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Daniel Ash, retomar una historia adelantada a su tiempo

En enero de este año tuvimos la oportunidad de escuchar a Poptone en vivo en el Auditorio BlackBerry, un proyecto que reúne cuatro actos en la historia de Daniel Ash y una serie de sonidos que se adelantaron de muchas maneras a su propio tiempo.

En esa única presentación fuimos de la música de Bauhaus a la de Tones on Tail y Love and Rockets, hasta tuvimos la oportunidad de escuchar el más reciente track de Daniel Ash, ‘Flame On’, que de alguna manera nos arrojó hacia la dinámica que se estaba gestando con esa gira. Tres meses después nos otorga un álbum que precisamente refleja el espíritu de esas primeras fechas y las posibilidades de encontrarte con un Poptone que es referencia más no un ejercicio de nostalgia.

Daniel Ash, siendo la influencia de muchos de los guitarristas de la era alternativa (sin su herencia quién sabe como habrían sonado Jane’s Addiction, Soundgarden y Red Hot Chili Peppers), debemos ubicarlo más allá de la etiqueta en la que se encasilló a las bandas en las que participó. Su forma de tocar la guitarra siempre tuvo relación con la aparición de la música electrónica, las máquinas de ritmos se fusionaron con su estilo, así se convirtió a través de Tones On Tail y Love and Rockets en la base para muchos actos que sobre un muro ruidoso de punk oscuro y rock agresivo cambiaron la faz de la música bailable en los 90, no es gratuito que el disco ‘Seventh Dream of Teenage Heaven’ fuera el punto de partida de proyectos más recientes como The Faint y The Knife con Orbital y Leftfield de por medio.

Con motivo del lanzamiento del primer disco de Poptone, Luis Gerardo Salas tuvo la oportunidad de platicar con Daniel Ash sobre el proyecto, la gira y la manera en que para sus oídos este no es un proyecto que aviva la nostalgia por lo que ocurrió en los 80, en realidad es un acto que ha dejado que aquellos días donde mostraban futuro finalmente los alcancen en el presente.

Escucha a continuación la entrevista con Daniel Ash.

 

 

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El soundtrack de la vida – Bennie and the Spiders from Mars

Una de las cosas que me fascinan de la composición musical es la capacidad que tienen algunas letras de transportarnos a otros lugres, otros tiempos y hasta otras dimensiones, incluso crear personajes ficticios para intérpretes musicales que parecerían lo suficientemente estrafalarios como para necesitar de una personalidad más y aún así se hacen de este alter ego y crean un universo paralelo en el que es imposible discernir dónde comienza el personaje y dónde termina la locura, así se me ocurre una banda ficticia: Bennie and the Spiders From Mars.

Uno de mis ejemplos favoritos es ‘Bennie and the Jets’ de Elton John, una rola escrita por el propio Elton John y Bernie Taupin y que fue incluida en el ‘Gooodbye Yellow Brock Road’ de 1973. En la letra se habla de Bennie and the Jets, una banda ficticia de la que el narrador es fan. Taupin admitiría algunos años después, que la canción es una sátira de la escena musical de principios de los 70. Aún así se convirtió en uno de los mayores éxitos de Elton John y es una canción que verdaderamente disfruta interpretar en vivo sobre todo el sólo de piano, en el que se han escuchado versiones en las que ha incluido hasta las famosas cinco notas de ‘Encuentros Cercanos del Tercer Tipo’ de John Williams.

 

 

La siguiente canción es probablemente mi canción favorita de todo los tiempos y un tema que podría darme para escribir una eternidad al respecto, pero me limitaré a escribir que Ziggy Stardust no era sólo un rockstar andrógino y bisexual, sino también un mensajero de seres extraterrestres.

El personaje creado por David Bowie y que dio pie a ‘The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars’ de 1972, un álbum que se convirtió en una revelación mundial y en la describe a un guitarrista zurdo destinado a confortar a una humanidad en fase de extinción con un mensaje de esperanza que le permitía a un Bowie de 25 años dar rienda suelta a sus dotes teatrales y llevar al personaje mucho más allá de los escenarios.

