente 7 años comenzamos esta ‘Segunda Odisea’.

 

 

De entonces a ahora, como todo buen proyecto, hemos navegado por todo tipo de mares. Conflictos internos que modificaron la sociedad inicial, el fallecimiento de uno de nuestros mas importantes colaboradores, la lucha desde un inicio contra los ladrones de ideas y conceptos, mudanzas de instalaciones, reorganizar el negocio una, dos y tres veces, retomar el proyecto inicial y aterrizarlo en los terminos en que fue diseñado, y asi llegamos al año 2015 en donde, con la cabeza en orden y las ideas claras, pudimos colocarnos en la situacion de negocios a la que hubieramos aspirado tres años antes y que los contratiempos humanos nos retrasaron.

 

Pero, como hemos aprendido de la historia recurrente, con la mirada fija en el objetivo, los acontecimientos siempre tienen una razon, al final del dia, para acomodarse de la forma en que son necesarias para el exito del negocio. Y asi sucedio. Toda la historia de navegacion del proyecto llego a su mejor puerto cuando en mayo de 2015 inciamos esta fase de consolidacion con la incorporacion de un socio inversionista que dio la certeza, vision y direccion financiera para convertirnos en una autentica corporacion en desarrollo. Desde ese 2015 hemos dado pasos solidos en esta nueva fase del negocio hasta consolidar nuestro modelo y convertirnos en la estacion lider de Mexico por Internet.

 

Hoy, con base en la idea primaria de esta nueva aventura y que fue desarrollar pioneramente este nuevo canal de comunicacion con la vision clara de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado de la transformacion de los paradigmas de comunicacion, sentimos la fortaleza de estar contribuyendo en el nuevo dialogo horizontal que se ha gestado con las herramietas que nuestro nuevo terreno de juego nos ha dado a todos. Con esta vision complementaria y contribuyente a las propuestas de un nuevo entorno mediatico desafiante, nos vemos avanzando en la construccion de una nueva forma de entendernos, a nosotros, a nuestra comunidad, a nuestra nueva realidad, proponiendo siempre el futuro como unica alternativa de cambio. Como siempre ha sido Rock 101.

 

Estrenamos pagina, evolucionamos nuestras apps, nuestros servicios, la calidad de nuestro stream, la calidad y variedad de nuestros contenidos. Y entramos de lleno en la pelea mediatica de Mexico en 2017 reforzando nuestra creencia en la comunicacion humana como factor indispensable para crear una y otra vez el fenomeno de la soledad compartida, el dialogo permanente que se da entre cancion y cancion, el intercambio permanente y enriquecedor de ideas con la comunidad con quien compartimos este exito todos los dias.

 

Gracias por 7 años de esta aventura, de esta odisea, y bienvenidos juntos a este viaje al gran futuro de la comunicacion alternativa, transformando el mainstream para siempre.

Yo dije que no… Café Tacvba dijo sí

México es más un país de mitos que de leyendas, aquéllos vertidos por dos tipos de personas: los ignorantes o los que quieren un país de ignorantes. Si, por ejemplo, las cifras de diagnóstico de cáncer mostraban un incremento leve pero sustancial que coincidía con el aumento en las ventas de los hornos de microondas ya, per se, los hornos de microondas provocaban cáncer pero de todas formas nadie dejaba de utilizarlos.

 

Eso en términos de salud pero también en cuestiones musicales México colecciona, y hasta presume, algunos mitos; a saber de algunos:

a) Grupo que anota un jonrón se vende.

b) Caifanes fue el mejor grupo de la historia de la música popular mexicana.

c) En gustos se rompen géneros (ustedes disculparan la frase hecha).

 

El inciso “c” es evidentemente un mito porque si fuese verdad todo el mundo escribiría de música y no se trata de eso, porque si bien las sensaciones que provoca toda manifestación artística tienen que ver con el gusto, éste no siempre es atinado y requiere de un guía –de ahí que existamos los analistas– para que los espectadores no confundan reguetón con arte. El inciso “b” más que un mito es una grosería y el inciso “a” me lo tragué con carnada, anzuelo, sedal y caña.

 

Y todo aquello me refiere a dos palabras con las que alguna vez no estuve de acuerdo: Café Tacvba. Y es que el fin de 2016 coincidió con un nuevo acercamiento personal hacia la música de los cafetos por medio del sencillo ‘Futuro’ y del libro biográfico que recientemente publicó el maestro Enrique Blanc.

 

Comenzando con el sencillo sentencié, después de escucharlo una docena de veces mientras procrastinaba la vida y lo publicaba en Facebook, que seguía apendejado con el video, simple pero agradable visualmente gracias a esa textura de cómic oscuro, y con la manera como estos tipos habían lustrado y engranado las bases de una simple cumbia. Arrabal con luces de neón, pensé, utilizando una imagen muy ochentera, y luego aseguré, sin temor a la crítica, que, para variar, estos tíos labraban otro caminito, otro punto de fuga para alcanzar el nivel de un ejercicio similar al que habría conseguido Kraftwerk versionando, por ejemplo, el ‘Yiri Yiri Bom’ de Silvestre Méndez, en versión de Beny Moré. Y hermano ambas canciones porque el Yiri Yiri Bom lo escuché en mi niñez hasta el cansancio ya que mi abuela de sangre francesa estaba loca por las cumbias más oscuras con sabor a vudú.

