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Sonic Arsenal – Sonidos del resto del mundo

En cuanto se dieron a conocer los resultados del Brexit, se habló continuamente de la manera en que los actos británicos realizarían giras en Europa, se habló del impacto de su presencia o ausencia en diversos festivales, pero todo eso era ver el mundo hacia afuera del Reino Unido, poco se había discutido del impacto al interior hasta que el pasado fin de semana las restricciones pusieron en riesgo a Womad, el festival más importante de world music.

Peter Gabriel, quien fue parte de la fundación del evento en 1980, dijo: “el derecho a viajar por trabajo, por educación e incluso por placer ha empezado a restringirse y frecuentemente por líneas raciales y religiosas”. Las fronteras se cierran, los mundos empiezan a encogerse, sobre todo para un género como el world music, que nunca ha alcanzado el éxito comercial, sin embargo en medio de su propia complejidad, ha logrado sobrepasar ese nivel en el que todo cabe en un mismo lugar, liberando música que se niega a una simple categoría, que por cierto como etiqueta es la que más engloba y de forma absolutamente simplista.

A pesar de lo fácil que pueda resultar contagiarse con la música, existen dos términos tan ambiguos y tan difíciles de definir, que a principio de cuentas pensar en ellos ya se convierten en un problema básico. Alternativo y world music son dos palabras manoseadas continuamente, sin embargo la segunda se convierte en una etiqueta tan extraña, exótica y vaga, que desafía su propia clasificación. World music es un nivel inventado, llamémosle el lado positivo de la globalización.

El término fue creado en 1987 por algunos ejecutivos de ventas en Londres, para ayudar al marketing de esas grabaciones que no podían ser clasificadas tan fácilmente (la misma historia del término alternativo), o que por llevar la etiqueta de “étnico” o “internacional” no lograban penetrar con facilidad en el mercado. Las dos palabras inmediatamente se convirtieron en el cajón al que se podía aventar todo, al menos el 99% de los estilos que eran totalmente desconocidos para los estadounidenses y británicos.

 

Sin tener que encasillar el sonido en términos geográficos, que se podría resumir en Occidente y El Resto del Mundo, world music es la raíz de todo. Sus principales criterios son las tradiciones folclóricas y étnicas de la cultura de la que surgen, teniendo como principales exponentes a todos los países africanos, asiáticos y sudamericanos, que a pesar de la delimitación en el anaquel de discos, ha logrado influir enormemente en el 1% de la música con mayor éxito comercial. ¿Lo dudan?… sólo escuchen los últimos discos de los Beatles, algunas canciones de Led Zeppelin, Talking Heads, Blur, Dead Can Dance, Rolling Stones y por supuesto Peter Gabriel, así como algunos precursores del blues y jazz. Los rastros del mundo están por todas partes.

Toda esa “música extranjera” no es nada extraña para los oídos occidentales. Muchas décadas antes de que el género fuera nombrado, había múltiples crossovers entre formas de música étnica y la música popular de diversas épocas. Sí ahora el world music suena más global, es gracias al worldbeat (otra palabra de reciente creación), que no se refiere a ningún estilo específico de música, pero que fusiona estilos dispares, creando una forma globalizada, una perspectiva multicultural que llega a una audiencia mucho más grande. El resultado es un dance pop occidentalizado y al mismo tiempo salvaje.

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Los principales elementos de la cultura occidental pop y rock han logrado ese híbrido con la música de todos lados, llevando el sonido hasta varios niveles de increíble eclecticismo que pierde su sentido de espacio y territorio. Ritmos contagiosos y letras ligeras flotan sobre esos límites internacionales, olvidando la lealtad a su origen. Esa música es producida en cualquier parte, desde Nueva Jersey y La Habana hasta Japón, sin embargo a pesar de su complejidad nuevamente cae en esa simplista clasificación de música del mundo, que al paso de los años al menos ya no lleva colgado el estigma de ser música extraída de la cima del Himalaya, las selvas africanas, los desiertos arábigos o de los sombrerudos mexicanos dormidos a la sombra. Las imágenes y los sonidos abarcan mayores dimensiones en la actualidad.

En ese intento por llevar la mayoría de los sonidos del mundo a términos realmente globales, surgió un río colombiano convertido en casa discográfica y que ahora realiza expediciones en grupo a Cuba: Putumayo. El sello es producto del lema “música garantizada para hacerte sentir muy bien”, que mensualmente lanzaba recopilaciones que nos llevaban desde su sede en Nueva York hasta fusiones de jazz, rap, afro-pop, salsa, lounge, funk, cajun, rock en español y cantos arábigos, aptas para aquellos que no desean reventarse un largo viaje entre raíces y que logran una perfecta definición auditiva de lo que es world music, podríamos decir que se trataba de un viaje con guía y paradas muy bien establecidas, nada de meterse en lugares que se vean cochambrosos.