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Debo admitir que la primera vez que escuché esta canción, fue, covereada por Bauhaus, pero es sin duda la versión más celebrada de los covers que se han hecho y una afortunada coincidencia que me llevaría querer saber más de este mítico personaje y me dirigiría por el camino correcto del rock.

 

De la última banda ficticia que les hablaré desafortunadamente no existen registros históricos ni grabaciones, sin embargo por una buena parte del 2005 tomó gran importancia en mi vida, les hablo de Keyser Söze, un cuarteto post punk del que era vocalista y letrista del que en una noche de plática amena y bebidas refrescantes los cuatro integrantes decidimos crear una versión alterna imaginaria en la que dejábamos toda nuestra furia punketa y rebelión anti stablishment por los alegres acordes de la cumbia para convertirnos en la explosión tropical de Keyser Söze; cosa que nunca ocurrió, pero que debo admitir habría sido muy divertido.

 

En resumen me parece que tomando el.ejemplo de Elton y Bowie, nunca está de más dejar de ser nosotros y jugar a ser alguien más, el resultado podría ser legendario.

Tutti-Frutti, el under chilango 30 años después

Por Luis Burgoa

Si algún recuerdo perenne y entrañable guardo de las pocas ocasiones que visité el legendario Tutti-Frutti a finales de los 80, era la afabilidad y camaradería de los que ahí laboraban o se reunían para reventar; ubico perfecto la primera vez que fui con mis amigos de la preparatoria, todos sureños, todos clase-medieros, un poco fresas tal vez, pero todos con gustos afines por lo extraño, por la música oscura y poco comercial, por la ropa new wave de estilo dark, el delineador negro y obviamente a esa tierna edad (17-19 años) con una inclinación por reventar y bailar.

Ver a toda esa banda subterránea con cabello erizado, tatuajes (en aquella época, algo muy poco común), la moda avant-garde, el maquillaje sin distinción de género, era de inicio un poco intimidante, ya que despertaba prejuicios aun entre los que hacíamos lo mismo o nos veíamos iguales que ellos; sin embargo esa sensación duraba un breve instante al darte cuenta de que casi todos aun sin conocerte, te saludaban, te preguntaban en donde habías comprado tu ropa, etcétera… el ambiente en pocas palabras, era el de una comunidad, que si bien estaba conformada por personas “raras” no dejaba de irradiar camaradería y buena onda. La fila para jugar en el pinball o pedir algo en la barra, eran el mejor pretexto para romper el hielo con los desconocidos y con los propietarios Brisa y Danny, ambos encantadores, ambos grandes anfitriones.

Llegar al Tutti-Frutti era en sí toda una aventura; para los sureños ir a Lindavista era prácticamente una odisea: la lejanía, lo exótico de aquella zona para nosotros: parte industrial, parte residencial, todo un estereotipo del suburbio gris de las grandes ciudades y con la única ayuda que uno contaba para llegar allí, era la del Guía-Roji (millennials favor de googlearlo) y las referencias de los ya iniciados que ya habían visitado el misterioso y subterráneo lugar.

El Apache 14 era un restaurante propiedad del dueto romántico de cantantes Carmela y Rafael, pareja artística y también en la vida real, que había alcanzado mucha fama durante los 60 y 70, época en que los duetos románticos y la balada, eran la norma; fue gracias a dicho éxito que se inauguró bajo el concepto de “Restaurante Familiar con Variedad” dicho sitio y fue posteriormente que una serie de circunstancias fortuitas y muy afortunadas se conjugaron para que se gestara la leyenda del Tutti; ese lugarcito escondido, sin acceso a la calle, sin letrero, que estaba atrás del Apache 14 y del que algunos hablaban y muy pocos conocían en persona.

Hace un par de meses, una amiga de aquellas épocas, me invitó a entrar al grupo de Facebook que se creó con motivo del documental que se está realizando sobre el Tutti; una gran labor de amor de todos los involucrados: Brisa, Danny, Laura, Alex, María, Jerry y los demás, que han logrado con gran entusiasmo y esfuerzo, recolectar historias, documentos, fotografías, memorabilia y reencontrarse con la gente y los amigos que frecuentaban el sitio; de esto tendremos noticias muy pronto y ya haremos la crónica respectiva.