 

“No es vanguardia, es una cochinada simplona”, dijo quien abanderó la avalancha de reclamos generada por mi atrevimiento. Si bien es cierto que desde finales de la primera década del siglo XXI esto se hacía con regularidad, no se trataba de un hecho aislado sino de una consecución dictada por las nuevas formas de hacer música (Sonido Gallo Negro, por ejemplo). Así, mientras que en el caso de CT se trata de una ocurrencia típica que forma parte del crisol tradicional de los de Ciudad Satélite, un guiño entre muchos otros gestos diferentes, para Sonido Gallo Negro la cumbia electrificada era un todo.

 

 

A Café Tacvba lo conocí a finales de los ochentas gracias a un cassette pirata comprado en el Tianguis del Chopo que me prestó mi amigo Raúl, con quien en esas tiernas edades formé un dueto de DJs llamado Los Elegantes, y me pareció la perfecta excusa para retomar esa educación oscura proveída por el Yiri Yiri Bom mezclada con algo que era rock pero al mismo tiempo no. Era como The Cure en cantina con rockola de cinco pesos. Luego los vi en directo en La Última Carcajada de la Cumbancha (LUCC) con un sonido esquelético y venenoso y me fasciné tanto como mi papá la primera vez que los escuchó en ese cassette Sony de 60 minutos. Y precisamente lo que me gustó de ellos –a diferencia del sonido de Maldita Vecindad y Caifanes que sin ser malo era evidente– radicaba en que tomaban elementos de mexicanidad urbana poco apreciados en el circuito elitista del rock, les escupían, los metían en una pica lica Moulinex y te sorprendían.

 

Hace unas semanas, como invitado en la cabina de Rock 101 para hablar sobre la muerte de 2016, referí que no defendía nada de la nueva música porque me parecía algo que ya había escuchado muchas veces en distintas décadas. No obstante, ante ese aparente lustre y la asepsia del sonido actual ‘Futuro’ me parece lo más refrescante hasta ahora tanto como me lo pareció en su momento el ‘Turn on the bright lights’ de Interpol.

 

Sin embargo, después de que CT grabara su primer disco con Warner me alejé de ellos mentando madres por haberse “vendido”, por haber suavizado su sonido y porque el ejército de fans parecía no entender, más allá del análisis de la masa, lo que estaba sucediendo. Con esa mentalidad negativa que duró unos lustros entrevisté a Meme y Rubén en la terraza de un hotel de cinco estrellas dos días antes de su concierto en el Zócalo y me hablaron precisamente de la manera como enfrentaban a la brava los paradigmas del pop nacional, un ingrediente esencial en su derrotero. “Ven al concierto y tu idea va a cambiar”, me dijo Meme y me entregó un gafete all acces. Dos días después le di la razón y, si bien hay canciones que no tolero ni en los peseros, reconozco que el inciso “b” es un mito porque las necesidades del escucha nacional están bien saciadas y arropadas por CT. Así que las críticas negativas de quienes no son analistas musicales me vienen guangas.

 

Por otro lado, el libro de Enrique Blanc condensa en 352 páginas un argumento innecesario pero iluminador para explicar los motivos del grupo y, logrando lo que no pudo el documental Seguir siendo, ilustra el camino que siguió el pop nacional a partir de su llegada a los escenarios en sus cinco sentidos y sin caudillos mentirosos, aglutinando en perfecta sincronía a todas las clases sociales en tugurios como LUCC, Rockotitlán o El 9.

 

Finalmente, en algunos casos, para conocer los motivos de ciertas bandas es necesario recular en su historia, darle al arte de YouTube y reconocer los errores propios cegados por el gusto personal, no obstante, con CT basta con escuchar lo que van liberando poco a poco para darte cuenta de la importancia de su sonido en la historia y de los cientos de malos émulos que presumen de vanguardia. No todo es guitarrazo, ya se los he dicho, pero parece que nadie lo entiende.

 

Un, dos, tres por la movida española…

Para papá (QEPD) por ese concierto de Danza Invisible

Los golpes de carácter que Francisco Franco asestó a la sociedad española con su mano ultraderecha y facha se encontraron con un vendaje por demás encantador en una avalancha pop que da sus primeros pasos con Raphael y estalla, casi una década antes de la muerte del dictador, con la aparición de Miguel Ríos.

Como en una crónica de película negra, la contracultura en España taladraba túneles en el subsuelo para repartirse en forma de fanzines y, lentamente, fue invadiendo los canales controlados por la censura del gobierno. ¿Nos suena conocido?

Afortunadamente el tono trovador, utópico e idealista de personajes como Joaquín Sabina y el artista multitask filipino Luis Eduardo Aute cedió un espacio importante a agrupaciones festivas, divertidas e irreverentes que pringaron aquel movimiento primigenio con un balde multicolor que dio forma a la movida madrileña condonada por los antiguos y heredada al pop elemental que la manejó con maestría.