 

El término continúa siendo vago, imposible describirlo en tan sólo 700 palabras o con una serie de etiquetas como étnico, neo-tradicional, gitano, pop internacional, folk judío, trovas europeas, rock aborigen, salsa neoyorquina, ritmos celtas y electrónica con cantos gregorianos. No es el sonido más comercial y no todos los experimentos son fructíferos (algunos sonidos torturan al que los oye), sin embargo su autenticidad es una eventual fuente de inspiración, frescura y sustancia que otros géneros más populares desgastan continuamente.

Justo cuando apareció el término empezábamos a vislumbrar la globalización, muchos mundos al alcance de todos. Paradójicamente, ese mundo que Internet nos abrió con opciones a partir de la década de los 90, lo ha cerrado en los últimos años a través del miedo y el odio disfrazado de libre expresión que de muchas maneras ha tenido como resultado el cierre hacia ideas, tradiciones y culturas con algo tan simple como la negación de una visa.

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“Hay una Luna de Miel antes del lado oscuro”, dice el vocalista de Suede

Suede está relanzando el álbum debut que los convirtió en estrellas glamorosas en 1993. “Hay una Luna de Miel antes del lado oscuro”, dice Brett Anderson en entrevista con Jonathan Dean, de The Times.

La música pop es un juego de jóvenes, aparentemente, escribe Jonathan Dean.

Es una vida agotante, luego te dejan.

Para Suede, sin embargo, este ha sido un trabajo para toda la vida. “A medida que nos acercamos a la muerte”, el cantante de la banda, Brett Anderson, se inserta en seco en la entrevista. Es una buena compañía, un hombre muy alto, delgado y reflexivo con chispas en los ojos. Su chaqueta de cuero negro —su uniforme durante la década de 1990— está arrugada en una silla vacía.

En estos días, Suede relanza su debut homónimo en una lujosa caja para conmemorar su 25 aniversario. El álbum todavía suena fuerte y exuberante, con canciones como Animal Nitrate y The Drowners tan abrasivamente estimulantes como siempre: la música que marcó al guitarrista Bernard Butler como uno de los mejores de la época.

“No es un disco perfecto”, dice Anderson cariñosamente. “Pero sus defectos son agradables. Fuimos impetuosos, impertinentes, y captura eso”.

Jonathan Dean le preguntó al cantante —de 50 años el año pasado— si alguna vez previó el éxito a largo plazo cuando sólo tenía 25 años y nadie sabía quién era. “No lo imaginé”, dice. “Cuando eres joven, no puedes ver más allá del fin de semana, pero siempre he tenido una ridícula sensación de autoconfianza. Lo necesitas para estar en el escenario”.

Es refrescante que él no diga que su plan nunca fue ser grande, como lo hacen muchas estrellas falsamente humildes. “Eso es falso”, dice bruscamente. “Subir al escenario es una declaración de ‘¡Adorame!'”. Cara arrugada, se encoge de hombros, los huesudos hombros levantándose.

Britpop

En 1993, Suede lanzó Suede. Dos años después, la “batalla de Britpop” entre Blur y Oasis fue noticia. La banda de Anderson se unió a ese movimiento, lo que muestra cuán amplia era la etiqueta, dado que sus canciones de antorchas están tan alejadas de los borrachos que gritan estupideces. Los Suede son románticos. Urbanos, cuelgan lucecitas en vidas normales. Sin embargo, sin ellos, podría decirse que no hubiéramos tenido el bullicioso Cool Britannia, cuando Tony Blair saltó a la carrera de sencillos para aumentar su popularidad.

“Fue un período increíblemente emocionante”, dice Anderson. “En 1992, estábamos desempleados, en 1993, éramos parodiados en la televisión mainstream”. Él se refiere a un boceto de Spitting Image de una banda parecida a Suede que grita una canción a una pareja de mediana edad llamada Are You Getting Old or Are We Shite? En medio del grunge estadounidense, los medios británicos se aferraron a ellos como si fueran uno de los suyos. “Sentí que estábamos en el corazón de algo, aunque no sabíamos en qué se convertiría el movimiento”.

Mat Osman, el bajista de Suede —hermano de Richard de Pointless y un amigo cercano de Anderson desde la adolescencia, compartiendo su amor por los Smiths, Bowie y Pet Shop Boys— se sienta a su lado. Deja que su compañero de banda brille bajo el reflector. Si los historiadores necesitaran un portavoz de la música pop británica de mediados de la década de 1990, él lo haría bien.

