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Descansa en paz, Judy Blame (arreglaba a Boy George y Björk)

El diseñador iconoclasta de moda y joyería, estilista de Boy George y Björk, y causante del escándalo en el antro Heaven.

The Times nos recuerda que si caminabas sobre la rivera de Londres cuando había marea baja en 1980, existe la posibilidad de que hayas visto a Judy Blame pepenando en el lodo del Támesis y recogiendo los restos de la ciudad. Para el momento en el que la marea regresara, su bolsa estaría llena de pedacitos de trozos de metal, madera flotante, antiguas pipas de arcilla, huesos de orígenes inciertos y todas formas de otros “tesoros” descartados.

El diario británico explica que si te hubieras aparecido más tarde en el antro gay Heaven en Charing Cross, o en Blitz en Covent Garden, existe la misma posibilidad de que hayas visto a Blame utilizando objetos pepenados montados en fantásticos collares, extravagantes aretes, broches exorbitantes y otros artículos de joyería.

No tenía ningún miedo en usar algo que no era material clásico de joyería.

Porque no tenía ningún entrenamiento no tenía ningún parámetro.

Cuando no tenemos el dinero, debemos usar nuestra imaginación.

Las creaciones de Blame pasaron a llenar de accesorios las colecciones de diseñadores como John Galliano, Comme des Garçons, Moschino y Alexander McQueen.

Él arreglaba a Boy George, Björk, Kylie Minogue y Neneh Cherry, y trabajó en sesiones de fotografía de moda para revistas influyentes en 1980, como The Face o i-D.

“Él era un artista, uno genuino, alguien que podía elegir desechos culturales y después mezclarlo todo para crear algo nuevo”, dijo Dylan Jones, editor de GQ. “Él trabajaba en un mundo efímero, pero lo que creaba realmente lo valía”.

Sin duda el brillo nunca fue lo suyo. “No creo que un diamante sea mejor se un seguro, para mí es sólo una cosa o una figura. Veo la belleza en todo”, llegó a decir Blame.

Era un estético punk que significaba botones, pedazos de hilo, papel aluminio, ligas, llaves, plumas, corchos de champaña, clips, palitos de coctel y vasos plásticos de shot desechables eran parte de sus creaciones. Las tapas de botella hacían anillos fantásticos, mientras que un collar estaba diseñado de soldaditos de plástico rosas colgados juntos de una cadena. Otro incorporaba una lata de Coca-Cola aplastada por un auto, un comentario sobre nuestra sociedad desechable que le debía algo a su admiración por Andy Warhol.

Cuando trabajaba con Duran Duran en su video Wild Boys, él pepenó en los basureros de Hoxton por harapos, plástico descartado y otras piezas de basura para coserlas y convertirlas en disfraces de baile. En aquella ocasión la necesidad era la madre de sus inventos: había gastado la mayor parte de las 800 libras que la compañía disquera de la banda le había dado en speed (un tipo de anfetaminas).

Su trabajo fue exhibido en la V&A y fue sujeto de una retrospectiva e el ICA, cuyo curador Matt Williams lo describió como “un erudito e inspiración”, con una habilidad “para responder al residuo diario y transformarlo en un objeto o imagen que toca temas sociales y políticos pertinentes de su tiempo”.

Sobre todo, él creía que la moda era sobre “lucir diferente” y no tenía interés alguno en producir su trabajo para las masas. El look extasiante y andrógino del movimiento New Romantic que él ayudó a forjar era “un tipo de vanidad, pero también era una declaración que no querías ser como nadie más”. Como cualquier artista, su objetivo máximo era “obtener algún tipo de reacción.”

Amable, chismoso y generoso, él podría en sus días de juventud como monstruo de la fiesta creador de escenas también ser llamado diva sarcástica. En efecto, su honestidad algunas veces era demasiado refrescante. Tony Marnach, un amigo por más de 30 años, que profesionalmente es conocido como DJ Fat Tony, llamó a Blame “una perra retorcida y un gran amigo”, invirtiendo ambos sobrenombres con el mismo afecto.

Un experimentador entusiasta con químicos sin licencia, sus adicciones lo metieron a rehabilitación más de una vez pero hacia el final de su vida él desarrolló casi una figura paterna –aunque aún traviesa.

“Después de años de causar problemas, tomar drogas y experimentar cada parte de mi vida, parece que la cosa más radical que uno puede hacer hoy en día es cuidarse a sí mismo y a otras personas”, remarcó.

Aunque un determinado iconoclasta, él también mostró una inesperada reverencia por la tradición. “Inglaterra es realmente buena creando excéntricas cosas”, dijo. “Necesitamos regresar a eso”. El sentimiento pudo haber sido levantado de un manifiesto al movimiento de las artes y artesanías de un siglo anterior.

La capacidad de transformar lo mundano en algo espectacular –la marca de agua de su arte– fue reflejado en su propia reinvención. Nacido simplemente como Christopher Barnes en Leatherhead, Surrey, en 1960. Cuando tenía cinco, su padre, un distribuidor de metales preciosos, tomó un trabajo en Madrid y la familia se mudó a España.