Fue tal la potencia y la sobrada calidad de aquellas bandas ochenteras de estridencia controlada que hallaron un nicho bárbaro en algunos oídos educados de México, gracias a las ventajas de la promoción de las disqueras que los firmaron a pasto, y que hacia este país fueron exportadas bajo el marbete de Rock en tu Idioma aprovechando precisamente dicha prerrogativa. Una ocurrencia mercantil que fue un oasis para quienes estábamos hartos del sonido falsamente urbano de Alejandro Lora y El Tri.

No obstante, los análisis poco acertados de los cronistas más rudos de la época ubicaban la llegada de bandas como Alaska y Dinarama, Hombres G, Paraíso Perdido, Olé Olé, Radio Futura, Nacha Pop, Orquesta Mondragón y hasta del cantante Miguel Bosé, por mencionar pocos, dentro del mismo paquete de música por encargo suscrito por Luis de Llano. Tristemente, el sello Rock en tu Idioma sigue siendo víctima del escarnio de quienes encontraban aquella música demasiado blanda pero también muy complicada porque, dentro de todo y disculpándolos por la fuerza, o por lástima, sus oídos no estaban educados y ellos mismos le temían a la brillantina y el maquillaje Max Factor.

Sí, esos mismos cronistas que posteriormente se rindieron ante las trompetas de Caifanes sin detenerse a pensar que el impacto que la movida tuvo en México y sus músicos derivaba en ello, porque, hablando de mimetizar la idiosincrasia con el pop, no había mucha diferencia entre lo que hizo Caifanes y lo que ya habían hecho, por ejemplo, El Último de la Fila y Radio Futura. ¿Por qué? Porque la música es arte, pero también un negocio, y era importante comenzar a dotarla de categoría.

Bandas como Neón, Pedro y las Tortugas y Bon y los Enemigos del Silencio facturaban un pop elemental aderezado con el estilo ibérico que acomodó su columna vertebral durante esa movida madrileña que permeó hasta convertirse en la movida española.

Pero no todo se reducía al pop elemental de grandes grupos como Nacha Pop y Los Secretos sino también a la llegada de bandas de culto como Aviador Dro, la cual es mencionada como una gran influencia para la aparición del movimiento electrónico de Tijuana. En el libro ‘Variación de Voltaje’ (Claustro de Sor Juana/Deleátur, 2013), Ramón Amezcua “Bostich” refiere el sonido de Aviador Dro, combo madrileño de electro, como un aporte determinante y relata cómo un monstruo como Gustavo Cerati estaba fascinado con el sonido tijuanense generado por el cigoto de Aviador Dro, una banda de territorio español, justamente el país de habla hispana en el que Soda Stereo jamás pudo replicar el cruzado a la mandíbula que impactó a América Latina.

Uno de los principales canales de difusión para este estilo musical que seseaba fue el programa de radio RockOlé, transmitido en WFM y conducido por Giselle y Billy Trainor, en el que lo mismo escuchabas a Las Ruedas (de tendencia izquierdista), Miguel Bosé, Mecano, Los Burros, los hermanos Cano, Orquesta Mondragón, Diego y Ramoncín. Una emisión con tal influencia que permitió que, en aquellas épocas, Danza Invisible y Nacha Pop coparan hasta la última fila de la Plaza de Toros México el 20 de febrero de 1988 en un concierto de antología cuando en México no había cultura para conciertos.

Cuando terminaba la secundaria en el barrio de Coyoacán, mi amigo Raúl y yo atacábamos un bar subrepticio con piso de tierra ubicado en un callejón de la zona, que tenía la decencia de permitirte poner música, y colocábamos en la pletina cassettes con música derivada de la movida española, ésa que al principio llamaban “fresa” y que, posteriormente, era muy solicitada a ese dueto de DJs adolescentes al que bautizaron como “Los Elegantes” por ir de saco, corbata, bermudas y botas de minero. Esa música extraña, también, garantizaba el acceso a las niñas. 😉

El impacto que tuvo la movida española en México no debe verse como un fenómeno menor para determinar no sólo el sonido de algunas bandas nacionales sino también el gusto educado de quienes aprecian la calidad en los primeros acordes y el que grupos españoles herederos del estilo como Columpio Asesino o Los Planetas encuentren una aceptación extrema de parte de quienes exigen calidad y no sólo guitarrazos sin sentido.

Así es que ¡gracias Bosé, Auserón, Gurruchaga, Raphael, Massiel, Ramoncín, Vega, Olvido, Fernández Abel, Urrutia y etcétera…!

Música, literatura y su alternativa hipertextual

El año pasado, poco después de estas fechas de fríos otoñales, para celebrar un bonito reencuentro y una, digamos, “travesura” que tardé 20 años en concretar, me hice de dos libros de música para engrosar mi muy selecta colección: Cerati’ y ‘Vida y música’ de Alejandro Marcovich, una biografía y una autobiografía; dos músicos argentinos; dos guitarristas, principalmente, aunque también multiinstrumentistas. Uno cambió el sonido del rock latinoamericano y otro le otorgó un sello muy especial, de madurez compositiva, a la banda más importante de rock mexicano (si es que alguna vez ha existido dicho término). Y los degusté más que otras personas debido a que eché mano de ciertas pausas digitales que conformaron una alternativa hipertextual.