“Fue especialmente difícil para nosotros porque no había nadie alrededor”, dice Osman sobre el año en que el debut de Suede se volvió el No 1. “Abrimos puertas al ser la banda que éramos. En términos de Britpop, no fue musicalmente que tuviéramos mucha influencia. Fue solo por esta idea que podrías ser una banda enorme y apasionada y aún ser genial. No tenías que convertirte en parte de lo principal. Podrías simplemente construir una nueva corriente principal “.

A principios de marzo, Anderson publicó una memoria muy bien recibida, Coal Black Mornings. Es poética y honesta, hablando de su vida antes de que Suede fuera firmado. En el libro, escribe que Osman es un hombre “amable y feliz”.

“Tenía que decir eso”, protesta Anderson.

Entonces, torpemente, le pregunto al bajista cómo es Anderson ahora. “Eso es incómodo”, dice el cantante con el ceño fruncido.
“Te diré una cosa”, dice Osman, cortando la tensión. “Todo lo que Brett ha hecho, lo ha llevado al límite. Ya sea una vida saludable o mala, o la vida familiar, él oscila entre los extremos “.

El hecho es que esos extremos se ajustan a la caricatura por la que Anderson es conocido— en el campamento o en el uso desenfrenado de heroína, es considerado un hombre que se convirtió en un nombre familiar, luego sucumbió a todo el brillo y la cuneta que el éxito puede ofrecer.

 


“Simplemente te metes en ello”, dice de la fama. “Es seductor. Hay una Luna de Miel antes del lado oscuro. ¿Cómo te cambia? Desarrollas personas. Alguien debería escribir un libro, Persona versus Persona, ya que me ha fascinado durante años— el abismo entre cómo eres percibido y tu verdadero yo. Una personaque es en parte tú se desarrolla, pero también una ficción creada por los medios. Tu personalidad se distorsiona. Es una dualidad fascinante”.

Le pregunto a Osman si fue más fácil para él, estar más en el fondo. “Fue una cantidad perfecta de fama”, dice. “Si alguien sabe quién soy, es un fanático. Si alguien conoce a Brett, es probable que sea porque no les agrada”.

“Ciertamente en 1993”, agrega Anderson.

Menciono al cantante de Blur, Damon Albarn. Es el único momento en que la habitación se siente helada.

En Coal Black Mornings, hay dos pasajes que claramente se refieren a Albarn, sin nombrarlo. No sólo era el rival principal de Anderson, sino también el hombre que salió con su novia Justine Frischmann después de él. Lo más irritante es que el autor afirma haber visto el borrador de Modern Life Is Rubbish que se convirtió en el innovador nombre del álbum de Blur.

Anderson mira hacia atrás. Él tiene una mirada intensa y ligeramente condescendiente. Pero esos fragmentos son sobre Albarn, ¿verdad? “La gente hará las suposiciones que quieran hacer”, dice rotundamente. “Pero prefiero hablar sobre lo que hay en el libro que de lo que no es”.

 

Justine

Frischmann es, entonces. Justine, como todos la conocen, está en todas las memorias. La única figura de culto restante del Britpop, la vocalista de Elastica dejó la música después de dos álbumes.

Esa elusividad cimenta una reputación, y cuando hablé con ella el año pasado, parecía una actriz interpretando el papel, tan distante de como la gente la recordaba.

Antes de Elastica, ella era miembro de Suede: Anderson, Osman, Butler, el baterista Simon Gilbert y Frischmann en la guitarra. Cuando rompió con Anderson, se escribieron al menos tres canciones de las sesiones de debut —To the Birds, Moving, Pantomime Horse— y ella todavía estaba en la banda.

“¿Qué tan incómodo era? Realmente extraño”, dice Anderson. “Fue una parte incómoda. No fue solo que nos separamos. Coincidió con ella siendo crítica sobre lo que estábamos haciendo. Ella desarrolló una voz disidente sobre las canciones más grandiosas. Ella quería que fuéramos una banda de punk, básicamente.

“Algo que no dije en el libro, sin embargo”, continúa, “es que estaba realmente orgulloso cuando Justine pasó a hacer algo grandioso con Elastica. Había orgullo profesional. No fue amargo. Era más como, ‘Eso es brillante’ “.

La nueva versión de Suede viene con demos. ¿Ella está en alguna? Sí, dice Anderson. Por ejemplo, todas las canciones de octubre de 1991. “La banda habría sido diferente sin ella”, insiste.

Es tierno cómo Anderson y Osman recuerdan aquel momento. ¿Fue divertido? “Ciertamente más que el segundo disco”, dice Anderson. Aquellos días fueron de drogas. El dúo rememora. “Todos esos años desaliñados”, como Anderson describe la creación de Suede, “caminando penosamente hacia la oficina de subsidios, mirando la caspa en el cuello del hombre frente a mí”.