Dos noches Tutti Frutti, toda la información con @sonicarsenal

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A partir del documental, decidieron organizar una fiesta para conmemorar a uno de los sitios más importantes y piedra angular para la contracultura chilanga; la sociedad del México actual, no se explicaría sin el Tianguis del Chopo, sin el Tutti, sin el LUCC, sin El 9, sin el Hip 70, sin Rockotitlán, sin Rock 101, sin el Rock Stock, sin Super Sound, Rock Express, etcétera; un porcentaje de los Generación X de esta ciudad y otras más por añadidura, no nos explicaríamos sin estos referentes culturales y sociales que lograron abrir de a poco, la cerrada y anquilosada realidad de aquellos años.

Llegar a El Imperial la noche de ese jueves fue muy emocionante y obviamente produjo muchos flash backs de aquellos años; ver a tanta gente reunida, predominantemente en el rango de edades de 40 a 50 años, pero que seguimos transmitiendo esa vibra y esa energía que solamente quienes crecimos y vivimos ”los otros ochentas”, comprendemos; no los ochentas de Timbiriche, del News, del Magic, de Flans y Cindy Lauper, sino los de Joy Division, The Cure, Siouxsie y Depeche, los de Insólitas Imágenes de Aurora, Pedro y Las Tortugas, del Studio Line y el Súper-Punc (sic), los de los pantalones de pinzas y los sacos largos y los pelos de punta… esos, nuestros ochentas de unos cuantos.

La cita fue desde las 22:00 y la asistencia fue un éxito; quien esto escribe, llegó una hora después y el Impe ya se veía bastante lleno; al cabo de una hora más, el lugar ya lucía abarrotado.

Caras conocidas, otras si acaso familiares y otras tantas nuevas, pero todas con la expectativa de rememorar aquellos años y aquellas aventuras que tanta nostalgia provocan de repente; nadie se ve, ni se siente viejo esta noche, todo lo contrario: la frescura de hace 30 años no se ha perdido y el brillo en los rostros y en los ojos, es apabullante.

Algunas celebridades del rock mexicano se veían por ahí, pero esta noche no eran los protagonistas y ellos lo sabían bien; esta noche todos éramos iguales y nos saludamos como sucedía en el Tutti en aquellos años después de una tocada: de tú a tú y sin mayores pretensiones; todos éramos comunidad.

Saludar a Danny y a Brisa, a Laura, abrazarlos y felicitarlos por ese gran legado que no ha muerto y que pronto recibirá el reconocimiento y la documentación que merece y que pide a gritos; lugares como el Tutti, no se pueden quedar en solo una charla o una anécdota, merecen trascender y dejar la huella que su importancia amerita; hubieron parteaguas y este fue uno de los más importantes.

Elemento principal de la noche, por supuesto la música: Danny y otros amigos dj’s se encargaron de deleitarnos con la mejor música posible, sonaron Tones On Tail, Sisters Of Mercy, Bauhaus, The Cure, Iggy Pop, Fad Gadget… y por un momento, el tiempo regresó en el corazón; música que hoy se trae en el teléfono, en la tablet y que con un par de clics se encuentra en Spotify o en You Tube, dejó de ser ese activo que hoy en día es tan fácil de obtener, al que ya no cuesta trabajo acceder y por instantes volvió a ser esa música rara y deseada, que tanto trabajo nos costaba conseguir y por lo tanto valorábamos como a ninguna otra cosa.

Más tarde The Dragulas tomaron posesión del escenario y con su look a lo Visage, a lo Klaus Nomi, tocaron un set de rolas digno de una curaduría del underground mexicano: canciones de bandas como Size, Pedro y Las Tortugas, Insólitas Imágenes… vaya, un festín para los expertos con buena memoria y los recuerdos siguieron fluyendo a borbotones; todos disfrutamos y evocamos gracias a su set retro-futurista; definitivamente que el futuro lucía mucho mejor desde el pasado, es un hecho.