Anteriormente, para sentarte a leer un libro por gusto era necesario establecer un ritual que incluía música sin poder de distracción (música conocida cuya presencia sirve de mero colchón para la lectura), una taza de café, té, o una copa de vino, buena luz, de preferencia natural, y un buen tiempo de ocio para apagar algunas áreas del cerebro y dejar las esenciales de los hemisferios derecho e izquierdo para esquematizar y procesar la información, respectivamente. Hoy en día, además de lo cardinal, conviene tener a la mano un par de audífonos y un dispositivo móvil con acceso a internet, específicamente a Google y YouTube.

En 1995, la fallida escritora Laura Esquivel publicó un libro llamado ‘La ley del amor’, una payasada abismal y pretenciosa que prometía ser una lectura multiformato que incluía un cómic y un disco compacto con los que ibas alternando la historia. Terrible. Como experimento tuvo un resultado estéril e incómodo por la portabilidad. Aunque se agradeció ese esfuerzo que derivó en gracejo, también se le consideró un abuso hacia los lectores incautos, obnubilados por el éxito de ‘Como agua para chocolate’.

Cuando era analista musical en medios como Rock Stage y El Universal hace poco más de una década, los cronistas de vieja guardia lamentaban que los analistas de entonces utilizáramos las ventajas de internet como herramientas de consulta y cruce de información, y para estar más cerca de los músicos y artistas que aplaudían la reducción de distancias para poder llevar a cabo una entrevista que, de mantenerse las formas añejas, habría tardado mucho tiempo. Resulta curioso que dichos cronistas fuesen aquéllos que traducían entrevistas completas de revistas extranjeras para publicarlas como propias.

La utilización de nuevos elementos para acompañar una lectura funciona más con biografías y libros dedicados a la música porque con tantos datos y nombres aparentemente desconocidos, es enriquecedor hacer una pausa y buscar, por ejemplo, quién es Adrián Taverna, también conocido como el “Cuarto Soda” por ser el encargado de sonorizar los conciertos de la banda y por ser un amigo esencial de Gustavo Cerati. De esa forma, a manera de hipertexto, es posible no sólo conocer la catadura del tipo sino revisar su currículum y hasta hallar su página en Facebook y decirte: “¡Demonios, el pibe no es como me lo imaginaba!” También es interesante confirmar que el grueso de las novias y esposas de Cerati parecen hermanas y tienen un deje de similitud con su madre Lilian en su juventud.

 

Pero este ejercicio no se limita a la lectura, ya que, mientras observamos una película como ‘Jimi: All is by mi side’ (John Ridley, 2013), podemos confirmar si Imogen Poots, la actriz que caracteriza a Linda Keith (conocida groupie y ex novia de Keith Richards que estaba infatuada con Jimi Hendrix), realizó un buen trabajo: ¡caso cerrado!

Las posibilidades son infinitas y permiten enriquecer el conocimiento. No obstante, si bien gracias a los blogs cualquiera pretende ser periodista, es necesario ejercitar el músculo del análisis para no sólo repetir, con otras palabras, lo que alguien más ya escribió.

Se trata de ser auténticos en todo sentido y generar no sólo un criterio propio sino intervenir en el criterio de los demás; ahí la diferencia entre cronistas y analistas. Porque la música, y la cultura en general, no se quedan únicamente en una consecución de notas secuenciadas perfectamente sino van más allá, se trata de aprender a rascar en todos los recovecos posibles para poder ejercer opiniones informadas y entender, por ejemplo, por qué se le ha dado el Nobel a Bob Dylan y no a Murakami, y saber responder con efectividad cuando te atacan por no gustarte Juan Gabriel ni considerarlo un fenómeno musical, si es el caso, a lo que yo respondo: “¿Tengo cara de que me guste? A mí me gusta David Bowie”. Pero para eso es importante conocer y tener bien ejercitado ese músculo que nos hace diferentes.

Un DJ en cada hijo te dio

Abraxas, Ruidos de la Noche, Asfixxia, Falsa Alarma, Caravan, La Bruja, Bellum y Cráneo son los nombres de algunos grupos de rock que se movían a nivel subterráneo en el circuito de fiestas y bares de Coyoacán, Villa Coapa y, en algunas ocasiones, la colonia Condesa antes de ser chic.

A mediados de los noventas era común que en cada cuadra de cada barrio hubiese un grupo de rock ensayando éxitos de Nirvana, Metallica, Offspring, Iron Maiden y Caifanes, por mencionar algunos ejemplos, que serían presentados en alguna fiesta de fin de semana, algún evento partidista de cualquier color o, si había suerte, en un bar como apoyo del grupo estelar. No te pagaban pero había barra libre.

Entonces no había mucho apoyo para que las bandas de garaje se atrevieran a componer su propio material, y en muchos casos tampoco existía el talento para ello, pero sí para versionar y, en algunas ocasiones, mejorar el sonido de un éxito ajeno. El problema radicaba en que todos querían ser Caifanes o Héroes del Silencio pero las capacidades daban solamente para llegar a ese callejón sin salida.