Recuerdan cómo actuaban apasionadamente en el escenario, solo para retroceder y empacar sus cosas. “Gracias a Dios, no había nadie allí”, dice Osman. Entonces, de repente, la gente vino, pero todavía tenían malos conciertos. En Liverpool, alguien gritó: “¡Recordamos a Rod Stewart!”. Nunca supieron por qué.

Cuando Anderson crecía en una casa del consejo, su padre ponía seguido a Liszt y Wagner muy fuerte, y la familia se escondía en la cocina, esa energía siempre estuvo presente en Suede.

Su relación con su padre era compleja, pero me pregunto si, a pesar de impedir la grandilocuencia, incluyó elementos clásicos para obtener su reconocimiento. “No conscientemente, no”, dice en voz baja. “Gravité hacia la música que parecía diametralmente opuesta a lo que él estaba haciendo. Me parece preocupante cuando a los niños les gusta la misma música que a sus padres. La música se trata de establecer tu identidad, así que me gusta que a mi hijastro le guste el grime, ya que no es mi mundo. Entonces, no, no era consciente. Pero la música clásica es parte de mi ADN, creo, y el pop que comencé a escribir, a través de la ósmosis, tenía un drama similar. Es sólo mirando hacia atrás que no puedo ignorar que debe de haber sido una influencia”.

Le pregunto si sus hijos —él tiene un hijastro y un hijo con su esposa, Jodie— están interesados ​​en su carrera. “Parecen estar cada vez menos interesados”, dice, pero, para ser justos, el estilo de Suede es apenas obvio en el pop actual. Sus canciones más conocidas fueron en Coming Up, en 1996, pero su marca de bello y glamoroso maullido es difícil de imitar, difícil de acertar. The Libertines son lo más parecido que hemos tenido desde entonces, pero no por la música, más bien, el estilo, la sensación de que las bandas y los fanáticos son parte de la misma pandilla, juntos de por vida.

Suede ya volvió a lanzarse.

 

Traducción libre. Puedes consultar la entrevista completa: Brett Anderson Interview

 

The End of the F***ing World

Todos fuimos víctimas de aquel frenesí puberto en el que creíamos que las cosas eran más fáciles de lo que parecen. Cometíamos error tras error para al final llegar a esta madurez aburrida en la que varios de ustedes están leyendo esto. Es la base del “coming of age”, género en el que el protagonista va madurando ante los ojos del espectador, y que en los últimos años nos ha traído grandes experimentos como ‘Boyhood’(Dir. Richard Linklater, 2014) o ‘The Edge of Seventeen’ (Dir. Kelly Fremon, 2016).

Es el turno de Netflix junto al Channel 4 de Reino Unido para traernos ‘The End of the F***ing World’, adaptación del cómic homónimo de Charles S. Forsman que nos cuenta la vida de James (Alex Lawther) un joven de 17 años que se cree psicópata por su falta de empatía a los demás… y porque ha desollado a suficientes animales como para saberlo; es por eso que su nueva meta es asesinar a una persona para probarse a sí mismo lo que es capaz de hacer. Para su suerte, en su vida se cruzará Alyssa (Jessica Bardem) una chica de su edad que está enamorada de él y lo convence de que escape con ella ya que se siente desubicada dentro de su familia.

La serie está conformada por ocho capítulos de veinte minutos y la distribución de la trama está mal empleada: se toman cuatro capítulos para contarte la parte superficial de nuestros protagonistas, repitiendo una y otra vez situaciones redundantes que en su mayoría no llevan a nada, y los cuatro restantes para profundizar en ellos. Lo aconsejable sería verla en un maratón.

Tanto Alex Lawther (a quien vimos en ‘El Código Enigma’ y en el episodio de ‘Shut Up and Dance’ de Black Mirror’) y Jessica Bardem (‘Penny Dreadful’) están en el tono adecuado para esta comedia negra, haciendo que ambos personajes compaginen entre sí. A pesar de que los cambios en sus personajes son abruptos, ambos lo saben sobrellevar perfectamente. La edición con esos flashes desenfrenados de sangre complementan al personaje de James, lo que ayuda al actor ya que nunca refleja ese lado salvaje del que presume.

Al resto del cast hay un dialogo de la serie que los define: “Parece un adulto pero no lo es. Le faltan partes” Durante toda la serie vemos una parodia de gente mayor, escritos de esa forma porque están bajo la perspectiva de dos adolescentes. Eso no evita que parezcan reciclables dentro de la historia por la falta de énfasis que se les da, siendo el personaje de Gemma Whelan (una irreconocible Yara Grayjoy de Game of Thrones) uno de los pocos que se sienten completas dentro de la trama.