Siguió la noche y El Imperial abarrotado como pocas veces; Danny volvió a tomar el mixer y la fiesta siguió y siguió, poniéndonos a bailar a todos. La camaradería y espíritu colectivo del Tutti, se volvió a sentir; re-encontrarse a amigos que no veías hace muchos años, saludar y conocer a gente nueva, todo igual de divertido y cool, como en aquel local sin letrero y sin acceso fácil de Avenida Politécnico.

Afortunadamente, habrá una fiesta más en el Foro Bizarro a mediados de abril, con promesa de enfocarse un poco más en el periodo punk del Tutti, así que alisten sus botas con casquillo y vayan ejercitando esas articulaciones para el slam, chavos.

La reflexión que queda, es: Necesitamos más sitios así, frescos, contra-culturales, divertidos, sin poses ni pretensiones más allá de lo esencial; hoy la clandestinidad ya no es más que una herramienta de marketing o una excusa para mantener giros negros y los buenos sitios para divertirse y escuchar propuestas distintas, existen, pero el toque y la energía de aquellos años, de aquellos sitios, no se encuentran en cada esquina. Tal vez la nostalgia me haga ver todo a través de un cristal color de rosa y como todo hombre suele hacer, opino que mis tiempos fueron los mejores, pero… efectivamente, fueron los mejores porque fueron muy diferentes a todo.

Poptone, o la escuela Bauhaus que nunca muere

Por El More     

El director de cine Tony Scott es quizá uno de los personajes culpables que los sonidos del cuarteto británico Bauhaus hayan sido el soundtrack de lo que algunos llamaron el underground británico de finales de los ochenta. Con los desgarradores (para su época) acordes de Bela Lugosi’s Dead, primer sencillo de esta agrupación, Scott musicalizó la película The Hunger, su obra cumbre, y con esto, inconscientemente exponía el trabajo de esta inicial banda originaria de Northampton, Inglaterra.

Los primeros años de la década de los ochenta fueron la pista de aterrizaje para Kevin Haskins, David J, Daniel Ash y el controvertido Peter Murphy, integrantes de Bauhaus, cuatro músicos que en sus letras gritaban su gusto por la literatura, la pintura y el teatro clásico.

Fue solo cuestión de meses para que en 1980 el legendario sello 4AD se fijara en ellos y grabara su primer placa de nombre “In The Flat Field”, disco que comenzó a consolidarlos como una de las bandas más enigmáticas y seguidas por el público británico y abarrotando lugares como The BatCave. Fueron años gloriosos para Bauhaus hasta 1983, donde publicaron “Burning from the Inside”, su cuarto y último disco ya que el comportamiento protagónico de su líder Peter Murphy y roces internos entre los integrantes, llevaron a cada uno a buscar un camino propio en la música.

Se destaca que en los últimos años de vida de Bauhaus sirvieron para que Daniel Ash junto con Glenn Campling, un técnico que ayudaba a Bauhaus en sus conciertos, dieran vida a un trabajo/experimento de nombre Tones on Tail que con un solo disco (Pop) y varias ediciones (Everything!) dio exitosas pistas para los clubes europeos como Go! o War.

Nueva sangre y otros proyectos

Por su parte, con la extinción de Bauhaus, Peter Murphy de la mano de Mick Karn (miembro de la banda Japan) forma Dali’s Car, mientras el resto de sus compañeros de Bauhaus crean la formación de Love And Rockets dejando el episodio de Tones on Tail atrás.

Ansiosos también crearon The Bubblemen, un extraño proyecto paralelo formado en 1988 por los miembros de Love and Rockets que destacaba porque sus integrantes salían vestidos con trajes de abeja.

Aunque todo parecía estable, cada quien con nuevos proyectos y siguiendo la tendencia oscura de su música, este cuarteto no quedaba conforme, querían más.

No pasó mucho tiempo y Murphy decide lanzarse en solitario y a su vez cada uno de los integrantes de Bauhaus seguir estos pasos y aunque Love and Rockets y Tones on Tail no murieron del todo, quedaron pausados, Daniel Ash probó suerte como solista al igual que Murphy y Kevin Haskins y David J como miembros de Love and Rockets y reconocidos deejays en exclusivos sitios europeos.

Pasó más de una década para que los integrantes de Bauhaus volvieran a darle vida a esta banda. En 1998, la agrupación británica decidió resurgir y verse las caras nuevamente en una gira que literalmente se marcó como su resurrección.