Por lo general las bandas se formaban en los grupitos de chicos que se juntaban en las esquinas y las banquetas a escuchar música o contar anécdotas mientras rebajaban un cartón de cerveza y de pronto alguien tocaba la batería, alguien más la guitarra, otro se animaba a cantar y nadie quería tocar el bajo. Tocar el bajo parecía un castigo para el guitarrista: “El que pierda el volado va a tocar el bajo”.

Y así, por inercia, se corría la voz de barrio en barrio y de pronto había una junta de bandas en la casa de alguno de los músicos, mientras la mamá preparaba café, y se organizaba la primera tocada. Parecía una de esas reuniones cumbre de la mafia italiana en algún restaurante llamado, digamos, El Vesubio.

La formación básica no pasaba de dos guitarras, bajo, batería y una voz; al grupo que tuviera teclado se le consideraba afortunado aunque demasiado pop. Entre todos se prestaban algún platillo, o un bombo, o amplificadores y hasta cables. Había mucha camaradería pero poco trabajo en equipo.

Aquello habrá durado hasta principios del siglo XXI, gracias a la llegada de la tecnología casera porque de pronto las bandas redujeron la cantidad de miembros, algunas desaparecieron y otras se quedaron en ese limbo que se reduce a los bares de Villa Coapa.

 

Entonces vino otro fenómeno, aupado por el énfasis de la música electrónica, y de pronto algunos de aquellos músicos se convirtieron en DJs. La mayoría de los que conozco, y yo mismo, pertenecimos a una banda de rock. Músicos desencantados por la escasez de oportunidades y el sistema caníbal, las diferencias musicales irreconciliables y la necesidad de destacar rápidamente porque un buen DJ no se da en todos lados y, suscribo, es más cómodo trabajar en soledad.

Los DJs reciben críticas debido a una presunta escasez de conocimientos musicales de parte de quienes nunca estuvieron en un grupo de lo que sea. No obstante, resulta curioso advertir que un músico honesto y con capacidades reconoce la necesidad de oído musical y destreza corporal y mental para poder ser un buen DJ o productor de música electrónica. No todo es apretar botones o mover perillas.

Por desgracia, a esto se suma la desvalorización de la música electrónica de parte de quien se presume amante del guitarrazo y las power ballads, y principalmente de aquéllos que a pesar de haber tenido una guitarra en sus manos jamás lograron extraerle un sonido coherente.

El ser humano civilizado, quiéralo o no, está rodeado de DJs en el transporte público, las fiestas, los bares, los conciertos, la calle, los clubes de strip (yo comencé a mezclar en un club de strip al que le cayó la redada); pero también el DJ (o selector) tiene una gran carga social porque es el responsable de difundir la música que, si nos engancha, escucharemos el resto de nuestras vidas.

 

Ahora, al parecer, hay un DJ en cada cuadra y poco a poco, ellos solos, van forjándose una escena a diferencia del circuito subterráneo de rock que se circunscribe a un coto cerrado cuyo pasaporte requiere la amistad de algún iniciado.

Inclusive, el DJ ha superado la demanda porque en las fiestas y reuniones se opta por un par de DJs de diferente estilo en lugar de un grupo de rock al que, en todo caso, se le considera como ruido.

Por desgracia para las necesidades de escuchar un sonido vanguardista, el efecto Caifanes ha permeado a los grupos que hoy en día se disfrazan de tributo o pretenden tocar música original bajo ese pastiche etiquetado por Saúl Hernández que denota, en la segunda década del siglo XXI, estancamiento creativo, algo que no ves en un DJ o productor. Para que vean que no todo es apretar botones.

El universo alterno de los audífonos

Una analista musical de sobrada sapiencia, y a quien respeto mucho, me comentó alguna vez que cuando salía a la calle y se montaba en el transporte público, esa suerte de empresa que emula un videojuego de vida o muerte, se “encerraba” en el universo de sus audífonos.

 

Por su parte, una histórica exprostituta y madame holandesa que devino en escritora, señala en uno de sus libros que siempre prefirió sus propias fantasías que el contacto con personas reales porque de esa manera conocía a una mejor clase de personas.

 

Fantasías y audífonos cumplen la misma tarea de aislamiento hermético para el goce personal del interfecto y provoca en el espectador casual una especie de misterio morboso por saber una cosa en cada caso: “¿qué carambas estará pensando esta mujer que por más que intenta no puede borrarse la sonrisa?” y “¿qué rayos vendrá escuchando el tipo con la camiseta de NOFX?”

 

Hace algunos años levanté un censo no oficial, porque solamente tomé notas mentales, sobre lo que venían escuchando las personas que me encontraba en el metro o el microbús. Hoy es más difícil porque, por lo general, la gente viene de mal humor y el contacto social cada vez cotiza más bajo en la bolsa de la convivencia. Inténtenlo si quieren. Lo que yo intentaba hacer era casar el gusto musical de la persona con su imagen externa y casi siempre mis premoniciones fallaban.