El guion podrá se podrá sentir torpe e inconsistente en algunos momentos claves de la serie pero ese es el punto: son adolescentes tratando de salir de un lío más grande del que planearon, escogiendo siempre los caminos fáciles. Las situaciones problemáticas son simples y un tanto parecidas, pero son escalones para que los protagonistas lleguen a conclusiones y comiencen a cuestionar sus acciones. Por otra parte, el final es débil pero da esperanza de una segunda temporada.

El soundtrack, a cargo de Graham Coxon (guitarrista de Blur), y la fotografía se conjugan para traernos un audiovisual muy al estilo de ‘Inside Llewyn Davis’ (Dir. Ethan y Joel Coen, 2013), sin terminar siendo un road trip tan entretenido como el de los Coen.

En conclusión, ‘The End of the F***ing World’ no es para todos. Esta versión millennial de ‘Bonnie y Clyde’ miente un poco en su trama, por lo que si esperas un ‘American Psycho’ o algo con guiños de Tarantino, la serie no es para ti. Sin embargo, si disfrutas del trabajo de cineastas como Seth Rogen o Edgar Wright, la producción inglesa te terminará complaciendo del todo buena. Muyad hoc para recordar tus (enfermos) años de juventud.

En 101 palabras

En el 2015 creamos la sección En 101 palabras para incluir las colaboraciones de las diferentes voces que colaboran en Rock 101, la hemos continuado a través de las palabras del Luis Gerardo Salas y el Rocktor, a partir de hoy la ampliamos con una serie de recomendaciones rápidas para sumergirse en los diferentes aspectos que forman la programaación y nuestras redes en la actualidad.

 

– Cinco discos para hablar de OMD en español ()

1. El eterno femenino – La Mode

2. Size (Grabaciones completas) – Size

3. Locura – Virus

4. Corazones – Los Prisioneros

5. Un amor mató al futuro – Ciëlo

 

– Tienes que ver a el grupo argentino El Mató A Un Policía Motorizado este domingo en el Foro Indie Rocks!, el show es para todas las edades (John Villicaña)

– Si andas por el centro puedes pasar a echar un taco en los Cocuyos, una cerveza al Gallo de Oro, ambos en Bolivar y de paso caminar a #TOBAGallery para ver la expo de Jis con Yurex Omazkin (John Villicaña)

 

– Rick and Morty (Karipunk)

Todo seguidor de Adult Swim tiene marcado en el calendario el 30 de julio, después de 3 años regresa la serie de Justin Roiland y Dan Harmon, que para algunos es demasiado soez y sin sentido, pero para el fanático de la ciencia ficción es una verdadera maravilla de posibilidades, si terminaron la serie en Netflix, pasen por el vídeo que compartimos antes de que arranque la nueva temporada.

 

 

– ‘The Defenders’ (Andrea Calles)

Durante la Comic-Con de San Diego, se presentó el primer avance de la serie de Marvel: The Defenders, en donde ser reúnen por primera vez Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist para luchar contra el crimen en Nueva York, la serie  se estrenará el 18 de agosto de 2017 en la plataforma Netflix.

 

 

– ‘Salvation’  (Karipunk)

La extinción masiva debido al impacto de un meteorito, tema común y recurrente, pero… ¿qué tal si en este caso se acepta que el planeta no se salvará y se tiene que crear la tecnología para escapar en solo 186 días? Solo dos episodios, pero el interés crece con conspiraciones y un genio tipo Elon Musk/Jeff Bezzos/Richard Branson/Tony Stark.

 

 

– ‘Archer Dreamland’ (Karipunk)

Si disfrutaron salirse del espacio común de la agencia de espionaje en ‘Archer Vice’, les encantará el toque de novela negra, el cínico detective privado y todos los aspectos que James Elroy nos ha aportado a través de sus novelas, Los Angeles desde la perspectiva del crimen.

 

– Wild Years: The Music and Myth of Tom Waits (Karipunk)

La verdadera visiòn del fanático, ese que busca en todos las declaraciones una nueva perspectiva, Jay S. Jacobs lleva su investigación al cruce de leyendas con el objetivo de hacer crecer el mito, olvídense del humano, el personaje que ha creado el músico es mucho más interesante.

 

– Aniversario de discos: Blur (Andrea Calles)

En febrero de 1997 la banda inglesa Blur nos presentó su quinto álbum de estudio titulado Blur, de aquí salieron los éxitos ‘Song 2’, ‘Beetlebum’ y ‘You’re So Great’, primera canción compuesta por Graham Coxon. La portada consistía en una imagen borrosa en donde vemos a un enfermero llevando una camilla en un hospital.