Un tour que incluyó países que jamás pisaron, entre ellos México (show legendario con el que se cerró el Cine Ópera), reanimaron el interés de todo un movimiento y una generación, la cual daba por perdida cualquier oportunidad por ver reunida a esta banda.

Los tiempos se acomodaron y los integrantes de este nuevo Bauhaus, se daban oportunidad para que Love and Rockets existiera al mismo tiempo que Murphy tenía tiempo para integrar sus giras como solista. Todo parecía terminar así. Sin embargo en 2017 un nuevo proyecto saltó a la luz. Daniel Ash y Kevin Haskins dieron vida a Poptone una banda que en una especie de homenaje, destaca los trabajos de Love and Rockets, Bauhaus, The Bubblemen y Tones on Tail. Todo en uno.

La sorpresa en este proyecto se da justo cuando Ash y Haskins buscan otro miembro que los acompañe en el bajo y deciden invitar a la joven Diva Dompé (hija de Haskins).

“Hemos estado buscando un bajista, y para abreviar, Diva toca el bajo. La audicionamos, y ella toca genial, se ve muy bien y la química es genial “, comentaba Ash en una entrevista hace unos meses.

Las enseñanzas de la escuela Bauhaus han vuelto para las nuevas generaciones.

Con este proyecto y de la mano de la joven Dompé, buscan resaltar las obras de sus pasados trabajos y recordar los multiproyectos que engendraron en la década de los ochenta.

Este fin de semana Poptone se presentará en México con dos fechas.

Guadalajara. 2 de febrero en el Laboratorio de Artes Variedades (LARVA) y en la Ciudad de México el 3 de febrero en el Auditorio BlackBerry.

Poptone en México

En el universo musical de nuestro tiempo todo es posible, si alguna ocasión imaginamos ver en una misma oportunidad a tres proyectos emblemáticos de los últimos 20 años del sigo pasado, ahora eso será posible gracias al proyecto Poptone, el cual comandado por Daniel Ash y en compañía de Kevin Haskins y Diva Dompé, serán los responsables de resucitar en directo a un trinomio musical que marcó entrañablemente a varias generaciones de escuchas.

Seguramente este viaje en el tiempo donde se encontrarán las propuestas del rock gótico de Bauhaus y el post punk de Tones on Tail y Love and Rockets, será una de esas que se quedarán incrustadas en la memoria colectiva de los asistentes a dichos recitales, los cuales ocurrirán en poco menos de un mes, tanto en la ciudad de Tijuana como en la CDMX.

Resucitar a tres bandas paradigmáticas de la historia de la música alternativa del cierre del pasado milenio, sin duda es una empresa muy ambiciosa, donde los años marcan fechas importantes como la publicación del último disco de estudio de Bauhaus ‘Go Away Out’ hace una década, el cual paso sin pena ni gloria, aunque también significó la activación de una gira al respecto.

Cuando comenzó este proyecto se cumplieron 30 años del ‘Earth, Sun, Moon’ de Love and Rockets, Daniel Ash también llego al sexto piso y este 2018 se cuentan 25 vueltas al sol del álbum ‘Burning from the Inside’ y la disolución del cuarteto comandado por Peter Murphy, demasiada historia sobre las espaldas de Poptone y por su puesto los recuerdos del concierto de Bauhaus en el Palacio de los Deportes en 2005, la visita de Love and Rockets en 1996 en el Cine Opera, y la de Daniel Ash y David J. pinchando discos en 2008 en el Hard Rock Live.

Todos estos remanentes de un legado histórico que abarca más de cuatro décadas de ideas musicales que justamente estaban ampliando las expectativas del rock alternativo de los años ochenta y noventa del siglo XX, son la fortaleza de Poptone, que revivirá en vivo esos pasajes de oscuridad que materializaron sus primeras composiciones bajo el sello inglés 4AD, al igual que la transición de su segundo proyecto que es de donde retoman la combinación de dos sílabas en inglés ‘Pop’ (nombre del único álbum de estudio de Tones on Tail) y Tone en singular extraído del mismo nombre, donde lograron emparentar el post punk y la dulzura de una electrónica obscura y cadenciosa que los convertiría en una banda de culto por solo presentarse en directo durante 1984 y finalmente cerrando este amplio círculo conformado por tres capas, la acidez, pop y funk obscuro de lo que Love and Rockets compartió a lo largo de siete álbumes.