 

Alguna vez deduje que en una relación sentimental con promesas de futuros compartidos lo más importante es enamorarse de los defectos y no de las virtudes porque éstas se dan por hecho y los defectos suponen un reto mayor. Gracias a eso también aprendí a advertir la belleza en donde no es tan evidente. Lo mismo sucede con la música.

 

 

Durante este censo improvisado descubrí que el gusto personal, ese que traes desde la cuna o que has ido forjándote con el paso del tiempo tiene su estado de mayor frecuencia en casa o con los amigos, pero los llamados pecados musicales, que en efecto lo son, buscan el resguardo de los audífonos, o bien de las fantasías inconfesables.

 

Al explicar mi trabajo como analista musical y periodista, aquellas buenas personas admitieron que lo que escuchaban no siempre era acorde con su estampa. Así, el encorbatado cajero de banco peinado con gomina como un violinista de convento confesó venir escuchando a Carcass; el ama de casa con bolsa de mandado y delantal se destrozaba las neuronas escuchando el lado menos decoroso de Caifanes; y el joven sacerdote traía en su walkman (sí, un walkman) un cassette (sí, un cassette) con los grandes éxitos de Mecano. Lo interesante aquí es que no creo que el buen cajero compartiera sus gustos durante la comida de fin de año de la sucursal, o que el ama de casa confesara a sus hijos que le gustan las terribles trompetas de ‘La célula que explota’, ni que el cura ambientara la segunda lectura según San Pedro con ‘Mujer contra mujer’ en la voz de Ana Torroja, no obstante, era una buena manera de conocerlos.

 

Constantemente, quienes se escudan en el pudor, no reconocen sus pecados ni sus filias delante de su comunidad, porque eso significa alejarse de los preceptos de su círculo, sin embargo, todo indica que, como buenos pecadores, se la pasan mejor que otros. En la película ‘Chocolat’ (Lasse Hallström, 2000), el padre Henri, interpretado por Hugh O’Conor, es atrapado cantando y bailando y levantándose las enaguas al ritmo de Elvis Presley mientras barre los patios de la iglesia, llevándose una reprimenda del cuadrado y al final pecador Conde Reynaud (Alfred Molina).

 

 

Nada puede ser más oprobioso que ser cazado en falta escuchando algo aparentemente prohibido por nuestro círculo pero al mismo tiempo se siente una especie de alivio liberador que te orilla a montarte en esa actitud chilanga y bravera de “sí, me gusta la cumbia colombiana, ¿y?”.

 

Al mismo tiempo, dentro de la dinámica existe un fenómeno en ocasiones percutido por el ímpetu de la fiesta o las cucharadas que traemos encima, de soltar las amarras de la vergüenza y gritar como niño de la lotería: “¡pónganse algo de José José que mi corazón necesita compensación!”.

 

Inténtenlo porque, al final, es dar a los demás algo más de nosotros mismos, brindarse entero a pesar del escarnio porque los pecados son pecados pero los pecadores la pasamos bomba. Todos. Y no hay nada más enternecedor y duradero que ver al metalero de cabellos como modelo de L’Oreal penando porque después de ser tormenta y tornado ahora es volcán apagado.

 

Y ustedes, ¿cuándo?

Caifanes trabaja en un nuevo disco

Hace algunos meses Luis Gerardo Salas se reunio con Saúl Hernández en El Juglar, Rock 101 fue uno de los pocos medios invitados a platicar abiertamente de muchos asuntos pendientes en Caifanaes, compartimos con ustedes aquella entrevista al aire y en la página, ahora les mostramos lo que no fue una simple sesión de preguntas y respuestas, sino una conversación que a través de las imágenes nos permite observar a un vocalista que en carne viva habla de los conflictos y cambios, la gloria y la nostalgia, pero que nos da la noticia de un nuevo disco.

Residente 101 – Alfonso André

Disfruta ver a los cirqueros y prodigios de la batería, aunque considera que es un instrumento importantísimo para construir una canción, porque debe estar al servicio de la canción y no para lucir al baterista, Alfonso André en realidad está enamorado de las canciones, para él una buena melodía y una buena letra son lo más importante. Antes de cerrar el 2015 lo teníamos en la agenda de Rock 101, sabíamos que ya trabajaba en su playlist y sospechábamos que escucharíamos a King Crimson, Japan y algo de su disco ‘Mar Rojo’, sin embargo un suceso cambió la banda sonora que decidió compartirnos el lunes 18 de enero, una semana antes falleció David Bowie, una de sus más grandes influencias: “era un tipo que trasgredía todo, siempre estaba inventando cosas nuevas, haciendos statements artísticos a través de su música y su manera de vivir”.

Tiene su primer disco David Bowie, es un poco extraño, ese la verdad no me gusta mucho, tengo que reconocerlo, es del 71 el disco que yo descubrí, obviamente yo fue en ese año, estaba muy chico, estaba seguramente escuchando a los Beatles, pero a Bowie lo descubrí en la prepa. El primer disco que me pasó un amigo fue Hunky Dory, me costó trabajo al principio, poco a poco le fui agarrando la onda hasta que se convirtió en mi disco de cabecera.