 

– Mishima  (John Villicaña)

El grupo catalán Mishima lanzó un disco perfecto para la melancolía que provocan estos días nublados, dale play y acompaña con una tasa de té

 

– SQÜRL – EP #260 (Karipunk)

En lo que se organizan para ver ‘Paterson’ en la Cineteca, Jim Jarmusch acaba de estrenar un nuevo EP de la banda que tiene con sus colaboradores Carter Logan y Shane Stoneback, aprecien como el psych-noise-drone rock va cambiando el panorama de lo que escuchamos, sobre todo en tiempos de millennial whoops.

 

 

Superchunk (Andrea Calles)

Banda que se formó en 1989 en Carolina del Norte, actualmente cuentan con 10 discos en su carrera y este verano lanzaron un nuevo sencillo titulado “I Got Cut “, además de la redición de su  álbum debut en vinyl.

 

 

– 31 canciones que sonaron a partir de 31 canciones en #Rockósfera101, un libro de Nick Hornby ()

1. Teenage Fanclub – “Your Love Is the Place Where I Come From”

2. Bruce Springsteen – “Thunder Road”

3. Nelly Furtado – “I’m Like a Bird”

4. Led Zeppelin – “Heartbreaker”

5. Rufus Wainwright – “One Man Guy”

6. Santana – “Samba Pa Ti”

7. Rod Stewart – “Mama, You Been on My Mind”

8. Bob Dylan – “Can You Please Crawl Out Your Window?” / The Beatles – “Rain”

9. Ani DiFranco – “You Had Time” / Aimee Mann – “I’ve Had It”

10. Paul Westerberg – “Born for Me”

11. Suicide – “Frankie Teardrop” / Teenage Fanclub – “Ain’t That Enough”

12. The J. Geils Band – “First I Look at the Purse”

13. Ben Folds Five – “Smoke”

14. Badly Drawn Boy – “A Minor Incident”

15. The Bible – “Glorybound”

16. Van Morrison – “Caravan”

17. Butch Hancock and Marce LaCouture – “So I’ll Run”

18. Gregory Isaacs – “Puff, the Magic Dragon”

19. Ian Dury and the Blockheads – “Reasons to be Cheerful, Part 3” / Richard and Linda Thompson – “Calvary Cross”

20. Jackson Browne – “Late for the Sky”

21. Mark Mulcahy – “Hey Self-Defeater”

22. The Velvelettes – “Needle in a Haystack”

23. O.V. Wright – “Let’s Straighten It Out”

24. Röyksopp – “Röyksopp’s Night Out”

25. The Avalanches – “Frontier Psychiatrist” / Soulwax – “No Fun / Push It”

26. Patti Smith Group – “Pissing in a River”

#SonicArsenal – ¿Recuerdan a Gorillaz en México?

 

El 11 de marzo de hace 15 años nos los encontramos, llevábamos poco tiempo de invasión mediática sobre lo innovador que era un grupo ficticio que salía de gira. Apenas empezaba la relación de México con Blur y Damon Albarn, todavía no conocíamos las posibilidades del vocalista y todas las relaciones musicales que establecería a partir de Gorillaz, que llegó tanto con los personajes de carne y hueso como los virtuales a la Ciudad de México, para presentarse en una única ocasión en el Palacio de los Deportes, que a pesar de lo que nos tenía acostumbrados el recinto, no tuvo tan mal audio como en otras ocasiones, bueno al menos el característico zumbido en nuestras cabezas no nos acompañó durante las horas posteriores a la presentación o tal vez lo recuerdo así porqué mis oídos llevaban poco tiempo exponiéndose al ruido como un trabajo.

 

Algunos reportes dicen que se reunieron ahí cerca de 7,000 personas. Realmente no creo que hayan sido tantas o al menos no parecía un lleno total en la pista, será porque los cientos de niños que había allí no hacen tanto bulto como los adultos. Como sea, reviví la sensación de estar en el lugar equivocado, gran parte de los espectadores eran menores de edad, con la diferencia de que en esa ocasión era más un ambiente familiar de niños de tres a cinco años corriendo emocionados antes de que se apagaran las luces. Así era Gorillaz en ese momento, aparentemente era un atractivo proyecto para menores y no el combo de talentos que fue creciendo a través de las producciones, con historias que fueron ampliando el mito virtual conforme evolucionaron los personajes, sobre todo Noodle, que de prodigio infantil de la guitarra se transformó en líder de opinión sobre el papel de las mujeres en la música electrónica.