El próximo 2 y 3 de febrero de este 2018 tenemos una cita inevitable para presenciar el concierto de Poptone, donde por primera vez serán interpretados temas de Tones on Tail en suelo mexicano y por si fuera poco, aderezado seguramente por un conjunto de canciones que revivirán no solo dos de las décadas más importantes de la música rock alternativa del siglo pasado, sino también convocará a un público que a lo largo de cuatro o más décadas ha añorado desde la perspectiva del sueño, un combo que seguramente nadie de nosotros imaginamos se convirtiera en un hecho justo al inicio de este joven

año.

El suelo es el límite

Cuando “ya no lo hacen como antes” es el momento en el que agradecemos que el rock and roll desde su inicio haya sido una materia prima maleable, que exige evolución constante y requiere para su crecimiento alejarse con cada paso del origen. Tal vez los puristas extrañan el inicio, añoran el sonido que conocían, pero otros apreciamos sumergirnos en las profundidades de las etiquetas para descubrir géneros a través de su acercamiento al punto de partida desde las diferentes desviaciones en el camino. Algunos desprecian las etiquetas, otros descubren que esas mismas clasificaciones sirven para tomar diversas rutas sonoras, unos más nos enseñan que el origen de un género parte de otro lugar.

 

Así como The Echo Nest reunió cientos de clasificaciones para entender la raíz de muchos grupos y un artículo en The Guardianexploró el punto de partida de algunos géneros, descubro a través del libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston una breve pausa en su recorrido por la historia del sello discográfico para revelar el origen del shoegaze, ese mismo que alberga al new wave y el lo-fi en una misma gama. El punto de partida para ésta historia es la búsqueda del dueño de 4AD, Ivo Watts-Wallace, con casi una década formando un sonido para el sello, necesita darle un nuevo giro a la industria:

 

“No fue sino hasta el siguiente año, 1990, que a esta nueva camarilla de bandas parecidas a Cocteau (Twins) y (Jesus and) Mary Chain se les dio una etiqueta – la prensa musical se decidió por ‘shoegaze’, primero se acuñó en una reseña en Sounds sobre la banda Moose. Como el gótico, el shoegaze fue más una crítica que un sonido, basado en la forma en que los músicos jóvenes confiaban en gran medida en los pedales de efectos a sus pies, se vieron obligados a mirar hacia abajo en lugar de enfrentar a la audiencia. Ayudó a ocultar el hecho de que estas bandas no siempre mostraban personalidades agobiantes, vocalistas fuertes y rebosante confianza. 
Para utilizar todos los clichés que rodeaban al shoegaze, el sonido era borroso, narcótico, distorsionado y ondulante, de ensueño, era música escapista desempeñada por estudiantes de la opinión de Ivo sobre la música como un paisaje interior y no un punto de vista articulado. El shoegaze parecía casi la negación de la revolución cultural o musical que sucedía alrededor de esas bandas”.

La etiqueta no tardó en extenderse como un recurso peyorativo en la prensa británica y aunque Moose no se convirtió en el grupo más importante, el género no tardó en mostrar propuestas cuya distorsión brindó una nueva desviación cercana y a la vez alejada del punto de origen, una nueva rama que incluye a Slowdive, Swervedriver, Ride, Lush, Pale Saints y My Bloody Valentine, incluso esa misma calle tiene una bifurcación de herederos de la misma raíz de la que partieron sus antecesores (The Velvet Underground, Sonic Youth, Hüsker Dü, The Chameleons, The Cure, Bauhaus y Galaxie 500) que prefieren utilizar los nombres chillwave o new gaze.