Tenían sirvientes y fue enviado a una escuela privada donde aprendió a hablar español y francés fluido. Un sábado cuando su madre iba de compras, lo dejó en el museo del Prado, “A la edad de siete estaba pasando horas sentado en frente de Goya y Velázquez”, llegó a platicar.

La experiencia prendió su imaginación. Cuando la familia se mudó de regreso a Gran Bretaña, él tenía 12 –su padre tomó una granja a las orillas de Dartmoor– y encontró el aislamiento aplastante. La escuela en Exeter estaba a una hora en camión, odiaba el uniforme “porque me hacía lucir igual a todos los demás” y chocaba con sus profesores; él se consideraba más brillante que cualquiera de ellos.

El Glam Rock era su escape. Él cerraba la puerta de su cuarto, cubrió las paredes de pósters de Marc Bolan y David Bowie, e interpretaba a Ziggy Stardust hasta que la moda pasó. Sus dos hermanos se pusieron uniforme, uno se unió al ejército y el otro a la policía, pero el afirmaba que hubiera preferido morir en lugar de seguirlos.

Ya consciente de que era gay, se tiñó el cabello de naranja a la edad de 17 y se escapó a Londres para convertirse en punk. En su primer día en la capital visitó la tienda de Vivienne Westwood Kings Road y compró un par de pantalones con múltiples cadenas y ataduras. “Yo sabía que era aquí donde debía estar”, dijo.

Vistiéndose de los mercados de beneficencia y tiñéndose el cabello de un color diferente cada semana “hasta que una noche se cayó todo en pedazos al lavabo”, se desilusionó de la moda punk cuando “se volvió un uniforme” y se volvió uno de los primeros en adoptar lo que se convirtió en el look New Romantic.

Viviendo en un bloque de pisos en la Isla de los Perros, tomó un trabajo como guardarropas del recién abierto antro gay Heaven, vistiendo más extravagante que cualquiera de los clientes de quienes recibía los abrigos.

Cuando Richard Branson (creador del imperio Virgin y considerado uno de los mecenas del punk) se volvió el dueño del antro pensó que su asistente del guardarropas era tan escandaloso, que lo despidió en cuanto pudo. De todas maneras él ya era un icono del antro y alboroto asegurado. “Todas las chicas del bar dijeron: ‘¡Bueno, si ella se va, todas nos vamos!”. No solo fue restituido, sino que le fue dado su propio día a la semana en el antro, llamado Cha-Chas.

Una noche en el Heaven platicó con el director de películas Derek Jarman y, aunque “no funcionó en la cama”, se volvieron amigos. Bajo el patrocinio de Jarman conoció muchos de los más significativos influyentes de la escena gay de Londres, incluyendo al diseñador Antony Price, quién arregló a Roxy Music y le dio el nombre de “Judy”, después de Garland. El agregó el “Blame” porque sonaba “como un panquesito rubio-oxigenado de una película B” y quedaba con el espíritu hedonista del tiempo.

Él se encontró con Boy George en los antros de Londres e inicialmente eran rivales, “reinas perras” intentando superar al otro en escándalo, como él lo explicó.

Pero George comenzó a utiliza la joyería de Blame y le pidió arreglar su apariencia en los premios Grammy de 1984. Blame le prestó varios collares estridentes y otras piezas de razzle-dazzle de las que eligió. “Cinco minutos antes de que nos fuéramos,  aún no podía decidir, así que las usé todas”, dijo George. Entonces se tomó una fotografía con Joan Rivers y Joan Collins en una imagen que Blame orgullosamente describe como “la cosa más exagerada y falsa que has visto en tu vida”.

Trabajando con revistas como The Face y i-D, se aventuró a la arena política con sesiones fotográficas de moda con temas como la contaminación y la indigencia. Para el primero hizo que as modelos “lucieran como pájaros sacados del mar después un desastre de aceite”. El otro proyecto era más problemático; no era fácil transmitir un mensaje de indigencia con ropa de Galliano.

La punta de su influencia en la industria de la moda llegó en los finales de 1980 cuando ayudó a fundar la Casa de la Belleza y la Cultura, una colectiva avant garde. Tenía una tienda en una planta baja en Dalton, en el este de Londres, y un taller arriba, donde Blame, el diseñador de zapatos John Moore, el diseñador de ropa Christopher Nemeth y el fotógrafo Mark Lebon trabajaban juntos en “intentar cambiar la cara de la cultura contemporánea”.

La joyería de Blame permaneció en demanda entre los diseñadores de alta costura hasta el final, pero despreciaba a aquellos que le pedían revivir los modelos que había creado en 1980, prefiriendo “inventar un nuevo futuro”, dijo, en lugar de revolcarse en la nostalgia.

“Fue un punk hasta el final”, su amigo DJ Fat Tony dijo. “Siempre era dos dedos arriba hacia todos”.

 

Judy Blame, icono del estilo, nació el 13 de Febrero de 1960. Murió de causas desconocidas el 19 de Febrero de 2018 a los 58 años de edad.

 

 

Traducción libre de un texto publicado originalmente en The Times. 
https://www.thetimes.co.uk/article/judy-blame-obituary-px22p87fd

 

 

 

 

 

 

 

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