 

 

El sorpresivo éxito del disco debut otorgó 24 fechas resolviendo una cuestión: ¿cómo transportar una banda virtual a los escenarios? La tecnología en ese momento no estaba tan avanzada, ni siquiera estaba en las posibilidades una gira con hologramas, la solución fue esconderse y tocar detrás de una pantalla, en la cual se proyectaban imágenes y vídeos, para tratar de mantener la ilusión y el misticismo de la banda virtual que en esa gira tenía a Damon Albarn, Simon Katz (guitarra), Cass Browne (batería), Haruka Kuroda (voz de apoyo) y Mike Smith (teclados).

Mucha distancia no solo de tecnología, también de percepciones musicales, el encargado de abrir ese concierto fue Dan “The Automator” Nakamura, quien prolongó su mezcla de hip-hop y rap a pesar de la continua rechifla de los asistentes, con todo y que Damon Albarn subiera al escenario para presenciar de cerca (con cigarro y chela en mano) el trabajo como DJ del productor de Gorillaz. En el 2017 el set sería apreciado de otra manera.

 

En el escenario, un par de pantallas alineadas horizontalmente. En la primera se proyectaban las imágenes de Murdoc, 2D, Russel y Noodle, y en la segunda pantalla translúcida podíamos ver las siluetas de los integrantes de Gorillaz en primer plano, al mismo tiempo que veíamos las siluetas de los músicos. ‘M1 A1’, ‘Tomorrow Comes Today’, ‘Slow Country’ y ‘5/4’, todas ellas acompañadas de las imágenes de Gorillaz, aunque no precisamente en acción, ya que después de un rato las figuras sincronizadas en ciertos momentos fueron estáticas y repetitivas. Aunque tuvimos un descanso de las imágenes caleidoscópicas en cuatro ocasiones, cuando se proyectaron sin música de fondo cortos animados del grupo, donde mostraron el humor que su creador, Jamie Hewlett, había tratado de impregnar a cada uno de los personajes.

Hip-hop, reggae y rock rayando en el punk en algunas ocasiones, pero poca euforia entre los asistentes. Las canciones siguieron una detrás de otra, con los intermedios marcados por los cortos animados, sin lograr una gran comunicación entre los integrantes reales de Gorillaz y el público, a pesar de que podíamos ver a Damon Albarn detrás de la pantalla brincando y moviendo las manos emocionado. La sensación fría de ese 2002 obviamente sería más atractiva en este momento en el que vivimos de imágenes.

Una hora con 20 minutos duró el concierto (duraría menos, pero se repitió ‘Clint Eastwood’), sin presentar un gran avance tecnológico, mucho menos para nombrarlos el Pink Floyd de la era moderna, como muchos críticos llamaban al proyecto en ese momento. Obviamente no existía ningún punto de comparación, sin embargo la tecnología ahora permite que los personajes de Gorillaz interactúen más, su historia ha crecido conforme los colaboradores han ido sumándose a lo largo de cuatro discos y un quinto por llegar, que de entrada rompió el equilibrio de Internet con cuatro canciones. Eran virales hace 15 años, pero su presencia incrementó con el ruido previo que incluyó una serie de playlists que indican el territorio en el que se encuentran sus cuatro integrantes en la actualidad.

 

Pronto llegará ‘Humanz’ con una amplia ventana de posibilidades tecnológicas que no tenían en el 2002, sin embargo por lo que pudimos ver en el concierto que se realizó en Londres este viernes, los humanos han pasado al frente y los personajes a la pantalla del fondo.

Blur, magnificación de pa kuas y espejos disco

Fotografías cortesía de OCESA

“Un grupo que tiene heladitos y lechitas, debe de tener pura baladita”, alcancé a escuchar que decía un vendedor que extendía sobre una manta en el suelo las camisetas apócrifas del grupo en cuestión. Al mismo tiempo una señora me mostraba sus dedos llenos de pegamento blanco, estaba desde la una de la tarde armando cajitas de leche de papel, por $50 pesos no parecía un mal negocio aquel objeto creado por Hammer & Tongs para el vídeo de ‘Coffee & TV’, que horas después vería sobre el escenario como un perfecto cosplay del britpop en una fanática que se desbordó en euforia y selfies a lo largo de ‘Parklife’.

Podríamos tomar como referencia la cajita que mostraba perdido a Graham Coxon y los helados de vainilla de ´The Magic Whip’, pero Blur es un grupo que cuenta con extraordinarias baladitas, superiores al promedio del colorante artificial,  ‘Tender’, ‘The Universal’ y ‘This Is a Low’ son canciones que estremecen aún más en vivo.

Apenas hace unos meses amanecimos con un nuevo sencillo de Blur, una canción que nos hacía reflexionar sobre un grupo que después del retiro y el regreso, deseaba superar los experimentos que sus integrantes realizaron por separado y al mismo tiempo lograr que un acto sumamente conocido tuviera un segundo aire para no vivir de viejas glorias. Eso nos permite comprender las razones por las que una canción como ‘No Distance Left Tu Run’ ya no aparece tan seguido en el setlist desde que marcó su historia como título de la película que documentó su regreso.