Hay un homenaje digamos a Bowie muy marcado en una canción, que ya me la han cachado varios fans. Me dicen “oye, el ritmo de esta canción es igualito” y si, fue totalmente voluntario, hay un beat del primer sencillo de mi disco que se llama ‘Suelta’ y la rola es un quitarse el sombrero ante David Bowie y ‘Ashes to Ashes’, es el mismo beat o muy parecido en la batería y el bajo, fue una forma de rendirlee un tributo a alguien que todos admiramos, incluso de Federico Fong, el coautor de esa canción junto con Chema (Arreola), adoramos esa canción. Una cita de Bowie en esa canción, que no se parece nada a ‘Ashes To Ashes’, pero el ritmo fue inspirado por esa canción.

 

 

28 años

Exactamente en un jueves 19 de noviembre abrimos Rock Stock. Una idea trabajada a lo largo de prácticamente todo ese año de 1987 motivada por la necesidad que sentíamos de un lugar en el cual exponer toda la tendencia musical que presentábamos desde 1984 al aire. En un México muy diferente y encasillado en sus propuestas de noche, existían propuestas atrapadas en la convencionalidad comercial y que no se decidían a salir de la influencia disco: El Magic en la frontera con el Estado de México, el News en el Pedregal; propuestas que buscaban nuevos mercados mas instalados en el “new wave”: Hysteria en Polanco y la Danceteria en la Zona Rosa; propuestas mas de carácter alternativo con un toque muy underground por el tipo de música que presentaban: El Bar 9 y el Tutti Frutti, mas parecidos a nuestro concepto musical, pero con infraestructuras muy limitadas. Finalmente, estaba el recién inaugurado Rockotitlan como el sitio diseñado para el apoyo de la producción nacional que estaba comenzando a entrar en los terrenos de Rock En Tu Idioma, movimiento del cual Rock 101 era precursor, pero atrapado en este arquetipo del rocker del cual queríamos desprendernos.

El concepto motor de Rock Stock fue crear un espacio que “concretara” lo que al aire estaba siendo Rock 101 desde 1984, no solo en el aspecto musical, sino también en una propuesta integral, que trascendiera la mera postura de moda, enfocados en el respeto a la cultura de vida que representábamos, que incluyera la calidad del servicio, la calidad del audio, la calidad del espacio, de alimentos y bebidas, enmarcados en una lógica vanguardista que rompiera con los atavismos trillados de los lugares mencionados, incluyendo aspectos como la no restricción en el estilo de vestir -lo cual recalcábamos con letreros viales de “no corbata” o “no tacones”-, y, muy importante, la no selección en la puerta. Con la música como convocante, el objetivo era diseñar un espacio que pudiera ser “arrasado” cada noche en el baile, en la euforia provocada por la selección musical y el ritmo de la noche -siempre en la estricta selección y curaduria característica de Rock 101-, por la cercanía con los músicos que prácticamente estaban rodeados por el publico en un espacio sin lujos, construido industrialmente para permitir todas las libertades “razonables” del publico.

Para el inicio de 1988 el lugar inicio su historia de manera categórica con la presentación de La Union en el primer concierto de escenario especial -que abarcaba toda la pista de baile- y que le daba esa sensación de adaptabilidad y respeto a la música, sello siempre fundamental del proyecto Rock 101. A partir de esa noche, y de la creación del “famosisimo jueves de mujeres gratis” el lugar mantuvo llenos permanentes en jueves, viernes y sábados hasta 1994.

En esos 7 años todos, absolutamente todos los grupos del movimiento Rock en tu Idioma pasaron por su escenario, incuyendo, entre muchas otras, las primeras presentaciones en Mexico de Joaquin Sabina, Caifanes, Charlie Garcia, Mana, Cafe Tacuba, y un gigantesco etcetera.

Una generacion enterita, y no exagero, paso por Rock Stock: artistas, musicos, politicos, empresarios, periodistas, estudiantes, activistas, escritores, actores, despistados que a la media hora estaban mas que adaptados a “la cantina de star wars” como me describio mi amigo Angel Gali el lugar, fascinado de la absoluta libertad y desparpajo con que todo mundo disfrutaba el lugar.

Lugar que ha vivido en el imaginario colectivo cargado de anecdotas, memorias, nostalgias, lo celebramos el dia de hoy reconociendo la aportacion que persistentemente hemos dado a la Ciudad de Mexico desde 1984. Es el legado que nos mueve a seguir creando, produciendo nuevas ideas, nuevos conceptos que continuaremos presentando siempre en la exploracion de satisfacer esas necesidades ocultas que la comercializacion excesiva e insensible ha pasado por alto. Conmemorar Rock Stock en una fiesta como la de hoy en la noche es nuestra manera de convocar al pasado para dar pie al futuro. Un futuro cargado de emociones, experiencias, leyendas y mucha historia, que apenas comienza, y, como siempre, a partir de Rock 101… y ustedes.