Para ser un género que tenía como único límite el suelo, el shoegaze no ha dejado de sentirse a pesar de la extinción de sus principales actos. Su herencia está más presente que nunca gracias a una versión actualizada, que prácticamente retoma muchos de los elementos de esa generación que liberaba su genialidad al mirar sus zapatos. De ese sonido de mediados de los 80 y principios de los 90, algunas bandas han recuperado el estilo y el sonido tan puro que se despreciaba a sí mismo y resultaba introspectivo, aunque sin una confrontación de sentimientos. La nueva versión, nombrada new gaze (nü gaze para aquellos que se quieran sentir más vanguardistas), surge de los restos y recuerdos de la primera oleada de bandas shoegaze, que después de moverse en diferentes direcciones se convirtió en un culto y la fuente de inspiración para nuevos grupos y nuevas audiencias.

 

El sonido de las guitarras fuertemente procesadas en la mezcla renació con “Ágætis Byrjun” de Sigur Rós. Aunque no es estrictamente shoegaze, el disco mostró muchos de sus elementos típicos y un “nuevo” nivel de exploración sonora que desató a una nueva generación, la cual se ha fortalecido en los últimos cuatro años alrededor de un estilo viejo que sigue pareciendo vanguardista.

 

 

Bandas como Asobi Seksu, Crocodiles, M83, Amusement Parks On Fire, The Fields y Radio Dept. se han enfocado más en los sintetizadores que en las guitarras del shoegaze, pero ha conservado su otra virtud: las voces sometidas en volumen y tono a las capas de sonidos, que otorgan un fuerte sentido de la melodía. A pesar que ninguno de los actos del new gaze y sus seguidores vivió el mejor momento del shoegaze, la nueva generación ha comprendido la fuerza que impedía que los integrantes de Lush, My Bloody Valentine, Slowdive y Pale Saints se movieran más allá del espacio marcado por sus pies.

 

Heavy Metal, el culto en seis historias

La estética del caos, el punk, el metal y lo erótico, la revista francesa que diera pie a la edición estadounidense Heavy Metal, desarrolló su propio universo a partir del cómic fantástico, destacando inmediatamente con las colaboraciones de H.R. Giger, Esteban Maroto, Moebius y Philippe Druillet. Durante 40 años han definido con bromas agudas y violencia visual un culto a la mezcla de ‘Barbarella’ (1968) con ‘A Clockwork Orange’ (1971).

En 1981 se extendió por primera vez con seis visionarias historias de ficción y fantasía combinadas con música de Black Sabbath, Blue Oyster Cult, Cheap Trick, Devo, Donald Fagen, Grand Funk Railroad, Sammy Hagar, Journey, Nazareth y Stevie Nicks.

Como película ‘Heavy Metal’, revelaba el estilo de una época, iniciaban los 80 con una éstetica agresiva de la mano de la primera revista ilustrada para adultos, de bajo presupuesto para 1981 pero tan influyente en los años posteriores que los seis segmentos han sido retomados de diversas formas en el cine, solo basta ver las películas de David Fincher para entender porqué tenía tanto interés en realizar un remake.

 

Celebrando en el 2016 su 35 aniversario, la película fue la primera extensión de la revista, no incluyó la variedad de artistas internacionales que lograron crear la fantasía soft core and gore que los adultos buscaban, se mostró complaciente con las escenas de peleas, drogas, bromas de sexo y senos bamboleantes, esencialmente parecía una comedia estándar para adolescentes, con pocas dimensiones y derivaciones de historias que ya habían sido publicadas, sin embargo la remezcla cyberpunk combinada con la música logró que a pesar del fracaso, ‘Heavy Metal’ se convirtiera en un filme de culto.

Tomemos como referencia la primera escena, un astronauta llega a la tierra en un convertible blanco y un pequeño regalo que no tardará en desintegrarlo, poderes malignos se desatan en esos primeros minutos, inmediatamente estás en el universo Heavy Metal, que pronto se carga de robots cachondos, zombies, parodias de vaqueros del espacio y feministas buscando venganza.

Las seis historias se ajustan en una forma perversa, la desintegración inicial en realidad es parte de un circulo que se cierra con balance al final, son las imágenes y las 16 canciones que escuchamos las que hacen que trascienda ‘Heavy Metal’ como película y elemento cultural.