Después de cinco ocasiones en México, descubrimos diversos matices de un mismo grupo, el Blur del 15 de octubre de 2015 en el Palacio de los Deportes no es ni remotamente similar al que escuchamos por primera vez el 18 de noviembre de 1999 en el Teatro Metropólitan, entre el grupo maduro que vuelve a disfrutar sus canciones (incluso su primer éxito ‘Boys and Girls’) y aquel que se estaba desmoronando mientras promovía el disco ’13’, pero que todavía insistiría un poco hasta llegar a la ruptura de ‘Think Tank’ en el 2003, hay rehabilitaciones, asperezas limadas y reconciliaciones.

Nos encontramos con Blur y #TheMagicWhipMX con esa propuesta, la de un grupo que conoce perfectamente lo que ocurrirá con cada una de sus canciones, que distingue los momentos que propiciarán las pequeñas flamas de encendedores y los avances del “woo-hoo” aún antes de iniciada la canción, pero no por eso aparece en el escenario un grupo aburrido que repetirá la misma escena una y otra vez revelando su hastío.

Las 17 mil 500 personas que vimos a Blur anoche nos encontramos con un Damon Albarn dispuesto a sumergirse en el público continuamente y a Alex James, Dave Rowntree y Graham Coxon disfrutando la situación, el grupo que vemos en la actualidad se ajusta perfectamente al crecimiento individual, a los discos solistas, los proyectos con diversos artistas, la fermentación del queso y conducir programas de televisión, demuestras que más alla de la cuestión de cchicos y chicas y chicas y chicos hay espacio para correr entrados en el cuarto piso con un “helado en el Reino Unido, un fuego artificial en China y un látigo en un sentido político”.

Blur – Palacio de los Deportes

15 de octubre 2015 – setlist

Go Out

There’s No Other Way

Lonesome Street

Badhead

Ghost Ship

Coffee & TV

Out of Time

Country Sad Ballad Man

Beetlebum

Thought I Was a Spaceman

Trimm Trabb

Tender

Ong Ong

Parklife

(With fans on stage)

Song 2

To the End

This Is a Low

Encore:

Stereotypes

Girls & Boys

For Tomorrow

The Universal

Britpop, un verano de siete años

20 años después del momento en el que dicen la música cambió, muchos oídos vuelven a concentrarse en 1994 y los movimientos que se oponían en espíritu. Mientras el grunge nos llevaba desde Seattle a la música sin filtros y sin exceso de spandex del hair metal, la música en el Reino Unido entraba en una nueva etapa que respondía con brillantes armonías al final de la era de la Dama de Hierro.

Junto con la cool britania de Tony Blair y el nuevo gobierno, emergió el orgullobritánico y el britpop como un fenómeno musical que respondía a un gobierno conservador y reunía la energía de una generación que creció en los grises días de Margaret Thatcher.

Recordando el soleado verano que duró más de siete años, rock101online.mxrealizará el próximo 8 de octubre un especial de 10 horas dedicado a la cool britannia, la música de Blur, Oasis, Pulp, Placebo, Supergrass, Suede, Stone Roses, The Verve y los orígenes del movimiento que brindó un indicador de que los tiempos cambiaban: el britpop.

No te pierdas el tercer episodio de la mejor serie de la radio, que ocurre fuera de sus convenciones, 10 horas de puro, total y absoluto #britpop en los #12EspecialesMás1. De 10 am a 8 pm con Pati Peñaloza, Jorge Concha, Karina Cabrera, Hugo Tenorio y Luis Gerardo Salas.

Música Nueva: Blur, The Chemical Brothers, The Vaccines

Una nueva semana de sonidos en Rock 101, música nueva en la programación, no olviden votar por éstas canciones si les interesa que sean parte del Top 10, nuestro conteo oficial.

The Vaccines – ‘Dream Lover’

El segundo sencillo de su tercer álbum de estudio ‘English Graffiti’, ‘Dream Lover’ nos lleva visualmente a las películas de ciencia ficción de los años 80.

Blur – ‘My Terracotta Heart’

La última canción de su nuevo disco, una banda renovada por su historia, pero con sus viejos sonidos.

The Chemical Brothers – ‘Sometimes I Feel So Deserted’

La larga ausencia de The Chemical Brothers concluye, llega el primer sencillo de ‘Born in the Echoes’, un material que tendrá como invitados a St. Vincent, Beck, Q-Tip, Cate Le Bon y Ali Love. Escuchen el track uno de su primer álbum en cinco años.

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