Caifanes – Palacio de los Deportes

Fotografía: Luis Gerardo Salas 

 

Mientras a mi lado un grupo de personas coordinaba un perfectamente coreografiado documental de teléfono móvil de cómo disfrutaban el concierto de Caifanes, mientras lo que menos hacían era ver a Caifanes (una escena que vi demasiadas veces repitiéndose a lo largo de las gradas), otras 19 mil personas llenaban el silencio de la voz de Saúl Hernádez con el grito masivo, la confirmación del culto a un grupo y la importancia de sus canciones a casi tres décadas de distancia.

 

Recientemente tuvimos en Rock 101 una entrevista con Saúl Hernández, afirmaba que el grupo había regresado al estudio y trabajaba en un nuevo álbum, el primero en más de 20 años, lo que me obligó a pensar en lo ocurrido en ese periodo de tiempo sin novedades y las múltiples diferencias entre la banda que vi por primera vez en las islas de Ciudad Universitaria y la que observé a través de los ojos de muchos el pasado viernes 11 de diciembre en el Palacio de los Deportes, incluso me hizo pensar en aquella extensión llamada Jaguares que apareció con mayor constancia en Vive Latino, el mismo escenario donde volvería Caifanes en el 2011.

 

 

El Caifanes de llenos totales es distinto, absolutamente diferente al que tocó en Ciudad Universitaria en apoyo a los estudiantes del CEU, aquella banda que se sumaba a múltiples causas y que realizó un sorpresivo concierto gratuito ahora es rebasada por la importancia de sus canciones, sus autores son el vehículo de las reuniones masivas donde la nostalgia es más importante que aquellos largos discursos que realizaba Saúl Hernández en tiempos de Jaguares y que ahora se reducen a la introducción que acompaña a ‘Antes de que nos olviden’, adecuándose a las diferentes épocas pero con el mismo discurso contra esos “hijos de la chingada” en el gobierno.

 

El grupo que vimos el viernes mucho menos es aquel que abría conciertos en el Hotel de México, pero de la misma forma hace que el público se una al primer aullido de ‘Mátenme porque me muero’, sin embargo aquel que hacía resonar su voz en espacios como el LUCC, Rock Stock y Rockotitlán ahora deja que el público sea la voz de sus canciones cada vez que encuentra la oportunidad, alguien me dijo en ese momento “de ahí viene el poder del karaoke”, pero el significado de orquesta vacía no se aplica completamente a una banda que provoca tantas emociones en el público.

 

 

En noche de caos de peregrinos guadalupanos llegando de todos los rincones del país a la Ciudad de México, Caifanes sale al escenario con cierto retraso, pero a tiempo para abrir el túnel del tiempo con la misma acertada selección de canciones entre cuatro discos que ha mostrado en los últimos años, con Diego Herrera dirigiendo los cambios desde el teclado para amortiguar la ausencia de la guitarra de Alejandro Marcovich. Sin perder de vista el telepronter que sigue recordando las canciones discretamente en el escenario, vamos de un recuerdo a otro, todos enganchados en la garganta del público.

 

A mi izquierda sigue el espectáculo de capturar todo porqué de no hacerlo podría no haber existido, mientras sigo colocando en borrador toda mi cobertura por ausencia de conexión a Internet, van apareciendo las razones por las que permanece el culto a Caifanes: es un grupo de tres generaciones.

 

 

El cariño no es gratuito, fue acumulado por las diversas expresiones culturales que se reunieron en esos cuatro discos. De principio a fin es evidente la acumulación de energía que se siente en ‘Debajo de tu piel’, ‘Los dioses ocultos’, ‘La célula que explota’, ‘Te estoy mirando’ y ‘Ayer me dijo un ave’, no hay falla, la respuesta es el espectáculo de emociones que viene del público, el cual tal vez no espera un nuevo disco, sino la constancia de la nostalgia.

Alejandro Marcovich: Vida, música y el constante movimiento

En los últimos días nos hemos vuelto a encontrar con la historia de Caifanes, pero como el conjunto de sus partes, a través de una historia oral que nos permite encontrarnos con los protagonistas, los instantes previos, el anecdotario al interior y los detalles que permiten que los músicos sigan evolucionando después de un proyecto.

El pasado martes 8 de diciembre Luis Gerardo Salas se encontró con el guitarrista Alejandro Marcovich, quien tras presentar ‘Vida y música’ en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, visitó la cabina de Rock 101 para platicar de su libro, el viaje desde Argentina, su desarrollo como músico y aquellos años en los que se armó de más tablas mientras trabajaba en el grupo de Laureano Brizuela.

Tanto en su libro como en la entrevista, se abordó su llegada a Caifanes, con su claro paso por Las Insólitas Imágenes de Aurora y los conflictos al interior que fueron una constante hasta el regreso de la banda en el 2011.

Sin embargo la entrevista que escucharán a continuación no es sobre la ruptura, es sobre las anécdotas que nos permiten conocer el momento en que escuchó la música de un grupo y descubrió que su guitarra era el complemento que faltaba, agregándola primero con la imaginación y después en la realidad; es una platica que nos sumerge en la conformación de una escena que se mantuvo oprimida en los 70 y creció con ansiedad creativa en los 80, pero sobre todo es una platica sobre transformar la palabra resentimiento en agradecimiento.

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