Curiosamente, aún teniendo los mismos elementos que la película de 1981, ‘Heavy Metal 2000’ no logró el mismo impacto, ni la voz de Billy Idol ni el soundtrack lograron salvar a la producción. Visualmente era la representación viva de la revista unida a la música de Bauhaus, Queens of the stone age y Pantera, sin embargo ¿qué sorpresas podía brindar Heavy Metal a una generación bombardeada por todos sus herederos?

Lo que ocurrió en 1981 obviamente ya no es de interés para el 2000, sobre todo cuando tienes en medio de esos dos puntos ‘The Terminator’ (1984), ‘Dune’ (1984), ‘Brazil’ (1985), ‘Akira’ (1988), ‘Total Recall’ (1990) y ‘The Fifth Element’ (1997), películas con referencias visuales que hablan de la inportancia de ‘Heavy Metal’, sin embargo nada es tan claro como los primeros minutos de ‘Tenacious D in The Pick of Destiny’ (2006).

Bauhaus Live in NYC

“Bienvenidos a Ciudad Gótica”, dice con una sonrisa seductora Peter Murphy, está en el mejor momento de la gira de reunión (resurrección) de Bauhaus, 15 años después de la disolución del grupo, fuera de su época, pero aún así desafiando la era, la cultura pop y la aparente pérdida de energía de finales de la década de los 90.

Con un set que complace a los fanáticos, Bauhaus logra mostrar algunos elementos artísticos que lo convirtieron en un ensamble de emociones. Para algunos góticos se trata de la banda donde inicia todo, la muerte de Bela Lugosi tan solo es un instante de la vasta furia, imaginería poética y oscuridad en la que se desenvuelven sus cuatro integrantes.

Como podemos ver en esa actuación en Nueva York, no se trata del escenario, sino de lo que pones sobre sus tablas, en esa noche de septiembre de 1998 se trata de colocar exploraciones sonoras sobre decadencia, vacío y miedo en un público que se entrega sin miedo a la euforia que provoca un estrobo, la densidad que generan la oscuridad, la penumbra y unos cuantos focos estretégicamente ubicados, así como la exhuberancia que aportan las boas de plumas y las mascadas de seda. Es una exposición elegante del enfoque de diseño, lejana a las convulsivas actuaciones que ya son una leyenda, lo que vemos es energía pulida, ya estamos muy lejos del inolvidable inicio de la película ‘The Hunger’ (1983) de Tony Scott.

El documental captura la actuación completa, pero también nos lleva a ese instante en que Daniel Ash, Kevin Haskins, David J. y Peter Murphy muestran cierto humor sobre el proceso de crear un culto, por pretencioso y odioso que sea el asunto. Es poco lo que sabemos del antes y el durante de la gira de resurrección, pero está esa risa un poco amarga, que da a Bauhaus la perspectiva que se ha perdido en sus múltiples imitadores, el inicio del concierto lo indica: te reto dos veces.

La música por si misma es difícil de describir, la guitarra con sus dosis de feedback hace que el cambio de dirección siempre sea notorio, las vocales de Peter Murphy van de la tortura a la resonancia profunda, por supuesto, Daniel Ash y David J. logran que los coros le den mayor profundidad a las ideas.

Bauhaus regresó dos noches al lugar que inició la oscuridad en Estados Unidos, el Hammerstein Ballroom en Nueva York fue capturado en el disco ‘Gotham’, que sudaba esa energía que te hace pensar en el punk y el inicio de otras tendencias, sin embargo el impacto visual es diferente, ya no es la banda de los cambios espontáneos, es más sólida, aunque conserva ciertas ideas, sobre todo la de retomar la música de otros, como ‘Telegram Sam’ de T-Rex, ‘Ziggy Stardust’ de David Bowie y ‘The Passenger’ de Iggy Pop.

El concierto es simple y los momentos de backstage se perciben como una grabación casera que debía quedarse al interior del grupo, pero llega hasta nosotros para mostrarnos el maquillaje, los cambios de ropa y lo comúnes que pueden ser sus cuatro integrantes cuando los ves sentados en una sala, esperando, simplemente esperando. De eso se trata el contraste, la oscuridad en el día, sin procesar, sin arreglar, la realidad tal y como ocurrió en la primera reunión de Bauhaus al final del siglo XX.

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